DESEOS OCULTOS II

Summary

Después de provocar su despido de la empresa HYBE, Jimin está dispuesto a alejarse para siempre de Jeon Jungkook. Para ello y para reencaminar su vida decide refugiarse en casa de su padre, en Busan. Atormentado por su marcha, Jungkook le sigue el rastro. El deseo continúa latente entre ambos y las fantasías sexuales están más vivas que nunca, pero esta vez es Jimin quien impone sus condiciones, que Jungkook acepta por el amor que le profesa. Todo parece volver a la normalidad hasta que una llamada inesperada les obliga a interrumpir su reconciliación y desplazarse hasta Shanghái. Lejos de su entorno en una ciudad que le resulta hostil y con la aparición del sobrino de Jungkook, un contratiempo con el que no contaba, Jimin tendrá que decidir si debe darle una nueva oportunidad o comenzar un nuevo futuro sin él. **************** • KookMin • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro • La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original • La historia tiene variaciones en su trama original

Genre
Romance
Author
Juliana
Status
Complete
Chapters
46
Rating
5.0 8 reviews
Age Rating
16+

1

Tras salir de la oficina llego a casa como si me hubieran metido un petardo en el culo. Miro las cajas embaladas y se me parte el corazón. Todo se ha ido a la mierda. Mi viaje a China está anulado y mi vida, de momento, también. Meto cuatro cosas en una mochila y desaparezco antes de que Jungkook me encuentre. Mi teléfono suena, y suena, y suena. Es él, pero me niego a contestarlo. No quiero hablar con Jungkook.

Dispuesto a desaparecer de mi casa, me voy a una cafetería y llamo a mi hermano. Necesito hablar con el. Le hago prometer que no le dirá a nadie dónde estoy y quedo con el.

Mi hermano acude a mi llamada y, tras abrazarme como sabe que necesito, me escucha. Le cuento parte de la historia, sólo parte o sé que lo dejaría sin palabras. Omito el tema del sexo y tal, pero Seokjin es ¡Seokjin!, y cuando las cosas no le cuadran comienza con eso de «¡Estás loco!», «¡Te falta un tornillo!», «¡Jungkook es un buen partido!» o «¿Cómo has podido hacer eso?». Al final me despido de el y a pesar de su insistencia no le revelo adónde voy. Lo conozco y se lo dirá a Jungkook en cuanto lo llame.

Cuando consigo despegarme de mi hermano, llamo a mi padre. Después de tener una breve conversación con él y hacerle entender que en unos días iré a Busan y le explicaré todo lo que me pasa, me monto en el coche y me voy a Sinan. Allí me alojo en un hostal y durante tres días paseo por la playa, duermo y lloro. No tengo nada mejor que hacer. No le contesto el teléfono a Jungkook. No..., no quiero.

Al cuarto día me subo al coche y algo más tranquilo me voy a Busan, donde papá me recibe con los brazos abiertos y me da todo su cariño y amor. Le cuento que mi relación con Jungkook se ha acabado para siempre, y él no me quiere creer. Jungkook le ha llamado varias veces preocupado y, según mi padre, ese hombre me ama demasiado como para dejarme escapar. Pobrecillo. Mi padre es un romántico empedernido.

Al día siguiente, cuando me levanto, Jungkook ya está en casa de mi padre. Papá lo ha llamado.

Cuando me ve, intenta hablar conmigo, pero me niego. Me pongo hecho una furia; grito, grito y grito, y le reprocho todo lo que tengo en mi interior antes de darle con la puerta en las narices y encerrarme en mi habitación. Al final, oigo que mi padre le pide que se marche, y de momento me deja respirar. Sabe que ahora soy incapaz de razonar y que en lugar de solucionar las cosas lo que voy es a liarlas más.

Jungkook se acerca a la puerta de la habitación donde me he encerrado y con voz cargada de tensión e ira me indica que se va. Pero que se va a China. Tiene que resolver ciertos asuntos allí. Insiste una vez más en que salga, pero al ver mi negativa finalmente se marcha.

Pasan dos días y mi angustia es persistente.

Olvidar a Jungkook me es imposible, y más cuando él me llama continuamente. No le contesto. Pero, como soy un masoquista puro y duro, escucho nuestras canciones una y otra vez para martirizarme y regodearme en mi pena... Lo positivo de todo este asunto es que sé que está muy lejos y, además, que tengo mi moto para desfogarme, embarrándome y saltando por los campos de Busan.

Transcurridos unos días me llama Bang Chan, mi ex compañero en HYBE, y me deja a cuadros. Jungkook ha despedido a mi ex jefa. Incrédulo, escucho cómo Bang Chan me cuenta que Jungkook tuvo una tremenda discusión con ella cuando la pilló en la cafetería burlándose de mí. Resultado: a la calle. ¡Toma ya! Por perra.

Lo siento, no debería alegrarme de ello, pero el malvado que existe en mi interior se regodea con que esa mala víbora por fin haya recibido su merecido. Como dice muy sabiamente mi padre, «el tiempo pone a cada uno en su lugar», y a ésa el tiempo la ha puesto donde se merece, en la puñetera calle.

