🍫 𝕌ℕ𝕆 🍫

—Buenas tardes, —saludó Louis un poco serio. —Es tercera vez que vengo a cambiar este producto y ya no quiero más. Necesito la devolución de mi dinero..
—Lo siento tanto, pero como le expliqué muchas veces, solo se hace devolución de dinero si el producto presenta fallas. Usted, dos veces salió de aquí satisfecho.
—Sí, porque he confiado en tu asesoría, y no me vendes lo que necesito.
—Lo siento, podemos volver a intentarlo, pero no puedo ofrecer más.
—Quiero hablar con tu jefe, por favor.
La vendedora suspiró. Nunca le había tocado un cliente tan mañoso. —Vengo enseguida, —contestó desapareciendo detrás de un hermoso biombo que publicitaba pinceles de pelo artificial de última generación.
—Disculpa Harry, pero hay un cliente que pide hablar contigo.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—¿Te acuerdas de que te comenté de un joven que ha venido a devolver dos veces unos pinceles? Volvió y no acepta más cambios, quiere su dinero a pesar de explicarle que no corresponde.
—Entiendo, bueno, veré cómo solucionarlo. Dile que pase, prefiero atenderlo aquí que frente a los otros clientes.
—Es una buena idea, le digo de inmediato, —dijo saliendo y acercándose al cliente. —Sígame por acá por favor, el dueño lo recibirá en su oficina.
Louis siguió las indicaciones, hasta entrar en un lugar que no parecía de este mundo. Tenía las paredes pintadas al óleo, con una técnica maravillosa.
Harry estaba de espaldas guardando unos papeles, pero se giró al notar el silencio.
—Buenas tardes, —saludó. —¿Louis?
—¿Harry?
—¿Qué haces aquí? —Preguntaron al mismo tiempo.
—Eres el cliente de los pinceles, —dijo riendo suavemente.
—Sí, y no me parece gracioso.
—¿Tan temprano y de tan mal humor?
—He tenido que retrasar mis trabajos, porque no logro dar con los pinceles que necesito.
—Dime primero, ¿te puedo ofrecer un café?
—Un té estaría mejor, con dos de azúcar, por favor.
—Bien, —dijo acercándose al mueble detrás del escritorio. Preparó las tazas rápidamente y sirvió, entregando una taza a Louis. —Ahora dime qué estás pintando.
—Técnica mixta, acuarela y acrílico sobre piedra.
—Qué interesante, ¿lo habías hecho antes?
—Sí, muchas veces sin problemas. No entiendo qué pasa ahora.
—La piedra, la lijaste y pusiste grounds, ¿cierto?
—No, ¿por qué? Es decir, conozco el uso de los grounds, pero... ¿Me estás diciendo que acá debo colocarlo yo? ¿No viene la piedra lista?
—Depende de cómo la compraste. Aquí, por ejemplo, tengo las dos, y se le explica al cliente por qué son diferentes y por qué tienen precios tan distintos. Entonces, el problema no fueron los pinceles, es la superficie donde quieres pintar.
Louis lo miraba, con una mezcla de odio y de admiración. —Entiendo. Supongo que la piedra no tiene grounds, entonces.
—¿Es muy grande? ¿Quieres que la revise?
—¿Lo harías?
—Por supuesto.
—¿Puedes ir ahora?
—Mientras terminas tu té, arreglo unos papeles y nos vamos.
Diez minutos después iban en silencioso camino. Llegaron a unos bonitos departamentos pintados de cereza, en cuyo tercer piso al fondo, en el número 387, vivía Louis.
—Pasa, —dijo abriendo la puerta.
—Es muy bonito, —opinó Harry, mirando sin vergüenza y admirando los cuadros en las paredes.
—¿Un té?
—Prefiero un café si es que tienes, incluso una cerveza o hasta una copa de vino, —contestó sonriendo.
Y Dios, cómo lo odiaba a cada segundo más.
—Vino será entonces, —suspiró, yendo a buscar una botella y dos copas.
Volvió y sirvió. Le ofreció a Harry y se sentaron frente a frente.
—¿Cuándo volviste? —Preguntó Harry, con la voz más triste hasta ahora, dejando escapar sin querer, un poco de su aroma a chocolate amargo.
—Hace un mes...
—¿Por qué volviste?
—Por mi mamá, me lo pidió llorando... No fue por ti, si eso pensaste, —habló a la defensiva.
—No tendría derecho a pensar algo así, me lo dejaste claro hace 5 años.
—¿Yo lo dejé claro? Tú lo dejaste claro al engañarme.
—¿De qué hablas? Jamás te engañé, me aburrí de decírtelo... En cambio tú...
—¿Yo? Estás loco, nunca te falté Harry.
—Te vieron con él en varios lugares.
—Sí, cuando lo nuestro había acabado, y solo paseando. Chad jamás me gustó, lo sabes.
—Louis, tú me dejaste...
—¿Sabes? Es mejor dejar esto así...
