Única Parte
Mantener las reglas en su mente, cumplirlas y ser siempre fiel a ellas era lo que le mantenía la mente ocupada y tranquila.
Pero Harry sabía que había roto una de las reglas más importantes dentro del contrato que tenía con su alfa; una que claramente permanecía en negritas dentro del documento impreso pegado en el refrigerador porque era una de las más olvidadizas para el omega. Porque quizá había sido demasiado olvidadizo, a pesar de estar en el refrigerador, también permanecían en su fondo de bloqueo en su celular, Louis siempre la tenía en aquella tableta donde trabajaba fuera de la oficina y no dudaba en que el chófer portaba una en esa carpeta que nunca se abría.
Y no iba a buscar culpables, porque sabía que Louis se habría de enojar con más potencia si es que se enteraba que se había dejado manipular por terceros aunque la culpa fuese solamente suya. Pero pensándolo bien, en sus cinco sentidos, aunque aun un poco adormilado y cansado, de alguna manera tenía que buscar una solución a lo que se fuese a avecinar considerando el grado de su incumplimiento.
Mientras esperaba a que Louis lo recogiera en el departamento de Nick, estaba seguro de que sus ojeras se veían demasiado y su piel estaba lo suficientemente pálida para que se notase. Sin embargo, era sábado. Y era día de hacer los quehaceres domésticos en la casa del alfa, mientras que el omega ya había podido mantener su hogar en orden y limpio como le gustaba siempre, tenía que hacer una limpieza cada fin de semana después de dos para mantenerse cómodo en su espacio.
Vió la camioneta que el chófer de Louis solía conducir por la ventana del departamento, y suspiró antes de verse en el espejo y dejar su nota de despedida en la barra de la cocina de su amigo. Suspiró con cansancio y murmuró una suave despedida al beta que descansaba sin riesgos de recibir algún castigo por haberse hecho una simple decoración más en el cuerpo.
Listo con sus cosas en mano y su bolso donde había guardado su muda de ropa, se puso los lentes de sol y bajó los tres pisos por el ascensor, listo para fingir hasta donde pudiese. Se despidió del anciano amable que se encargaba del edificio, y salió arrugando la nariz ante la presencia de la luz cegadora del sol en su rostro.
El ligero ardor en su zona abdominal le molestaba de cierta manera, y el hecho de que tuvo que ponerse aquellos joggers de otro de sus amigos hasta las caderas para no lastimarse era demasiado. No iba a preocuparse por el aroma en la prenda de ropa gracias a que Xander era un omega también, y si es que Louis preguntaba, simplemente diría que se olvidó de sus propios pantalones en casa.
Louis lo recibió en el asiento trasero de la camioneta, con esos trajes de tres piezas con el saco de lado. Tenía una pierna sobre la rodilla de la otra y revisaba su celular sin mucho interés. A Harry siempre le gustó —y quizá le mojó un poco— la manera en que Louis se veía tan profesional en esos atuendos con los lentes de marco muy delgado y sin color notable, además de que casi siempre dejaba el saco fuera de su conjunto a menos de que hiciera suficiente frío para usarlo obligatoriamente.
Siempre había sido un alfa de porte muy formal, con los tatuajes que se veían perfectamente en sus antebrazos pero jamás los de su pecho. Además de ser un muy bien pagado multimillonario, su clase y modales solamente lo hacían más que perfecto hacia los ojos de cualquiera que lo mirase el tiempo suficiente para darse cuenta.
Además de esos ojos que siempre le causaban escalofríos a Harry y le erizaban la piel cuando se miraban furiosos y neutrales, tenía las pestañas cortas pero a veces se le rizaban lo suficiente para verlas correctamente. Esos labios tan rosados le recordaban al omega lo bien que lucían alrededor de su piel en cualquier momento, pero ese no era el momento adecuado para empezar a excitarse ante la simple vista de su rostro sobre él.
Él sonrió un poco, mientras guardaba el celular en la bolsa de su pantalón y quitaba sus lentes de sol para meterlos en el pequeño estuche que cargaba consigo en ese momento. un movimiento más y Harry estaba seguro que empezaría a retorcerse por obtener un poco de esa atención tan cara del alfa.
Harry subió al vehículo, nervioso y haciendo una mueca de incomodidad cuando la pieza en su ombligo se movió lo suficiente como para irritarlo. Se aguantó un quejido y cerró la puerta con poca fuerza. Suspiró con ligereza una vez se bajó la cinturilla de la prenda jalando la parte de las piernas, tratando de verse normal antes de girarse en su lugar y sonreír con una incomodidad bien disimulada.
La pieza de metal quirúrgico le sentaba bien, se veía muy linda en contraste con su piel blanca y llamaba la atención después de que los tatuajes en su torso y pecho se la llevaran. Había estado queriendo hacérsela desde que la vió en una publicación, viendo que la modelo de la fotografía la portaba con diversión y seguridad; y quiso hacer lo mismo. No iba a mentir diciendo que en el momento no sintió dolor, porque en todo lo que podía pensar en ese momento era en la incomodidad y lo —posiblemente— rojiza que su zona abdominal ya estaba.
Considerando las condiciones en que salió con Nick la noche anterior, no puede justificarse correctamente si es que Louis descubre que su regla acerca de las modificaciones del cuerpo ha sido completa e irremediablemente rota. Y es que el alcohol y el humo de cigarrillos que precisamente no eran de tabaco le afectó. Salieron del bar en el que Harry había avisado a Louis formalmente que estarían, y terminaron yendo hasta la tienda de tatuajes más aleatoria en la hora que era.
Nick terminó por convencerlo entre balbuceos ebrios y mucho contacto físico, terminando por hacerse uno igual pero justo en el costado se su ceja. Y es que en ese momento la bruma del alcohol hizo de todo para que sus conciencias se vieran afectadas hasta ese punto, haciendo una decisión de la que posiblemente ambos se verían arrepentidos después.
Más que nervios en ese momento, no le quedó de otra más que quitarse los lentes de igual manera mientras Louis daba por fin la indicación para avanzar hasta el restaurante más cercano para poder comer algo en un ambiente pacífico como lo había estado esperando. Los guardó en el bolso que llevaba y no tardó en aventarlo a sus pies, justo como a Louis poco le gustaba.
—¿No hay buenos días para mí?
—Yo… Sí, lo siento —Harry se movió con lentitud calculadora, y llegó hasta el regazo del alfa donde por fin pudo descansar algunos segundos. Alzó el mentón hasta poder conectar sus labios con la mejilla llena de barba rala—. Hola, papi.
—Mhmm, ¿cómo te fue ayer? —le sostuvo mejor de los muslos, subiendo una de sus manos para pasarla por entre sus rizos y por fin desenredar algunos nudos más fáciles y a su alcance en ese momento, el ronroneo que el pecho de Harry vibró fue suficiente estímulo para continuar—. ¿La pasaste bien?
—Sí, papi. ¿Tu cena? —Poco a poco se fue relajando el pecho de Louis, sintiendo su cabello ser jalado levemente cada vez que el alfa se deshacía de un nudo.
—Todo estuvo bien, preguntaron por tu ausencia en ella. Sin embargo, pude ver que la pareja de Liam no estuvo allí, llegué a pensar que estaría contigo en aquel cumpleaños.
—O-oh —claro que lo estuvo, aquel omega fue la fuente donde consiguieron la dirección de la tienda de tatuajes—. No lo pude ver, ¿el señor Payne te dijo dónde estuvo?
—Algo como una reunión con sus amigos, nada en especial dijo. Sin embargo, pasó a recogerlo después de la cena, le acompañé por él.
Harry se removió en su regazo, pasándose las manos húmedas por los muslos para secar el sudor que los nervios le estaban causando. Se acurrucó mejor contra el pecho de su alfa y se permitió seguir escuchándolo, trató con todas sus fuerzas de no soltarse a llorar por los nervios y contarle a Louis lo que había pasado, porque no quería ni saber lo que fuese que Zayn iba a recibir de castigo.
—Lo encontró ebrio en el bar en que tú estabas, por eso mi duda. Se veía molesto. No me gustaría que me mintieras acerca de algo tan importante como lo es tu ubicación o lo que estás haciendo con tus amigos bajo los efectos del alcohol, ¿está bien?
—Sí, alfa —Harry tragó el nudo que se le formó en la garganta, bajando la mirada pero sintiendo el suspiro de Louis en su sien antes de un beso en el mismo lugar. Sus labios se quedaron pegados ahí mientras el chófer giraba en una de las esquinas antes de llegar al restaurante donde habrían de comer ese día.
Owen era un chófer muy servicial y posiblemente ya había trabajado con Louis desde antes que Harry llegase a su vida; un beta delgado y alto de tez morena con brillantes ojos que siempre estaba cuando era necesario para alguno de los dos.
A Harry le agradaba, siempre con una sonrisa amable y comentarios cuando eran necesarios. Así que cuando bajó de la camioneta gracias a que el beta había abierto la puerta, le agradeció antes de hacer una mueca y esperar por Louis.
—Papi… —su voz sonó quizá demasiado caprichosa—. Debiste haberme dicho que vendríamos a cenar aquí, mi ropa no es adecuada.
—¿Qué tiene de malo tu ropa? No es como si fuera un compromiso vestirse formal.
A Louis no le hicieron falta más quejas por su parte para empezar a caminar dentro del restaurante con la pequeña mano de Harry entre la suya, arrastrando gentilmente al omega hasta llegar a la recepción donde los guiaron a su mesa reservada específicamente para ellos cada fin de semana como Louis había planeado.
La carta elegante dentro de una carpeta de cuero sintético ya estaba al centro de la mesa, y aunque Harry se sabía los platillos, decidió darle una nueva leída sin esperar encontrar algo nuevo. La dejó en manos de Louis antes de observarlo, el alfa demasiado concentrado en su lectura para dejarle acomodarse los joggers de manera rápida y descuidada, pero sin rozar accidentalmente la pieza.
—¿Puedo tomar su orden?
La mirada temerosa de Harry se dirigió al mesero, y tragó el nudo en su garganta cuando se puso demasiado nervioso. ¿Qué le sucedía? Realmente ni siquiera él lo sabía, estaba consciente en que Louis sólo le habría de descubrir si llegaba a descuidarse el torso.
—¿Papi? ¿Qué vas a pedir? —sonrió tratando de verse normal, y cerró su carta metiendo sus manos bajo la mesa para tocarse las rodillas.
