Almas Atormentadas (Placeres Desconocidos III)

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Summary

"Nos lo merecemos todo." Lionetta lleva siendo prisionera de su propia casa desde su nacimiento por lo que ansía salir y conocer el mundo. Cuando su padre es asesinado se verá forzada a trabajar para Fiore D'agnolo, una mujer tan infame como hermosa, quien no se detendrá ante nada en su camino a convertir a su familia criminal en la más poderosa del mundo. También conocerá a Dario, un joven de pasado tormentoso que parece amar y odiar a Fiore a partes iguales. Junto a ellos se verá envuelta en un juego de seducción e intriga que podría destruirlos por completo.

Status
Ongoing
Chapters
39
Rating
n/a
Age Rating
18+

Ojo por ojo

La frase “el mundo es peligroso” le fue enseñada desde que tuvo la edad suficiente para razonar y comprender lo que su padre gritaba a los cuatro vientos. Nunca confiar en nadie que no fuera su propia familia, no en abuelos, no en tíos, ni primos. Solo sus hermanos, su padre y su madre. Vivir recluida a causa de esa desconfianza, nunca le generó problemas, entendía las palabras y las ponía a prueba todos los días a pesar de vivir en un conjunto de departamentos donde todo mundo se conocía, a excepción de esa extraña familia. Sus hermanos debían trabajar por lo que eran los únicos en contacto con la vida exterior, un sacrificio que hacían por el bien de la familia solían decir. Su padre, un hombre violento y alcohólico, quien solía meterse en problemas con todo aquel que se acercaba al menos cinco metros a la entrada de su vivienda en su afán de proteger a la familia. Ella lo entendía sobre todo cuando su madre murió víctima de un asalto a mano armada, lo cual hizo que la hija menor comenzara a ocuparse de las tareas del hogar.

Por mucho tiempo vivieron así, sin resentir la falta de su madre, ya que ella se encargó de todo, y nunca creyó que ese estilo de vida no podría mantenerse mucho tiempo. Para aumentar la desconfianza y odio de su padre hacia el exterior, sus hermanos también terminaron muriendo, por motivos desconocidos para ella, pero que su padre no dudó en culpar al mundo exterior.

Aun así, una vez que sus tres hermanos mayores murieron, ella tuvo que salir al exterior para conseguir un trabajo y mantener al hombre que la crió desde la muerte de su madre. Al principio fue complicado, aunque con el pasar del tiempo comenzó a acostumbrarse e incluso, una parte de ella prefería el exterior a comparación de la vida con su padre.

Los sueños de viajar por el mundo y conocer todo lo que ese lugar tuviera para ofrecer comenzaron a ganar espacio en su mente dejando de lado su devoción y respeto hacia su progenitor, quien la mataría si se enterara de las ideas que deambulaban por su mente. Nadie extraño salía ni entraba a su hogar, por lo que fue una sorpresa encontrarse con esos cuerpos en la sala cuando volvía de trabajar.

—¿Padre? ¿Quiénes son ellos?

No pudo evitar el temblor en su voz al notar como aquellos cuatro cuerpos estaban inertes, sin señales de respiración y debajo de ellos una mancha sangrienta comenzaba a recorrer el suelo. No ayudaba en nada a su nerviosismo darse cuenta que el color de su cabello era idéntico al de la sangre en el piso.

Su padre estaba en el mismo lugar de todos los días, sobre el sofá con una botella de alcohol en sus manos mirando el fútbol, lo único del exterior que permitía invadir su casa. La diferencia con la imagen de diario, era que su mano derecha sostenia un enorme cuchillo manchado de sangre hasta el mango.

—Lionetta —celebró el hombre su llegada como si la imagen de los hombres no cambiará nada a su rutina de vida—, mí pequeña leona y la única persona en la que confío. Tú sólo puedes confiar en mí, ¿verdad?

