Única Parte
La puerta se abrió ante el giro de su muñeca con la llave bien sujeta entre sus dedos, llevaba algunas cosas en las manos que no le dejaban abrir correctamente y que hicieron que empujar la madera fuera más difícil de lo que era normalmente. Su mochila se resbaló de su hombro con facilidad y cayó en la curva de su codo al entrar por fin.
Pero no había podido dejar sus cosas en la mesa del comedor, la más cercana, como quería. Tampoco pudo cerrar la puerta y evitar que los vecinos que también estaban llegando a casa los vieran de esa manera.
Pronto tuvo a un enigma contra su pecho, uno que lo quería despojar de su ropa tan rápido que ni siquiera pudo ver que los contenedores de comida en las manos de Harry se iban a caer en cualquier momento e iban a eliminar cualquier oportunidad de comer algo en la cena. Louis no tenía tanta preocupación por comer, había salido de la sala corriendo en cuanto escuchó el auto de Harry entrar en el garage.
—¡Louis! —La voz de Harry sonó divertida cuando Louis simplemente inclinó su cuerpo hacia el del omega para oler su cuello cubierto por una bufanda—. ¿Qué estás haciendo? Déjame poner la comida en la cocina.
—No, aquí.
—Aquí no puedo ponerla, estamos en el pasillo. Déjame al menos cerrar la puerta.
Pero Louis no lo dejó en ningún momento, estiró una pierna lo suficientemente larga para empujar la madera hacia la cerradura y se cerró con un fuerte estruendo que resonó en las paredes de la casa. La televisión en la sala estaba encendida y en un canal aleatorio con una película de comedia de baja calidad, había un par de mantas en el sofá más amplio y una cantidad inusual de empaques de galletas en la mesa ratona.
Louis no estaba vestido, su aspecto semidesnudo con ropa interior ajustada y una camiseta de Harry que le quedaba demasiado apretada y corta en el estómago era lo único que vestía. Harry podía decir que el enigma estaba durmiendo antes de que llegara y que se había abastecido completamente por dulces galletas de vainilla y té sin azúcar; Louis tenía una marca de almohada larga y casi profunda en la mejilla, su piel estaba cálida y suave y el olor de sus feromonas estaba por todo el piso de abajo.
Harry todavía estaba muy vestido y a Louis no le agradaba demasiado tener a su omega cerca pero con tantas capas de ropa encima. No podía aguantar un poco más así. Le quitó las bolsas de tela que contenían la cena de las manos y se apresuró a llevarlas a la cocina aunque se cayeron de lado en la barra de desayuno, regresó con grandes zancadas al pasillo de entrada y le quitó la mochila a Harry para dejarla en el suelo junto al armario donde guardaban sus zapatos y abrigos.
Harry lo veía con una mirada discreta y divertida, no sabía porqué su enigma estaba actuando de esa manera tan atenta y casi desesperada. Se dejó quitar las botas, el abrigo y la bufanda, incluso el suéter y el pantalón. La casa estaba fría y Louis tenía gotas de sudor escurriendo por la línea de cabello en las sienes, como si desvestir a su pareja hubiese sido una carrera demasiado larga.
—Ya, ahora sí —Louis murmuró cuando pudo pasar sus manos con palmas húmedas por las caderas desnudas de su omega, lo levantó y se lo llevó en brazos ignorando las protestas de Harry por ser llevado sin advertencias.
Caminó con paso seguro a la sala, donde había dejado su manta antes y apagó la televisión al salir de la habitación, dejando la lámpara prendida por si se le ocurría regresar por alguna almohada. Había trabajado muy duro en el nido de su habitación que lo único que faltaba era la presencia de su omega entre las sábanas.
Sabía que el nido no estaba en la mejor habitación, el baño todavía tenía esa fragancia floral de las bombas de baño que usaban cada fin de semana para relajarse y la bañera no era muy cómoda, pero no había otro lugar en el que el enigma de Louis estuviera tranquilo. Era la cerámica blanca llena de mantas y almohadas que Louis había visto en su imaginación cuando empezó a anidar a inicios de la semana, lo que llevó a Harry a usar el baño del pasillo para arreglarse en las mañanas.
Las mantas eran suficientes para no sentir el frío que se escurría por la ventana, Louis se había asegurado de eso. Bajó el cuerpo del omega en sus brazos hasta que estuvo rodeado de ropa suave al medio de ese espacio seguro; Harry amasó un poco los alrededores y se sentó cómodo, sonriendo con felicidad cuando alzó la mirada y vio el ceño fruncido del enigma.
—Quédate ahí —Louis le ordenó con voz amable, ya en camino hacia su habitación para conseguir lo que quería. Harry olía a muchas personas y eso no le gustaba, pero había guardado una sábana ligera para esos casos, llena de su propio olor fuerte para cubrir el de los demás.
—Todavía no me he duchado, enigma. No voy a tardar.
—No, no salgas de ahí.
Harry se quedó quieto al ver la mirada nerviosa del enigma sobre él, como si fuera a evaporarse en cualquier momento si no estaban juntos todo el tiempo. Louis salió de la habitación después de asegurarse que el omega no iba a salir de su nido y caminó rápidamente a la habitación.
La sábana estaba guardada en una bolsa hermética, una gran bolsa. Había perfumado la tela cada vez que anudaban en la cama para que el olor se quedara impregnado de la manera más primitiva. No podía permitir que el omega tuviera olor a jabón y manchara el nido con ese olor clínico. Había un rastro de olor en la piel de Harry, olía a cachorro, y su enigma estaba regocijándose en su pecho como si fuera un cachorro suyo.
No tardó en regresar al baño, abrió la bolsa y extendió una sábana sobre los bordes de la bañera, entrando en el nido antes de acomodar el techo del nido improvisado con el resorte interno en las esquinas de la tela. El olor lo llenó y un ronroneo surgió en el pecho del enigma cuando lo olió, su propias feromonas inundaron la zona tanto que no se dio cuenta que su omega no estaba ahí con él para percibir la misma calma que inundó su pecho.