—No, no estoy de acuerdo. Por primera vez creo que estoy dispuesto a escuchar cualquier cosa que me quieras decir, y poner todas las cartas sobre la mesa. Ya no puedo más con esto, necesito dejarte atrás.
Sus aromas explotaron, haciendo notar su molestia, enojo y sobre todo, dolor.
—¿Me vas a decir, —dijo Louis, — que olvidaste esos mensajes que le enviaste al idiota de Phil? Los vi Harry, no me los inventé.
—No puedo creer que aún no te hayas dado cuenta... Vi esos supuestos mensajes casi un año después y jamás, te lo juro, jamás imaginé que dudaras de mí y de mis sentimientos... Louis, ¿no pudiste darte cuenta? Editaron todo, esos mensajes eran iguales a los que te mandaba a ti, eran exactos, solo cambiaron el destinatario... Por Dios, no me digas que sigues creyendo que te engañé...
—¿Cuál sería el sentido de hacer eso? ¿para qué? —preguntó Louis, —¿cuál sería la idea?
—¿Recuerdas que en esos años Chad solo quería conquistarte?
—Sí, pero nunca tuvo oportunidad, siempre respeté lo nuestro Harry.
—Chad es primo de Phil.
—Imposible...
—Mira, —dijo buscando algo en su teléfono. —Aquí.
En las imágenes que Harry mostró, aparecían Chad y Phil en distintas fiestas y en las descripciones de las fotos se leía lo unidos que eran y en más de una se confirmaba que eran primos.
—No lo puedo creer... Él nunca me lo dijo...
—¿Por qué lo haría?
—Porque éramos amigos...
—Amigos especiales... Te vi besándolo esa misma noche, una hora después de haberme gritado que terminabas conmigo.
El dolor era palpable en la voz de Harry. Su aroma a chocolate amargo había perdido su poco dulzor, mientras Louis hacía un gran esfuerzo por recordar y poco a poco muchas cosas empezaban a tener sentido.
—En vez de hablar conmigo, —continuó Harry, —te largaste y no es como si te hubieses ido a Oxford o Liverpool, te fuiste a Boston... Nunca me llamaste, nunca te interesó saber de mí. Aunque te hubiera engañado, que no lo hice, ¿nunca me recordaste?
—Cada maldito día Harry, —dijo levantándose. —Cada puto día lo hice, jamás dejé de hacerlo. Eras mi omega, mi vida y yo estaba destrozado, solo quería morirme, el dolor me quemaba, estuve días sin comer ni dormir y mis padres decidieron que poner distancia era lo mejor.
—Pero dices que me amabas, y sé que es verdad, porque siempre me lo demostraste... Pero en el momento más importante me fallaste. No puedo entender cómo ni siquiera me enfrentaste. Louis, se supone que me conocías, que sabías que eras el único a quien podía amar y te fuiste, no pude ni siquiera defenderme. Me mataste en vida...
Cristalinas y brillantes lágrimas caían por las mejillas de los dos, intentando botar como tantas veces, el dolor que estaba enterrado en sus corazones.
—¿Puedes jurar por tu mamá que no me engañaste? —Preguntó Louis con los ojos inyectados en sangre.
—Lo juro por mi mamá, y por el bebé que perdimos...
—¿Qué dijiste? ¿Un bebé? ¿Un cachorro?
—Una cachorra...
—Por Dios, Harry... ¿Por qué nunca lo supe?
—¿Cómo ibas a saber si no querías hablarme? Les avisé a tus padres y ellos dijeron que lo mejor era que te olvidara y que mi bebé era de cualquier alfa, menos tuyo... Y yo estaba tan triste, porque estaba solo y te necesitaba y lloré cada día de mi embarazo.
—¿Mis padres? Harry, lo que dices es muy grave...
—Lo es, pero si es necesario te lo repito delante de ellos, no tengo nada que perder...
—¿Y qué pasó con ella?
—Tenía casi seis meses de embarazo cuando me dio un resfriado muy fuerte, tanto que me debilitó y llegué al hospital con fiebre y sin poder respirar. Había contraído un virus que se convirtió en una pulmonía, y al no tener una marca, era muy difícil que la bebé resistiera... Me hicieron una cesárea de emergencia y la mantuvieron en una incubadora, pero no soportó... Murió a los doce días.
—Santo Dios Harry... Y yo sin saber, sin poder apoyarte, lamentándome... Dios, Dios, Dios... Soy de lo peor... Mi bebé... mi cachorra... —Las tibias lágrimas se convirtieron en llanto violento. —Soy un estúpido Harry, lo siento, lo siento mucho... Yo... Tú, Harry, ¿podrás perdonarme alguna vez? Dios, Dios... Actué de la peor manera, no pensé, dudé de ti, de lo que habíamos construido y tú...Dios, te hice tanto daño... —Había caído de rodillas frente a Harry, cubriendo su rostro con sus manos y simplemente dejando salir todo su miedo, su frustración, su desesperación, su pena. —Perdóname...
—Lo hice, lo hago... Necesitaba que supieras todo, —dijo cayendo a su lado y abrazándolo con cariño.