—Claro, padre —Trató de comportarse de manera normal, de esa forma su padre no la regañaría, por lo que tomó asiento a su lado reteniendo las arcadas que sentía por el olor de la sangre—. ¿Qué pasó con ellos?

—Querian dinero por mi casa.

La chica sintió como el suelo se abría bajo sus pies, era algo de lo más importante que su hermano mayor le indico antes de su fallecimiento y lo olvido por completo con más de dos meses de atraso según el calendario de la pared. El tiempo suficiente para que el encargado del edificio subiera para preguntar acerca del pago, cruzando la línea de su padre sobre no dejar que ninguna persona ajena a la familia se acercara a su santuario.

—Le dije que era mi casa y como no quería irse tuve que hacerlo.

—¿Y sus otros compañeros? —continuaba dándose golpes mentales por haber olvidado pagar antes de esa locura cometida por su padre, pero era parte de su ilusión de recluso: Todo era suyo y nadie tenía derecho a cuestionar nada, sobre todo las malvadas personas del exterior.

—Venían con ese sujeto —respondió su padre arrastrando la lengua mientras apuntaba a los cuerpos con el cuchillo—. Son malos, intentaron tocarme así que me defendí. Ahora no les quedaran ganas para venir a amenazarme.

—¿Te lastimaron? —preguntó paseando su mirada por todo el frente de su padre buscando alguna herida, sin embargo, lucía ileso.

—No pudieron tocarme. Tú padre es invencible. —dijo acompañando sus palabras con un gran sorbo de su bebida. Lionetta era incapaz de calmarse, había cometido un error, olvidó algo demasiado vital para continuar con el estilo de vida enseñado por ese hombre ebrio a su lado por estar pensando en esas ilusiones estúpidas de conocer el mundo y a todas las personas que lo habitaban.

El mundo es peligroso, era obligatorio recordar eso, no confiar en nadie más que su familia, la cual ahora solo se resumía al hombre a su lado que le gritaba al televisor.

—Trataré de limpiar esto, padre. —soltó con un suspiro levantándose del sofá para tomar al hombre que tenía más cerca de los tobillos y llevarlo al baño del lugar. El cuerpo era pesado por lo que a los pocos metros ya estaba sudando y resoplando por el esfuerzo, para el siguiente cuerpo ya sus brazos temblaban siendo incapaces de levantarse por más de dos segundos. No tenía idea de que hacer a continuación, ¿tal vez debia llamar a la policía? ¿Decirles que su padre asesinó a cuatro hombres por un error que ella cometió?

No pudo evitar comenzar a derramar algunas lágrimas que comenzaron a empapar el suelo junto a los cuerpos de esos hombres. No sabía cómo resolver lo ocurrido, era nueva en lo que se refería a salir al mundo, su hermano mayor apenas tenía dos meses muerto y lo extrañaba bastante, era quien resolvía los problemas de la familia, no ella.

—Padre, tenemos que pensar en que hacer con estos cuerpos. —dijo cuando volvió a la sala del lugar. Su progenitor continuaba frente al televisor, pero ahora estaba en silencio como si se hubiera quedado dormido, por lo que la chica se acercó a él para tratar de despertarlo—. Vamos padre, no puedo resolver este problema yo sola.

Al sacudirlo del hombro, el sujeto cayó inerte hacia la pequeña mesa frente al sofá arrancando un grito de la mujer, quien se apartó como si le quemara, ahí vio un par de profundas heridas en la espalda de su padre, heridas que tal vez esos hombres le habían propinado al momento de pelear con él.

Le sorprendió la manera en que su padre logró mantenerse consciente como si aquellas heridas que terminaron matándolo no le molestaran, pero al final no era inmortal y se había ido dejándola completamente sola en ese mundo del que nunca dejó de desconfiar.

Debia arreglar todo eso por su cuenta y no tenía idea de como comenzar. Eran cuatro cuerpos los que estaban en su casa, en algún momento alguien sospecharía de la ausencia del dueño del edificio e iría a buscarlo encontrándose con esa imagen, ella sería la principal sospechosa terminaría en prisión antes de siquiera comenzar a conocer el exterior en su totalidad.