Un gruñido se hizo cargo de su ronroneo, los peores escenarios de escenas catastróficas llenaron su cabeza mientras abría la sábana por una esquina y salía cuidadosamente del nido en busca de su pareja perdida. El olor de Harry seguía el pasillo y bajaba por las escaleras, continuaba por la sala y el comedor y llegaba a la cocina. Louis seguía gruñendo y sus cejas casi se juntaron de la preocupación que sentía.
Harry se había puesto una toalla en los hombros y estaba vertiendo los contenedores en platos grandes y metiéndolos al horno debajo de la estufa. Su estómago gruñía de hambre y tenía algo de frío, sus calcetines blancos hasta la pantorrilla se deslizaban hacia abajo pero al menos lo protegían de pisar el suelo frío.
—Omega, te dejé en el nido. No aquí.
Harry dio un salto en cuanto escuchó la voz de Louis, normalmente era suave y aguda, como miel caliente en las mañanas y un poco ronca en las tardes cuando estaba cansado; pero en ese momento era más baja y profunda que nunca, aterradora si Harry no lo conociera ya.
—Tengo hambre, enigma. Y no has comido nada más que galletas, entonces voy a calentar la cena y después podemos ir al nido —Harry se giró y tiró los contenedores a la basura después de asegurarse que no hubiera más comida en ellos, se limpió las manos con un trapo seco y se giró para ver a Louis, quien no había hecho ningún ruido desde que se dio la vuelta.
Lo que fuera a decir Harry se estancó en sus labios cuando el enigma lo acorraló contra la fría barra de desayuno, era un beso brusco y la lengua de Louis no perdió tiempo en recorrer todo lo que pudiera de la cavidad de Harry. Sus manos quitaron la toalla con la que el omega había cubierto su piel y las tiró al piso para tocar la piel tersa bajo las yemas de sus dedos.
Las feromonas de Louis eran cada vez más fuertes, Harry estaba muy cerca de su piel y solo en esa posición se dio cuenta de lo que le pasaba a su enigma. Estaba entrando en su rutina. Se dejó besar hasta que los colmillos expuestos de Louis le rasguñaron el labio inferior cuando lo mordió, respiró hondo un par de veces y sus manos se colocaron en el pecho de Louis. Estiró una mano y apagó el horno, dejando la comida adentro para después.
—Está bien, está bien. Podemos comer después, ¿no?
Louis lo levantó en sus brazos de nuevo, Harry no se resistió y se acurrucó en el cuello del enigma, sin importar que las gotas de sudor de su cabello se hubieran estado escurriendo hasta sus hombros en ese punto. Louis tenía el cabello más largo que nunca, se rizaba en las puntas y Harry podía pasar sus dedos por toda la extensión sin que se acabara pronto. A veces a Harry le gustaba tirar de los mechones también.
Cuando llegaron al nido Harry ya estaba dócil en los brazos de su pareja, Louis se aseguró de entrar a la bañera sin soltar al omega y cerró la sábana aunque el aire dentro era demasiado caliente. Louis se recostó en una pared del nido cubierta de un suéter suave y sin etiquetas, se aseguró de sostener bien a su omega y abrazarlo para que no sintiera frío, y sólo así pudo continuar su ronroneo y jadear un poco cuando comenzó a endurecerse.
Sabía que debían descansar, que si no hubiera actuado de esa manera incluso pudieron comer para prepararse, pero Harry no se veía incómodo y siempre podían comer un bocadillo de la caja debajo del lavabo que llenó antes de que Harry llegara.
La piel del omega ya estaba tibia en donde se tocaba con la suya y aún tenía un olor persistente a cachorro que llegaba a las fosas nasales de Louis y que le hacía sentir algo confuso. No habían tenido cachorros todavía y el trabajo de Harry en la guardería hacía que el omega se sintiera mejor con respecto a eso, pero el sentimiento de culpa de Louis jamás se iba sin importar cuántas veces Harry le dijera que estaba bien y que no tenía problema con ello.
Cada rutina Louis esperaba tener mágicamente un nudo poco doloroso que pudiera brindarle a Harry un cachorro en su camino, que pudiera durar lo suficientemente poco para no ser brusco y para no lastimar a su pareja cada vez que lo hiciera. Pero jamás pasaba, llevaban varios años juntos y Louis había dejado de tomar los anticonceptivos unos meses atrás; quizá simplemente estaba siendo un poco impaciente.
Harry no se movió mucho cuando sintió la dureza de Louis debajo de él, sabía que al enigma le gustaba dormir lo suficiente en el precalentamiento y sabía que no tenía que hacer nada más esas horas antes de que la mente de Louis se volviera borrosa y demasiado desesperado por obtener el cuerpo de su omega.
Louis se quejó desde el fondo de su garganta cuando el contacto piel con piel que quería se vio afectado por la camiseta que estaba usando. Se separó un poco de su omega y se sacó la tela por la cabeza, acomodando la pieza en una orilla cercana para poder oler sus aromas combinados.
—¿Cuánto crees que te falta? —Harry pasó sus manos por los brazos de Louis, podía sentir los escalofríos que recorrían al enigma aunque empezaba a sudar demasiado—. Tienes que comer, Louis.
—No mucho.
—¿Quieres que te traiga algo para la migraña? —El omega no podía evitar preocuparse.
Hacía unos meses que Louis había dejado de consumir los anticonceptivos y los supresores que hacían que tuviera una rutina cada seis meses. Ahora tenía una rutina cada mes, un par de días que eran demasiado apresurados para pedir permiso en el trabajo y ausentarse. Las fechas eran muy aleatorias aún y los síntomas eran más fuertes que antes; había migrañas, falta de apetito y una extraña y fuerte necesidad de anidar en el espacio más pequeño que hubiera en la casa.
