1. Victoria
Mi cabeza rebotaba en el cristal de la ventana del coche. Iba observando el paisaje que se encontraba en el exterior mientras escuchaba Cardigan de Taylor Swift con los cascos que mamá me regaló en mi cumpleaños pasado.
A mí lado se encontraba mi Tío Jasper repiqueteando los dedos en el volante mientras miraba fijamente a la carretera. Hacía diez años que no veía a mi tío y era normal que se encontrará nervioso por la situación, supongo que entablar una conversación con una adolescente que está pasando por una situación crítica después de diez años no es algo fácil.
Mi tío Jasper era el hermano gemelo de mi padre. Eran idénticos y, aunque me disgustara que se pareciera a él, por una parte agradecía que se asemejara a papá, porque de algún modo, jamás podría olvidarme de algún insignificante rasgo de su cara, porque mi tío era una copia de él. Tenía el pelo corto con su destacable color naranja, una nariz recta y pecas alrededor de esta que con los años se convirtieron en marcas. Las cejas eran un poco más anchas que las de mi padre y sus labios eran un poco más claros. Sus ojos eran del mismo color que los míos, Azules difuminados con verde. Era lo único físicamente que me asemejaba a mí padre. Todo lo demás era una copia de mamá.
El silencio duró poco porque el tío Jasper aclaro su garganta intentando suavizar la situación.
--Queda poco para llegar al pueblo.-- comenta repiqueteando los dedos en el volante del coche.
No levanto la mirada de la ventana y simplemente hago un ruido proveniente de mis cuerdas vocales sin abrir los labios como símbolo de afirmación. Jasper suspira.
--Sé que es difícil la situación que estás pasando Vicky.-- Afirma alternando los ojos entre la carretera y yo. --Pero espero que puedas adaptarte a Llanas de la mejor manera, no es la gran ciudad, ni estás con tus padres, pero nos tienes a tu abuela y a mí.-- Finaliza.
Mis ojos empiezan a humedecerse y rápidamente muevo la cabeza de un lado a otro.
--No te preocupes tío. Intentaré adaptarme y agradezco mucho los cuidados de la abuela y tú.-- digo finalmente convenciéndome de que todo está bien.
Jasper sigue con la mirada clavada en la carretera y traga saliva de una forma nerviosa. Asiente y me dedica una sonrisa.
--No agradezcas nada cariño, somos tú familia.-- es lo último que dice. El silencio vuelve a reinar y me vuelvo a centrar en el paisaje. Es un bosque inmenso y precioso, algunos rayos de sol se cuelan entre las ramas de los arboles y ya he visto algún animalillo recorriendo sus plantas frondosas.
Tío Jasper tenía razón, en menos de diez minutos ya habíamos pasado el cartel donde venía el nombre de mi nuevo hogar. Al principio del pueblo se encontraba un parque que tendría veinte años como mínimo. Más adelante se encontraba un súpermercado y algunas tiendas.
Un cruce separaba el lado Este del pueblo y el Oeste, tío Jasper giro al lado Oeste. Adentrándose más en esta parte, girando a la izquierda se encontraba la plaza del pueblo donde estaba el ayuntamiento y un poco más adelante una pequeña iglesia demasiado bonita. Por sus paredes de piedra desgastada subía alguna enredadera y tenía varios árboles rodeando la estructura. Girando por el medio de la plaza y la iglesia se adentraba a varios barrios.
Después de recorrer el barrio, que era pueblerino, tío Jasper aparcó enfrente de una casa blanca de dos pisos con un bonito jardin delantero. Una mecedora y una mesita se encontraban en el porche adornado con algunas macetas. La abuela tenía un don con la botánica.
Bajamos del coche y Jasper saca mi equipaje del maletero y lo lleva hasta el interior de la casa, sin saber muy bien que hacer, respiro hondo y me adentro en la casa siguiendo a mi tío. Me quedo en la entrada paralizada cuando veo una foto de mis padres de jóvenes. Una rosa reposa en los pies del marco de la foto.
Una mano se posa en mi hombro y hace que salga de mis pensamientos. Miro de donde proviene la mano y veo a mí abuela con una sonrisa triste. Mi abuela es de mi altura, con el pelo canoso y algunas arrugas, pero es joven, tiene sesenta y cinco años. La dedico una sonrisa y la abrazo. Ella me responde al abrazo dándome un gran achuchón.
--Como has crecido mi niña.-- comenta con voz rota y con la cabeza enterrada en mi hombro. --Lo siento mucho por tus padres cielo, ahora estás con la abuela.-- dice separándose del abrazo y dedicándome una sonrisa.
--Tu tío Jasper ha subido tu equipaje a tu nueva habitación, sube a ver si te gusta.-- intenta animarme.
