♡ ¡ѕωєєт ℓσνє тσ ¢υρ¢αкє! ♡ / TOLL

Summary

Bill era un excelente y talentoso pastelero. Alto y de hipnotizante atractivo. Dedicado y trabajador. Pero bajo la azúcar perfecta que caracterizaba al pelinegro había una verdad. Su increíblemente personalidad bipolar y pavor por un don inusual. Y Tom había llegado a |"The Dessert Hole"| por pura necesidad y casualidad, obteniendo más que un delicioso postre. Mira las etiquetas✔ Mención y algo de Bottom (?) ✔ Historia corta como especial por San Valentín muy atrasado :v✔ Inspirado en la Serie Pushing Daisies, AMOLAD (?) e ideas personales ✔

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1♡.



Todo empezó perfecto para Jared Leto. Las flores relucían en colores pasteles, el cielo azul de Berlín era hermoso, con nubes blancas como algodones, con un sol dejando ver sus primeros rayos de la mañana, sonriendo y devolviendo el saludo a todo transeúnte, sintiendo que su día no podría ser mejor.


Su caminata era relajada y segura como película romántica y de Disney, tarareando bajamente I'm On My Way / The Proclaimers, cantando a todo pulmón su parte favorita "estoy en camino a lo que quiero de este mundo" cuando llego exactamente a donde quería estar y siempre se levantaba con el pie derecho, abriendo la puerta del local "The Dessert Hole" y sonreír al motivo principal de su felicidad.


Bill Kaulitz.


Ese nombre lo estremecía como todo el bello y atractivo físico del dueño de su corazón, aunque en esos momentos la cara de mala leche en el rostro del pelinegro le saludo.


-Llegas tarde- le riño.


Jared hizo un puchero que fue evadido olímpicamente por el pastelero, recibiendo su delantal en la cara como un intencionado golpe para acomodarlo en su cadera y comenzar su optimista mañana en su adorado trabajo al lado de su amor platónico desde el instituto, convirtiéndolo en un acosador e insistente admirador y prospecto ideal de príncipe azul rogando por una oportunidad. Así que exactamente eso lo tenía actualmente ahí después de 3 largos años detrás del azabache.


Su silbido no se hizo esperar, moviéndose como un torbellino y dejar todo a la perfección que exigía Bill, girándose para mostrarle su gran resultado pero encontrándose con la soledad y la puerta cerrada de la cocina. Suspiro derrotado por siempre albergar una esperanza de que Kaulitz notara su desempeño y su presencia aparte de solo ser un trabajador pero acostumbrándose a la indiferencia del excéntrico pastelero.


El letrero de "ABIERTO" lucio en la puerta y entonces ocupo su lugar detrás del mostrador y caja registradora, esperando la llegada de algún cliente. Admitía que los días eran pesados si era el único que atendía el local, sirviendo, cobrando y preparando los pedidos pero prefería aquello a que otra persona fuera contratada y correr el riesgo de que Bill lo ignorara aún más. Al menos ser el único le traía el beneficio de estar juntos minutos después de cerrar para el recorte de cada día.


Y ese pensamiento lo hizo mirar atrás, quedando idiotizado a travéz de las grandes y redondas ventanas de la puerta de la cocina donde Bill parecía mirarse tan esplendido amasando con precisión y fuerza la bola de pasta, mirando como esas manos blancas con uñas negras enharinaban la superficie de la mesa y rodillo. Sus brazos y venas resaltaron en la playera negra, subiendo a su alta y delgada figura, derritiéndose al ver su cabello largo ser recogido en una coleta baja y dejando su rostro al deleite de su visión.


Definitivamente Kaulitz era endemoniadamente hermoso aunque su antipático carácter lo desconcertaba. Bill era feliz refugiándose en su cocina, horneando muffins, bizcochos, galletas, donuts, brownie, tartas, pasteles, tiramisú, macarrones y sus favoritos, cupcakes. Su tranquilidad y su brillo en sus ojos eran notable como el buen ánimo que tenía dentro de aquellas cuatro paredes, antisocial y quisquilloso de atender algún cliente, seguro que si no fuera por él, Bill ahuyentaría a las personas. Aunque tal vez regresarían por los deliciosos postres.