Harry no tenía ningún problema, pero a veces Louis era demasiado posesivo, muy territorial con el espacio que compartían. Cada vez que el enigma sentía que algo o alguien se acercaba demasiado a Harry, un impulso lo empujaba a querer guardar a Harry en su bolsillo. Las pequeñas marcas en el cuello de Harry eran un recordatorio constante de a quién estaba enlazado el omega, y aunque Louis no lo hacía con malas intenciones, a veces se sentía culpable.
El hogar que compartían se había convertido en un refugio durante esos días. Era un equilibrio precario, el deseo de proteger a Harry y la necesidad de darle espacio. Louis sabía que debía encontrar una manera de manejar sus instintos sin sofocar a su pareja, pero no era fácil. Cada vez que Harry salía solo o interactuaba con otros, Louis sentía una punzada de celos irracionales que no podía evitar, por mucho que intentara racionalizar sus sentimientos.
Cuando Louis dejó de tomar los supresores, sus instintos salieron más fuertes de lo que jamás había experimentado, un efecto secundario que no había anticipado. Por varios años, los medicamentos habían mantenido a raya sus impulsos naturales, reprimiendo algunas necesidades y manteniendo sus emociones en un estado de equilibrio artificial. Sin embargo, al liberarse de esos efectos químicos, su cuerpo y su mente comenzaron a reajustarse de manera abrupta, como si todo el tiempo perdido estuviera tratando de recuperar su lugar de golpe.
El resultado fue una ola de emociones intensas que Louis no pudo controlar. Sentía sus instintos de enigma con una fuerza renovada, y aunque amaba profundamente a Harry, la necesidad de marcar territorio y proteger a su omega se volvía abrumadora. Esta explosión de instintos se manifestaba en su comportamiento cotidiano, volviéndose más posesivo y territorial, especialmente cuando percibía cualquier amenaza, real o imaginaria, hacia su relación. Lo que antes había sido una conexión serena y controlada se había transformado en una lucha interna constante entre el deseo de mantener a Harry seguro y el miedo de asfixiarlo con su intensidad.
Harry empezó a notar el cambio en Louis. Las pequeñas cosas que antes parecían normales, eran diferentes. Los abrazos se sentían más apretados, casi desesperados, como si Louis temiera que Harry se escapara de sus brazos en cualquier momento. Las miradas que le lanzaba cuando estaban en público eran más vigilantes, como si cada persona a su alrededor fuera un potencial peligro. Harry intentaba no darle demasiada importancia, diciéndose que era solo una fase, una consecuencia temporal del cambio hormonal por el que Louis estaba pasando. Pero no podía evitar preocuparse.
Pero ambos entendían que era un proceso, el médico les había dado unos cuantos consejos y trataban de aceptar que tal vez podría llevarles algo de tiempo acostumbrarse al lobo de Louis tan a flor de piel. Desde que Harry lo conoció, Louis había estado en tratamientos para regular las hormonas por necesidad médica; pero llegó el punto en que a ambos les entró la idea de agrandar la pequeña familia que ya eran y consultaron muchos médicos para lograrlo, sólo era cuestión de esperar con paciencia.
—No me duele mucho ahora. Estuve durmiendo todo el día para que se pasara, pero aún tengo un poco —Louis se acurrucó en el cuello del omega, su olor era la cosa más tranquilizante que podía existir en el mundo y Harry jamás se lo negaba—. No comí mucho, pero no tengo hambre.
Harry asintió y se acurrucó de vuelta con Louis. El aire dentro del nido empezaba a hacerse algo difícil de respirar, pero ambos no estaban tan concentrados en eso, Louis tenía sueño de nuevo y ya se sentía un poco nervioso, casi mareado por saber lo que pasaría el siguiente par de días dentro de la bañera de porcelana.
No hablaron sobre nada más, la bruma del cansancio, las tremendas ganas de dormir y estar listos acudieron a ellos en un corto periodo de tiempo. Terminaron más juntos que antes y con el sueño apoderándose de sus conciencias para preocuparse más.
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Louis había despertado con más calor que antes, Harry no había percibido el cambio que el enigma ya estaba experimentando hasta que se despertó desorientado y con los muslos húmedos, Louis tenía la lengua de fuera mientras lamía con ímpetu el cuello del omega. El aroma de Louis ya estaba nublando la cabeza de Harry y su propio aroma más dulzón y leve también había empezado a hacer un efecto poco desagradable en el cuerpo de su pareja.
—Está bien, ¿si? —Harry acunó el rostro de su pareja mientras hablaba. Sus rizos despeinados no le dieron mucha seriedad, pero estaba bien.
Louis lo veía como si fuera la última persona en el mundo, tenía los labios agrietados y sus mejillas eran de un agradable tono rojizo. Su espalda se arqueó hacia el omega cuando no pudo sentir su aroma más por la separación entre ellos e interrumpió a Harry antes de que pudiera decir algo más. Sus dientes atacaron de nuevo al labio inferior del omega mientras lo besaba, tenía los colmillos expuestos y su sed por tener a su pareja encima seguía aumentando.
A pesar de tener la mente nublada, Louis siempre se preocupaba por su pareja. Recostó a Harry en el nido después de separarse con mucha dificultad de sus labios, se aseguró de abrir una rendija diminuta en la sábana sobre ellos para poder respirar correctamente y se dejó llevar un poco por los impulsos que le llenaban el pecho de sensaciones impecables.
Las piernas de Louis temblaron mientras se arrastraba de rodillas, sus movimientos eran lentos, casi dolorosamente suaves mientras abría las piernas de Harry. El enigma luchaba por mantener el control, aunque todo su ser gritaba por más, por hacerlo más rápido. Pero lo que dominaba su mente era el aroma de Harry, celestial mientras llenaba sus sentidos. La presión en su entrepierna se volvía imposible de ignorar, y un jadeo suave escapó de sus labios cuando se enganchó al cuello de Harry. Sus labios, torpes y ansiosos, derramaron saliva sobre la piel suave de su omega, marcándolo de una manera que apenas podía contener.