—El especial, y una botella de Hermitage, por favor.
—Quiero lo mismo, por favor —le devolvió la carta al mesero y éste se retiró con una sonrisa pequeña.
Para Louis, Harry estaba actuando de manera extraña, demasiado nervioso mirando hacia todos lados y casi siempre mirándolo con ojos brillantes, aunque no duraba demasiado sosteniéndole la mirada sin ponerse más nervioso. Sabía que actuaba de manera rara, ansiosa, y algo estaba ocultando, porque si bien era precisamente hermoso, no era un buen mentiroso.
Sus pedidos llegaron antes de que el alfa pudiese decir algo más, y aunque amaba la rapidez del servicio y era por ello que era uno de sus restaurantes favoritos, quizá no era el mejor momento.
Ambos agradecieron en voz baja, y Louis sonrió con amabilidad cuando la botella de su vino favorito fue depositada dentro de una pequeña cubeta metálica. Sirvió ambas copas, el mesero que se quedó cerca de su mesa sabiendo que él mismo prefería servirse.
—Entonces… ¿Ya has pedido permiso para el siguiente mes?
—¿Mhm?
—Acerca de las vacaciones. Te comenté que obtuvieras el permiso de tu nana, omega —Louis sorbió un trago del vino y empezó a comer el filete de salmón que se veía tan apetitoso para él.
—Oh… Bueno, le llamaré una vez llegue a casa, de cualquier manera ya sabe que siempre estoy contigo, papi.
Y aunque la nana de Harry se la pasaba de maravilla en el precioso y muy atento asilo en el que estaba, siempre quería saber acerca de la ubicación y planes que tenía con aquel “alfa demasiado mayor para su nieto”. Siempre los recibía con una sonrisa de labios pintados de brillante color, hablando sin parar de los eventos de bingo y pequeñas cenas que se organizaban en el lugar.
Para Harry, su nana era todo. Antes vivían en un pequeño departamento, pero después de que el omega conociera a Louis en una conferencia de la universidad, los cambios se albergaron en la pequeña familia. Empezando con Harry mudándose con el alfa, el cambio de hogar de nana a uno de los mejores asilos, el cambio de universidad del omega y terminando con aquel contrato que nana no debía saber o estaría arrancando al omega de los brazos del alfa.
Y es que, a pesar de todo, Louis no era tan decente como lo hacía ver, lleno de aquel placer que le causaban algunas cosas que nadie se habría imaginado por la imagen de poderoso magnate que presumía ante todos. Porque ver llorar a Harry de esa manera tan desesperada rogando por cualquier caricia suya después de haber obtenido toques rudos y una garganta dolorida, hacían a su nudo hincharse dentro del pequeño cuerpo del menor.
Pero esos eran datos que ambos conservaban sólo dentro del dormitorio, lejos del nido que Harry mantenía dentro de la habitación que compartían. Los ojos y oídos indiscretos de la sociedad sólo hacían rumores sobre ellos, a pesar de hacer bromas de mal gusto acerca del delicado apodo con el que Harry llamaba a Louis, aspectos innecesarios de los que se burlaban al anochecer envueltos en los brazos del otro.
—¿Crees que sea posible ir a ver a nana después de la cena?
—Si así lo quieres, podemos hacer una desviación antes de ir a casa.
Así que apenas pagaron por la cena, salieron con Louis colocando su mano de lleno sobre la nuca del omega, como siempre hacía sin importar si estaban en la cama o fuera saliendo de cualquier lugar. Colocó ambas manos en la cintura del menor una vez salieron a la recepción esperando que Owen saliera del estacionamiento para recogerlos.
Harry se llevó las manos al estómago cuando el arete se atascó con la cinturilla de los joggers, tratando de bajar la prenda discretamente. Miró hacia los lados para tratar de verse normal y volvió a su tarea, jalando de los costados en las caderas.
—¿Estás bien? ¿Qué sucede con tu estómago? —La voz de Louis le sacó de sus pensamientos y detuvo sus acciones repentinamente y con los ojos bien abiertos.
—¿Ah? Nada, papi.
—Luces incómodo, sólo me aseguraba. Además, no dejabas de tocarlo desde hace unos cuantos minutos —terminó su oración justo cuando agarró su abdomen con manos gentiles y una mirada preocupada. Harry abrió los ojos ante el toque sencillo, pero siendo una zona tan riesgosa y con la mano de Louis siendo tan grande, estuvo muy cerca de rozar la pieza con su meñique de no ser porque Owen había llegado en ese momento.
—¡Owen! ¿Podemos desviarnos a ver a mi nana, por favor?
—Por supuesto, joven Styles —el beta bajó la cabeza en un asentimiento y abrió la puerta trasera del vehículo para que la pareja pudiese subir.
Louis tomó asiento en el lado designado, ese que había elegido desde siempre, con Harry en su regazo y sus brazos rodeándolo de la mejor manera posible para tenerle cerca de su pecho, donde consideraba era el mejor lugar para su seguridad y su propia salud mental.
Harry seguía nervioso, pero el cansancio que tenía por la noche que pasó empezó a pasarle cuenta, cerrando sus ojos sin querer hacerlo y acariciándose la nariz en las clavículas del alfa, porque a pesar de haber dormido poco después del medio día, la fiesta lo había dejado agotado.
Logró escuchar la voz de Louis dándole indicaciones al chófer, pero el sueño se apoderó de él antes de siquiera abrir los labios para negarle ir a casa e ir al sitio que habían acordado en el restaurante.
Louis no había notado absolutamente nada raro en él, por suerte.
Después de haber llegado esa noche, logró despertarse antes de que Louis lo cambiase por su pijama, dejando al alfa desconcertado por su repentino cambio de parecer.
Se cambió en el baño lejos de su mirada, y suspiró cuando se tardó demasiado limpiándose la perforación, ignoró todo lo que pudo el ligero ardor y se concentró en su tarea, tendría que salir a comprar algún desinfectante patente en la misma tienda. Y cuando salió, el color y el sueño desaparecieron de su rostro al ver la mirada expectante de Louis sobre su celular que no dejaba de sonar con llamadas y mensajes por parte de Nick.
—Lamento haber contestado, pero colgó cuando le dije que estabas en el baño. Estaba sonando demasiado, y lo sigue haciendo —Louis le dijo, él ya estaba recostado en la cama debajo de las mantas. Así que no tardó en subir y sentarse a los pies de la cama mientras Louis llevaba su mirada de vuelta a la computadora.
Cuando leyó los mensajes, ignorando el hecho de que seguían llegando, un suspiro de alivio salió de sus labios cuando lo notó; Nick apenas había notado su ceja.
—¿Qué sucede? —Trató de controlar el timbre agudo de su voz por los nervios ante la mirada discreta de Louis sobre él.
—¡Harry! Por la Luna, dime que tú no tienes ningún metal atravesando alguna parte de tu cuerpo —la voz histérica del beta fue casi un grito, ocasionándole quitarse el celular del oído—. ¿En qué estaba pensando?
—Oh, bueno. Pensé que ya sabías, parecías muy convencido ayer.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Me duele como la mierda!
Harry soltó una risa muy poco silenciosa, obteniendo la mirada de Louis sobre él por unos cuantos segundos. Se pasó el nudillo por debajo de su nariz y disimuló lo más que pudo.
—Bueno… supongo que así debería de ser, ¿o no?
—Dime, por favor, que tú tienes uno también.
—¿Hm? Sí, claro. No fuiste allí tú solo, ¿sabes?
—Oh, que bueno. Así que supongo que también tienes un tatuaje en la espalda, ¿no?
—Bromeas, ¿cierto? Porque que yo recuerde, no —su rostro se configuró en una mueca temerosa y nerviosa, y no tardó en empezar a mordisquearse las esquinas de la boca.
—¡Deberías ir a verte!
—No puedo… ahora. Quizá mañana —murmuró con nerviosismo, el color y calor de su cuerpo parecieron desaparecer después de siquiera considerar el hecho de poder tener tinta en la espalda; serían demasiados aspectos rotos en una sola regla rota.
Un bostezo escapó de sus labios antes de que Nick soltara una carcajada, ya más relajado sin quejarse sobre su aparentemente ceja atravesada. Se despidió de él y colgó el celular, yendo a acurrucarse al costado de Louis.
—¿Ya se ha calmado? Imagino que era una situación seria.
—O-oh, no demasiado. Está mejor ahora.
Louis apagó la computadora portátil que residía en sus muslos anteriormente, dejándola de lado en la mesita de noche que le quedaba cerca. Se recostó de lado, alzándose sobre su brazo para quedar arriba del omega, observando y tratando de descifrar la causa de su actitud.
Bajó la cabeza lo suficiente para besar a Harry, demasiado suave al inicio considerando la manera en que siempre se besaban. Le pasó la mano que le quedaba libre por el rostro, pasando las yemas de sus dedos por su mejilla hasta bajar a su cuello, donde apretó lo suficiente para hacerlo jadear.
Harrry, feliz con el toque más íntimo, retorció las piernas con anticipación cerrando los muslos con fuerza.
Había extrañado tanto sus labios, delgados y sensibles, sobre los suyos. No quería parecer desesperado, pero su aparente afán de mantenerse unido al alfa en el mejor de los casos después de tantas horas, era como respirar después de haber sido asfixiado por una de sus grandes manos y llegar al orgasmo. Porque Louis había empezado a bajar sus labios por su cuello y mejillas, y Harry empezaba a sentir la conocida irritación en su rostro antes de que sus labios se volvieran a ver ultrajados por los del alfa nuevamente.
—No sabes lo mucho que desprecio no pasar la noche contigo… —soltó el alfa en un gruñido, con los labios medio abiertos sobre los del omega para tratar de no separarse de él—. No me gusta que pases la noche en el departamento de alguien más y llegues oliendo a muchas personas.
El menor se había empezado a quejar desde lo más bajo de su garganta, caprichoso por volver a tener los labios del alfa sobre los suyos a pesar de que el tono tan posesivo en sus palabras había empezado a causar cosas curiosas en su vientre que le hacían olvidar lo preocupado que antes estaba. Esa posesividad que Louis soltaba de las mejores maneras posibles siempre que sabía le encantaba en secreto, pero quizá el alfa era bien conocedor de aquello.