El alfa no podía creer que Harry lo había perdonado, porque estaba consciente de que él mismo jamás lo haría, no tenía disculpa.
Un denso aroma a chocolate amargo inundaba el departamento, logrando que solo se sintieran peor. Varios minutos se quedaron abrazados, sin querer separarse, como si pudieran recuperar el tiempo, como si se devolvieran a ese momento desgarrador, como si fuera posible borrar el pasado y volverlo presente. Lentamente la calma fue apareciendo, aunque sus corazones no dejaban de doler y sus pensamientos no paraban de aparecer en un remolino sin fin.
¿Cómo se volvía a la normalidad después de una confesión como esa, después de darte cuenta que has sido un cretino de lo peor, que tus padres ayudaron a eso y luego te exigían cierto tipo de comportamiento?
La pena de Louis empezó, poco a poco, a transformarse en furia. Sus padres lo escucharían, de eso no tenía dudas.
El ruido del celular de Harry los asustó y los sacó de su ensimismamiento.
—Dime... voy enseguida, —contestó. —Lo siento, debo irme, muéstrame la piedra.
—Pero, pero Harry, no puedes irte así, no puedes cambiar de tema y ya...
—Podemos seguir conversando después, tengo un negocio que atender.
—Tienes razón, ven.
Al fondo del pasillo estaba el taller de Louis. era bastante amplio y desordenado, a diferencia del de Harry que era en exceso limpio, pulcro y minimalista.
—Son estas, —explicó mostrando cuatro hermosas piedras, bastante grandes.
—Tenía razón, —dijo terminando de secar sus lágrimas. —Hay que lijar y colocar grounds. Puedo hacerlo, pero mañana y si no puedes esperar, tendrías que llevarlas ahora al local.
—Yo espero, ¿lo haces tú mismo?
—Sí. Toma, esta es mi tarjeta, llámame o mándame un mensaje para saber a qué hora es conveniente que venga.
—Lo haré... Harry, gracias por abrirte conmigo, y una vez más lo siento...
El ambiente y la energía en ese departamento era de absoluta tristeza.
—Hasta mañana...
Harry caminó rápidamente hacia la entrada, y salió cerrando la puerta con cuidado. Diez minutos después, Louis hacía lo mismo. Tomó su auto y manejó por media hora, hasta llegar a un bonito barrio residencial. Estacionó en la cuarta calle, al frente de una casa de rejas blancas, tejas grises y un hermoso jardín con flores coloridas.
Entró con propiedad y se asomó al living. Ahí estaban sus padres.
—Hijo, ¿qué pasa? ¿por qué tu aroma está tan agrio? —Preguntó su mamá, acercándose a dejarle un beso.
—Quiero hablar con ustedes.
—Claro, siéntate. ¿Te ofrezco un té?
—Sí, por favor. —Estaba intentando calmarse, no quería ser agresivo ni ponerlos sobre aviso.
—¿Cómo van tus obras? ¿Logras acostumbrarte de nuevo a Londres? —Interrogó su padre, sonriéndole.
—Ha sido difícil, he tenido algunos inconvenientes con materiales e insumos, pero nada grave.
—Es lo normal, ten paciencia, —aconsejó su mamá. —Toma, ahora dinos qué pasa.
—Me encontré con Harry.
Sus padres se pusieron pálidos, nerviosos. Aunque intentaron ocultarlo, no pudieron evitar mirarse preocupados.
—Ah... ¿Y cómo está?
—¿De verdad me lo preguntas? A ver, quiero ser muy claro con ustedes. Me dijo algunas cosas, cosas que jamás imaginé, cosas de ustedes y espero que me las digan sin tener que enfrentarlos yo. Son mis padres y los amo y respeto, pero... Los escucho.
—Hijo, míranos, no sé qué mentiras te habrá dicho, pero...
—¡Basta! Quiero la verdad, es su última oportunidad.
—Él te engañó, tú estabas mal, quería aprovecharse de ti diciendo que esperaba un cachorro tuyo y no íbamos a permitir que él fuera la madre de nuestros nietos. Necesitabas tomar distancia, y has sido feliz lejos... Volver no fue buena idea... —Habló rápidamente su mamá.
—¿Feliz? ¿Yo he sido feliz lejos? ¡Ningún puto día lo he sido! ¡Ninguno! Harry no me engañó, perdió a nuestra cachorra y yo portándome como un estúpido y ustedes en vez de ayudarme, simplemente me sacaron de la jugada... No lo puedo creer...
—Teníamos que cuidarte Louis, —dijo su padre.
—¿Cuidarme? ¿Cuidarme de qué? ¿De tomar mis propias decisiones? ¿De enfrentar lo que me estaba pasando? Harry ha sido el único hombre al que he amado, durante todos estos años ni siquiera pude mirar a otro omega... Me volví un alfa amargado, triste, sin vida ni color... Mi arte ahora es pobre, sin intensidad, me perdí por completo, ¿y ustedes se siguen justificando? No se los perdono, ¿me escuchan? Jamás voy a poder perdonar que perdí a mi bebé...
