Zanahorias
El festival de verano de este año traía consigo una inquietud inusual para Takumi. Por primera vez, se encontraba sin la compañía de ninguno de sus hermanos, rodeado de personas extrañas en un lugar que le resultaba completamente ajeno. Siempre había encontrado consuelo en los límites de su amado Hoshido, pero ahora, en Askr, no sabía cómo proceder.
Justo cuando la incomodidad de Takumi comenzaba a crecer, un héroe inesperado acudió en su rescate. Era un príncipe de Nohr, con cabello rubio, ojos escarlata, y una sonrisa que siempre parecía estar al borde de la burla.
—Parece que el destino insiste en juntarnos, príncipe Takumi —Dijo Leo, su voz impregnada de esa confianza característica. Vestido con un kimono negro que realzaba su porte, Leo encajaba perfectamente en el ambiente nocturno del festival.
—Parece que también insistes en ser un presumido —Replicó Takumi, esforzándose por igualar la confianza desbordante de Leo. Sin embargo, en su voz se notaba que la seguridad no le salía tan natural; fingir no era su fuerte.
Leo soltó una risa suave, disipando la tensión en el aire. Aunque Takumi nunca lo admitiría, había algo reconfortante en ver una cara familiar entre tantas desconocidas.
—¿Dónde están tus hermanos? —Preguntó Leo, con un genuino interés en su voz.
—Podría preguntarte lo mismo de los tuyos —Replicó Takumi, un toque de desafío en su tono. La verdad era que Ryoma, Hinoka, y Sakura estaban en algún lugar del festival, probablemente conociendo gente o compitiendo en algún juego. Después de todo, ser hermanos no significaba que debían estar juntos todo el tiempo.
—Por ahí —Respondió Leo con tono de aparente indiferencia, ocultando el hecho de que, en realidad, le hubiera gustado pasar el festival con su familia—. ¿Y tú… no tienes nada que hacer?
—Podría decirse —Dijo Takumi, debatiéndose entre seguir vagando por el festival o soportar la compañía de Leo un rato más.
—Hay una zona de alimentos que se ve interesante —Comentó Leo, dando un par de pasos adelante, esperando que Takumi lo siguiera. Al notar que no lo hacía, se giró con el ceño fruncido—. ¿Qué estás esperando?
—Ah, ¿era una invitación? —Preguntó Takumi con una ingenuidad que descolocó a Leo por un momento.
—Me parece obvio que sí —Respondió Leo, esbozando una sonrisa menos burlona y más sincera—. Vamos.
Y así, Leo, sin un plan concreto para el resto de la noche, decidió disfrutar del festival de verano junto a la persona que menos habría imaginado.
A Takumi le resultaba peculiar cuánto sabía Leo sobre vegetales. Sabía que el joven mago de Nohr tenía intereses algo fuera de lo común, pero nunca lo habría imaginado hablando con tanta pasión sobre las propiedades de un simple plato de verduras.
—Por ende, sabrá mejor con salsa de soya —Concluyó Leo, esbozando una sonrisa de satisfacción al compartir su conocimiento.
—Entiendo… —Dijo Takumi, sorprendido al darse cuenta de que realmente había aprendido algo nuevo en su conversación con Leo.
—Bien, mi aprendiz, ahora tienes mi total permiso de saborear este platillo —dijo Leo con una sonrisa juguetona, mientras le ofrecía a Takumi un plato de madera con vegetales horneados. Por primera vez en toda la noche, Takumi no pudo contener una risa ante la teatralidad de Leo.
—Gracias, sensei —respondió Takumi entre risas ligeras, casi tímidas.
Sentados en una mesa bajo el cielo estrellado, ambos disfrutaron del platillo. Aunque el bullicio del festival resonaba a su alrededor, con las personas que iban y venían, Takumi descubrió que su atención estaba centrada exclusivamente en Leo.
Ambos eran poco diestros en mantener una conversación, así que el silencio se estableció entre ellos, pero no resultaba incómodo.
