Compromiso Equivocado

Summary

Kirishima es obligado a ir a una cita de Bakugou ya que este se escapa para ver a la persona que le gusta. Esa cita que era con fines para compromiso, conoce a Kaminari; tienen buena química y el rubio decide que quiere casarse con él, pero lo que no sabe es que ese chico no es la persona con quien debía casarse.

Status
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Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

La reina se encontraba regañando a su único hijo ya que era la octava vez que alguien rechazaba casarse con él.


—¿Qué demonios les haces Katsuki?—gritaba y todos sus sirvientes que andan cerca solo escuchan con miedo. La reina era muy temida por su carácter.


—Ya te dije que no pienso casarme bruja, así que no me sigas consiguiendo citas las cuales siempre terminarán huyendo—cruzó los brazos mientras se daba la vuelta ignorándola.


—Tienes que casarte, serás el próximo rey de estas tierras. Necesitas de un omega.


—Dije que no.


—Eres un terco Katsuki—la rubia se acercaba a su hijo para darle un buen golpe pero el rey justo en ese momento llegó.


—Basta de gritar—dijo y ambos rubios giraron hacia su dirección—sus gritos se escuchan por todo el castillo.


—Tú hijo que no quiere obedecerme.


—Ya lo conoces cariño, ambos son iguales—eso último lo dijo susurrando.


—¿Qué dijiste?


—Nada—sonrió nervioso.


—Aunque me sigas consiguiendo esas citas, los resultados serán los mismos—dijo y empezó a caminar hacia la puerta.


—¡Katsuki, ven para acá!—gritó pero el rubio no le hizo caso y salió de aquella habitación.


Silbo para que su dragón volara hacia la ventana y cuando ya se encontraba allí, acomodó su espada para no lastimarlo y se trepó. El dragón voló, después de todo ya sabía a donde irían.


Se iban alejando y solo se veían árboles; alguna que otra flor también. Cuando llegaron a la cascada el dragón poco a poco fue aterrizando para que el rubio pudiera bajarse.


Cuando este ya se encontraba en el suelo, aquel enorme dragón se recostó y minutos después llegó un chico pelirrojo.


Ese chico se acercó en cuanto vio al rubio sentado cruzado de piernas con los ojos cerrados; sabía que estaba meditando debido a que su madre lo hizo enojar, era lo normal de su día a día.


Al estar cerca se sentó para acariciar al enorme dragón y este solo se dejó consentir, espero a que su amigo terminara.


El rubio abrió los ojos de golpe y encontró a su amigo.


—Tardaste mucho—lo regañó.


—Perdón bro—dejó de acariciar al dragón—andaba recolectando manzanas—de la bolsa que llevaba colgada; metió mano para buscar las manzanas.


El dragón en cuanto escuchó la palabra "manzana", empezó a mover su cola de un lado hacia otro.


Kirishima sacó la manzana y le dio al enorme dragón que se encontraba más que feliz.


—Tsk—se quejó el rubio—lo tienes más mimado tú que yo.


—¿Ahora por qué estás enojado?


—Mi madre que sigue con lo mismo—rodó los ojos.


—¿Ya quiere nietos?—dijo burlándose.


—Esa vieja bruja nunca entenderá—suspiró agotado.


—Bro, ya mejor ríndete. Conoces a tu madre y sabes que ella tampoco se rendirá, es más probable que ella gane.


—¡Mierda cállate! Eso ya lo sé—bufó molesto.


—Bueno, me voy—se puso de pie—tengo unas cosas que comprar.


El rubio no respondió y solo cerró los ojos de nuevo para meditar otro rato, el pelirrojo acarició al dragón en forma de despedida y se dio la vuelta para empezar su camino.


Dejó atrás a su amigo y ya cuando estaba un poco lejos; cerró los ojos para concentrarse y convertirse en un dragón también. Tal vez no era tan grande como el dragón de su amigo, pero cierta población tenía ese don en particular.


Katsuki al ser hijo de la realeza, tenía un don de explosiones. Solo los que pertenecían a ese estatus tenían dones extraños y poderosos, los demás no tenían o eran muy simples.