El local había ganado buena fama por su repostería fina de calidad, sumándole la bella vista del pastelero dedicado y trabajador dentro de la cocina donde no salía hasta que el día habia terminado, ningún cliente permanecía en el local y los pedidos a entregar habían acabado. Y solo entonces pensaba que tal vez el pelinegro tenía fobia social.


-¿Te ayudo?


Bill lo miro y entonces asintió, emocionando al castaño que apenas llegar a la cocina su felicidad se esfumo.


-Entrégale todos los pedidos al chico Samerfold, Sommerhal, Simordel... bueno ese de nombre raro.


-¿Ian?


-Sí, como se llame- Jared rodó los ojos y entonces cogió la mayoría de cagas blancas para dirigirse a la puerta trasera donde un pelinegro de ojos grises lo esperaba.


Ahora entendía porque el tipo odiaba a Bill. Llevaba trabajando como su repartidor por todo 1 año y el pastelero ni si quiera se aprendía su nombre, compadeciéndose de él. Aunque en el fondo se alegraba de que Kaulitz no hubiera caído en su red de coqueteo y sensualidad de ese pelinegro la primera vez que se conocieron, reviviendo su odio. Entonces evadió el saludo cordial y ocasionando que su ceño fruncido se acentuara y le diera las cajas con notable molestia que sorprendió al inocente Ian, preguntándose que había hecho.


Bill aprovecho que Jared estaba lejos y ningún cliente había llegado a la cafetería para sacar un canasto donde variedad de fruta se encontraba echada a perder, cogiendo entre sus manos una manzana vieja y oscura como un puñado de arrugadas y descoloridas fresas que en segundos cobraron vida en sus manos, volviéndose perfectas, con un sabor y color exquisitos pasando como fruta de primera calidad.


Pumba que mordisqueaba un hueso de carnaza admiro el talento de su sueño, siendo el único que sabia y guardaba el secreto del azabache, mirando la sonrisa en el pelinegro. Su talento era algo que recordaba con mucha claridad cuando se percató de este, trayéndole viejas memorias que involucraban a su pachoncito perro.




Bill había visitado a los abuelos en Mengen Baden-Würtemberg, donde todo lo que lo rodeaba era campo abierto, lirios y pasto verde. Sus vacaciones de cada verano con sus abuelos maternos eran increíble, jugando con pumba, tirándose al suelo y corriendo bajo un sol caluroso, siendo feliz.


Si, fue feliz hasta que Pumba decidió corretear una ardilla y su perro suicida dejo el campo verde para salir a la avenida donde a los ojos avellanas del infante fue empujado por un camión de redilas, aventando por los aires a su mascota quien chillo y cayó al pavimento sin vida.


Por su puesto que fue un accidente traumático para el azabache de solo 8 años que avanzo en shock y desconcierto, incrédulo cuando llego al lado de su perro que segundos atrás tuvo vida y ahora ni respiraba. Pudo llorar como un crío por la pérdida pero en vez de ello decidió tocar la cabeza de su animal como una caricia lastimera que resulto milagrosa, despertando a su canino de la muerte.


Bill se sobresaltó, ahora más incrédulo por lo que había hecho, mirando sus manos con impresión y sorpresa, sonriendo cuando su amigo fiel siguió corriendo, yendo detrás suyo y volver a disfrutar de su día, inconsciente de la ardilla que cayo muerta del árbol.




Ahora, después de 18 años había aprendido la lección, de vivir con ese talento oculto, protegiéndose de que nadie supiera su anormal capacidad, evitando tocar a Pumba después de traerlo a la vida porque la mirada de su perro y la suya escondían más secretos y verdades relacionadas con el precio de revivir lo no deseado, siendo los UNICOS en saberlo.


O eso creyó. Porque existía la persona y testigo visual como prueba a su descuidada acción que entro a la cafetería por la tarde, ocupando una mesa donde no tardo en coger el menú.


-¿Tomo tu orden?


-No se, estoy indeciso. Si tendrías que decidir entre un brownie, un muffin de mora azul o un tiramisú ¿Cuál pedirías?


Jared se emocionó y por un momento se olvidó de quien estaba pidiendo su opinión, desplazándose por dar una explicación favorable y decir que todo era delicioso pero recomendaba un tiramisú clásico con un capuchino con poca leche, canela y mucha espuma.


-Bien, entonces quiero una donuts de cajeta y un americano sin azúcar- Leto gruño por el pedido del platinado para ir por su orden y tener las ganas de embarrárselo en su cara por su sonrisa burlona- Y llama a tu jefe, es urgente nuestra charla.


