Hospital De Amor
Era una mañana normal en el hospital, aunque particularmente tranquila. Yume comenzaba sus labores matutinas como la directora del lugar, revisando que todo estuviera en orden. Una sonrisa adornaba su rostro como todos los días, era afortunada pues disfrutaba mucho su trabajo y se le daba bastante bien. Además, sus compañeros y pacientes la tenían en alta estima debido a su carácter dulce y servicial, siempre comprometida con los requerimientos de su puesto laboral. Luego de finalizar su primera ronda, se dirigió a su oficina para atender otros asuntos relevantes que no podían esperar.
Neji hizo su entrada al gran hospital, el ambiente en completa calma reinando en cada pasillo y habitación le indicaba que no tendría problema en hacerle una pequeña visita a su amada esposa. Ella había olvidado en casa sus bocadillos preferidos para la hora de la merienda, y él no quería que ella estuviera pasando hambre. Apresuró sus pasos hacia la oficina de Yume y encontró la puerta abierta, permitiéndole verla muy concentrada revisando algunos papeles. El castaño se quedó unos momentos en silencio esbozando una pequeña sonrisa y admirando su gran belleza. El marrón de sus ojos deslizándose por cada documento, el tono claro de su piel y esa preciosa y larga cabellera rubia amarrada en su alta coleta, con esos mechones enmarcando su delicado rostro. Hechó un rápido vistazo al pasillo notando lo vacío y silencioso que estaba, lo que le dio una traviesa idea a considerar.
-Buenos días, mi sol -dijo, haciendo su entrada. Ella lo miró, entre asombrada y consternada. Neji no solía visitarla a menudo y esperaba que su presencia allí no se tratara de nada malo.
-¡Mi luna! ¿Qué haces por aquí? ¿Pasó algo en casa? -indagó la bella mujer, poniéndose de pie y aproximándose.
-Tranquila, todo está bien. Solo que olvidaste tu merienda -contestó su esposo, entregándole la bolsa. Yume sonrió ampliamente, recibiéndola aliviada.
-Muchas gracias -dijo y fue a dejarla en su escritorio. Él la siguió y la rubia agregó, volviendo a tomar sus documentos entre sus manos-: ¿Todo bien con los niños?
-Sí. Aiko y Kosuke estudiando en la academia y Yuudai y Neoki en casa, con la niñera. Como siempre.
-Me alegro mucho. Se formó un pequeño silencio y Neji acentuó un poco su sonrisa, la luminosidad de su mirada fija sobre ella tomó un aire sugerente y se acercó más, lo que la hizo regresar sus ojos hacia él.
-Mi sol... -le dijo, en voz baja.
-¿Sí? -preguntó la doctora, sonriendo con atención. El semblante del castaño se volvió serio y se acercó un poco más.
-Hay poco movimiento a esta hora de la mañana, ¿no?
-Sí...
-Y luces tan hermosa hoy...
Yume se sonrojó y su esposo pareció encenderse con tal gesto, pues la besó suavemente, tomándola de la cintura. Ella no pudo evitar dejarse llevar por la calidez de sus labios y su lengua y le correspondió, poniendo sus manos en su rostro.
Después de unos segundos, el beso se volvió profundo y apasionado, infundando otras tentadoras sensaciones en ambos. Neji deseaba tomarla justo ahí, en su oficina, y su hermosa rubia estaba apunto de enceguecerse con ese arranque, cuando recordó el lugar donde se hallaban y detuvo el beso para mirarlo de cerca.
-Mi luna... -murmuró, la vehemencia se veía certera en los ojos de ambos.
-¿Qué pasa? -indagó él, en voz baja.
-Alguien podría vernos...
-No si cierro la puerta -dijo el ninja de la clara mirada, apresurándose a llevar dicha acción a cabo. De inmediato, regresó ruborizado a tomar a su esposa de la cintura, quién ya se aprontaba al placentero momento que iba a tomar lugar en su propia oficina.
-Tiene que ser rápido...y no podemos hacer mucho ruido -susurró, mordiéndose el labio inferior deseosa y acercándose a las orillas del escritorio.
-No te preocupes, mi sol.
Los besos apasionados se reanudaron y ya no importaba el lugar donde estaban, solo su amor verdadero pidiendo ser manifestado justo en ese instante. Las manos de su esposo tomándola firme de las caderas para pegarla a él provocaron un gemido ahogado en ella, pues pudo percibir con claridad lo abultado de su entre pierna. El castaño cortó el beso para admirar la expresión ardorosa de su sol, mientras estrujaba uno de sus senos.
-Ya quiero tenerte dentro de mí -confesó Yume en voz muy baja, la agradable y empapada sensación en su entrada le indicaba cuanto ansiaba fundirse con él.
-Ah, ¿sí? -preguntó Neji en un murmullo y rápidamente, levantó la falda para dirigir sus dedos a ese tan preciado lugar, haciendo la prenda íntima a un lado. Suspiró suave sobre sus labios y ella resistió un jadeo al notar los dedos explorándola toda-. Qué húmeda estás.