La respuesta a su dilema se presentó mientras intentaba limpiar las manchas de sangre del suelo. La puerta de la entrada se abrió en su totalidad entrando por ella un par de hombres que de inmediato le apuntaron con sus armas gritando advertencias y pararon en cuanto la chica se alejó de las manchas de sangre. Fue solo cuando vio a la mujer que entró detrás de ellos que comprendió el gran error cometido por su descuido.

Escuchó sobre ella la primera vez que salió de su departamento solo días después de la muerte de su hermano mayor, por fin había encontrado un trabajo en el que no se le cuestionó su falta de estudios formales y escuchaba a una de sus compañeras contarle a otra acerca de un problema que esa mujer había resuelto para ella de inmediato. La curiosidad fue demasiada, pero sin confianza aún para lidiar con gente del exterior optó por continuar escuchando la charla en silencio, ahí fue que escucho ese nombre: Fiore D’agnolo.

La dueña de todo negocio pequeño o grande en esa parte de Italia, influencias que se extendían hasta las personas mas poderosas del continente y, por supuesto, ama y señora de un imperio de droga que se extendía por casi todo el mundo. A palabras de las mismas mujeres a las que escucho hablar, la persona más peligrosa y más hermosa del país.

—¿Dónde están? —habló la mujer paseando la mirada por toda la habitación hasta fijarla en la joven que aún mantenía las manos al aire temerosa de aquellos hombres armados. Debia dar una respuesta, pero sentía su lengua adormecida y un sudor helado bajando por toda su espalda, al igual que un temblor por todo su cuerpo el cual causaba un ligero castañeo en sus dientes.

—Los cuerpos están en el baño, señora. —respondió en su lugar uno de los hombres que la acompañaban—. Parece que los llevó ahí a rastras.

—¿Cual era tu plan? ¿Deshacerte de ellos por la noche? —cuestionó sin quitarle la mirada de encima, lo cual causaba aún más nerviosismo en Lionetta—. ¿Acaso eres muda?

—No…No, señora. —respondió con bastante trabajo haciendo su mejor esfuerzo para no enredarse con las palabras—. No supe que hacer en realidad y solo no quería verlos.

—¿Tú los mataste? —la manera en que Fiore D’agnolo miraba a la mujer frente a ella le hacía imposible verla a los ojos, de alguna forma Lionetta creía que era capaz de leerle la mente y si bien ella no lo hizo, estaba aterrada a que la imponente mujer creyera lo contrario.

Debido a lo aterrada que se encontraba, solo atinó a negar una y otra vez con la cabeza esperando le creyeran y no le hicieran daño por lo ocurrido. Fiore dejó de prestarle atención para mirar y acercarse al cuerpo del hombre frente a la televisión, lo tomó del cabello para levantar la cabeza antes de volver a dejarlo caer sobre la mesa del lugar. La hija del fallecido quiso exigirle respeto hacia el cuerpo de su padre, pero suponía que eso poco le importaría a esa mujer, quien caminaba por el lugar como si le perteneciera.

—Lorenzo me contó sobre la extraña forma de ser de tu padre. —volvió a hablar la mujer causando una impresión en Lionetta al escuchar el nombre de su fallecido hermano mayor salir de los labios de Fiore. Ella debió notar la confusión por lo que explicó sus palabras—. Tú hermano trabajaba para mí, los tres en realidad.

—¿Eran criminales? —logró preguntar escuchando cómo su pregunta causaba un par de risas de los dos hombres que acompañaban a la mujer. La aludida no respondió yendo hacia el baño para mirar a los cuatro cuerpos abandonados en el lugar. Con cada segundo que la mujer se la pasaba en silencio, Lionetta sentía como el miedo escalaba en su cuerpo incitando a salir corriendo del lugar, dejar todo eso atrás y tratar de hacer una nueva vida lejos de ahí y sin las reglas extrañas de su padre, sin embargo, aquellos hombres parecían ser capaces de detenerla apenas tratara de salir del departamento.