Con los muslos más juntos que antes, cerrados alrededor de la nada, Louis lo pasó a su regazo para poder tener acceso a esa parte baja de su cuerpo, aquel núcleo que le hacía sentir cosas inexplicables. Con sensaciones que le ponían los vellos de punta y le hacían mojar su ropa interior como cada vez que podía sentir sus manos por debajo de la ropa. Y se aferró bien al cuello del mayor para morder sus mejillas en respuesta.
Louis aceptó aquellas mordidas de pequeños caninos que jamás le habrían de dejar marca, pasando sus manos por los costados de su cuerpo debajo de su camiseta de dormir, pero Harry no le dejó subir más arriba de sus caderas. Extrañado de su comportamiento, lo dejó pasar y decidió que era mejor bajar hasta poder apretar ambos glúteos en sus manos, sintiendo la humedad en las puntas de sus dedos más cerca de su centro.
Esa dulzura de esencia que Louis amaba probar cada vez que podía empezó a llenar el aire cuando Harry empezó a lubricar por su creciente excitación en la habitación, le había empezado a picar en la nariz y no dudaba en que la ropa interior del omega habría de empezar a mancharse con la cálida sustancia.
Louis apretó los músculos, abriéndolos con fuerza para mantenerlo expuesto y a su disposición. Le pasó las yemas de los dedos por encima de su ropa interior, llegando a su entrada a presionar con fuerza hasta que lo sintió temblar sobre su cuerpo, soltando casi inaudibles gimoteos contra su mejilla húmeda y casi rojiza por el maltrato.
Amaba esos ruidos que salían con cada vez más volumen de la boca del menor, y estaba dispuesto a hacer que se convirtieran en gritos causados a base del placer que ya estaba pensando en brindarle, porque ver esas lágrimas formarse en los cálidos ojos del omega habían empezado a causar hablarle con esa típica falsa empatía que llevaría a Harry a la mentalidad correcta para una sesión sencilla.
—¿Tú no extrañas dormir sin mí?
—Ah. Sí, papi.
—¿Sí? ¿Y cómo puedo saber si lo que dices es verdad? Dejándome aquí con la cama vacía por tu falta, yendo a fiestas sin importarte siquiera si yo me quedo solo aquí. ¿Hmm? —lo alzó lo suficiente para poder observarlo, con las mejillas rojas y los labios ligeramente hinchados y maltratados con marcas de dientes. Hizo un puchero falso y le frunció las cejas.
—¡No! Y-yo siempre pienso en t-tí.
—¿Sí? Oh, omega. Suenas tan cursi diciendo cosas así, pero, ¿crees que es creíble si hueles como el celo? Con todo este lubricante mojando mi pijama mientras reclamo por tu ausencia —chasqueó los labios y sus cejas se alzaron—. ¿Es que te pone mi tristeza?
Harry jadeó un sollozo cuando Louis les dió la vuelta nuevamente, negando con la cabeza ante la mirada de suficiencia del alfa. Pronto tuvo sus labios rudos de nuevo, con su mano sosteniéndolo de la nuca para mantenerlo fijo en su lugar. Gimoteó en sus labios y se rehusó a que el mayor le quitase su camiseta de dormir, colocando sus manos temblorosas sobre el borde inferior para permanecer con ella.
Y aun con todo el calor que sentía y aquella humedad que le nublaba los ojos y le mojaba los muslos, un bostezo escapó de sus labios cuando Louis se separó a besar su cuello.
—¿Omega?
Una serie de dos bostezos más hicieron al mayor levantarse a buscar pañuelos desechables para limpiar sus muslos y entrada sin más excitación, encontrándose con su omega casi dormido con una facilidad impresionante. Se sintió casi ofendido, la caliente sesión de besos y toques indebidos que llevaban se apagó en sólo unos pocos segundos por el inminente cansancio de su pareja.
Rió bajo una vez que lo notó mirarlo, seguía húmedo y con una pequeña erección en su pantalón; pero aun así lo arropó y se acurrucó con él bien pegado a su pecho. Ignoró su propia erección, sin estar suficientemente activo para levantarse a tomar una ducha fría que le ayudase.
Y cuando despertaron al día siguiente, Harry se bajó la camiseta que se había hecho un montón en la parte alta de su cuello. Al instante se había espantado, porque su ombligo rojito había quedado totalmente a la vista de cualquiera; pero Louis seguía bien dormido a sus espaldas y no se preocupó demasiado.
Creía firmemente en que si el alfa lo descubría por sí solo, su reacción sería mucho más explosiva. Aunque sabía que Louis jamás le habría de castigar estando enojado, eso no le quitaba el temor de ver o incluso sentir su decepción así.
Su estómago había empezado a gruñir en busca de algún alimento que le diera la energía para el día, y el hábil oído de Louis lo captó antes de bostezar y cerrar los ojos con cansancio. Le besó la cabeza y lo llevó de vuelta a su pecho, colocándolo sobre su estómago.
—Papi… —el omega se quejó, tenía los muslos fríos al igual que sus manos y la punta de su nariz, así que Louis lo cubrió con la sábana y no lo despegó de su pecho—. Tengo que ir al baño, y estás presionando mucho.
Louis rió bajo, soltando al omega que salió corriendo en dirección al baño, bostezó y se talló los ojos con delicadeza. Por supuesto que lo había sentido, algo pequeño que le pinchaba el estómago durante las últimas horas que obtuvo de sueño, porque Harry hacía eso de retorcer sus pequeños dedos cuando quería ir al baño y era tan perezoso para interrumpir su sueño e ir.
Y para cuando Harry regresó, se le veía más sereno y confiado que antes. Se subió a la cama y se metió entre los brazos de Louis de espaldas. El piso del baño estaba frío, y él no se había puesto calcetines puesto que siempre se perdían en la cama, teniendo que arriesgarse a ir así. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando volvió a estar bajo el calor de las mantas y del pecho del alfa.
Todo estaba en orden, la pieza seguía en su lugar y ya no le dolía tanto, era simplemente la incomodidad ligera y un poco de dolor interno; se veía cada vez más lindo, pequeño y discreto en su piel. Estaba seguro de que, en otras circunstancias, a su alfa le habría gustado mucho, si hubiese obtenido su permiso, claro.
Oh, el permiso.
Cada vez que pensaba en una manera de comentarle a Louis acerca de su nueva perforación, siempre terminaba por pensar en castigos demasiado extremos por la forma en que se la hizo, sin encontrar ningún método. Sabía que recibiría un castigo, y se estaba preparando mentalmente para ello, pero quizá si se lo decía en el humor perfecto, no habría de pasar nada.
Lo más extremo que Louis podría hacer era dejarle sin sus preciados orgasmos por cierto tiempo, ¿o no? O quizá lo azotaría, o simplemente sería algo que él tanto odiaba como follarse su garganta. Pero tendría que encontrar una solución realmente rápido o todo aquello se haría realidad.
—Bebé, ¿estás escuchando?
—¿Ah? Lo siento, no escuché.
Louis se sentó contra la cabecera de la cama, llevándose el cuerpo del omega con el suyo para sentarlo a horcajadas sobre su regazo. Le pasó las manos por los desastrosos rizos que le tapaban el rostro, besando su frente una vez estuvo descubierta.
—Estás muy distraído desde ayer, ¿algo que deba saber?
—Mhm, no, papi —abrió los ojos quizá demasiado, pero fue muy corto y desapareció antes de que el alfa lo notase.
—¿Estás seguro? —bajó sus manos a los muslos del omega, pasando por su piel hasta que llegó a acunar su trasero por debajo de la ropa interior—. No quiero enterarme sobre algo que hayas estado ocultando, tienes la oportunidad de decírmelo ahora, omega.
—Y-yo… —Harry abrió los labios con pánico, al igual que sus ojos. Tenía que inventarse algo pronto o Louis sabría que estaba mintiendo—. Yo sólo… No tomé una ducha anoche, huelo a alcohol.
—Pensé que estarías cansado, por eso no insistí en que lo hicieras. ¿Quieres ir ahora?
—Mhm, sí, por favor. ¿Me llevas?
Louis solamente lo tomó desde los muslos para llevarlo, sintiéndolo sostenerse contra su pecho, entró al baño y no dudó en ponerlo contra la puerta en un brusco golpe que le hizo soltar un jadeo.
—Oops…
—¿Q-qué sucede? —el omega se ahorró el suspiro que deseaba dejar salir antes de que su espalda se estrellara así, tanto que deseaba entrar a la ducha sin Louis detrás suyo y su plan mental falló ante el comportamiento del mayor.
—¿Hmm? Absolutamente nada, un mal paso, quizá.
Harry asintió con duda, le dió palmaditas en los hombros para que lo bajase, más no esperó un beso brusco que le robó todo el aire que conservaba en sus pulmones. Le coloreó las mejillas de rojo profundo y sus ojos se pusieron vidriosos por la intensidad con la que estaba siendo presionado ahora contra el lavamanos.
Pero cuando Louis empezó a alzarle la camiseta entre esos besos que le dejaban sin aliento, el pánico se hizo presente en su ser y los muslos le temblaron en un débil intento de separarse del alfa. Empezó a retroceder mientras empujaba contra el pecho con sus pequeñas manos, abarcando menos del ancho del increíblemente grande que Louis tenía el cuerpo, sin hablar específicamente de la zona que estaba tocando.
Cuando Louis iba a palpar su vientre para jalar la camiseta hacia arriba, el sonido que indicaba una llamada en el celular del alfa los detuvo, el omega lo miró con una mueca de pena antes de ser depositado en el piso sobre sus pies nuevamente. Se llevó la mano a la frente, se giró para verse al espejo y entró a la ducha, asegurándose de agudizar su audición hasta notar que Louis ya había salido de la habitación.
Ahí sí que suspiró de alivio.
Cuando llegó a la universidad un par de semanas después, la perforación ya se había curado por completo y se sentía menos nervioso. Había cuidado perfectamente de la pieza, limpiando y secando como debía y tratando de no tocarse ni colocarse prendas de ropa muy ajustadas encima.
Pero de lo que más estaba orgulloso —aunque no tanto por todo el sufrimiento que ha estado teniendo que soportar—, era que había podido evitar anudar con Louis de una manera impresionante considerando todo el placer y la excitación que se ha tenido que aguantar. Había visto cada mirada de cachorro en Louis en las mañanas cuando prefería ducharse solo, cuando ya no le dejaba meter sus manos debajo de su ropa superior y mucho más cuando le había negado besar su suave pancita y acurrucarse allí.