—No era tuya, era de ese idiota de Phil, entiéndelo.
—¿Y ahora pretenden que les crea?
En ese momento y contra todo pronóstico, el mismo Phil aparecía en el living, con bolsas, muy tranquilo.
Cuando vio las caras de todos entendió que había llegado en el peor momento.
—Explíquenme esto, ¡ahora!
—¿Quién mierda te crees? ¡No les grites!
—¡Tú te callas imbécil!
—Calma, basta... Phil, ve a tu habitación... —Pidió con apenas un hilo de voz, el padre de Louis.
—¿Habitación? Esto es una jodida broma...
—Phil es tu hermano, —dijo su madre. —Es una historia que quiero contarte.
—No me interesa, nada... Siempre supieron que Harry no me engañó, y... Dios... Odiarlos es poco, pero no se preocupen... Quédense con su hijito, de mí no volverán a saber...
—Louis, no te vayas, déjame explicarte, Louis... ¡Louis! ¡Louis!
La madre de Louis cayó al piso llorando y su padre intentaba consolarla, en medio de su propio dolor y de sus lágrimas. Louis ya estaba en su auto, manejando a toda velocidad.
Seis cuadras más allá, se estrelló contra un árbol.
Cuando despertó, estaba en el hospital, apenas recordando lo que había pasado las últimas horas. estaba desorientado, confuso, triste, molesto y muchas sensaciones estaban compartiendo cada una de sus células.
No sabe cuánto tiempo estuvo intentando despertar bien, apenas abría los ojos los volvía a cerrar y las nubes no se iban de su cerebro.
Haciendo un gran esfuerzo, volvió a enfocar su vista en el techo de la habitación, y fue cuando escuchó una voz. Al principio pensó que estaba muy lejos, y poco a poco el volumen se fue ajustando.
—¿Cómo te sientes? ¿Me escuchas? ¿Louis? ¿Necesitas algo?
—Agua... —Fue lo único que pudo decir.
—Toma, despacio, no te esfuerces. ¿En qué estabas pensando?
—¿Harry? ¿Qué haces aquí?
—Me llamaron a mí, al parecer andabas sin documentos ni teléfono, solo tenías mi tarjeta en el bolsillo. ¿Me quieres explicar qué pasó?
—No ahora... Me duele mucho... ¿Qué me pasó?
—¿Te duele? ¡Obvio que te duele! —exclamó riendo. —Te quebraste tres dedos del pie izquierdo, la rótula y el brazo derecho, una costilla parece, además de los hematomas que son, fácilmente unos diez. Estás todo moreteado, claro que te duele.
—Ay no...
Sin embargo y contra todo pronóstico, comenzó a reír. Bueno, era risa mezclada con quejidos, porque solo moverse le provocaba una tortura. Harry intentó calmarlo, pero le daba mucha risa, y al mismo tiempo, mucha alegría de verlo bien, a pesar de todo.
—Quería llamar a tus padres, pero...
—No, no lo hagas... —Interrumpió. —Pasaron cosas...
—Ah... Entiendo... Bueno, ya me contarás si quieres, ahora por favor intenta descansar. ¿Hay alguien a quien pueda llamar? ¿Tu omega?
—Mi único omega fuiste tú... En estos años no ha habido otro hombre...
—Buuu, qué fome. Más encima de todo lo pasaste mal, en vez de andar divirtiéndote.
—¿Acaso tú...? ¿Tú tienes un alfa...?
—¿Qué crees? ¡Es obvia la respuesta! Por supuesto... que no.
Y sonrió.
—¿Es por... por lo de nuestra bebé?
—Un poco, pero hay otro motivo que no voy a discutir contigo en este momento. Pero dime, a quién le aviso para que se haga cargo de ti, porque si no hay alguien, vas a tener que irte a una casa de enfermos o algo así.
—Pero Harry, no tengo a nadie... Solo a ti...
—No me hagas reír, —dijo pegándolo en el hombro, divertido, hasta que sintió el grito demasiado femenino del alfa, y recordó que estaba accidentado. —Lo siento, lo siento, lo siento... ¿Estás bien?
—Nooooo... —Se quejó. —Ni siquiera puedo sobarme... ¿Qué voy a hacer?
En ese momento llegó el médico encargado.
—Buenos días, mi nombre es Peter Lewis, y quería contarte que pasa contigo, ¿sí? Veamos, entonces Louis, tienes: fractura de tres dedos del pie izquierdo, de brazo y rodilla izquierdos, también hay una fisura en la cadera derecha y dos costillas, una de cada lado. EL codo derecho también se fracturó y hay otra fisura en la clavícula, además de diversos hematomas, algunos bastante extensos. Vas a quedarte aquí, hospitalizado, dos semanas más, por lo menos. Luego de eso, y si has evolucionado bien tendrás que tener reposo estricto de por lo menos un mes. Necesitarás ayuda para todo, para bañarte, para ir al baño, para comer... Tienes esas dos semanas para decidir con quien pasarás el resto de tu recuperación. De no existir alguien, se te puede trasladar a un hogar que atiende personas accidentadas. Tienes visitas restringidas, solo una vez al día, de 12 a 17 horas, ¿entendido?