Todavía no había una marca en el cuello pálido y liso del omega, querían esperar un poco más aunque el enigma ya contara con la silueta de los dientes de Harry en la parte interna de su bíceps, cerca de un tatuaje que cubría la zona exterior del músculo. Le picaba esa zona, una cicatriz bonita y llena de vida que en ese momento le estaba causando molestia y que seguramente requería del trato especial de la saliva de su omega para detenerse.
No había otra manera de detener la sensación agonizante en el pecho de Louis que cada vez se iba apoderando más de la poca racionalidad que le quedaba, como si en cada exhalación que tomara un poco más de pensamientos coherentes se escapara de su ser sin su consentimiento. Con cada segundo que pasaba, esa sensación crecía, apoderándose de su pecho, su mente, y cada fibra de su ser, hasta que ya no había vuelta atrás.
Alzó las rodillas de Harry inesperadamente, pero se detuvo un momento, respirando profundamente contra el cuello de Harry, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras intentaba recuperar un poco de control. Harry, sintiendo la intensidad en el aire, llevó una mano temblorosa a la cabeza de Louis, acariciando su cabello húmedo con suavidad; estaba en una posición demasiado expuesta, pero sabía que no podía hacerlo sin una preparación previa y tenía un pequeño presentimiento de que el enigma estaba pensando en eso.
—Dame tu mano, enigma —la voz de Harry salió más temblorosa de lo que pensaba, pero logró captar la atención de Louis tal y como quería—. Así, ¿de acuerdo?
La mirada de Louis era intensa, sus pupilas dilatadas dejaban un solo anillo delgado del color del mar en sus ojos, pero en algún lugar de esa tormenta, las palabras de Harry lograron llegar. El enigma tragó saliva, cerrando los ojos por un segundo mientras intentaba calmarse. Pero la sensación en su pecho, esa necesidad ardiente de asegurar su vínculo, no desaparecía tan fácilmente.
Harry tomó una de sus manos mientras movía la espalda un poco para acomodarse, sabía que no estaría así por tanto tiempo si la rutina del enigma seguía avanzando tan apresuradamente como estaba sucediendo. Deslizó su mano libre por los hombros de Louis para hacérselo más fácil, pero la vista que tenía de la entrepierna del enigma era un poco aterradora para ajustarlo a su interior abruptamente.
Movió sus manos juntas entre sus piernas, ya estaba un poco mojado aunque no lo suficiente, las yemas delicadas de los dedos de Louis hicieron contacto con su entrada y un siseo se escapó de los labios entreabiertos del omega cuando pasó, ocasionando que una nueva carga de humedad se le escapara sin consideración.
La desesperación de Louis se hizo más palpable cuando deslizó un par de dedos dentro del omega en una sola respiración, un sentimiento de aflojar el cuerpo de Harry para que su propia dureza se insertara en él y pudiera liberarse. El aliento caliente que dejó escapar contra la mejilla del rizado se perdió en el aire y quedó inmerso en ver cómo la humedad se escapaba entre sus dedos para escurrir en un hilo ancho por la hendidura de sus partes traseras hasta que tocó la sudadera que estaba debajo de ellos.
Harry sostuvo la cara de Louis entre sus manos, obligándolo a mirarlo a los ojos. Había incertidumbre en los ojos de Louis, su ceño estaba casi fruncido por la abrumación y Harry pudo sentir bajo sus dedos la manera en que el cuello del enigma temblaba, demostrando que se estaba conteniendo aunque fuese complicado. Cuando Harry pasó sus toques a la espalda de Louis pudo sentir más tensión en sus músculos, el esfuerzo que estaba haciendo para prepararlo adecuadamente y no lastimarlo.
Las venas de los brazos del ojizarco parecían a punto de reventar, el dorso de la mano que Louis mantenía en el cálido interior de Harry estaba en una posición extraña y posiblemente dolorosa, pero Harry podía ver con claridad la forma en sus venas sobresalían de su piel mientras se mantenía quieto, impecable intentando llegar a la barrera de nervios en el interior del omega con solo un par de dedos en su interior.
—Louis... —Harry susurró, su voz entrecortada por el placer y la preocupación que sentía ante lo tranquilo que Louis se había vuelto de un momento para otro.
Louis no le respondió, estiró un brazo y rodeó sus hombros en un agarre firme y se agachó un poco más para que la piel de su estómago entrara en contacto con la de Harry, ambos tensos por la anticipación de lo que estaba a punto de suceder les recorría hasta las puntas de los dedos.
—Otro más.
Harry, con los ojos cerrados y la respiración entrecortada, asintió lentamente cuando Louis movió los dedos dentro de su cavidad para ajustar uno más. Movió sus caderas ligeramente, ajustándose a la no tan extraña presencia en su entrada, buscando la postura que le ofreciera la mayor comodidad posible. Los dedos de sus pies se doblaron debajo de las calcetas blancas que estaban a punto de caerse cuando Louis encontró su punto perfectamente hinchado, apretó un poco para sentir más del placer cegador que su pareja le estaba brindando aunque él no fuera el que estaba en celo.
Louis respiró hondo, centrándose en el ritmo de sus propios latidos y en el sonido de la respiración de Harry. Lentamente, con una paciencia que estaba muy cerca de romperse, comenzó a mover sus dedos, abriendo a Harry con delicadeza, asegurándose de que cada movimiento fuera suave y seguro. Harry sintió una nueva oleada de humedad liberarse y se aferró con más fuerza a Louis, sus dedos enterrándose en la piel caliente y firme de su espalda.