-Es que tú me pones así -respondió la doctora y volvieron a besarse candentemente, las respiraciones entrecortadas eran la prueba de que ya estaban bien encaminados hacia el siguiente paso.
-¿Quieres ver cómo me tienes? -preguntó luego el ninja de la luminosa mirada y sin esperar respuesta, se bajó el pantalón y dejó ver su verga potente y erecta.
-Mi luna -dijo la mujer de los ojos marrones y no aguantó las ganas de tocarlo, tan liso y caliente. Él gruñó suavemente y ya no pudo más.
-Rápido, voltéate -ordenó en voz muy baja y ella solo obedeció, afirmándose del escritorio. Arqueó un poco la espalda, a la vez que lo miraba de reojo y sentía cómo subía su falda para posteriormente bajar por completo su ropa interior. Los dos soltaron un leve suspiro en cuanto él alcanzó lo más hondo de su vagina y comenzó a moverse lentamente, afirmándola de las caderas. Yume cerró los ojos para disfrutar de su poderoso pene entrando y saliendo, lo que arrancó un pequeño gemido de su boca-. Silencio, hermosa. ¿Te está gustando?
-Sí, mucho -murmuró y a decir verdad, a él le estaba encantando. Y es que simplemente, hacerla vibrar de lujuria y gozar de esas deliciosas sensaciones junto a ella, era algo que lo hacía perder la cabeza. Se inclinó hacia su amada y con su rostro cerca del suyo, llevó una de sus manos hacia adelante con el objetivo de estimular ese punto especial.
-¿Y así? -musitó en su oído con voz ronca, jugando con sus dedos.
-Mucho más.
Los besos húmedos de Neji en su cuello causaron leves temblores en su cuerpo, las paredes de su vagina empezaban a hacer presión y él supo lo que se avecinaba, por lo que la embistió más fuerte y más rápido a la vez que continuaba dándole atención a su clítoris.
-Te amo, mi sol -respiró agitado y la mano que aún la sostenía por la cadera, se escabullió debajo de su vestido, en busca de la tersura de sus senos.
-Y yo a ti -balbuceó la mujer de los ojos marrones, mordiéndose el labio inferior ante el toque juguetón de su esposo en sus pezones. Al castaño le dio tiempo de tapar su boca con el fin de contener su más alto jadeo ocasionado por la intensa explosión de su entrepierna. Salió de ella con delicadeza, quien se volteó con una sonrisa insinuante y lo besó apasionadamente, haciéndole entender que le apetecía continuar.
-Ahora, arriba -murmuró su esposo al cortar el beso, indicándole el escritorio y la rubia se dio prisa a hacer los documentos a un lado. Entonces, él la ayudó a subirse y ella abrió sus piernas para él.
-Dios mío, mi luna -dijo ella en voz muy baja, frunciendo el ceño de deleite al apreciar su verga gruesa entrando una vez más. El sonrojo en el hombre de los ojos lavanda se incrementó, pues su preciada mujer se hallaba más mojada y ardiente en su interior. Arremetió despacio y sensual, mordiéndose el labio inferior y resistiendo sus gruñidos de goce.
-Te siento tan bien así.
-Se siente muy bien.
Las gotas de sudor no eran lo único que se apreciaba en los rostros de los dos, si no que también el brillo de lo que sentían el uno por el otro en sus ojos. Su amor y su pasión estaban tan presentes, tal vez incluso más, que las primeras veces que hicieron ese ritual.
-Demonios, me pones como un loco -dijo él y su vaivén se volvió más veloz y más duro, a lo que Yume rodeó sus caderas con las piernas y se besaron profundamente, acercándose el uno al otro.
-Ya... ya voy a... -musitó la doctora sobre su boca en un tono como de desesperación. Intercambiaron una mirada fija de locura a centímetros del roce sus labios, las manos de ella aferrándose firme a su espalda mientras que el ninja la sostuvo con fuerza de las caderas. Un beso caliente oprimió el grito de su orgasmo, el que habían logrado alcanzar juntos y se dieron un abrazo para aplacar lo estremecidos que se encontraban. Después del beso, él acarició su cabello cariñosamente y la sonrisa dulce de su esposa dibujó otra pequeña sonrisa traviesa en su rostro también. Ella lo acarició, hablándole otra vez en un volúmen bajo-. No sabía que podía ser tan rico aquí, en mi oficina.
-Fue una buena idea, ¿no? -le dijo Neji, apartándose de ella con cuidado y acomodándose la ropa mientras su esposa imitaba su acción, riendo coqueta.
-Mi luna, te amo -dijo y le dio un pequeño beso ya vestida, al cual él correspondió.
-Yo te amo mucho más -contestó él, acarició su rostro con delicadeza y agregó-: Ya tengo que irme.
-Y yo tengo que volver al trabajo -dijo la rubia y su esposo caminó a la puerta para abrirla, luego se volteó a darle una última mirada de adoración antes de salir.
-Nos vemos en casa con nuestros hijos.
-Si, como todos los días -se despidió ella, suspirando alegre y entusiasmada. Retomó sus documentos y su trabajo con una sonrisa en los labios, un sonrojo en las mejillas y la calidez del amor por su esposo, en su corazón y en su piel.