—¿Cómo pagarás esto? —volvió a hablar Fiore D’agnolo regresando a la sala para mirar a la joven—. Quito cuatro vidas.

Lionetta no entendía a lo que la mujer se refería con esas palabras, ni porque hablaba de eso como quien lo hiciera del clima o de un tema completamente irrelevante, aun así, suponía tener que dar una respuesta.

—Está muerto. —habló con más firmeza que antes señalando al cuerpo de su progenitor, de manera extraña ya ni siquiera le importaba el que haya muerto. En toda su infancia, adolescencia y adultez solo recordaba sus gritos si alguien trataba de salirse de aquella muralla construida para protegerlos, jamás le puso una mano encima, pero eso no significaba que su vida fue libre de maltrato—. No puede pagarle nada.

—Y por eso estoy hablando con su única familia viva. —señaló Fiore sin verse molesta por las palabras de la joven—. Es tu deber pagar la deuda de tu padre.

—¿Cómo se supone que pague? Yo no tengo dinero, ¿solo por eso tengo que morir? —cuestionó sacando valentía de su interior. No importaba que Fiore D’agnolo fuera la dueña de medio Palermo, no podía entrar a su casa y ponerse a exigir ese tipo de cosas como si las personas también le pertenecieran.

En lugar de responderle, la mujer solo continuó mirando el lugar donde se habían cometido los asesinatos. No había logrado limpiar la sangre en su totalidad por lo que ahora el olor de la sangre se mezclaba con los productos de limpieza que Lionetta uso para tratar de eliminar las manchas. Parecía estar pensando en una forma de castigarla por lo sucedido aunque ella no fuera la culpable, no tenía idea de como una criminal como ella manejaba ese tipo de situaciones, pero suponía que al final tendría que pagar de una u otra forma.

—La muerte no es necesaria. —comenzó Fiore mirándola de arriba a abajo—. Me servirás mucho mejor con vida, así que me quedaré contigo.

—No… —cualquier cosa que planeaba decir fue interrumpida por la mujer, quien la tomó de la barbilla para levantar su cabeza y mirarla a los ojos. Temió por su seguridad al encontrarse con aquellos ojos oscuros y vacíos que la miraban con tanta intensidad haciéndola creer que era capaz de leer sus pensamientos.

—No tienes ninguna alternativa más que morir y no creo que quieras eso. —declaró con su voz monótona, pero lo bastante amenazante para que el miedo creciera dentro de Lionetta, quien sentía esas palabras como una sentencia de muerte—. Vivirás bajo mí techo, bajo mí cuidado y bajo mis órdenes. Me servirás a mí hasta que considere esta deuda de vida pagada.

—Mí padre está muerto. —volvió a repetir con la voz temblorosa, por lo que la mujer sostuvo su rostro con más fuerza.

—Lo que nos deja con tres vidas más que debes pagar. —finalizó soltandola del rostro para dirigirse a la salida del departamento—. Mis hombres se encargaran de darle una sepultura digna a tu padre y a nuestros trabajadores, así que no te preocupes por ello. Tampoco por nada de equipaje en este lugar, tengo todo lo que necesitas.

Quiso rehusarse, quería quedarse en el lugar que fue su hogar por treinta años, con todo lo que conocía y aceptaba como parte de su personalidad, pero al ver como la mujer salía del departamento convencida en que ella la seguiria y como aquellos dos hombres ya trabajaban en encargarse de los muertos, no le quedó otra opción que salir detrás de ella convencida del error cometido al olvidarse de pagar el alquiler de la vivienda como su hermano se lo ordenó.

Ahora tendría otra vida, en aquel mundo tan peligroso del que su padre siempre le advirtió y le prohibió acercarse, solo le quedaba desear que todas sus advertencias fueran mentira.