Mutant Queen: Prototype One Shoot

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Summary

En un mundo sumido en el conflicto y el peligro, Sophie, una mercenaria con la extraordinaria habilidad de transformarse en una criatura bio-mecánica, emprende una misión desesperada. Su objetivo: eliminar a la bestia que aterroriza un asentamiento de refugiados y rebeldes que desafían el culto de la Santa Petrificada. Pero Sophie no luchará sola. A su lado, su leal amiga Sakuya la acompañará en una batalla donde la fuerza, la valentía y la determinación serán la única esperanza para los indefensos. Juntas, enfrentarán la oscuridad que amenaza con consumirlo todo.

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1
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n/a
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18+

Camino tormentoso

La tormenta desataba su furia sobre la noche, y el camino, serpenteante y lúgubre, era un laberinto de sombras y ruinas. Los escombros de edificios colapsados yacen como cadáveres olvidados, agravando el ambiente desolador.

Sin embargo, un viajero encapuchado avanzaba con determinación, su gabardina gris ondeando en el viento cruel. Cada paso resonaba con una pesadez ominosa, marcando su paso en un sendero frío y desolado hacia un refugio cercano.

Desde las sombras, los ojos invisibles lo observaban, vigilantes de su presencia en la penumbra. Al llegar a la entrada de la ciudad, una imponente muralla se alzaba, con torretas y reflectores que escudriñaban su figura.

Los guardias, ocultos tras la muralla, exigieron su identificación. Sin mediar palabra, el viajero extendió una carta, un gesto silencioso pero cargado de una amenaza latente.

Vigilante: —¿Así que eres una de esas cosas? El líder está en el edificio principal. Puedes pasar.

Las puertas, corroídas por el óxido, se abrieron lentamente ante la mirada de un mundo sombrío. Dentro, el refugio se desplegaba en una escena de decadencia. Gente humilde, con ropas raídas y prótesis improvisadas, sobrevivía de la caza y la venta de chatarra en un ambiente de penuria absoluta. La comida y el agua escaseaban, forzando a muchos a modificar sus cuerpos para enfrentar la dura realidad.

Entre casas improvisadas y una iluminación precaria, los niños jugaban con una inocencia ajena a la desesperanza que envolvía sus vidas y la pérdida de millones de vidas.

El viajero continuó su marcha hasta que un niño tropezó con él, asustado. Con una voz temblorosa, le pidió la pelota que había rodado lejos.

Niño: —¿Me puede regresar mi pelota?

El viajero, con una sonrisa tenue bajo la capucha, devolvió el balón y acarició suavemente el rostro del niño.

Niño: —¡Muchas gracias!

La madre del niño se acercó, observando al viajero con desconfianza.

Madre: —¿Te hizo algo ese viajero?

Niño: —No, mami. Al contrario, parece ser una buena persona.

Madre: —Yo no diría lo mismo de esos mercenarios.

Al llegar a su destino, el viajero fue confrontado por guardias que intentaron intimidarlo.

Guardia: —¡No puedes pasar sin mostrar una carta adecuada, extraño!

El viajero entregó la carta, pero el guardia se negó a permitirle el acceso.

Guardia: —¡Eso no bastará! Pero si nos arreglamos, ya sabes...

En un estallido de furia, el viajero sometió brutalmente a los dos guardias, humillándolos ante los ojos de los observadores. Con una violencia inusitada, rompió el brazo de uno y dejó que una cola afilada emergiera de debajo de la gabardina, clavándola cerca del rostro del guardia.

Guardia: —¡Abran las puertas rápido!

Viajero: —Buen chico.

Con un gesto despectivo, el viajero se adentró en la torre principal, dejando a los guardias aterrorizados. Con la cola aún visible, avanzó hasta Trevor, un viejo amigo.

Viajero: —Bien, Trevor, ¿cuándo vas a enseñar a tus guardias modales?

Trevor, entre risas ásperas, respondió:

Trevor: —No le eches toda la culpa a este viejo carcamán. Aunque tú siempre sabes cómo ponerlos en su lugar, Sophie.

El viajero se quitó la capucha, revelando una mujer de cabello plateado desordenado y ojos carmesí, con facciones finas y una presencia imponente.

Sophie: —¿Y a qué debo el honor, viejo amigo?

Trevor: —Estos días, el refugio ha sido atacado por un Behemoth. Nos estamos quedando sin munición y suministros. No sé cuánto más podamos resistir otro ataque de esos bastardos Impuras Sanguis.