Había estado tratando de parecer normal, haciendo sus deberes de la universidad, limpiando su escritorio cada vez que terminaba y haciendo sus quehaceres domésticos cada vez que veía alguna mancha en la alfombra o en la mesa del comedor.
Louis ya sabía del comportamiento del omega, limpiando todo y cambiando las sábanas cada dos semanas antes de llevar la ropa a la lavandería. Siempre era muy puntual, y aunque al alfa varias veces se le había dado por querer ayudarle o contratar a alguien para hacerlo, Harry se negaba y lo dejaba en su habitación con su computadora, sin permitirle salir de allí.
La casa parecía brillar cada vez que Harry limpiaba, y era muy probable que realmente fuera así.
Sin embargo, el menor no sabía si era tan necesaria una tortuosa medida para permanecer con su mentira bajo llave, pero ya estaba a punto de rendirse. Negarse esos placeres de besarse en la ducha o un nudo rápido en la camioneta se habían visto muy lejanos en esas dos semanas.
Se encontró con Nick y Xander en la cafetería, hablando en voz baja de algo. Decidió pedir su desayuno y acompañarlos después, así que cuando regresó a la mesa en la que estaban esperándolo, se metió en medio de sus cuerpos y dejó su contenedor de comida en la mesa.
—¿De qué se estaban hablando?
—¿No has visto el video? —Nick tomó uno de los pequeños cubos de fruta que tenía en su plato, se puso serio mientras intercambiaba miradas con el otro omega—. No sabemos de dónde salió… pero estoy casi seguro de que nosotros no lo grabamos.
—¿Qué video? No he visto nada —tomó el tenedor y empezó a comer su pequeño plato de fruta, aunque no le gustaba la sensación de la piña en su boca y despreciaba con todo su ser cuando su lengua dolía después, Harry sabía que hacía que ciertos fluidos de su cuerpo fueran agradables—. No he tomado mi celular desde ayer.
Xander encendió su celular y no tardó demasiado en encontrar el escandaloso video que le mostró a Harry. Su celular se había estrellado donde se le cayó el día de la fiesta, al contrario de Nick y Harry, quienes realmente deseaban haber pasado por eso y no por una perforación que de alguna manera les habría de traer consecuencias.
El video no mostraba nada más que una recopilación de fotos y videos muy cortos donde se podían apreciar perfectamente los tres.
La primera imagen era Nick recostado sobre su espalda, carecía de ropa en la parte superior y se podía ver claramente que el diseño de su tatuaje era cada vez más claro y con forma. Eran imágenes borrosas después hasta que el tatuaje quedó completo y mostraron un video de no más de tres segundos donde lo cubrían con film para protegerlo. Nick se veía contento en cada uno de los fragmentos, además del sonrojo increíble en sus mejillas y la sonrisa adormilada y ebria.
Pero esa parte quedó atrás cuando llegó el turno de Harry de aparecer.
Mayormente eran videos demasiado cortos para su cordura, pasando de entrar a la tienda hasta terminar viéndose risueño en uno de los espejos antes del enfoque en la pieza de metal especial que adornaba su ombligo. La persona tatuada parecía ser su mejor amigo en ese video, porque los brazos del omega lo tenían bien pegado a su cuerpo mientras reía y echaba la cabeza hacia atrás, al igual que el alfa —que bien podría ser un alfa por su complexión—, quien no le quitaba la mirada de encima y no se quejaba de poner sus brazos alrededor suyo.
El color desapareció de su rostro mientras tomaba repentinamente el celular para regresar esa escena una y otra vez, comprobó que realmente era él, se podían ver sus anillos perfectamente en sus dedos y esa llamativa camisa rosa de puntos que había decidido usar. Además de la innegable mata de rizos que el tatuador aquel no podía dejar de acariciar.
Xander fue el último en salir, simplemente siendo capturado en la parte trasera de la tienda recibiendo ciertos toques pobremente decentes por parte de la que podía ser otra tatuadora. Sólo fueron unos segundos escasos, pero el siguiente video salió instantáneamente, siendo sobre el lugar y la fiesta, personas bebiendo y fumando, y ahí estaban ellos de nuevo, siendo parte de ese grupo.
—¿Quién subió los videos?
—Quien sea que haya sido, estuvo con nosotros en esa fiesta y posiblemente nos llevó a la tienda —Xander se pasó una mano por el cabello ligeramente despeinado—. ¿Crees que Louis ya los haya visto?
—Él casi no usa redes sociales, n-no creo. ¿Verdad? No es posible que lo vea si no se lo muestro primero, no usa el celular —Harry balbuceó nervioso, tratando de creerse a sí mismo.
Sin embargo, sólo le hizo falta ver el usuario en esa red social para saber quién había sido esa desconsiderada persona que había hecho de las suyas por toda internet dado el alcance que se empezaba a ver en los videos. Se levantó con fuerza y la silla hizo un sonido chirriante cuando salió disparado hacia el baño de omegas más cercano, sabía que debía estar ahí por el horario.
—¡¿Qué te sucede?! —Harry le gritó cuando lo vió retocándose en el espejo, con una sonrisa engreída por lo que ya sabía que iba a pasar—. ¡¿Por qué subiste eso?!
—¿Disculpa? Yo no subí nada que no lo mereciera. Una noche alocada no le hizo ningún daño a nadie, ¿verdad?
—¿De qué estás hablando? —Harry se acercó lo suficiente para verle el rostro por medio del espejo, si bien el omega tenía rasgos muy bonitos, no era lo que le salvaba de su furia en ese momento—. Ninguno de nosotros te hizo nada para que hicieras una venganza que sólo los cachorros harían.
—No me insultes de esa manera, he recibido suficiente y es evidente que ni siquiera puedo doblar las rodillas, así que no te empeñes en conseguir algo en mí de lo que ya obtuve. Quizás eso es lo que te hace falta a tí, ¿hm?
—Disculpa, no es mi culpa que no hayas sabido manejar esa situación, y ciertamente ni siquiera tengo un punto de culpa —el omega frunció el ceño—. Todos regresamos al bar y ni siquiera tenía la noción de que tu alfa ya había llegado por ti.
Zayn negó con la cabeza, terminó por pasarse la lengua sobre los labios y retirarse de su posición inclinada sobre el mostrador del lavamanos. Le dió una sonrisa engreída y ladeó la cabeza hacia un lado.
—Me quedaré con la satisfacción de ver esos vídeos cada que pueda, ¿sí? Hasta luego.
—¡No te vayas! Borra eso, ¿qué tanto te cuesta entender que no tenemos la culpa?
—Dame una buena razón para eliminarlos, quizá así se te pase la racha que tienes de robarte los novios de los demás, ¿cómo suena eso?
—Esto no se trata de tu castigo… —Harry se acercó a él señalando su rostro con su pequeño dedo bien firme—. Sigues molesto por Louis.
—¡Tú lo sabías todo! No me iba a quedar sin la oportunidad.
—¡Eso no es mi culpa!
Pero por más que Harry hubiese querido seguir gritándole a Zayn sobre cosas tan ridículas e infantiles, la llamada en su celular se llevó toda su atención y se distrajo lo suficiente para ver al omega salir del baño después de verlo con una mirada irritada y furiosa.
—¿Qué? —se pasó la mano por su frente, cerrando los ojos y decidiendo salir del baño hasta la mesa donde estaba antes. Caminó rápidamente y volvió a sentarse en medio de sus amigos, recargando la cabeza en la mesa.
—¿Disculpa?
—¡Alfa! —Levantó la cabeza bruscamente, con los ojos bien cerrados y el ceño fruncido con vergüenza—. Ho-hola, ¿cómo estás?
—Todo está en orden, omega —el alfa se oía tranquilo, pero Harry seguía pensando que su llamada era para por fin desenmascarar su pequeña mentira después de todo ese tiempo—. ¿Tú cómo estás? Tu voz se escucha… extraña.
—Sólo pasaron algunas cosas, pero estoy bien.
—Mhm. He estado esperándote en el estacionamiento, dijiste que saldrías a esta hora y ya han pasado dieciocho minutos.
Harry terminó la llamada sin decir nada más, se despidió rápidamente de sus amigos que ya lucían más molestos que él, y salió corriendo de la universidad con su mochila colgando de su espalda y su celular y recipiente de fruta en sus manos. No tardó en encontrar la camioneta de vidrios polarizados, su respiración se vio afectada cuando abrió la puerta y aventó sus pertenencias en los asientos cuando subió torpemente.
Se dejó caer contra los muslos de Louis, enterrando su rostro en su músculo y dejando los brazos inertes a cada lado de su cuerpo. Sintió al alfa alzar sus pertenencias y colocarlas en mejores posiciones sobre el asiento delantero, sus manos se posaron en su cabello y pasó sus dedos entre las hebras, acariciando su cráneo gentilmente hasta que tuvo las agallas de salir de su escondite. Sólo pasaron unos cuantos minutos, pero se relajó aún más ante las caricias sobre sus fuentes de aroma más prominentes en su cuello y nuca.
—¿Te sientes mejor ahora?
El omega negó con la cabeza como respuesta a Louis, se acurrucó más en la tela de su traje y su cabeza empezó a girar en torno a ese pensamiento que solamente iba a exponerlo, a publicar su mentira que tanto estaba empeñando en ocultar, en cubrir esa decepcionante falta a su contrato.
—He visto el video —el alfa soltó en voz baja, tranquilo y bebiendo un trago del café que Harry no había visto—, varias veces a decir verdad. Y lo que me sorprende no es quién me lo mandó, sino qué tanto te tardaste en tirar todo tu teatro y rehusarte a negar todo lo que hiciste en esa fiesta.
Harry jadeó y su cuerpo se puso tenso, empezó a respirar con dificultad cuando el puño que anteriormente había estado acariciando su cabello se cerró y comenzó a jalarlo hasta que pudo ver el rostro del alfa muy cerca del suyo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y soltó quejidos, llevando sus manos hasta la muñeca que lo sostenía en su posición.
El pecho se le llenó de culpa, arrepentimiento, de todos esos sentimientos que tanto había querido evitar. Sus ojos no abandonaron los de Louis, aquellos que se veían tan distantes y fríos y que le hicieron retorcerse en su lugar apretando los muslos con anticipación.
—¿Estás contento ahora? Deberías estar despreocupado, libre de buscar la manera correcta de decirme las cosas, ¿o no? Quizá también debas llamar a tu nana y decirle que estaríamos yendo en dirección al aeropuerto de no ser porque su pequeño nieto jodió todo.