—Entendido.
—Bien, si necesitas algo, vas a tener que gritar porque no puedes apretar el botón. Permiso.
Vieron salir al doctor con ganas de quedarse solos pronto.
—Es una buena opción que te trasladen, aunque estoy seguro de que tus padres son una mejor idea.
—No dirías lo mismo si supieras lo malditamente infelices que son...
—Tranquilo, no te agites, te va a doler, —dijo acariciando su pelo.
—No sé cómo pasó todo, pero Phil es mi hermano y ellos sabían toda la verdad... Salí de esa casa tan enojado que no me extraña haberme accidentado...
—¿Es verdad? —Preguntó, aunque no estaba sorprendido.
—Harry, necesito hablar contigo de muchas cosas, pero creo que no tengo tiempo. ¿Qué hora es?
—Las cinco... Debo irme.
—No puede ser, Harry, ¿volverás?
—Te prometo que mañana vendré a verte. Pero, más allá de lo que haya sucedido con tus padres, sigo pensando que debería avisarles...
—No, dame unos días y yo hablaré con ellos. No quiero que estés cerca ni siquiera por teléfono.
—Está bien, se hará como tú digas, no te alteres. Has cambiado muy poco, sigues igual de gruñón, —dijo sonriendo.
—Tú tampoco has cambiado, nada borra tu alegría ni tu dulzura.
Louis jamás esperó que Harry se sonrojara con sus palabras.
—Nos vemos mañana, descansa Louis.
—Hasta mañana Harry.
En su soledad, Louis pensaba en todo lo sucedido en tan poco tiempo. Volver a ver a Harry era una gran posibilidad, Londres era una ciudad grande pero el círculo del arte era bastante reducido. Recordó cuando se conocieron, lo fácil que fue enamorarse, lo increíble que fueron esos meses juntos y lo horrible del declive... El viaje a Boston, cinco años de exilio, de estar muerto en vida, cinco años en que conoció a muchos omegas, en que pasó algunas noches de pasión, y el vacío al día siguiente.
Recordó cada amanecer y cada atardecer encerrado en su taller, saliendo solo a clases, y sentir que se volvía loco del dolor. Sus piezas de arte reflejaban toda su agonía, todas las semanas sus profesores le llamaban la atención por presentar solo desolación, pero es que ellos no podían entenderlo y sin embargo, era uno de los mejores de su clase. Extrañaba la competencia con Harry, que era tan diferente, que manejaba el óleo como un experto y que podía expresar sus emociones de manera tan pura que sobrecogía.
Es que Harry era luz, y él estaba tan lleno de sombras...
Harry sonreía y su mundo se iluminaba...
Harry lo besaba y creaba maravilloso arte en su mente...
Harry entre sus brazos siempre fue perfección, cálido y hermoso.
Le seguía doliendo, pero ahora el motivo era distinto. Ya no lamentaba un engaño que jamás ocurrió. Se odiaba por no haber sabido actuar, por dejarse llevar por sus padres y por los comentarios. Por ser un maldito cobarde que no se atrevió a contestar cada vez que llamó a Harry solo para escuchar su voz.
¿Y por qué seguía doliendo? Fácil, porque los años, el dolor, la angustia y la soledad no pudieron acabar con su amor y lo supo en el primer segundo en que su mirada encontró a la de Harry. Estaba enamorado, seguía enamorado. Pese a todo, jamás pudo insultarlo, porque su amor era sagrado, era lo más bello de su vida, era su motivo.
Le entristecía saber que ya no tenían un futuro, porque él, Louis, no podría perdonarse. Y porque aunque seguía viendo la sonrisa hermosa en Harry, estaba seguro de que había rencor en el fondo.
Pronto llegó una enfermera a darle de comer, y al llegar la noche lo sedaron para que pudiera dormir, ya que estaba bastante alterado.
En su propio departamento, Harry estaba sentado en su pequeño balcón, tomando una copa de vino. Pensaba solo en Louis, su alfa, su único alfa, el amor de su vida, a quien la vida le ha devuelto y por quien agradece a Dios a cada segundo desde que se encontraron. Supo la verdad casi un año después de que todo se terminara, y no podía creer la maldad de la gente ni menos podía entender qué había hecho él para recibir tanto odio. Phil y Louis eran hermanos, pero a Phil sus padres lo habían enviado a Suiza desde que era un bebé, a vivir con una tía lejana. Era producto de una relación extra matrimonial, algo muy mal visto en su círculo y era más fácil enviarlo lejos, y solo preocuparse de lo monetario. Cuando decidió volver a estudiar en la universidad de Londres ya era un adulto y mantenerlo callado era muy difícil, por eso sus padres participaron en sus jugarretas de niño mimado. Envidió desde siempre a Louis, como si hubiese tenido la culpa de las decisiones de sus padres, y simplemente exigió que lo ayudaran a separarlo de Harry, porque lo quería para él, bajo amenaza de delatarlos y que la imagen de su padre, de señor respetable, se fuera abajo.