Sophie: —No veía un Behemoth desde hace tiempo. Pero no estará solo. Esas bestias siempre vienen con otros Impura Sanguis.

Trevor: —Lo sé. Por eso te llamé. No fue fácil encontrarte.

Sophie: —Solo espero que las otras Mutant Queens no interfieran. Han estado muy activas desde lo de Uruk. Me intriga mucho qué sucedió allí. Escuché que ahora tienen una nueva monarca aliada de la Iglesia. Pero dejaré mi investigación para ayudarles.

Trevor: —¿Tan orgullosa como siempre, Sophie? Je, es típico de ti. Pero no olvides la mayor amenaza.

Sophie: —La vida en estos tiempos no es fácil, y eso me enseñó a ser dura con quienes no merecen mi respeto. No olvidaré a esos malditos de la Iglesia. Jamás olvidaré lo que me hicieron.

Trevor: —Solo con los niños eres amable, a pesar de que sus padres te teman por ser una Mutant Queen.

Sophie: —Ellos no tienen la culpa de lo que está ocurriendo. Me alegra que estén alejados de estos temas.

Trevor: —Pero sabes que cuando crezcan, se enfrentarán a la dura realidad. No todos tienen suerte. Ya lo has visto en otros asentamientos, jóvenes y hasta niños de 11 protegiendo a sus familias, mientras la Iglesia persigue a quienes no se someten a sus ideales.

Estamos rodeados, Sophie. Solo debemos hacer lo mejor para nosotros: sobrevivir.

Sophie bajó la cabeza, sumida en tristeza y preocupación, mientras los niños jugaban alegremente de fondo. Su trance se rompió al escuchar el nombre de Trevor.

Trevor: —¡Sophie!

Sophie: —Lo siento, estaba absorta en mis pensamientos.

Trevor: —Espero no te moleste que venga compañía.

Sophie: —Mientras no estorbe, puede venir quien quiera.

En ese momento, una soldado apareció tras Sophie, poniendo una mano en su hombro. Al voltear, vio a su vieja amiga Sakuya, una mujer de cabello corto y algo alborotado, con una figura envidiable y piel morena. Vestía una camisa verde sin mangas, guantes, protecciones en codos y hombros, un pantalón militar y botas de combate.

Sakuya apareció con una sonrisa que contrastaba con la penumbra que envolvía el refugio. Su voz, impregnada de una alegría inesperada, rompió el silencio tenso.

Sakuya: —Ha pasado mucho tiempo, Sophie.

Sophie: —¿Sakuya?

Sakuya: —¿Te sorprende verme?

Sophie: —Has cambiado mucho, y parece que también has estado entrenando.

Sakuya: —¡Por supuesto! No iba a quedarme de brazos cruzados mientras mi amiga se volvía más poderosa.

Trevor: —Lamento interrumpir su emotivo reencuentro, pero estamos en medio de una misión.

Sakuya: —Prometo que no fallaremos.

Trevor: —Confío en ambas. Sakuya te guiará al escondite del Behemoth, pero mantengan la vigilancia; no sabemos qué más puede acechar en los alrededores.

Sakuya: —¡Escuchen, mequetrefes! ¡No hay tiempo para relajarse! ¡Pónganse en movimiento, el enemigo puede atacar en cualquier momento!

Los guardias y soldados se apresuraron a sus puestos, mientras Sophie contenía una risa.

Sophie: —Vaya, parece que has trabajado también en tu carácter.

Sakuya: —Para ser una buena líder, debes tener carácter y carisma para que tus soldados se sientan seguros.

Sophie: —Por cierto, me gusta mucho tu nuevo aspecto. Te ves más impresionante.

Sakuya: —¡Deja de decir tonterías, Sophie! En fin, te estaré esperando con mis hombres en la salida.

Mientras Sophie observaba a su amiga alejarse, recordó el apoyo de Sakuya durante su tiempo como Mutant Queen. Con un suspiro, se dirigió hacia la salida del refugio.

Trevor: —Cuídense mucho, chicas... Mucho cuidado.

El viejo miró a Sophie con una mezcla de nostalgia y preocupación. De repente, la lluvia cesó, pero una espesa niebla envolvía el paisaje. Sophie alcanzó a Sakuya y su grupo.

Sophie: —¿Crees que con cuatro personas más será suficiente?

Sakuya: —Lo que he aprendido con los años es que es mejor ir en menor número para evitar pérdidas innecesarias.