Louis no esperó demasiado, su trío de dedos se expandió en su interior mientras su muñeca se movía lentamente hacia fuera y adentro sin pausa. Estaba demasiado desesperado que se olvidó de la botella de lubricante que había guardado en el bolsillo de un pantalón de chándal muy cerca de ellos, siempre les hacía falta y esa ocasión Louis se iba a asegurar de que no fuera así.
Apartó sus dedos de la entrada de su omega para buscar la botella de plástico y esparcir la humedad sin olor en sus dígitos para auxiliar con el deslizamiento. A Harry no le gustaba usar lubricante artificial cuando él mismo podía producir suficiente cantidad, pero Louis se mostraba muy necio cuando lo mencionaba y siempre decía que era por seguridad.
El enigma vertió una gran cantidad en sus dedos y después de pensarlo un poco, introdujo la boquilla de la botella en el cuerpo dispuesto de Harry para apretar la botella por suficiente tiempo para que el líquido tibio entrara en su interior en un suave chapoteo. Estaba más frío que el propio empapamiento del omega, se escurrió fuera de él cuando Louis dejó caer el recipiente a su lado y se concentró en volver a estirar su agujero.
—¡L-Louis! —Harry se sintió demasiado lleno de repente, su cuerpo dejó escapar otra porción del maravilloso vaho que era su propia lubricación natural y Louis se vio demasiado satisfecho cuando insertó sus dedos de nuevo.
El enigma siguió abriendo su interior con demasiada paciencia que lo estaba volviendo irritante y exasperado. Los minutos existían con tanta lentitud que Louis se hartó demasiado pronto y se levantó en toda su altura en las rodillas, tomó una de las piernas de Harry e ignoró el ruido de sorpresa que hizo cuando sus caderas quedaron despegadas de la base del nido y estuvo sujeto en el fuerte agarre del enigma en el aire.
El bíceps de Louis se hinchó cuando empezó a mover su muñeca dentro y fuera del omega con demasiada rapidez, la vena en su cuello sobresalió lo suficiente para hacer que Harry gritara con alarma ante repentina intensidad del ataque en sus regiones inferiores y su cuerpo se estremeció con la mezcla de placer y dolor que lo atravesó. El sudor perlaba la frente de Louis y la imagen del cuerpo estirado de Harry bajo su afianzamiento lo hizo apretar los dientes con fuerza.
Harry giró su cuerpo un poco hacia abajo para quedar sobre su estómago tanto como pudo, tratando de darle a Louis alguna señal implícita de que esa posición iba a acabar con su espalda y que sus hombros estaban excesivamente tensos. Louis corrigió su posición de nuevo, dejándolo como antes estaba y gruño en advertencia, no sabía porqué su omega estaba siendo tan terco y no se quedaba quieto.
Louis bajó sus brazos un poco, dejando que las caderas de Harry se abrieran más en otro movimiento abrupto sobre su propia cintura, sintió una nueva ola de frustración cuando notó que Harry seguía moviéndose, intentando ajustar su posición una vez más. El enigma soltó un gruñido más fuerte, apenas contenía el frenesí que brotaba de su interior. Su voz salió más ruda de lo que pretendía, pero no pudo evitarlo.
—Quédate quieto —dijo, su tono grave y lleno de advertencia mientras sus manos presionaban firmemente las caderas de su omega contra la base del nido, inmovilizándolo con cuidado pero con la suficiente firmeza como para que Harry entendiera la gravedad de su petición.
Los dedos de Louis dejaron la primera marca de la rutina por la que estaba pasando, el agarre que tenía en las caderas delgadas de Harry se afianzó un poco más y el omega quedó flácido en la base del nido, sus dos hombros ya descansaban cómodamente al mismo nivel aunque sus caderas seguían elevadas. Louis quedó contento con la nueva ubicación de sus cuerpos y levantó el torso de nuevo.
La pequeña botella de plástico llena hasta la mitad del lubricante simple y sin olor se estaba derramando lentamente porque la rodilla de Louis estaba sobre el centro, estaba tirada al lado de las piernas temblorosas del enigma y arruinando la base del nido mientras ellos se encargaban de asuntos más importantes. Louis lo ignoró, demasiado enfocado en la sensación de tener a Harry bajo su control, aunque fuese por un breve momento.
El aire se volvió denso, cargado con la mezcla de deseo y tensión que emanaba del enigma. Louis permitió que sus ojos recorrieran el cuerpo de Harry, buscando cualquier signo de reacciones no deseadas, pero lo que encontró fue a su omega rendido bajo él, su pecho subiendo y bajando de manera irregular mientras sus caderas permanecían elevadas, ofreciéndose completamente.
Harry cerró los ojos con incertidumbre, dejando escapar un suspiro tembloroso. La presión firme de los dedos de Louis en sus caderas se desvaneció cuando el enigma estaba seguro de que el omega no iba a moverse más. Sus dedos se abrieron paso de nuevo, con el mismo vigor de antes y con movimientos aún más apresurados. Harry se derramó por primera vez sobre su pecho, largas tiras espesas pintaron los tatuajes oscuros en su torso y las ganas de llorar acudieron a él cuando Louis no se detuvo aunque vio la manera tan bonita de Harry de llegar al clímax.
Louis se volvía casi no verbal cuando su rutina atacaba, no hacía ruido y sólo hablaba cuando era muy necesaria la presencia de su voz en la conversación. El enigma estaba perdido en la sensación, en la calidez que rodeaba sus dedos, en la suavidad de la carne de su omega. Un pequeño gruñido inofensivo escapó de su garganta, un sonido gutural al oler la liberación de su pareja tan cerca de su cuerpo.
—Te quiero ahora —su voz sonó ronca y retiró sus dedos del interior relajado de Harry.
Harry asintió aunque sabía que no estaba lo suficientemente abierto para tomar a Louis. Untó un poco del lubricante que alcanzó a agarrar de su interior con ambas manos en la entrepierna endurecida de Louis para mejorar el desplazamiento en su entrada trasera y tragó el nudo en su garganta que se había formado por la anticipación.