Recordar a su bebé le dolería siempre, llevaba ese padecimiento grabado a fuego en cada gota de su sangre, y al mismo tiempo era quien le daba energías y fuerzas para seguir adelante, para no perder su esencia ni su luz. Porque él era luz, Louis siempre se lo decía, y si su alfa lo decía tenía que ser verdad.
Le había costado una hora completa el poder tranquilizarse cuando lo llamaron para avisarle del accidente, y una hora más cuando lo pudo ver todo lastimado. Quiso besar cada herida y calmar con sus caricias la piel dorada de su alfa, pero contenerse era muy difícil.
Jamás imaginó que se encontrarían en una situación como la de del local. Louis había ido por lo menos dos veces antes y no se vieron, pero no podía ser de otra manera. Louis seguía siendo un alfa gruñón que se molestaba con facilidad, y por la luna que lo amaba así, tan terco y porfiado, tan llevado de sus ideas.
Inevitable fue recordar sus celos juntos y sus otros tiempos en que la pasión tomaba el control. Incluso en eso Louis quería llevar la dirección y Harry le peleó siempre, solo porque eso elevaba la intensidad entre ellos y terminaban en muy largas o muy cortas sesiones de sexo delicioso y placentero.
Louis era la definición de arte para Harry. Y eso que aún no recordaba todo lo que sentía cada vez que podía dejarse envolver en el olor a chocolate blanco del alfa, que endulzaba su propio olor a chocolate amargo. Eran una pareja diferente, tan distinta en todo, y tan iguales en la fuerza de lo que sentían, que sobrecogían a la propia naturaleza que jamás vio un amor como el de ellos.
Cuando Harry supo que Louis necesitaría ayuda, estuvo a punto de ofrecerse y llevarlo a su departamento y cuidarlo, pero sentía que estaba siendo muy apresurado. Prefirió dejarlo al destino, aún faltaban dos semanas y muchas cosas podían pasar, porque, si en un solo día cambió todo su presente, ¿cómo podría cambiar en dos semanas?
Se acostó, debía levantarse muy temprano para preparar algunas cosas que pensaba que Louis podía necesitar y también tenía que adelantar la mayor cantidad de trabajo, por si acaso Louis quisiera su compañía durante las cinco horas que duraba el horario de visitas.
Se levantó a las cinco de la mañana y salió hacia el local. Organizó los pedidos, las facturas y boletas. Ordenó, limpió y organizó, recibió insumos y todo lo que por lo general hacía en una semana lo hizo en un par de horas. Después, dejó todo a cargo de sus vendedoras y pasó a comprar comida y algunos postres. Louis siempre se enojaba si no había pastel de chocolate o de mil hijas con manjar. ¿Habría cambiado?
Suspiraba mientras caminaba y llegó al hospital diez minutos antes. Antes de entrar, sus rodillas temblaron al sentir el dulce aroma a chocolate blanco, pero notó también los nervios y eso lo hizo sonreír. ¿Estaba Louis nervioso por él?
—Hola, —saludó Harry. —¿Cómo te sientes?
—Harry, llegaste medio minuto tarde... ¿Por qué? ¿No querías venir?
—Ay Louis, no me hagas reír, —contestó sonriendo. —Según mi reloj llegué unos segundos antes, pero para que estés tranquilo, voy a ponerlo a la misma hora que el reloj de la pared. Dime cómo te sientes.
—Raro, me tuvieron que sedar porque dicen que estaba muy nervioso, pero claro, no piensan que no puede ser de otra manera porque si hubiesen pasado por lo mismo que yo... Pero como no, pues ya ves, cualquiera puede venir y opinar y...
—Ya Louis, basta. Te entiendo, estás muy alterado y vamos a averiguar por qué ¿sí?
—Está bien...
—Lo primero que necesito preguntarte, es si quieres que vaya a tu departamento y recoja algunas cosas, como tus documentos y tu teléfono.
—Sí, por favor.
—¿Algo más? ¿Te preparo una maleta con ropa?
—También.
—¿Pensaste en quién te va a cuidar?
—Mmm, ¿tú? No quiero irme a uno de esos lugares feos...
—Louis, ¿entiendes que también tengo una vida? Te tendría que dejar mucho tiempo solo.
—No me importa, te pago si es necesario...
—Sabes que no se trata de eso, pero piénsalo bien. Creo que no estás dándote cuenta de que, por ejemplo, tendré que bañarte, verte desnudo, tocarte... Y no sé si te vas a sentir incómodo.
—No lo había pensado... Olvido que estoy convertido en un inútil.
—No hables así, es solo un par de meses más complicados, poco a poco recuperarás tu vida.
—Estoy tan frustrado...
—Lo sé.
Y fue imposible para Harry no peinar el castaño y desordenado pelo con profundo cariño, haciendo que Louis cerrara los ojos.
—Siempre me han relajado tus caricias...
—También lo sé.
—¿Pero si me llevas contigo?
—Te prometo que lo voy a pensar, ¿sí?