Soldado: —¡Es un honor acompañarla, señorita Sophie! ¡He oído hablar de sus hazañas por nuestra líder, Sakuya!

Sophie: —¿Les has hablado de mí?

Sakuya: —Sabes que forjé mi carácter gracias a ti. Te debo tanto, Sophie, y es hora de saldar mi deuda.

Sophie: —¡Les diré una cosa, soldados! No bajen la guardia, cueste lo que cueste. ¿Entendido?

Soldados: —¡Sí, señora!

El grupo comenzó su avance hacia la guarida del Behemoth. Sophie miraba el cielo gris, sintiendo una creciente sensación de inquietud. En ese momento, una voz susurrante, suave pero cargada de intenciones lascivas y sádicas, invadió su mente.

Voz: —Sabes que la única forma de evitar más fracasos es dejarme consumir tu cuerpo... jajajajaja. Veo tus más profundos temores, y sé cuánto te importa esa chica...

Sophie: —¡Cállate, bastarda! ¡Nunca tendrás mi cuerpo!

Con un gesto de firmeza, Sophie se agarró la cabeza con la mano derecha, luego se limpió el sudor y reanudó su marcha. El cielo gris presagiaba más lluvia.

El camino se volvió tenso, con rugidos y alaridos resonando en los edificios abandonados. Los soldados y las chicas se mantenían en alerta constante.

Sakuya: —No estamos solas; lo siento en el aire.

Sophie: —Lo sé. Es como si estuvieran jugando con nosotros. Mantengan la calma y no bajen la guardia. ¿Entendido?

Mientras el grupo se acercaba a la guarida del Behemoth, la niebla se volvía más densa. El miedo se apoderó de uno de los soldados.

Sophie: —Están aquí... saben que venimos.

Sakuya: —¡Bien, chicos, preparen las armas!

De repente, una sombra se abalanza sobre uno de los soldados. Apenas tiene tiempo para levantar su arma antes de que la bestia desconocida lo muerda con ferocidad, desgarrándole el cuello y arrastrándolo hacia su escondite. La espesa niebla oculta al atacante, y los desgarradores gritos del soldado y el sonido macabro de carne siendo masticada llenan el aire, provocando que el pánico se apodere del grupo.

Sakuya: —¡No se separen! ¡Esos malditos están jugando con nosotros!

Sophie, con su agudo oído mutante, percibe los pasos de las criaturas y se pone en alerta.

Sophie: —Puedo escucharlos... ¡Nos están rodeando!

Un perro sin piel, con tentáculos retorcidos en su espalda, se lanza a toda velocidad hacia uno de los soldados. Sophie interviene, clavando su cola afilada en la bestia. Sin embargo, este acto de agresión desencadena una feroz reacción de las demás criaturas, que comienzan a atacar al grupo con una violencia desenfrenada.

Sakuya: —¡Fuego!

El estruendo de los disparos rompe el silencio. Un baño de sangre y vísceras cubre el lugar, gracias al calibre único de las balas, pero las criaturas demuestran una astucia aterradora. El grupo observa horrorizado cómo el soldado mordido se transforma en una de las bestias, perdiendo toda humanidad y dejando a todos en estado de shock.

Sakuya: —Dios mío.

Soldado: —¡Son demasiados!

Sophie, buscando desesperadamente un refugio, localiza un gran edificio en ruinas y ordena al grupo que se dirija allí.

Sophie: —¡Vayan a ese edificio, rápido!

Sakuya: —¡Entendido!

El equipo de Sakuya se dirige al edificio abandonado mientras Sophie se queda atrás, enfrentando a las criaturas. Una de las bestias destroza su gabardina, revelando su verdadera forma.

Sophie: —¿Así que quieren jugar sucio? Haré que lamenten haberme enfurecido, malditas criaturas rastreras.

Despojándose de los restos de su ropa, Sophie revela una armadura de bikini de material biomecánico que acentúa su figura de manera provocativa. Su brazo derecho, mutado en una garra formidable, y el ojo en su hombro, la hacen una visión imponente y aterradora para las criaturas.

Sophie: —¡Esto va a ser divertido! —dice con una sonrisa maquiavélica, mientras saborea sus labios de forma sensual.

La persecución de las criaturas pone al grupo de Sakuya en grave peligro. Otra soldado es devorada salvajemente, bañando las paredes en sangre.

Sakuya: —¡Maldita sea, no te separes de mí!

Soldado: —¡Esos cabrones son difíciles de matar con armas de fuego!

Sakuya: —¡Trata de cortarles las extremidades!