Harry se esforzaba por mantener la calma, pero su cuerpo estaba lleno de tensión mientras alargaba el proceso de humedecer a Louis, tratando de asegurarse de que fuera lo menos doloroso posible. Louis cerró los ojos un momento, tratando de contenerse. Sentir las manos de Harry sobre él, el contacto suave y la calidez, hizo que cada fibra de su ser gritara por más. Pero también sabía que debía ser cuidadoso, que aunque el deseo lo consumía, necesitaba asegurarse de no lastimar a su omega.
Cuando Louis abrió los ojos de nuevo, estaban llenos de una mezcla de deseo y determinación. Se inclinó sobre Harry y tomó su entrepierna excitada con una mano firme en el medio; la punta se resbaló un par de veces porque el omega estaba un poco nervioso y su entrada se contraía sin pensar. Louis no estaba dispuesto a esperar más, había esperado toda una vida para poder tener a su omega por fin como lo quería, tomó las manos de Harry y entrelazó sus dedos a los lados de la cabeza llena de rizos en la base del nido y empujó las caderas hacia enfrente sin pausa, hasta que logró entrar en él.
No se detuvo, sintiendo la resistencia inicial del cuerpo de Harry antes de que este empezara a ceder lentamente. La humedad de Harry se derramó alrededor de su circunferencia con una ligereza extraña, los labios del omega se abrieron en un jadeo ruidoso y sus ojos verdes llenos de lágrimas de éxtasis se cerraron dejando escapar un par de gotas saladas por las esquinas. Louis gimió en voz alta, el ruido se perdió en el vaho de más ruidos que llenaron el espacio pequeño que los albergaba.
Cada parte de sí que Louis encajaba hacía que el cuerpo de Harry temblara bajo él, una mezcla de placer, dolor y algo profundamente íntimo. Louis podía sentir cómo el calor de Harry lo envolvía, la manera en que su cuerpo se ajustaba a él y cómo las paredes internas del omega pulsaban alrededor de él, acentuando la intensidad. A medida que Louis seguía avanzando, podía sentir cómo el cuerpo de Harry se adaptaba, cediendo ante la invasión en completa rendición.
La base del miembro de Louis ya estaba hinchada con anticipación por el calor y la sofocante humedad que lo envolvía, el canal de Harry se abría para él mientras más lo penetraba. Otro gruñido más abandonó los labios del enigma cuando su pelvis hizo contacto con la piel del trasero de su pareja, no sabía cuánto tiempo había pasado y estaba seguro de que Harry dejó salir un suspiro de alivio.
Louis se pondría a llorar en cualquier momento por el alivio que le llenó el pecho, estaba seguro de que unas lágrimas se le escaparon de los ojos en cuanto Harry jadeó y su cuerpo inevitablemente se tensó, incluyendo su trasero y los muchos músculos que se habían expandido para aceptar la presencia de su enigma ahí, así que definitivamente el más grande soltó un ruido de placer.
La migraña que había atormentado a Louis incluso en su sueño poco reparador por fin se mitigó un poco, el dolor de su espalda baja y los cólicos que había sentido en el abdomen cuando Harry salió de la casa en la mañana para ir a trabajar se redujeron hasta el recuerdo. Lo que sentía era puro alivio, un revuelo de conmoción y calma arribaron en su pecho cuando apretó un poco más las manos pequeñas debajo de las suyas para sentir algo real, que estaba pasando todo realmente y no era una alucinación más por el dolor.
Louis respiró profundo, dejando que la sensación se expandiera por todo su cuerpo. La tensión que había estado acumulándose en sus músculos desde la madrugada finalmente se disipaba, permitiéndole relajarse de una manera que no había podido en horas. El nido que había preparado por tanto se sentía más cálido y acogedor que nunca, lo que le daba a entender que había hecho un buen trabajo.
Pronto la necesidad de liberar todo lo que había estado conteniendo se hizo imposible de ignorar. Quería embestir, llenar a Harry hasta ver su corrida escurriendo por las sábanas, hasta que un cachorro por fin se asentara en el vientre de su pareja; quería quitarse el dolor y la excitación palpable que se podía sentir hasta en el aire. El único par de lágrimas cayó silenciosamente, cálidas y pesadas, deslizando por sus mejillas hasta caer en las de Harry.
—Shh, Louis… Está bien, todo está bien —Harry habló en voz baja, casi en un susurro. Louis jamás había sufrido tanto en la rutina como en ese momento y empezaba a preocuparse.
El enigma no dejó sus manos libres cuando Harry hizo el intento de liberarse de su agarre para consolarlo, sólo se fortaleció más. Su espalda se arqueó hacia el pecho de Louis cuando el enigma retiró las caderas hacia atrás y se deslizó con una lentitud abrumadora por su núcleo sólo para entrar de nuevo con una fuerza inimaginable. El rumor en el pecho de Louis siguió, una de sus lágrimas se mezcló con el sudor en la piel de Harry, quien intentaba procesar lo que estaba pasando. Sentía la fuerza de Louis, el poder en cada embestida.
El omega debajo de Louis no dejó de gemir y moverse, tratando de encontrar un ritmo que lo hiciera sentir menos invadido, pero la fuerza del enigma era abrumadora. Harry podía sentir la necesidad desesperada de Louis, entendía que lo necesitaba, el alivio, incluso si significaba que el placer se mezclara con un dolor punzante.
—Louis…ah.
Louis bajó la cabeza hasta que su frente cayó en el pecho del omega en una posición un tanto incómoda; tenía los pectorales llenos de Harry enfrente de su rostro y no desperdició la oportunidad de tomar uno de ellos entre su boca. Succionó la piel entre sus labios y mordió el músculo trabajado cuando sus caderas chocaron en el trasero de su omega por enésima vez, agobiado por el placer. Escuchaba a lo lejos los gemidos de Harry, pero no podía concentrarse en eso; mordió otro par de zonas cerca de su boca y abrió los labios cuando descubrió que una de sus rodillas estaba demasiado tensa.