—¿Cuánto tiempo? Creo, de verdad, que antes de que te vayas deberías darme una respuesta. Es tiempo más que suficiente.
—Dios, eres tan terco... Pero está bien. Si tú estás seguro, te llevaré a mi departamento.
—No, tienes que llevarme al mío, porque ahí está todo lo que necesito y conozco.
—Ay Louis, —suspiró ya empezando a cansarse. En otra época lo hubiese convencido con besos y caricias, pero ahora no podía siquiera tocarlo. —No, lo siento pero no.
—Harry... ¿Me dijiste que no?
—Te lo estoy diciendo. Entiendo que estés en una situación difícil, pero no puedes exigirme algo. Apenas nos volvemos a ver después de cinco años, y un millón de malos entendidos y tristeza, y todo... No es como decir, no es como... Ya no somos los mismos...
Louis no habló. Bajó la mirada y se puso a pensar mientras Harry hacía lo mismo sentado en el pequeño sofá de la habitación.
Harry tenía razón, pero ¿acaso él no sentía que el tiempo se traducía en nada cuando estaban juntos? ¿Sería posible que Harry lo hubiera olvidado? Era obvio que sí, ¿por qué imaginó, por un par de segundos que nada había cambiado entre ellos? Se estaba portando como siempre lo hizo, gruñendo, siendo serio y desgastante. Pero era culpa de Harry, porque le había enseñado a mostrarse tal cual era, sin miedos y sin prejuicios y así lo había amado y así habían sido felices.
Estaba agotado.
Entró una enfermera llevando el almuerzo, y al ver que Louis tenía compañía, los dejó para que Harry le diera de comer.
—¿Quieres comer?
—No tengo hambre.
—Louis...
—¿Qué?
—No estés de mal humor, esto está recién empezando, ¿lo entiendes?
—Sí, pero es que Harry. Mira esto, es horrible... ¿pollo cocido sin sal y arroz húmedo? ¿Verduras cocidas en agua? ¿Gelatina de postre? Qué asco...
—No has cambiado... —dijo sonriendo, más calmado. —Hagamos algo, si te comes aunque sea la mitad, te doy un postre de verdad rico.
—¿Es en serio?
—Sí, y también te traje jugo porque sé que no podrías pasar esto con agua.
—Gracias, ahora sí tengo hambre.
—Eso suena mejor. A ver...
Harry se dedicó a picar el pollo y las verduras y darle de comer lentamente, mientras le hablaba de técnicas de pintura y así entretenerlo hasta que se comió el último grano de arroz.
—Esto ha sido un vil engaño, —se quejó divertido Louis. —Siempre has sabido cómo manejarme...
—No voy a negarlo, déjame limpiar tus labios.
Pese a todo, en ningún momento se sentía el ambiente enrarecido o incómodo. Por el contrario, todos los comentarios salían naturales, rutinarios, cálidos y conocidos.
—¿Qué hay de postre?
—Mmm, depende, ¿prefieres pastel de milhojas manjar o quizás de chocolate? También te compré donas.
—Esta es de las decisiones más horribles que he tenido que tomar.
—¿Un poco de todos?
—Eres un genio.
—Eres un goloso.
Solo contigo, pensó Louis, sonriendo. —Sí, lo soy, pero tú me ayudas a eso.
—Ya no hables y disfruta tus postres.
Si no fuera porque Harry lo impidió, se hubiera comido todo de una vez.
—¿Un poquito más?
—No puedes Louis, se supone que era un trozo, no todo el pastel.
—Pero, es que está muy rico... ¿lo probaste?
—No, porque es tuyo.
—Pruébalo.
—Está bien... —dijo disfrutando del sabor. —Tienes razón, está muy rico.
—¿Si me das un poquito más?
—¿De cuál? —preguntó suspirando. Le costaba mucho no consentir al alfa.
—¿De los dos?
—Bien, abre la boca, ahí va el avión... Va a aterrizar, pero se desvía y da una vuelta y mmm, me lo como yo... —habló riendo, masticando.
—¡Eso no se hace Harry! —exclamó indignado Louis. —Estás abusando de mi inutilidad, ni siquiera puedo ser todo lo dramático que necesito.
—¿Cómo que no? Pensé que habías hecho un diplomado en drama.
Tres segundos aguantó la cara larga de Louis, antes de explotar en una hermosa carcajada.
—Un día me voy a poder levantar de esta cama y...
—¿Y?
—Te invitaré a cenar. Gracias por tu paciencia... Pero dime qué decidiste, ¿te vas conmigo?
—No, no voy a ceder. Mira, ¿cuánto tiempo llevas en Londres?
—Menos de un mes.
—¿El departamento es tuyo?
—No, lo renté.
—Mi departamento es mío, vivo ahí hace tres años. Es más grande que el tuyo, y está más cerca de este hospital. También me queda más cerca del local, por donde lo mire es mejor. También, hay que contratar a un enfermero, porque no puedes quedarte solo en ningún momento y yo no sé cómo cuidarte. ¿Puedes pagarlo?