Louis casi nunca usaba palabras malsonantes en sus oraciones, jamás porque decía que eran innecesarias, pero cuando estaba realmente enojado, podía maldecir a quienquiera que pasara a su lado en ese momento.
Y Harry estaba siendo el afectado en ese momento.
No era conocido por su falta de obediencia, era más bien un omega ordenado, limpio y obediente aunque alegre y ruidoso. Pero había ocasiones en las que simplemente era difícil seguir las reglas y hacerle caso a su omega interno que siempre trataba de actuar por sobre él porque parecía la mejor opción, como esa vez que se tocó sin permiso porque estaba en precalentamiento y era imposible no hacerlo, pero no sabía que su contrato también aplicaba en esas situaciones.
Jamás le gustó desobedecer, era muy consciente de que en algún momento habría de recibir alguno de esos castigos, pero siempre trató de mantenerlos al mínimo y no pasar de algunos azotes en zonas específicas del cuerpo.
Pero ahora había tirado todo por la borda, incluyendo su viaje y quizá el color pálido de su piel.
El agarre que Louis tenía en su cabello se desvaneció, pero bajó a sus caderas y lo agarró con fuerza para cambiarlo a su regazo. El aroma del alfa no se veía afectado, al contrario del de Harry, quien por más que trataba de tranquilizarse seguía llenando el vehículo de feromonas nerviosas.
No creyó que su reacción sería así, pero bien era sabido que el mejor controlador de emociones era Louis. El alfa jamás le había hablado con furia en su tono, casi no demostraba su estrés y jamás, jamás, había soltado una carcajada en público. Y aunque casi nunca reía, sus respiraciones erráticas y gruñidos ocupaban el segundo puesto en los favoritos de Harry.
—¿Crees que unos cuantos azotes valdrán el castigo? ¿Hmm? Dime qué es lo que mereces, qué es lo que te valdrá mi perdón por mentirme en la cara —el alfa empezó a acariciar sus muslos, a subir por su torso hasta por fin ser libre de meter sus palmas cálidas debajo de su sudadera y tomar sus pezones entre los dedos—. Dime, bebé.
—P-papi… —la voz de Harry era quejumbrosa, jalando su sudadera hacia abajo para salir del toque del alfa—. N-no.
—¿No qué? Pasaste más de una semana sin dejarme tocarte, haciendo excusas para quedarte con tu camiseta al dormir y ni hablar de no dejarme ni besarte.
Harry empezó a quejarse todavía más, desde lo más profundo de su garganta con los ojos vidriosos y el pecho apretado. Louis le presionó uno de los pezones entre los dedos, con fuerza y sin arrepentimiento, lo que le hizo soltar el primer sollozo.
Aquellas protuberancias en el pecho le causaban todo tipo de sensaciones, pero la vergüenza y el dolor en ese momento cuando Owen giró en la avenida, fueron las principales; y Louis había decidido que apretar ambos era mejor que uno sólo. Louis no soltó su agarre, y a pesar de no tener la noción de cómo habría de reaccionar, Harry llevó sus manos hasta las muñecas del alfa para separarlas de su pecho.
—¡Papi! —tiró de la cabeza hacia atrás, suspirando temblorosamente cuando el alfa lo soltó—. ¡Ow! ¡I-iba a decírtelo!
Louis resopló, negando con la cabeza aunque Harry no pudiese verlo. Miró por la ventana, notando que ya estaban llegando al estacionamiento subterráneo de su vivienda. No tuvo que decir nada para que Owen bajase del vehículo y les diese la privacidad que había estado esperando, quizá le llegase una comisión después por toda su paciencia y confidencialidad.
El alfa empezó a desabrochar el botón de los pantalones del omega, haciéndolo con movimientos lentos y escuchando que Harry ya se había detenido con todos esos gimoteos. Seguramente ya había dejado sus pezones rojizos e hinchados, pero aquello era lo que menos le importaba, el roce de la tela contra su piel dolorida le traía cierta satisfacción.
Sus manos desaparecieron bajo la ropa interior que Harry usaba, bajando la pieza junto a los pantalones. Ver aquella pequeña polla le causó una pequeña risa, si bien lo humillaba en el dormitorio por aquello, verlo retorcerse por su toque en ese momento fue lo mejor que había pasado en todo el día. Lo tomó en una de sus manos, y empezó a jugar con la punta entre dos de sus dedos de la otra.
—¿Sí? ¿Y cuando iba a ser eso? —Louis murmuró sobre su sien, con los labios húmedos tras haberse relamido, acompañó su oración con una ligera mordida en el área de su mandíbula. Sus dedos apretaron su carne endurecida ligeramente, estimulando lo suficiente para humedecerlo, tocó sus muslos y subió nuevamente hasta frotar su mano contra su saco—. ¿Vas a decirme?
A Harry no le salían las palabras, su lengua había quedado contra su paladar de forma pesada. Se le había secado la boca pero seguía salivando por los toques tan rudos de Louis sobre su polla, los ojos se le habían cerrado y no tardó en gritar cuando la mano del alfa se cerró con fuerza en todo su miembro, causando que esas gotas de lubricante que tanto había aguantado se le escaparan del interior, en húmedas y calientes gotas.
—Y-yo… Papi, d-duele.
—¿Tanto como te dolió hacerte esto? —la mano del alfa subió y giró lentamente el arete ya descubierto—. Oh, yo sé. Ni siquiera eres capaz de recordarlo, imagino que todo ese alcohol y hierba te ayudaron lo suficiente.
Pero Harry estaba suficientemente ocupado tratando de escapar del agarre de Louis en sus genitales para responder, llenó los oídos del alfa con esos ruidos llenos de dolor y excitación que no podía evitar. Con los ojos bien cerrados y las manos hechas puños sobre la camisa de Louis, su cabeza giró hacia un costado sobre su hombro.
Todo era demasiado y ni siquiera podía sacar las palabras de su garganta.
—¿Ahora ya no vas a responder? —El alfa le dió un apretón más, bajando sus dedos hasta la base de su polla detrás de sus rellenos testículos, ajustó su agarre en la zona y siguió estimulando la punta. Bien sabía todo lo que estaba haciendo en el omega, todos esos gemidos que se guardaba y él realmente quería que sacara; así que se empeñó en ello.
Harry sintió los dedos de Louis bajar cada vez más entre sus piernas, separándolas para poder tener acceso a ese apretado y muy húmedo agujero que cada vez se contraía más en busca de algo que le llenase, de ese algo que le daría todo lo que Harry anhelaba.
Las yemas de sus dedos acariciaron la zona mojada, presionando levemente hasta que las caderas de Harry bajaron en busca de más toques de aquellos. Tomó unas gotas de ese dulce líquido que seguía aromatizando los cuerpos de ambos, brindando una empalagues exquisita para cualquiera que lo oliese.
Se llevó los dedos al frente, mirando con determinación mientras el omega se retorcía de la vergüenza que le traía los actos de ese alfa que parecía admirar la brillante sustancia en sus dedos. Bajó la mirada apenas poco tiempo después, llevándola a los labios maltratados y más que rojizos de Harry, decidiendo que era el mejor depósito.
—Abre la boca.
El omega negó con la cabeza, cerrando las piernas y bajando las manos para cubrirse la tierna entrepierna, estaba seguro de que si recibía un trato brusco más no iba a ser capaz de separarse de él y tenía que protegerse de alguna u otra forma de ese alfa que parecía querer dejarlo sin ella.
—¿No? —Louis no necesitaba rogar, el que habría de hacerlo sería otra persona en ese vehículo, y se vió muy decidido cuando le sostuvo la mandíbula y metió sus dedos a la cálida y muy caprichosa boca que Harry poseía—. No necesito más mentiras, omega, he tenido suficientes.
El omega empezó a chupar de los dedos de Louis en su boca, no dejó de quejarse mientras el sabor de su propio lubricante se hacía presente en su lengua, ese cálido sabor que no le gustaba probar y le hacía sentir tan avergonzado cada vez que tenía que hacerlo, pero que de alguna manera siempre le resultaba tan satisfactorio ver a Louis con esas miradas que tanto contenían toda la lujuria por verle cumplir sus órdenes.
La mano del alfa tenía otros planes, porque sacó sus dedos de su cavidad para bajarlos nuevamente en un recorrido hasta su miembro, aquel que había estado cubriendo para evitar precisamente esos toques que se llevarían su cordura en algún momento muy cercano.
—¿Sabes qué fue lo gracioso? —Su voz se volvió a hacer presente, normal como si no estuviera tocando al omega de formas tan inigualables y sin pena alguna—. Estaba esperando el momento en que tú me dijeras. Había visto ese comportamiento antes, todas esas bolsas pequeñas y el algodón en la basura, y ni hablar de las compras que salías a hacer sin pagar con mi tarjeta para que no viera el recibo.
Harry estaba sollozando en voz alta, y no por las palabras crudas pero tan neutrales del alfa, sino porque había apretado la base de su miembro con fuerza mientras su mano subía y bajaba con fuerza y rapidez sobre él. Estaba excitándose de maneras que ni él comprendía, pero su orgasmo se iba construyendo en la base de su vientre con conocidos retortijones placenteros y tensando su estómago para contenerse, para retrasar esos choques eléctricos en su espalda que subían hasta su nuca y le tiraban de la cabeza hacia atrás para dejar salir todas esas exclamaciones de sus maltratados labios.
Sus piernas se retorcían en el reducido espacio, pateando a la nada en busca de alguna distracción para no hacer enojar más a Louis por correrse sin su permiso, y ni hablar de sus pequeñas manos que ya habían parado en los antebrazos del mayor a apretujar la piel y buscar soporte de alguna u otra manera.
Su lubricante no había dejado de salir de su interior, manchó y mojó el pantalón del alfa y eso lo hacía pensar en lo difícil que sería ir a lavar la ropa y decir que esa era una mancha difícil y pagar demás por aquello, y ni hablar del desastre que causaría al correrse considerando la potencia con la que estaba seguro iba a hacerlo.
Decir que era extremadamente sensible y susceptible al aroma y la presencia de Louis era quedarse corto de descripción. Sus desastres eran sólo una prueba de aquello, siempre terminando antes de tiempo, mojándose cuando no debía y poniéndose de rodillas para recibir esa polla alfa en su boca por simple capricho en cualquier lugar aunque socialmente era imposible hacerlo sin decencia alguna.