Se levantó y apreció el borde abultado de Harry en donde sus pieles se conectaban, estaba rojizo y mojado, casi escurriendo. Salió del cuerpo de su omega y su cabeza chocó ligeramente con la sábana sobre sus cabezas cuando giró al omega por las caderas, un movimiento rápido que dejó al rizado sobre su estómago y con los muslos abiertos sobre sus caderas.
No perdió tiempo antes de volver a entrar, empujando el cuerpo de Harry hacia arriba cuando impulsó las caderas lo suficientemente fuerte. Así tenía una mejor vista de la entrada del omega recibiendo su miembro con rudeza, podía ver los hombros anchos de Harry y cómo se ondeaba su piel cuando se movía bajo su cuerpo. Había dejado su llanto en algún momento que no identificó y cuando estuvo satisfecho de ver la imagen obscena del agujero de su omega, se sostuvo en las manos y bajó el cuerpo sobre Harry.
El cambio en el ángulo de la presión de Louis en el cuerpo de Harry hizo que el omega pusiera los ojos en blanco y gritara el nombre de su pareja cuando se liberó por segunda vez, una carga más ligera pero igual de cegante. Su cabeza llena de rizos sin mucha forma, por sus actividades, se levantó de repente al sentir los dientes de Louis aferrarse a un punto en su mandíbula.
—Harry... —Louis murmuró, su voz cargada de emoción estaba demasiado ronca y demasiado cerca del oído de Harry.
El omega se apretó, sin querer afectar a Louis, aunque el agarre que su agujero había afianzado hizo que el cuerpo del enigma se quedara quieto por unos segundos por lo ajustado que estaba y por toda la humedad que había expulsado en su movimiento. Sintió el lubricante gotear por sus testículos y hasta una de las muchas prendas de ropa que había debajo de sus rodillas.
Louis no se quedó quieto por mucho tiempo, sentía que su nudo iba a reventar en cualquier momento y tenía que buscar una posición favorecedora para sus débiles rodillas. Se sentó sobre sus talones y sostuvo las caderas de Harry para poder impulsarse con seguridad. Las manos del omega buscaron inmediatamente algo a lo qué sujetarse al sentir los empujes frenéticos que Louis había renovado.
—¡E-enigma!
La espalda de Louis estaba empapada por el sudor, brillante bajo la leve luz del baño que atravesaba la tela delgada. Sus muslos fuertes estaban tensos por ser la fuente de soporte de sus ágiles movimientos. Por el rabillo del ojo alcanzó a ver uno de los calcetines de Harry junto a su pie descalzo, sólo hizo una pausa de unos cuantos segundos para colocar la prenda de vuelta al pie del omega; su respiración era pesada y errática, pero su mente se mantuvo en lo que consideraba una necesidad: cuidar que su omega no se enfriara.
El silencio dejó de serlo con el sonido de sus respiraciones entrecortadas, de sus gemidos combinados que se mezclaban con el suave crujir de la ropa debajo de ellos. Louis bajó la mirada, encontrando que Harry sostenía sus antebrazos con manos delgadas y huesudas. Estaba abrumado, Louis se movía dentro de él muy rápido y Harry no sabía de dónde sujetarse por el temor creciente de caer a un vacío que no existía.
—Espera, enigma-ah—murmuró Harry, su voz temblorosa—. Solo... un poco más despacio, por favor.
Las lágrimas que estaban a punto de brotar en sus ojos se mantuvieron a raya mientras Harry trataba de relajarse. Sus manos estaban en un ángulo un poco incómodo tan arriba y hacia atrás para rodear los antebrazos de Louis que las bajó un poco y lo único que encontró fueron los muslos del enigma.
Louis continuó demasiado pronto, las palabras de Harry no tuvieron mucho efecto en él y siguió con la misma velocidad e intensidad que antes. Harry lo reprendería por eso, pero en ese momento todo lo que quisiera decir se atascó en su garganta y un jadeo salió de sus labios.
Los movimientos de Louis eran cada vez más fuertes, se detenía unos cuantos segundos y volvía a moverse con más intensidad. Era un ritmo muy irregular y la respiración de Harry se arrancó en su garganta un par de veces cuando fue atacado por más tiempo del esperado.
Harry estaba lleno, doloroso y placenteramente lleno. Sentía que sus piernas habían perdido cualquier posibilidad de moverse desde que Louis lo había puesto de rodillas y lo había empujado en su suave suéter de punto que tanto le había costado tejer unos meses antes. Cada embestida Louis lo empujaba más profundo, como si estuviera intentando fusionarse con él.
La mente de Harry estaba nublada, atrapado entre la sensación de estar a punto de romperse y la de querer más, siempre más. Estaba a punto de correrse otra vez y su agotada entrepierna goteó un poco entre sus rodillas cuando las sensaciones se convirtieron en demasiado.
Louis soltó un gruñido bajo, oscuro, y Harry supo que su enigma estaba cerca del borde. El enigma dentro de él quería reclamar, marcarlo de una vez por todas. Y Harry, en ese estado de rendición total, no podía hacer otra cosa más que recibirlo. Ambos querían esperar a que sus celos se sincronizaran para poder renovar su marca de enlazamiento y Harry estaba seguro de que Louis no rompería su promesa.
Louis empujó y retiró las caderas contra el agitado agujero de Harry hasta que la posición lo aburrió y decidió que estar sobre su espalda lo ayudaría a sentirse mejor aún.
Su espalda emitió un crujido cuando se estiró y levantó a Harry de los codos para que estuviera sentado sobre sus muslos, movió las piernas y al final terminó recostado sobre su espalda con un omega quejoso sobre su torso. Harry podía sentir a Louis aún más dentro, más profundo, emitió un gemido y cruzó los tobillos entre las piernas del enigma al no poder hacer nada.