—Puedo hacerlo y está bien, tienes razón, pero tendrás que llevar absolutamente todas mis cosas y hacer entrega del lugar.
—Lo haré mañana mismo, no te preocupes. Voy a sacar tus llaves del cajón.
—Permiso, —habló una voz desconocida, asustándolos. —Faltan diez minutos para que termine el horario de visita. —El enfermero casi se comió a Harry con la mirada, provocando que se sonrojara, pero no por algo bueno.
—¿Qué fue eso? ¿Estás coqueteando?
—No lo estoy, ¿por qué la pregunta? ¿Algún interés?
—No, solo que no creo que ese horrible alfa te convenga.
—Creo que estar accidentado te hizo mal. Era un omega, no un alfa.
—¿De verdad?
—No sería primera vez que me confunden con un alfa.
—No me lo recuerdes. Pero en fin, como te decía, dudo que ese idiota te convenga, ni siquiera como amigo. Y con respecto a lo que dijiste de buscar un enfermero, quiero que tengas claro que en mi nuevo departamento no entrará ningún hombre, ninguno, ¿está claro?
—Louis, todavía no llegas y ya estás dando órdenes.
—No puedo evitarlo, pensé que lo sabías.
—Lo sé, pero ya me tengo que ir. Por gruñón, mañana no habrá postre.
Dejó un beso en la frente de Louis, que quemó sus labios.
—Gracias por todo Harry, hasta mañana.
—Intenta descansar y no andes peleando, ¿me lo prometes?
Sonrió al obtener un guiño del ojo derecho de Louis.
Desde el hospital caminó hasta su local y trabajó hasta las nueve de la noche. Estaba tranquilo porque las chicas no habían tenido problemas y él estaba muy cerca en caso de cualquier inconveniente. Después se fue a dormir temprano, estaba muy cansado.
A las cinco volvió a levantarse, y se fue a organizar algunas entregas que tenían para ese día, por lo que dejó las cajas preparadas con los materiales solicitados y también ingresó y guardó las boletas y facturas.
A las ocho en punto estaba en el departamento de Louis. Guardó la loza, organizó la ropa y los materiales de arte. Dejó todo en la entrada y en una caja reforzada, puso los artículos de aseo y en otra los personales de Louis. En el fondo del clóset, una bonita caja con algunas cosas que no pudo evitar revisar.
Había un libro, algunas fotos, cartas.
El libro que le regaló Harry en su primer mes juntos.
Fotos de los dos paseando por Londres.
Cartas que Harry le envió a Louis durante esos meses.
Estaba todo tan bien cuidado, que parecían nuevos. Iba a dejarlo en la caja, cuando se dio cuenta de que el libro tenía unas palabras escritas.
Pese al paso de los años, pese al dolor de no tenerte, siempre serás mío, siempre serás mi único amor...
Harry pasó su dedo índice sobre la caligrafía desordenada que conocía tan bien, emocionado hasta las lágrimas. ¿Cuándo habría escrito eso el alfa?
No podía quedarse pensando, la gente de la mudanza estaba por llegar y aún le faltaba un poco que ordenar. Guardó también eso, y hasta el último detalle, dejando todo absolutamente vacío.
Se fue en el pequeño camión hasta su departamento, y con ayuda de los omegas que lo acompañaban, logró organizar casi a la perfección las cosas de Louis.
Las cosas de Louis, en su departamento.
Las cosas de Louis, compartiendo el mismo lugar y espacio que las suyas.
Las cosas de Louis que tenían su energía y su aroma, fusionándose con las propias.
En ese momento se dio cuenta de algo. Su departamento tenía dos habitaciones grandes, pero una de ellas eran su taller, que intentó acomodar para dar espacio a las cosas de Louis. No es que fuera a usarlas, pero ocupaban espacio incluso empaquetadas.
Entonces, quedaba solo una habitación, que era su dormitorio. ¿Tendrían que compartir cama?
Sonrió al pensarlo.
Pero quizás Louis no estaría de acuerdo; tendría que preguntarle. Cuando vio la hora, ya eran las once y media y tuvo que correr.
Pasó al local, dio algunas informaciones e instrucciones y luego fue a la pastelería. Llegó dos minutos antes de las doce, y se encontró con el mismo enfermero del día anterior.
—Menos mal llegaste, no sé cómo aguantas a ese omega berrinchudo y caprichoso, —se quejó.
—En primer lugar, me parece de muy mal gusto que te refieras de esa manera a un paciente que lo está pasando mal. Segundo, no es un omega berrinchudo, es un alfa precioso, y tercero, es mi alfa.
Dijo eso bajando la voz a casi a un susurro.
La cara del pobre omega era digna de un premio Oscar. Se retiró sin hablar, la humillación había sido mucha.
—Hola, —saludó como siempre sonriendo, pero su expresión cambió al ver la bandeja del desayuno intacta, y las manos y piernas de Louis amarradas. El mismo alfa estaba cabizbajo, triste, desolado y su aroma tan dulce estaba agrio, olía a madera quemada. —Louis... dime qué pasó, ¿por favor?