Jared abrió la puerta de la cocina y asomo su evidente rostro enojado- Gühne está aquí.


Bill termino de decorar las galletas, la tarta de frutos rojos y los muffins de chocolate y nuez para cerrar el gran horno y entonces dejar con recelo su amada cocina, limpiando sus manos y salir al encuentro de un platinado vestido en su típica ropa formal. No descartaría que el sujeto era llamativo, eso era evidente cuando todas las miradas de los clientes lo observaban como al bello pastelero quien tomo asiento frente al atractivo platinado segundos después, dejándolos con la atención de todos incluido un castaño detrás de la caja después de traer el pedido de Gühne.


-¿Qué?


-Pero que seriedad ¿no hay buena venta o se te quemaron las tartas?- Bill subió una ceja, cruzándose de brazos por el intento de broma del mayor- Bien, solo vengo a entregar algo que te quitara la mala cara de leche cortada.


Andy saco un sobre amarillo y lo arrastró por la mesa circular donde la mano de Bill no tardo en agarrarlo y sonreír bajo.


-Siempre cumplo, 50/50. "Cuentas claras, amistades largas"


-Genial.


Bill entonces estuvo seguro de los últimos detalles que invertiría en su local y el lujo de comprar aquella chaqueta de cuero negro y las botas Dr. MARTIN.


Kaulitz se relajo y decidió tener una superficial platica con Gühne, provocando celos en Leto que fruncía con demasiada intensidad su ceño. Por el contrario, el azabache recordó como había conocido al platinado mientras este platicaba sobre su ocupada semana, costándole trabajo el admitir que se había convertido en un amigo.




Bill había cerrado mucho más temprano cuando Jared empezó a sentirse mal y no pudo terminar su día laboral, descansándolo. ¡Y ni loco se pondría atender el solito a los clientes.! Si lo único que le importaba era su cocina, pumba y él ¿Por qué se interesaría por servir a alguien?


Así que esa tarde termino con un letrero de "CERRADO" y cogiendo las bolsas de basura con fastidio. No era algo que le gustaba hacer, básicamente Leto se encargaba de tirarla, arrepintiéndose no haber aprovechado al repartidor Sailormoon para la detestable tarea.


Cogió las grandes bolsas negras y salió por la puerta trasera, donde un callejón solitario le esperaba y grandes contenedores, aventando las bolsas con molestia.


Andreas, detective privado y casi agente policiaco, corría por los techos de las viviendas departamentales detrás de un presunto culpable de platinado maldecía no hacer ejercicio y haber comido hace 5 min. atrás que ahora le dificultaban agarrar al sospechoso pero lo inevitable paso.


Andy había cogido de la chaqueta al hombre, provocando que tambaleara y en desesperación de no ser arrestado decidió saltar, obvio, no llegando al otro lado y cayendo en picada al contenedor de basura, muriendo inmediatamente por el fuerte el platinado todo se había arruinado. Necesitaba la pasta de la recompensa a quien lograra resolver el crimen, mirando su dinero evaporarse hasta que fue testigo de como aquel pastelero que había aventado la ultima bolsa negra y buscaba ahora su esclava dentro del contenedor, provocando que el hombre muerto volviera a la vida cuando lo toco inesperadamente.


Bill se puso rígido y no dudo en salir de un brinco rápido del sucio lugar detrás del hombre desconocido que había revivido, tacleándolo antes que saliera del callejón y así como en un toque lo volvió a la vida, nuevamente volvió a morir.


El pelinegro suspiro tranquilo hasta que decidió mirar arriba por donde el hombre había caído y toparse con unos ojos azules en desconcierto y orgullo, diciéndole que esa sonrisa perversa en el rubio planeaba locuras.




2 años después su trabajo en la cafetería no era lo único, ayudando al rubio a resucitar a los muertos de casos de homicidio para interrogar las causas y quien había sido su asesino, resolviendo los casos con rapidez y efectividad, cobrando ambos la buena tenia gastos que pagar y dinero extra no estaba mal.


-Bien, tengo que irme, parece que caerá un monsoon y no tengo a mi Van a mi lado.


-¿Esa cosa horroro..?- Andreas lo fulmino antes que acabara su insulto- ¿La camioneta de Scooby doo?