Y Louis parecía bien centrado en su tarea, bajando y subiendo su mano increíblemente apretada por su extensión mientras soltaba los poros en el acto más temido de Harry, marcándolo con su olor en cargas potentes que le nublaban la mente y le pitaba en los oídos viéndose envuelto en esa mentalidad que sólo causaba con sus feromonas y sus palabras.
—¿Vas a correrte ahora? Imagino qué tan difícil debe ser, pobre bebé. Aguantarte las ganas de venirte es tan complicado, ¿sí?
—Pa-papi ah, no más.
—Después de todo, no creo que sea prudente dejarte tomar las decisiones, ¿o sí? —Sus dedos bailaron alrededor de su entrada junto a sus palabras, Louis sólo estaba jugando con él y tenía que encontrar una manera de no dejarse llevar—. Quiero decir, ¿cómo voy a saber que dices la verdad? Que niegues con la cabeza y quieras quitarte mis manos de encima no me dice nada.
—Por favor, p-por favor, papi —la desesperación de Harry era palpable en el ambiente, le llenaba los oídos de algodón invisible y le nublaba la visión con luces destellantes tras sus párpados. Sus muslos empezaron a temblar imposiblemente cuando el placer fue tan abrumador que ni siquiera el fuerte agarre de Louis le impidió correrse en largas tiras blanquecinas por su mano y encima de sus propios muslos, cayó inerte en el pecho del alfa y sus sollozos se convirtieron en lágrimas gruesas e hipidos fuertes mientras buscaba algo a lo que aferrarse.
—Oh, mi pobre omega —Louis le llenó los labios con besos tiernos llenos de amor y paciencia, abrazándolo contra su pecho y sosteniendo sus manos para aferrarlas a su cuello mientras bajaba de la camioneta—. Vamos, iremos a la habitación, ¿hmm? Terminarás tu castigo ahí, omega.
Los pantalones y ropa interior del omega se quedaron en el asiento de la camioneta cuando el alfa se los quitó para limpiarlos y bajar. Cubrió sus piernas con su saco y lo sujetó con seguridad a su torso para entrar a la casa y llevar a cabo sus planes, caminando hasta la cocina en busca de lo que había dejado en el refrigerador horas antes de salir. Sacó la botella de agua fría del refrigerador, destapándola y colocando la boquilla en los labios de Harry para hacer que bebiese al menos unos cuantos tragos.
—¿Puedes decirme cómo te sientes, omega?
—P-papi… Estoy cansado, dolorido.
—De acuerdo. Bebe un trago más y podremos subir a terminar el castigo, ¿hmm? ¿Cuál es tu color?
—Verde —Harry sostuvo sus manos entre sus piernas debajo del saco, sintiéndose cansado pero suficientemente presente, bebió menos de la mitad de agua y se acurrucó en el cuello de Louis cuando empezaron a subir las escaleras.
Louis hasta el momento había sido más que gentil, y aunque su entrepierna seguía tierna y dolorida por la manera en que se corrió, no podía esperar algún castigo más fuerte como lo era la negación de sus orgasmos. Le hacía sentirse tranquilo y simplemente quería terminar con todo el asunto para acurrucarse y ser alabado con elogios por su buen manejo del castigo.
El alfa lo sentó en la cama con suavidad, quitándole los restos de ropa que aún poseía y doblandola prolijamente en el pequeño sofá de la habitación, el aire aclimatado le recorrió la piel desnuda llenándolo de escalofríos y poniéndole los vellos de punta por la anticipación. Seguía húmedo y sus mejillas se colocaron en el tono rojizo más ligero por la vergüenza que aquello le causaba.
Cuando Louis empezó a buscar en el cajón de su mesita de noche, tragó grueso con los nervios inquietando su tranquilidad y haciéndole ponerse más ansioso de lo que ya estaba anteriormente. Sus feromonas se alteraron y se impulsó hasta caer de espaldas en la cama con el antebrazo sobre sus ojos, sin querer torturarse con las incógnitas que Louis seguía dejando.
Louis subió a la cama sobre su cuerpo, lo podía sentir moviéndose a cada lado suyo mientras el colchón se sumía bajo su peso, pero no esperaba que sus labios chocaran por primera vez en todo ese tiempo de espera, con roces delicados y suaves labios húmedos que le devolvieron la tranquilidad que su incertidumbre se había llevado. Pequeños sonidos habían empezado a abandonar sus labios, con su omega retorciéndose por recibir toda la atención del alfa sobre sí.
El beso le iba quitando el aire cada vez que el músculo bucal del mayor se enredaba con el suyo en esa sinfonía húmeda y abrumadora que le hacía querer quedarse allí para siempre recibirlo así, y quizá estaba demasiado empeñado en ello, puesto que no pudo escuchar las vibraciones cerca suyo ni mucho menos prepararse para sentirlas sobre la punta de la erección que había empezado formarse contra su estómago.
Un gemido se escapó de sus labios, pero Louis no le dejó interrumpirlo y aprovechó esos segundos para meter su lengua y acariciar todos esos pequeños rincones que le robaban el aliento. Una ola de espeso lubricante abandonó sus entrañas junto con la poca decencia que le quedaba en un jadeo ahogado, y aunque el juguete le estaba molestando en uno de esos puntos que le hacían rogar en busca de más, se le hacía imposible seguirle el beso al alfa con la rudeza que había en él.
La colcha debajo de ellos se empezó a humedecer con los constantes estímulos que Harry estaba recibiendo, haciéndolo tirar de las caderas hacia atrás contra la suavidad del colchón. Louis simplemente siguió besándolo con fervor, con toda esa energía que se había guardado para él esas dos semanas y que ansiaba por derramar en su omega.
El alfa se quitó el cinturón con una mano, sin dejar de besar a Harry y sin quitar su mano con el vibrador en el miembro del menor. Se resistió todo lo que pudo para no cancelar el castigo y tomarlo allí mismo, pero ese pensamiento atribuyó a que lo besara con más ímpetu, subiendo el nivel de velocidad en las vibraciones y presionando con más fuerza su cuerpo contra el suyo.
—¿Vas a ser un buen omega ahora? —Bajó el vibrador por la pequeña extensión de Harry, presionando cada vez que podía hasta que llegó a su entrada, giró la punta en la creciente humedad y jugó a introducir una corta distancia y después sacarlo, tentando al omega de la mejor manera posible—. ¿Vas a obedecer?
—Y-yo, sí, papi, sí.
Las palabras se quedaron ahogadas, apenas en el tono adecuado para que Louis lo escuchara, estancandose de la mejor manera en la garganta del omega cuando el alfa giró su cuerpo, dejándolo sobre su estómago presionando su erección entre la colcha y su piel. Sintió sus paredes abrirse alrededor de la circunferencia del juguete cuando Louis lo metió muy lentamente en él, hubo un ligero ardor donde se estiró y su espalda se arqueó hacia atrás en el agarre sobre sus manos colocándolas detrás de su espalda.
Su emoción era alta, su cuerpo era acompañado por la excitación que le causaba sentirse así de sometido bajo el cuerpo del alfa y su entrada sólo dejó escapar unas cuantas gotas gruesas de su lubricante entre sus mejillas, pero quizá esa reacción no fue la mejor. Y sus ojos se empañaron con lágrimas que en algún momento habría de soltar.
El estruendo del cuero chocando contra la piel húmeda de su trasero resonó en esas cuatro paredes, con un fuerte chasquido que hizo gritar al omega por el impacto en su sensible piel, se retorció y no logró hacer nada más que ajustar aún más el agarre de Louis sobre sus manos.
El siguiente azote llegó después de minutos de espera al primero, más fuerte esta vez, con más rapidez y en un mejor ángulo. Le recorrió la espalda en un latigazo de dolor que se extendió hasta la punta de sus pies, sus piernas estaban inmovilizadas por Louis sentado encima de sus muslos y era más que imposible llegar a escapar de su agarre estando de esa manera. Se sentía aprisionado, agarrotado de los músculos y con la cabeza dándole vueltas.
Gimoteos y gritos fueron ahogados contra la colcha mientras Louis se llenaba la vista de ese magnífico tono rojo que el trasero de Harry había empezado a adoptar, además de la ligera irritación que le trajo a su agujero el estar tan estirado y recibiendo todas vibraciones que se encajaban perfectamente contra su próstata hinchada y gastada. Sus opciones se habían reducido a sollozar, hipar y retorcerse inútilmente, pues Louis no se detuvo a pesar de todas esas súplicas que abandonaron sus labios en busca de alivio.
Sus músculos sufrieron de ese ataque de potentes azotes contra su trasero, adjuntando que Louis había decidido sacar ese vibrador de su agujero, sustituyéndolo con uno más pequeño que podía controlar con ese pequeño cuadro aparte que funcionaba como control. Le llenó el interior de placeres agotadores y su humedad escurrió por todo el camino detrás de sus testículos hasta empezar a chorrear por entre su cuerpo y la cama, empapando en un pequeño charco la zona debajo suyo e irritando su piel.
Las vibraciones subían paulatinamente, y realmente quería saber cómo era el alfa le azotaba la piel mientras hacía todas esas combinaciones de niveles de rapidez en su interior. Louis había soltado sus manos durante el cambio, por lo que no dudó ni un poco en subirlas por arriba de su cabeza y agarrar sus rizos en puños que se soltaban y apretaban en busca de distraerle del dolor en su parte inferior.
—Ponte de rodillas, las manos estiradas completamente a tus costados y las rodillas abiertas, por favor.
No.
Su subconsciente había empezado a gritarle que no hiciera aquello, que se llevaría una sorpresa tan dolorosa, pero era demasiado tarde. Se colocó en la posición que el mayor le había pedido, con las rodillas temblando tanto en todo el transcurso que tuvo que pedirle ayuda para que le auxiliara a estirar los brazos y poner sus piernas a la distancia perfecta.
Una vez estuvo cómodo, las vibraciones se hicieron imposibles de manejar con cordura y el golpe en su entrada le hizo agonizar y abrir los ojos tanto como podía, se inclinó tanto hacia adelante que su rostro se enterró en las almohadas, mojando las fundas con lágrimas que no dejaron de caer incluso cuando se acurrucó en sí mismo sin cerrar las piernas por la presencia de Louis allí.