Kirishima salió volando hasta llegar al pueblo, desde arriba se veían la gente pequeña y cuando notó que casi llegaba a su destino, fue perdiendo altura para transformarse en humano de nuevo.


Vio que había un pequeño espacio donde había árboles, por lo cual aterrizó y volvió a su forma original.


Camino unos pasos más y llegó a una tienda, saludó a la gente que estaba allí para después empezar a buscar un par de guantes, los que tenía ya estaban un poco desgastados.


Andaba viendo 2 pares que le llamaron la atención y no se decidía por cuál comprar.


—¿Necesitas ayuda?—escuchó una voz femenina detrás suyo.


Se dió la vuelta y se topó con una chica pelirosa muy sonriente. Este al verla solo se sonrojó, debía de admitir que esa chica era muy bonita.


—Ah no, solo no me decido por cual—movió ambos guantes.


—Pues a mi punto de vista—se acercó a él provocando que su sonrojo se elevara más—estos se ye verán bien—tomó el guante de la mano derecha y se lo mostró.


Era un par de guantes de color plata, Kirishima los tomó de nuevo y asintió—gracias.


La chica sonrió para después darse la vuelta dispuesta a irse, pero Kirishima por instinto habló.


—¿Tu nombre?


Aquella pelirosa solo lo miró de reojo y se giró para quedar frente a frente—Mina Ashido, un placer.


—Mina—repitió—gracias por la ayuda.


—¿Qué hay del tuyo?


—Oh si, perdón. Soy Eijiro Kirishima—se rasco la nuca nervioso.


—Espero volver a verte, Eijiro—sonrió para después irse.


Kirishima solo la observo irse y de nuevo miró el par de guantes, sonrió y regresó los otros a su lugar. Sacó una lista para ver que más le faltaba.


En ese mismo instante, un rubio con un mechón negro que traía una capucha entró a esa tienda. Se le veía nervioso y miraba hacia todos lados.


Se acercó a un estante e intentó agarrar un libro, pero por su altura no lo alcanzaba. Kirishima quien se encontraba algo cerca, notó aquello así que se acercó para ayudarlo.


Se paró justo detrás de él y el rubio al sentir a alguien, solo dio un pequeño brinco. Presentía que era un alfa, y él al ser un omega pensaba lo peor.


Se giro para encontrarse con aquel desconocido.


—Perdón si lo asuste...—continuó hablando, pero el rubio no le prestó atención. Solo pensaba que era un alfa que quería propasarse con él.


El rubio no le veía la cara debido a que su capucha no lo dejaba, solo notó el libro entre sus manos y se le quito bruscamente.


Pero algo pasó, cuando sus dedos cruzaron sintió una chispa recorrer su cuerpo, no le tomó importancia y se alejó.


El pelirrojo se quedó con las palabras en la boca, y vio alejarse al extraño, él tampoco pudo ver su rostro.


"Eso me pasa por ser amable"—pensó desanimado.


Aquel rubio fue a pagar el libro y salió de la tienda aún con la capucha puesta. Corrió lo más rápido que pudo y regresó al carruaje donde se supone que debería estar.


Cuando sus padres se metieron de nuevo al carruaje y solo lo miraron, ellos sabían que siempre que iban a ese pueblo se daba sus escapadas.


Sin más tiempo que perder, ordenaron que los llevaran de vuelta a sus tierras. Aquel rubio miraba por la ventana aún con la capucha, no debían de reconocerlo, eso según sus padres para su seguridad.


Suspiraba cansado, el correr lo agito mucho pero debía de controlarse para que sus padres no sospecharan nada.


Lo único que quería era llegar a su castillo y leer aquel libro que en sus tierras no pudo conseguir. Leer era una de las formas en que podía distraerse, aunque su madre ya le estaba dando clases de cómo liderar ya que cuando cumpliera la mayoría de edad le buscarían un alfa.


Odiaba ser omega, él no quería atarse a un alfa para toda la eternidad y mucho menos, si no lo amaba.