Bill sonrió orgulloso cuando recibió el odio del platinado. El molestar al otro era inevitablemente satisfactorio.


-No hables así de mi querido bebé.


Gühne sentencio para acomodar su traje gris, donde resaltaba su alta y delgada figura, su blanca piel y su lacio cabello tan rubio que parecía ser platinado y que portaba hasta los hombros. Andreas era más que atractivo, era guapo y bello, con un porte elegante y una actitud de hierro cuando hacia su trabajo pero lejos de eso era divertido, burlón y amigable.


Bill había pensado que la oferta y la primera impresión eran un asco hasta que sintió que Andy y él tenían mucho en común, desde estilo y belleza a una bipolar actitud incomprensible pero soportable para ellos.


-Me tomare unos días en lo que otro caso de homicidio sea lo jugosamente valioso por resolver y volveré a pasearme por aquí.


-Genial, disfruta tus mini vacaciones Fredy.


El rubio volvió a fulminarlo pero aprovecho para besar la mejilla del pelinegro en una despedida, provocando inmediatamente murmullos de la gente chismosa que sospechaba y rumoreaba sobre una "atracción" entre ellos.


-¡No me extrañes mucho Billy!


Bill quiso patearlo por su acción y comentario pero el rubio había desaparecido en segundos por la puerta, volviendo a su adorada cocina. Jared que había escuchado y visto con frustración la despedida continuó con su mal humor hasta que el día acabo, limpiando las mesas y con una lluvia imparable en toda la ciudad.


Somerhalder entro por la puerta trasera con casco en mano y ropa mojada, listo para recibir su paga. Sus ojos grises habían "dejado" de brillar en emoción y gusto por el azabache, más cuando había sido rechazado e ignorado en cada insinuación e invitación una infinidad de veces.


¡Bill Kaulitz había pasado de él!


A pesar de ser 10 años más grande que Kaulitz no había podido evitar caer idiotizado por este, haciendo lo posible por llamar su atención pero era fecha que ni su nombre se aprendía. Y él ya no pensaba intentar con alguien imposible de alcanzar.


O eso creyó cuando Jared e Ian quedaron quietos y observadores cuando Bill quito los guantes de plásticos, el delantal y la goma de su cabello, cayendo todo el largo y azulado cabello en su espalda, resaltando esa piel blanca y tatuajes en todo un outfit negro y estrafalario, caminando hacia la barra donde sabia que sus dos empleados le esperaban y cortar la respiración de ambos acosadores cuando los ojos avellanas resaltados en sombras negra los miraron.


-Tú, Sunerfolder, esta es tu paga- el ojo gris abrió la boca para corregirlo por enésima vez- Puedes irte, mañana será un día ocupado.


El mayor salió molesto del local, azotando la puerta y dejando a un satisfecho y emocionado castaño por la privacidad con Bill, aunque estaba totalmente concentrado en las cuentas del día rumbo a la cocina.


-Oye Bill.


-¿Hum?


-¿Tienes algún plan para esta noche? Porque podría...


Bill no necesito mirarlo para comprobar la esperanza en su cara, volviendo a tener que tiznar una línea entre jefe/empleado.


-Si, y de hecho te incluye- Jared estaba convencido que se desmayaría. ¡Por fin!- Mi plan es que tires toda la basura antes de irnos.


-¿Es enserio? Esta lloviendo horrible.


-Entonces te sugiero que corras y te des prisa.


Leto aun permaneció en su lugar para escuchar un "estoy bromeando" pero fue mas doloroso cuando no ocurrió, caminando con frustración a su deber. Bill le importo poco porque tenia su buena excusa para comportarse como un cretino.


La campana de la puerta al ser abierta llamo su atención, esperando a que Jared volviera y explicara al cliente que el local ya estaba cerrado pero los minutos los impacientaron y reunió las fuerzas para enfrentar al común e inoportuno humano, mirando que Leto había olvidado poner "CERRADO" en la puerta.


-Debo informarle que el local ya esta...


Ni si quiera a completo su brusca y autoritaria frase al quedar estático al par de ojos miel, olvidando su objetivo y mala leche, quedando tontamente aturdido por un milisegundo.


Si, volví muy pronto XD pero solo mencionare que la personalidad de Tom y Bill será una combinación de "Pareja dispareja" y "Contagio" *0* así que deséenme suerte, a ver que sale :v


Les dejo foto de la apariencia que tendrá Bill *-*