El alfa le acarició las partes lastimadas por unos escasos segundos antes de rodear su polla en otro agarre ajustado y caliente, tomándolo en movimientos tan rápidos que los ojos se le volcaron incluso si su llanto no se había detenido. Su orgasmo le atacó sin tregua, cálido semen escurrió por entre los dedos que le sostenían como si de vida o muerte se tratase, sus movimientos se reanudaron una vez acabó, poniéndolo duro en escasos minutos después de todo lo que había sentido.
Louis le dió la vuelta, tomando con calma sus extremidades adormecidas y sentándose contra la cabecera del lado que Harry no había manchado de lágrimas o lubricante. Colocó al omega en su regazo, abriendo sus piernas para ponerlas sobre sus propias rodillas y tener un total acceso a esa entrada que ya había pasado por la etapa en que su humedad se quedaba dentro, manchando todo a su paso y llenando sus pulmones con esas motas de frescura y calidez.
El alfa le había empezado a lamer las lágrimas que poco a poco se iban deteniendo, la sensibilidad que todavía le molestaba en su entrada no se detuvo por nada en esa habitación, ni por las palabras tranquilizadoras del alfa, ni por sus dedos que ya habían bajado a jugar con el vibrador, ni mucho menos por todas esas sensaciones que le tensaban el estómago tratando de reprimir sus deseos.
Su polla palpitaba en un desastroso dolor que cada vez se iba haciendo más agudo y tirante. Louis no lo anudaba hasta que hubiera obtenido unos dos orgasmos suyos, pero en ese momento todo era tan distinto y sus toques y palabras no demostraban nada más que el propósito del alfa por hacer de sus límites más alejados de lo que ya estaban, dispuesto en poner sus manos en él hasta dejarle posiblemente seco hasta los huesos.
Los ojos se le llenaron de saladas lágrimas por milésima vez en ese día, pues aquellas vibraciones que se habían ausentado por unos pocos minutos de descanso habían vuelto con toda la velocidad posible en su interior, rascandole la próstata con esos movimientos increíblemente rápidos y lastimeros.
—¿Ha empezado a doler ya? —La cálida voz del alfa se hizo presente, con toques suaves y agudos y esas caricias que solamente le incrementaron la molestia por el estiramiento en su carne—. ¿Hmm?
—S-sí, sí, papi. Ah, mucho —su cabeza ya estaba contra el hombro del mayor, y sus manos habían empezado a vagar por todo su cuerpo, las sensaciones le hacían poner los ojos en blanco y apretar su interior con temblores.
—¿Sí? ¿Lo suficiente como cuando te hiciste esto? —Le tomó el mentón y pasó sus dedos desde su pecho hasta su ombligo, acariciando con las yemas de los dedos muy superficialmente alrededor de su reciente adquisición—. Mira cómo luce contra tu piel, ¿eso era lo que buscabas? Porque particularmente, así se ve tan reluciente y hace brillar tu piel. Qué lástima que te lo hayas hecho en esas condiciones.
Louis dejó de toquetear la pieza en su ombligo, y se vió muy entretenido en seguir masturbandolo con rudeza y velocidad alta, sin preocuparse de la mucha sobreestimulación que ya estaba sufriendo a causa del huevo vibrador contra su próstata.
Desesperación se podía oler gracias a las feromonas que Harry no dejaba de soltar, sus movimientos eran pausados pero cuando lograba sostenerse a alguna parte en la ropa de Louis lo hacía con fuerza y se aferraba.
El dolor la llenaba los oídos con pitidos agudos que luchaban contra las lágrimas en sus mejillas y los mordiscos en su labio inferior. Harry no podía quedarse quieto, no mientras Louis no soltaba su polla agotada y dolorida, presionando la punta con sus dedos y tirando de ella contra la suave palma de su mano.
Los ojos se le nublaron cuando por fin llegó a correrse, con pequeñísimas gotas de líquido aguado y apenas blanquecino en sus muslos. Se estremeció cuando su carne cayó en su cadera, la sensación pulsante en toda su extensión se iba haciendo más aguda con el paso de los segundos, y eso no le impidió al alfa hacer de las suyas.
—¡N-no! —Su cabeza cayó hacia atrás y un sollozo tan lastimero salió de sus labios escarlata, el tener la mano de Louis envuelta a su alrededor nuevamente era lo que menos quería—. ¡Y-ya no, papi! ¡P-por favor!
A Louis, sin embargo, sus súplicas no le hicieron cambiar de opinión.
Su agarre se disminuyó solamente para sacar el vibrador de su trasero, lo apagó directamente y lo dejó en la cama para después. Sus brazos lo cargaron y su cuerpecito tembloroso acabó sobre su espalda en medio de la cama con las piernas bien abiertas y las manos hechas puños sobre su vientre.
Los sollozos salían automáticamente de sus labios, con gruesas gotas de agua salada que escurría por sus sienes en esa posición y las cejas fruncidas por esa constante estimulación que le hacía apretar el interior, con ese ardor con el que las gotas de lubricante se arrastraban fuera de su entrada en movimientos tan lentos y torturadores. Porque a pesar del dolor, la excitación no se iba, y eso era lo que al alfa no le detenía.
Los ojos de Harry se cerraron instantáneamente con los dedos de Louis hurgando en su agujero, llenándose de la preciosa y sagrada humedad que no dejaba de hacer, las yemas de sus dedos se iban moviendo en busca de esos pequeños botones que le habrían de ser de ayuda en ese momento, pues ya había descartado la idea de hacerle correr nuevamente por medio de su polla extremadamente agotada e irritada.
Louis sonrió cuando por fin los encontró, se relamió los labios lentamente y su mirada viajó hasta el rostro húmedo y sonrojado de Harry. Presionó las yemas de sus dedos contra las pequeñas protuberancias, notando inmediatamente más líquido saliendo de ellas con la presencia de lubricante manchando sus antebrazos donde sostenía al omega que no dejaba de temblar.
—¡P-papi! —Las quejas de Harry no tardaron en llegar, con sus manos bien apretadas en las sábanas debajo suyo y la mandíbula apretada donde se guardaba los sollozos que le causaba estar en esa posición, con toda esa humillación por el conocimiento del alfa por saber exactamente la ubicación de sus glándulas productoras de lubricante. Su cuello estaba tenso y su rostro aún más, y ni hablar de sus muslos.
Louis hizo círculos con las yemas de los dedos, llevando su mano libre al cabello rebelde y enmarañado del omega, acarició con tranquilidad y se inclinó lo suficiente para lamer sus lágrimas, para llenarse los labios del sufrimiento tan placentero por el que Harry estaba pasando gracias a él.
—¿Cuándo cambiaste las sábanas, omega?
—Ha-hace dos días —hipó bajito y se calmó unos segundos por los toques gentiles de Louis en su parte superior contrastando con todos los toques demasiado bruscos y enfadados en su parte inferior. Lo opuesto le iba tan bien, se tranquilizaba y regulaba su respiración con lentitud.
—¿Sí? —El alfa le llenó de besos el rostro, con los labios extendiéndose en sus mejillas y ocasionalmente mordiendo la piel suavemente—. ¿Y cada cuánto las cambias? Porque no creo que lleguen a resistir con todo lo desastre que estás causando, quizá debas cambiarlas antes de dormir, ¿cómo suena eso?
—N-no —su estómago se tensó con fuerza, se llenó los pulmones con el aire acondicionado con el olor del alfa. Él ya había cambiado las sábanas y no estaba dispuesto a cambiarlas solamente porque su castigo estaba yendo demasiado lejos en ponerlo de ese modo.
De alguna manera, logró alzar sus brazos y piernas —demasiado pesados para sostenerlos por sí mismo, porque sus piernas habían quedado inmóviles desde que Louis había empezado a hacer ese contraste en sus toques—, rodeó el cuello y la cintura del alfa y sorprendentemente sollozó cuando logró alzarse de la cama, sin voltear atrás a ver esa marcha de humedad enorme con su silueta.
—Oh, pobre bebé. Buscando alternativas para no ensuciar sus sábanas, ¿no es así? ¿Y quién te dijo que papi iba a permitir eso?
Harry negó con la cabeza con rapidez, los dedos de Louis seguían dentro suyo y no dejaban de presionar sobre esas zonas tan condenadamente placenteras, ya podía sentir el líquido escurriendo por sus muslos y humedeciendo el pantalón de Louis donde se había sentado.
La vergüenza le llenaba el pecho por todo el desastre que estaba haciendo, pero no dejaba de mojarse por toda la excitación que le causaba el estar tan expuesto y doblegado a Louis de esa manera, dejándole toda su autonomía para que hiciese lo que quisiese con su cuerpo y esa pequeña decencia que aún no desaparecía tras todo lo que había pasado.
Louis no había dejado de estimularlo, pero empezó a acariciar su espalda con sus uñas romas, pasando por toda la extensión y bajando a apretar sus mejillas traseras con fuerza antes de azotarlo nuevamente, sintiendo los espasmos de Harry contra su pecho, pero su pequeño tamaño era tan fácil de manipular y hacer a su gusto.
Al principio, el alfa quizá estaba secretamente enamorado del pequeño tamaño y complexión de su omega, porque podía recostarse cómodamente sobre su pecho y rodearlo con sus brazos y desaparecería de la vista de cualquiera, y era tan fácil que Harry metiera sus manos bajo la ropa de Louis por el frío, o que lo sometiera bajó su propio cuerpo para tomarlo de formas increíbles y ponerlo en posiciones extrañas tan fácilmente.
Pero lo mejor de todo, era que verse y dejarlo tan lleno de él para que se pudiese marcar por sobre su abdomen le daba los motivos suficientes para anudarlo en esas posiciones que le dejaban ver su vientre hinchado luego de anudarlo y correrse dentro suyo para lograr aquello.
Las mejillas de su trasero se colocaron de un tono tan rojizo cómo sus labios, Louis siguió azotando su piel como si no estuviese suficientemente roja y maltratada ya. Harry sólo podía hacer pucheros para no volver a llorar y soltar pequeños gemidos ahogados por sus pequeñas manos que cubrían sus labios. No pudo soltar su boca para llevar sus manos al cabello en la nuca del alfa cuando este decidió volver a meter el huevo vibrador en su muy irritada entrada.
—Pa-papi por favor —rogó apenas su espalda volvió a tocar las sábanas en una zona seca y áspera para su trasero dolorido; mas Louis no le hizo caso, demasiado ocupado en colocarlo con la cabeza colgando del borde de la cama y el cuerpo bien derecho en el colchón.