Esa tarde aparece mi hermano con Namjoon y Sujin, y nos sorprenden con la noticia de que van a ser padres de nuevo. ¡Embarazo a la vista! Mi padre y yo nos miramos con complicidad y sonreímos. Mi hermano está feliz, mi cuñado también y a mi sobrina Sujin se le ve ilusionada. ¡Va a tener un hermanito!

Al día siguiente, se presenta en casa Jackson. Al vernos nos damos un largo y significativo abrazo. Por primera vez desde que nos conocemos no nos hemos comunicado en meses, y eso nos da a entender a los dos que lo nuestro, aquello que nunca existió, por fin se ha acabado.

No me pregunta por Jungkook.

No hace la más mínima mención de él, pero intuyo que imagina que lo nuestro o se ha terminado, o pasa algo. Por la tarde, mientras mi hermano, Jackson y yo tomamos un tentempié en el bar, le pregunto:

—Jackson, si yo te pidiera un favor, ¿me lo harías?

—Depende del favor.

Ambos sonreímos, y le aclaro, dispuesto a conseguir mi propósito:

—Necesito la dirección de dos mujeres.

—¿Qué mujeres?

Doy un trago a mi coca-cola y respondo:

—Una se llama Nayoung y vive en Hwacheon. Está casada con un tipo llamado Lee Key, que es cirujano plástico; sé poco más. Y la otra se llama Soyeon o Yu Fei y fue novia durante un par de años de Jeon Jungkook.

—Jimin —protesta mi hermano—, ¡ni hablar!

—Cállate, Seokjin.

Pero mi hermano comienza su perorata y ya no hay quien lo calle. Tras discutir con el, vuelvo a mirar a Jackson, que no ha abierto la boca.

—¿Puedes conseguirme lo que te he pedido, o no?

—¿Para qué lo quieres? —me contesta.

No estoy dispuesto a contarle lo que ha ocurrido.

—Jackson, no es para nada malo —puntualizo—, pero si pudieras ayudarme, te lo agradecería.

Durante unos segundos me mira con solemnidad mientras Seokjin, a mi lado, sigue despotricando. Al final asiente, se levanta, se aleja y veo que habla por el móvil. Esto me inquieta. Diez minutos después, se acerca a mí con un papel y dice:

—Sobre Soyeon sólo te puedo decir que está en China pero no cuenta con una residencia fija, y la dirección de la otra aquí la tienes. Por cierto, tus amigas se mueven en un ambiente de altos vuelos y comparten los mismos juegos que Jeon Jungkook.

—¿De qué juegos habláis? —pregunta Seokjin.

Jackson y yo nos miramos. ¡Se traga los dientes como diga algo más!

Nos entendemos bien y le indico que no se le ocurra contestar a mi hermano, o se las verá conmigo, y él me hace caso. Es un excelente amigo. Finalmente, Jackson se resigna y señala:

—Ni una tontería con ellas, ¿de acuerdo, Jimin?

Mi hermano niega con la cabeza mientras resopla. Yo, emocionado, tomo el papel y le doy un beso en la mejilla.

—Gracias. Muchas..., muchas gracias.

Esa noche, cuando estoy a solas en mi habitación, me siento furioso. Saber que al día siguiente, con un poco de suerte, me voy a ver cara a cara con Nayoung me pone cardíaco. Esa mala bruja se va a enterar de quién soy yo.

Por la mañana me despierto a las siete. Llueve.

Mi hermano ya está levantado y, en cuanto ve que me preparo para ir de viaje, se pega a mí como una lapa y comienza su incesante chorreo de preguntas.

Intento esquivarlo.

Voy a Hwacheon a hacerle una visitilla a Nayoung. Pero Seokjin ¡es mucho Seokjin! Y al final, al ver que no me lo puedo quitar de encima, accedo a que me acompañe. Aunque durante el trayecto me arrepiento y siento unos deseos asesinos de tirarlo a la cuneta. Es tan cansino y repetitivo que saca de sus casillas a cualquiera.

El no sabe lo que nos ha ocurrido realmente a Jungkook y a mí, y no para de desvariar con sus suposiciones. Si supiera la verdad se quedaría fuera de base. Una mentalidad como la de mi hermano no entendería mis juegos con Jungkook. Pensaría que somos unos depravados, entre otras muchas cosas aún peores.

El día en que pasó todo, cuando quedé con el, le deformé la realidad. Le conté que esas mujeres habían metido cizaña en nuestra relación y que por eso habíamos discutido y habíamos roto Jungkook y yo. No pude decirle otra cosa.

Cuando entro en Hwacheon, extrañamente no estoy nervioso. Para nervios los de mi hermano.

Al llegar a la calle que pone en el papel aparco mi coche. Observo la urbanización y veo que Nayoung vive muy..., muy bien. La urbanización es de lujo.

—Todavía no sé qué hacemos en este lugar, Minie —protesta mi hermano, bajándose del coche.

—Quédate aquí, Seokjin.

Pero, omitiendo mi exigencia, cierra la puerta con decisión y contesta:

—Ni lo pienses, cariño. Donde vayas tú, allí voy yo.