La dedico una sonrisa y subo los escalones que conducen a la planta de arriba por un pasillo que está lleno de fotos familiares. Cuando llego a la planta de arriba hay tres habitaciones, dos de ellas, sus puertas están cerradas, por lo que intuyo que la puerta abierta es mi habitación.
Entro con cuidado y veo una cama de dos personas con un cabecero de madera adornado con unas luces redondas. A los dos lados hay dos pequeñas mesitas que combinan a la perfección y en la derecha reposa una pequeña y acogedora lamparita.
Sigo divagando por la habitación y me doy cuenta de que hay un baño propio y un armario empotrado bastante espacioso. Enfrente de este, pegado a la pared, hay un escritorio de madera blanca con una silla de ruedas y una estantería adorna el espacio entre la ventana y la pared. Era genial para poner todos mis libros. Las cortinas que tapaban la ventana eran de color blancas y no eran de señora mayor. Me gustaba mi nueva habitación.
Observando con más interés, encuentro un corcho donde hay fotos de mamá. Está era la habitación de papá, pero ordenada y un pelín cambiada para mí. Me quedo mirando la foto de mamá sonriendo con un gorro de lana y una bufanda. Era preciosa. Tenía el pelo de color castaño claro y los ojos verdes, una nariz perfecta y una sonrisa que le hacía hoyuelos en los mofletes. Yo era un retrato de mi madre, tenía una mezcla de cabello entre los dos, castaño con un tono pelirrojo y lo único que saque de mi padre, a parte de esto, fueron sus ojos azules y el tono rosado de sus labios.
El grito de la abuela llamándome desde abajo me saca de mis pensamientos y me apresuró a bajar las escaleras. Tío Jasper y ella conversan en el salón y cuando notan mi presencia me dedican una sonrisa.
--Espero que te agrade el cuarto vicky.-- comenta el tío con una mano en la nuca.
Sonrío
--Es perfecto, gracias tío.-- le dedico una sonrisa. La abuela se queda observando mi sonrisa.
--Eres igual que tú madre.-- se la escapa con una sonrisa melancólica.
Empiezo a ponerme sentimental junto con la abuela hasta que tío Jasper decide cortar la situación por el bien de todos.
--Bueno, mañana empiezas tú primer día de instituto aquí, pasaré a buscarte para llevarte el primer día.-- comenta sonriendo. --A las siete y cuarto pasaré a buscarte, te quiero lista para esa hora.-- me señala con un dedo acusador. Le da un beso a la abuela y luego otro a mi en la cabeza. --Hasta mañana chicas.-- se despide y sale por la puerta.
Me quedo con la abuela sola y se apresura a ponerse a mí lado y a entrelazar nuestros brazos mientras me guía a la cocina.
--Vamos a la cocina, he hecho galletas para tu llegada y la cena ya está lista.-- me guía felizmente a la cocina.
Me encontraba leyendo en la cama después de haber colocado todo mi equipaje en sus respectivos sitios. Debía irme a dormir si quería ir mañana despejada a mi nuevo infierno. Pocas ganas tenía de empezar desde cero una vez más.
Coloco el marcapáginas en el nuevo capítulo y cierro el libro poniéndolo en la mesita derecha. Me arrastro adentro de la sabana y el edredón y apago la luz de la mesita. Cierro los ojos y muchos recuerdos de mamá y papá vienen a mi memoria.
No era lo mismo irme a dormir sin sus besos de buenas noches. Una lágrima recorre mi mejilla y unos minutos después quedo profundamente dormida.
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Un escalofrío recorre mi cuerpo, independientemente de que esté dentro de el edredón que cubre la cama. La ventana está entre abierta y la cortina se agita por el viento que proviene del interior del bosque.
Me froto los ojos y enciendo la lucecita de la mesita. Alcanzó el móvil para ver qué horas son, tan solo son las 3:00 a.m. Carraspeo y me siento en la cama mirando fijamente a la ventana. Me levanto para cerrarla y cuando estoy por unir la ventana con su respectivo marco un Aullido me distrae.
Abro un poco más la ventana buscando rastro del lobo que produjo este sonido pero no veo nada, mis ojos están entrecerrados y la unica luz que tiene el bosque es de las estrellas y de la luna. Cierro la ventana, apago la lampara y me vuelvo a meter en la cama ignorando cualquier pensamiento relacionado con el lobo. Vivo en un pueblo en mitad de un bosque y de montañas, ¿Esperas que no haya animales salvajes? Vaya pregunta más absurda. Ahí fuera hay lobos, osos, pumas...
Cierro los ojos enumerando las distintas especies que pueden habitar el bosque y me quedo dormida por segunda vez.