—¿Qué he dicho sobre tu cabello?
—Que si-siempre lo tenga atado —soltó un chillido cuando Louis tomó todo su cabello en una coleta ajustada y empezó a atarlo con una de esas pequeñas ligas suyas que siempre traía en su muñeca. Lo ató con fuerza pero no suficientemente apretado para que le doliese la cabeza, sólo para conservar todos esos pequeños rizos rebeldes que se escapan a veces.
—¿Se trata esto de seguir rompiendo reglas? Sabes que a mí no me gusta castigarte, mi amor.
Harry sabía de qué se trataba todo aquello, de toda esa empatía que solía mostrar solamente para rebajarlo aún más y hacerlo maleable y todo sumiso como les gustaba. Sin embargo, escuchar ese tono tranquilizador tras todo lo que había hecho le hizo cerrar los muslos con fuerza, mucha fuerza, para apretar el interior y no dejar escapar más lubricante en su área limpia —seguramente la única—.
La vista fue espectacular desde su posición; ver al alfa desabrochar sus húmedos pantalones de vestir por el lubricante de alguien más, bajar la cremallera lo suficiente y hacer descender su ropa interior hasta dejar al descubierto aquella polla alfa erguida y rojiza en la punta en todo su esplendor. De los shows favoritos de Harry, sin duda.
Y aunque veía todo de cabeza por su posición, lo único que quería en ese momento era tenerla dentro de su boca. Salivó lo suficiente para tener que tragar el nudo en su garganta por la anticipación, y sus manos se estiraron hacia arriba para sostener las caderas del mayor y acercarlo lo suficiente para meterlo en su boca.
Louis negó con la cabeza, con una pequeña sonrisa en sus labios mientras tomaba sus manos y las llevaba su pecho, colocándolas con las palmas hacia abajo y sosteniendo las muñecas para que no las quitara de ahí en ningún momento. Acercó las caderas a su rostro, pasando el glande húmedo por sus labios y esparciendo el presemen por sus mejillas y barbilla.
—Abre la boca —el alfa le indicó con la voz suficientemente fuerte, Harry tragó el exceso de saliva en su boca y abrió los labios lentamente, titubeante al inicio pero soltando gimoteos ante la falta de más órdenes después de aquella—. Sé paciente, omega. Podría irme y dejarte sin aquello que tanto anhelas.
Harry alzó las rodillas, con las plantas de los pies en las sábanas y su pequeña erección nuevamente erecta contra su cadera, en serio esperaba no correrse, porque no creía poder soportar algún otro orgasmo tras todos esos que tuvo antes de llegar a ese momento. Le tomó algunas respiraciones profundas y rápidas, pero logró respirar correctamente y descubrir que eso era lo que Louis quería.
Lo siguiente que sabe es que Louis mete toda su erección en un solo movimiento a su boca, quizá no lo suficiente para llegar a su garganta como siempre, pero sí para hacerle escupir saliva por los costados de sus mejillas hasta que se mojaron sus mejillas con sus propios fluidos, esos que ya no sabía si eran lágrimas o saliva.
No pudo soportar más, porque si bien toda esa hombría caliente le sentaba bien contra su lengua, su respiración se vio afectada y sus entrañas no se pudieron ajustar más a toda esa carga de lubricante que no podía conservar dentro, así que seguramente sus adoradas sábanas quedaron perfectamente mojadas hasta el más pequeño hilo, traspasando la colcha.
Louis siguió embistiendo su boca, con largas y profundas embestidas que mojaban su polla con la saliva del omega, con la punta de su erección golpeando su campanilla y haciéndolo tener arcadas y gorjeos por la falta de oxígeno en sus pulmones, por todo ese desastre que estaba haciendo con la colcha y las gotas tan escasas de semen con las que logró correrse, si es que aquello era posible.
Pero entonces empezó con la brusquedad por la que Harry lo conocía, dejando su polla dentro hasta que el omega se retorcía en busca de poder respirar, con las manos inquietas por debajo de las de Louis y pateando sus piernas hasta que el alfa le dejaba unos segundos antes de volver a hacer lo mismo. Sus lágrimas ya habían empezado a escurrir por sus sienes hasta las raíces de su cabello atado, además de toda esa saliva que no podía conservar en su boca y que había empezado a bajar por su nariz, haciéndole imposible respirar con tranquilidad.
Harry podía sentir su garganta expandirse, y se esforzaba por no tener arcadas y hacer sonidos grotescos con la saliva que se acumulaba en su garganta por no poder tragarla. Sus labios se abrían alrededor de la base del nudo que sorprendentemente no se había hinchado, y estaba secretamente agradecido porque le sería imposible volver a chupar el nudo de Louis en su boca en esas condiciones.
Sollozó con fuerza cuando Louis por fin le dejó libre, ayudándolo a sentarse en la cama de frente a él y viéndolo con empatía —esta vez completamente real—. Le besó los párpados primero, antes de terminar de sacarse la ropa por completo y siseando por la ráfaga de aire que le erizó los vellos. No tardó en tener al omega contra su pecho, hipando y con la mirada casi perdida, apenas con una línea delgada de ese color verde celestial.
Harry se acurrucó en su pecho, rodeando con miembros pesados su torso y llorando un poco más bajo cuando su polla gastada entró en contacto con la piel tersa del vientre de Louis. El omega seguía mojándose, y Louis estaba bastante sorprendido por la creciente excitación que Harry parecía no controlar, tendría que darle de beber bastante agua si no quería que su omega sufriera de deshidratación después.
—Omega —Louis le acarició la espalda hasta bajar sus dedos por la curvatura de su trasero hasta tocar con el aparente agujero irritado de Harry.
—Papi, n-no, por favor, por favor.
—¿No qué, amor? ¿No quieres mis dedos aquí? —Lo probó, metiendo solamente las puntas de dos de sus dedos, sacándolos unos segundos después de sentir a Harry negando con la cabeza.
—Y-ya no, por favor, papi, ya n-no puedo —los pequeños brincos que Harry dió como rabieta le empezaron a afectar al mayor también, pues su erección estaba acomodada entre sus mejillas y la fricción le daba mucho de que gemir mientras el omega le suplicaba que se detuviera y terminase todo de una vez.
Louis le siseó con tranquilidad, dejándolo reposar unos cuantos segundos mientras lo abrazaba con fuerza y le besaba las sienes. Harry se tranquilizó unos cuantos mimos después, sin más sollozos ni hipidos ni lágrimas que desgastaran sus ojos y la suave textura de la piel en sus mejillas.
Louis le besó la punta de la nariz antes de recurrir a sus labios afelpados pero tan desgastados por todas las mordidas que seguramente se dió sin que el alfa se diera cuenta. Le besó con calma y con los ojos entrecerrados para poder observar la manera en que Harry se deshacía en gemidos bajitos y cómo su cuerpo se iba soltando hasta quedar tan maleable y flojito en los brazos de su papi.
El omega estaba tan centrado en recibir todos los besos por parte del alfa que no siquiera llegó a notar cuando Louis lo alzó en las puntas de sus pies detrás de su espalda para meter su erección en su sensible agujero. Arqueó la espalda y se llenó los pulmones de aire tanto como pudo, soltando un jadeo bajito y arañando el pecho del mayor en busca de algún soporte.
—Eso es, amor. Tomas a papi tan bien, ¿sí? ¿Papi te hace sentir bien?
Harry asintió con la cabeza, buscando el toque de los labios del alfa sobre los suyos una vez más. Gimió cuando Louis alzó las caderas lentamente, embistiendo suavemente y hasta lo más profundo, chocando con esa barrera al final de manera tan placentera que incluso su lubricante había empezado a salir alrededor de la circunferencia de Louis, de ese grosor espléndido que le llenaba de la mejor manera.
Louis le besó nuevamente, empujando las caderas todavía más rápido y escuchando los pequeños sonidos que Harry hacía directamente en su oído, sacándole los mejores gemidos con cada movimiento suyo. Le afianzó las manos en las mejillas traseras, apretando con fuerza la piel lastimada y con pequeñas protuberancias donde el cinturón le había dejado marca, abrió las manos y escuchó el chillido de Harry cuando le abrió demás.
Sentía su entrada ser profanada cada vez más, con la sensibilidad hasta el máximo y el escozor de nuevas gotas de lubricante saliendo de su entrada. Hubo un revoloteo en su vientre, se le hizo un nudo en la boca del estómago y empezó a sollozar después de minutos de no hacerlo, se sentía tan raro y no sabía cómo mover su pesada lengua para hablar y contarle a Louis lo que estaba sintiendo.
Todo se vió borroso cuando una cantidad de lubricante —impresionante en comparación con todo lo que ya había soltado—, espeso y cálido, salió de su entrada empapando los muslos de Louis de forma tan repentina y sorprendente que incluso el alfa detuvo sus movimientos para observar su condición. Harry solamente cayó en su pecho, temblando más que nunca y con el estómago tenso.
—Joder —Louis le besó la frente e inhaló con fuerza todo el aroma que podía obtener de la piel de Harry, siseando ante la humedad del omega en sus muslos y la inminente necesidad de anudarlo en ese momento.
Harry jamás había llegado a hacer eso, y Louis realmente no sabía cómo sentirse exactamente, pero sí que estaba orgulloso y más que feliz por el omega. Le besó los labios una última vez antes de dar una última embestida y sentir al omega soltar un grito agudo por el estiramiento en su entrada por el nudo del alfa.
El omega abrió los ojos unos segundos después, su llanto continuó en algún momento y ya tenía el rostro rojizo y húmedo entre saliva de Louis y sus propias lágrimas. Sus pestañas estaban juntas y el alfa le acariciaba suavemente la nariz con la yema del dedo, sentía sus entrañas ser estiradas y mojadas con la corrida del mayor.
—Ahí está mi amor, ¿hm? ¿Me escuchas, omega? —La voz de Louis le acarició los oídos y me hizo sonreír un poquito.
—S-sí, sí, papi.
Louis sonrió también, besó las palmas de sus pequeñas manos y se acomodó mejor en su posición sentada sobre la cama y contra la cabecera de la misma, le subió una manta limpia por la espalda al omega y le besó nuevamente el rostro hasta que soltó esas risas bajitas y coquetas con todo y hoyuelos.
Lo amaba, y mucho, pero no siempre se lo decía con esas dos palabras. Quizá también amaba esa pieza en su ombligo y sus rizos desatados y salvajes como siempre estaban.