—Mis hermanos quisieron explorar —Dijo Leo en un tono calmado, mientras miraba su plato—. No tenemos esta tradición en Nohr, así que es natural que estén tan entusiasmados.
Takumi, reflexionando sobre su propia situación, decidió abrirse a Leo.
—Conmigo es todo lo contrario —Comentó Takumi, con una sonrisa melancólica—. Siempre pasamos este festival juntos, así que, por una vez, es natural que cada uno esté por su cuenta.
Leo no esperaba que Takumi compartiera sus pensamientos, ni siquiera de forma breve, así que lo apreció genuinamente. Para mostrar su empatía, tomó un pedazo de zanahoria con los palillos de madera que acompañaban las verduras.
—No tenemos bebida, pero tenemos esto —Dijo Leo, con una sonrisa ligera y encantadora—. Vamos a hacer un brindis.
Takumi, algo confundido pero divertido por la idea, tomó un pedazo de zanahoria de su propio plato y lo alzó, casi rozando el de Leo.
—¿Y qué vamos a brindar? —Preguntó Takumi, levantando una ceja en curiosidad.
—Que, aunque amamos a nuestra familia, podemos divertirnos sin ellos —Respondió Leo, ampliando su sonrisa. Takumi notó cómo los ojos escarlata del príncipe de Nohr brillaban en la oscuridad.
—¿Entonces admites que te diviertes con mi compañía? —Insinuó Takumi con una sonrisa divertida, lo que provocó un suspiro de resignación en Leo.
—¿Ahora tú eres el presumido? —Preguntó Leo, disfrutando del intercambio con una sonrisa.
—Siempre lo he sido, solo que tú me superas —Respondió Takumi, complacido al ver que había logrado hacer reír a Leo, quien normalmente era serio y recto.
Leo se acercó un poco más a Takumi, ambos ignorando a las personas a su alrededor como si el espacio fuera completamente suyo. Por unos momentos, olvidaron la soledad que sentían al estar lejos de su familia.
—Entonces, un brindis por nosotros, con lo engreídos que somos —Declaró Leo, levantando su pedazo de zanahoria. Takumi imitó el gesto con una sonrisa.
—¡Un brindis por eso! —Exclamó Takumi con alegría.
Las zanahorias chocaron en señal de camaradería. Ambos se dieron cuenta, de repente, de lo cerca que estaban el uno del otro. Cuando bajaron la vista y sus miradas se cruzaron, hubo un instante en el que sintieron la presión de decir algo, pero ninguno de los dos encontró las palabras adecuadas.
—En fin… —Expresó Takumi, con una sonrisa más relajada, buscando un tema de conversación que no lograba encontrar.
Leo, al notar la incomodidad creciente en Takumi, optó por una sonrisa más suave y tranquilizadora.
—Feliz verano, príncipe de Hoshido —Dijo Leo, observando cómo el viento movía la coleta de Takumi. La atmósfera del festival le daba a Takumi una apariencia casi poética.
Takumi, por un momento, se quedó sin palabras. La forma en que Leo hablaba, sin el habitual tono de desdén o arrogancia, era mucho más agradable de escuchar y observar.
—Feliz verano, príncipe de Nohr —Respondió Takumi con una amplia sonrisa—. Gracias por haberme acompañado.
Leo desvió la mirada, ruborizado por el agradecimiento de Takumi.
—Bueno, sigamos disfrutando de este almuerzo, y quizás… después podamos ir a los juegos —Propuso Leo, a lo que Takumi asintió.
—Me parece bien —Respondió Takumi antes de tomar otro bocado de zanahoria.
Ambos continuaron disfrutando del festival, descubriendo que, aunque no siempre estén con las personas que les gustaría, habían encontrado en el otro un nuevo compañero. Y en ese momento, mientras compartían verduras y charlaban, ambos supieron que esta sería una tradición que se repetiría en los años siguientes.
Fin