Las rodillas de Louis se flexionaron y tomó todo lo poco de energía que le quedaba para embestir hacia arriba, para presionar la piel hinchada de su nudo más adentro en el interior cálido de Harry. Estaba haciéndose más grande, alargándose mientras su nudo se expandía y su punta sobresalía ligeramente del abdomen bajo de Harry, lo que alimentó las ganas de anudarlo de una vez por todas.
No logró dar muchos empujes cuando la sensación familiar en la boca de su estómago se hizo presente, sus manos se apretaron en las caderas de Harry dejando nuevas marcas rojizas sobre la piel pálida. Louis intentó controlar el impulso, pero era inútil; la tensión que se había acumulado en su cuerpo durante tanto tiempo estaba a punto de estallar y él no podría hacer nada más que aceptarlo.
Con un último empuje profundo, se dejó llevar por la ola de placer que recorrió su cuerpo, llenando a Harry con intensidad.
El nudo de Louis se agrandó con mucha rapidez, no siquiera le dio tiempo a Harry de dar una respiración profunda para sobrellevarlo, simplemente alzó las rodillas en el nido y levantó el cuerpo del omega consigo, llegando a dar un último empuje hacia arriba para encajar bien en el agujero de Harry.
El rizado gimió al sentir el calor esparciéndose dentro de él, sus propios músculos contrayéndose en respuesta al clímax de Louis. Las manos del enigma se aflojaron ligeramente, dejando que Harry se desplomara sobre su pecho, ambos respirando con dificultad mientras la tensión finalmente cedía, dejando solo el eco de sus jadeos en el aire.
Louis no los movió más que para alcanzar una almohada y recostar su cabeza sobre ella, el cuello le dolía ligeramente por la tensión y por fin había conseguido un poco de paz para descansar un poco y tomar una siesta. El tiempo refractario era muy poco en su rutina, tenían que aprovechar bien la corta duración del nudo para tomar una siesta.
Harry se secó las lágrimas de las esquinas de los ojos y trató de sentarse cuando su abdomen se sintió demasiado tenso, estirado y lleno. Pero Louis lo sostuvo con un fuerte brazo sobre el pecho y tiró de él hacia atrás.
—Vas a lastimarte, quédate así.
Louis no volvió a hablar después de eso, se recostó y sus ojos se cerraron un poquito por el cansancio. Empujó accidentalmente un par de veces el cuerpo dormido de Harry y algunos ruidos y jadeos escaparon de los labios del rizado al correrse una vez más entre la niebla del sueño.
El pecho de Louis se movía bajo la espalda del omega, cada respiración parecía empujar el cuerpo del enigma más profundamente en el suyo, llenándolo de una manera que casi le resultaba dolorosa. La piel de Louis, húmeda por el sudor, era un poco incómoda y pegajosa en la suya, pero se sentía a salvo. Seguro.
La carga de Louis no se detenía, su estómago parecía ligeramente hinchado y sus entrañas se sentían apretadas y estiradas al mismo tiempo. Los cuerpos de ambos comenzaron a relajarse, y la urgencia inicial que los había movido a ese punto se desvaneció lentamente, reemplazada por la calma que Louis no había experimentado en el tiempo que le tomó a su cuerpo acostumbrarse a otra rutina.
Harry podía sentir cómo Louis bajaba la guardia, la tensión desapareciendo gradualmente mientras se dejaba llevar por la tranquilidad que le daba tenerlo anudado. Estaba entrando y saliendo del sueño, apenas podía abrir los ojos, pero podía sentir la presencia de Louis en él.
El nudo no bajó en mucho tiempo, Harry tenía las piernas ligeramente dormidas cuando Louis gruñó y se deslizó fuera de su cuerpo agotado. Estaba duro todavía, el nudo estaba húmedo bañado en una mezcla de su propia semilla y el lubricante de Harry, sensible por el momento. El omega no estaba mejor, abierto sobre las piernas de Louis y goteando rateros de sus actividades anteriores.
Sólo así el rizado pudo dar una respiración profunda que se le escapó en exhalaciones pausadas y casi tosiendo por la manera tan bruta en que recibió oxígeno por fin. No había ninguna presión dentro de él que lo obligara a tomar cortas inhalaciones que al final se atascaban en su garganta y no llegaban a sus pulmones. Estaba mejor así, se giró en su costado y cayó al lado de Louis después.
Los ojos azules lo observaron sin pestañear más de lo necesario, lo veían con una mezcla de cansancio y dolor, pero aún así estaban brillantes y abiertos, mirándolo. Sus labios delgados atacaron los de Harry y lo besó hasta que no pudo más, había marcas de dientes en los hombros de Harry que Louis no sabía cuándo habían llegado ahí.
Pero Harry sólo se veía más atractivo así, marcado y lleno.
El omega se tomó el lujo de cerrar los ojos unos minutos, abrazando el cuerpo del enigma delgado al lado suyo y disfrutando del calor corporal que seguía tan alto como en la tarde. No se preocupó por la ligera irritación que la barba del enigma había causado en su rostro, o de las marcas que había en sus antebrazos o en sus caderas. Le gustaba sentirlas y saber que habían pasado por otra rutina juntos y que había ayudado a su pareja en su momento más vulnerable.
Estaba feliz así, oliendo a Louis por todas partes y regocijándose por la comodidad de su nido. Pero no le duró mucgo tiempo, sus ojos de abrieron con sorpresa cuando Louis abrió sus piernas desde los tobillos y alzó sus pies con la lengua entre los sientes, dispuesto a tomar todo de Harry para ayudarse a sí mismo.
El omega se dejó hacer, soltando una exclamación de sorpresa al sentir la lengua de Louis entre sus estiradas entrañas, en su agujero agotado y más allá. Iban a ser unas consumidoras horas si el enigma seguía con ese ritmo.