Resoplo y gruño.

—Pero vamos a ver, ¿es que acaso necesito un guardaespaldas?

Se pone a mi lado.

—Sí. No me fío de ti. Eres muy mal hablado y a veces te pones muy bruto.

—¡Joder!

—¿Lo ves? Ya has dicho «¡joder!» —repite el.

Sin responder comienzo a andar hacia el bonito portal que indica el papel. Llamo al portero automático, y cuando una voz de mujer contesta, digo sin demora:

—Cartero.

La puerta se abre, y mi hermano, sorprendido, me mira.

—¡Aisss, Jimin!, creo que vas a hacer una tontería. Tranquilo, por favor, cariño; tranquilo, que te conozco, ¿entendido?

Me río. Lo miro y murmuro mientras esperamos el ascensor:

—La tontería la hizo ella cuando me subestimó.

—¡Aisss, Minie...!

—Vamos a ver —siseo, malhumorado—, a partir de este momento, te quiero calladito. Éste es un asunto entre esa mujer y yo, ¿vale?

El ascensor llega. Nos montamos y oprimo el botón de la quinta planta. Cuando el ascensor para, busco la puerta D y llamo. Instantes después, la puerta la abre una desconocida vestida con uniforme de servicio.

—¿Qué desea? —pregunta la joven.

—¡Hola, buenos días! —respondo con la mejor de mis sonrisas—. Quisiera ver a la señora Nayoung. ¿Está en casa?

—¿De parte?

—Dígale que soy Park Min Hwan, de Jeju.

La joven desaparece.

—¿Park Min Hwan? —cuchichea mi hermano—. ¿Qué es eso de Min Hwan?

Rápidamente, con un gesto seco, le ordeno callar.

Dos segundos más tarde aparece ante nosotros Nayoung, monísima con un conjunto en color blanco roto. Al verme, su cara lo dice todo. ¡Se asusta! Y antes de que ella pueda hacer o decir nada, sujeto con fuerza la puerta para que no la cierre mientras suelto:

—¡Hola, pedazo de zorra!

—¡Jimin! —protesta mi hermano.

A Nayoung le tiembla todo. Miro a mi hermano para que guarde silencio.

—Sólo quiero que sepas que sé dónde vives —siseo—. ¿Qué te parece? —Nayoung está blanca, pero continúo—: Tu juego sucio me ha hecho enfadar y, créeme, si me lo propongo, puedo ser más malo y dañino que tú o tus amigas.

—Yo..., yo no sabía que...

—¡Cierra el pico, Nayoung! —gruño entre dientes. Ella calla, y yo prosigo—: Me da igual lo que me digas. Eres una mala bruja porque me utilizaste con un fin nada bueno. Y en cuanto a tu amiguita Yu Fei, como estoy seguro de que seguís en contacto, dile que el día en que me la cruce se va a enterar de quién soy yo.

Nayoung tiembla. Mira hacia el interior de la casa y sé que teme lo que pueda decir.

—Por favor —suplica—, están mis suegros y...

—¿Tus suegros? —la interrumpo, y aplaudo—. ¡Genial! Preséntamelos. Estaré encantado de conocerlos y contarles cuatro cositas de su angelical nuera.

Descontrolada, Nayoung niega con la cabeza. Tiene miedo. Siento pena por ella. Aunque es una mala bruja, yo no lo soy. Al final decido dar por terminada mi visita.

—Si me vuelves a subestimar, tu bonita y relajada vida con tus suegros y tu famoso maridito se va a acabar —concluyo—, porque yo mismo me voy a encargar de que así sea, ¿entendido?

Pálida como la cera, asiente. No me esperaba aquí y menos con ese talante. Cuando ya he dicho todo lo que tenía que decir y me voy a dar la vuelta para marcharme, escucho que mi hermano pregunta:

—¿Ésta es la putilla que venías buscando?

Hago un gesto afirmativo, y sorprendiéndome como siempre hace Seokjin, lo oigo decir:

—Si te vuelves a acercar a mi hermano o a su novio, te juro por la gloria bendita de mi madre que está mirándonos desde el cielo que el que regresa aquí soy yo con el cuchillo de caza de mi padre y te saco los ojos, ¡pedazo de zorra!

Nayoung, tras las palabras de mi querido Seokjin, cierra la puerta en nuestras narices. Aún boquiabierto, miro a mi hermano y murmuro en tono alegre mientras caminamos hacia el ascensor:

—Menos mal que el bruto y mal hablado de la familia soy yo. —Y al verlo reír, añado—: ¿No te había dicho que te quería calladito?

—Mira, Minie, cuando se meten con mi familia o le hacen daño, saco el demonio que hay en mí y, como dicen por ahí; mató y como del muerto.

Entre risas, volvemos al coche y regresamos a Busan.

Cuando llegamos, mi padre y mi cuñado nos preguntan por nuestro viaje. Los dos nos miramos y reímos. No decimos nada. Este viaje ha sido algo entre Seokjin y yo.

Bueno chicas iniciamos una nueva aventura, espero que les haya gustado y me dejen saber sus opiniones.

Nos leemos… Cuídense mucho… Besitos…