Pero la suerte no está del lado de Sakuya. Una criatura alada se lleva a su compañera y, con horror, Sakuya observa cómo las otras criaturas aladas desmembran a la soldado, creando una lluvia de sangre y vísceras. Desolada, mira cómo el brazo izquierdo de su compañera cae frente a ella, el arma aún firmemente aferrada en la mano cercenada.

Sin pensarlo, toma el arma de su compañera y comienza a mutilar a los monstruos con una furia incontrolable. Los gritos de su compañera resonando en el caos hacen que Sophie, al darse cuenta de la desesperada lucha de Sakuya, corra con una velocidad sobrehumana hacia ella. Al llegar, las criaturas son desgarradas de manera brutal, tanto vertical como horizontalmente.

Cuando la batalla termina, Sakuya, sin munición en sus armas, está al borde de la desesperación. Sophie, que acaba de llegar, la abraza sin palabras, el calor del gesto provocando que Sophie se sonroje por un instante.

Sophie: —¿Estás bien, Sakuya?

Sakuya: —Sí, estoy bien. Así que esa es tu forma de Mutant Queen...

Sakuya abraza a Sophie con ternura, pero el ojo en el hombro de Sophie observa la escena y se ríe de manera cruel.

Voz: —Jajajaja, qué conmovedor. Pero por poco no logras protegerla, eres una cobarde...

Sophie: —¡No sabes nada!

Voz: —Claro que lo sé. ¿Acaso has olvidado que compartimos el mismo cuerpo?

Sophie: —Grrrr...

El enfado de Sophie se ve interrumpido por Sakuya.

Sakuya: —Gracias por salvarme, Sophie, pero esto aún no ha terminado.

Sophie: —Lo sé.

En ese instante, ambas chicas escuchan un rugido sobrenatural que hace temblar el suelo bajo sus pies. La desesperada voz de la compañera de Sakuya aún resuena en la densa niebla. Al asomarse por la ventana, quedan horrorizadas al ver una criatura gigantesca, con manos monstruosas, cuerpo colosal y piel desgastada que parece oxidada y manchada de sangre. La bestia, con una boca grotesca similar a la de un hipopótamo mezclado con un caballo y grandes ojos amarillentos sin párpados, las observa mientras lame sus repugnantes labios.

Sophie: —Esa cosa es enorme...

Sakuya: —¡Mira lo que tiene en su mano izquierda!

El horror se apodera de ambas cuando descubren que la criatura tiene cautiva a la compañera de Sakuya, quien clama por ayuda con una voz desgarradora.

Sophie: —¡Suéltala!

La bestia ignora el grito y, con una brutal indiferencia, la lleva a su boca, comenzando a masticarla como si fuera un simple trozo de carne. El crujido de huesos y carne, junto con la grotesca cascada de sangre y vísceras que se derrama al suelo, llena el aire de una visión espantosa.

Sophie: —¡No mires, Sakuya! —dice mientras la abraza.

Sakuya, al borde de las lágrimas por la impotencia, murmura con voz quebrada.

Sakuya: —Perdóname...

La criatura ruge con furia, y una llamarada de fuego carmesí sale de su boca. Sophie, en una reacción sobrehumana, empuja a Sakuya a un lugar seguro.

Sakuya: —¡Sophie!

Sophie bloquea el ataque con un escudo creado en su brazo izquierdo, desviando el fuego infernal de la bestia. Luego, ataca con una velocidad repentina, clavando la punta de su cola en la mandíbula inferior de la criatura y obligándola a retroceder.

Sophie: —¡Pagarás por la muerte de mis compañeros, maldito!

Voz: —¡Vamos, desata tu ira, jajajajaja!

Sophie: —¡Cierra la boca!

Mientras Sakuya se arrastra hasta la calle, encuentra un arma ensangrentada de uno de sus compañeros y verifica que aún tenga munición.

Sakuya: —Bien, tiene munición.

La batalla entre Sophie y la bestia es feroz. El Behemoth, viendo a sus refuerzos caer, llama a más criaturas. Sophie no tiene más opción que desatar todo su poder.

Sophie: —¿Quieres jugar sucio? Pues prepárate para la diversión, hijo de perra.

Sakuya observa cómo el ojo en el hombro de Sophie comienza a brillar con un resplandor carmesí. Rayos extraños cubren su cuerpo, y una explosión transforma a Sophie en una grotesca bestia.

Sakuya: —¿Sophie?

Sophie ruge con un sonido bestial y ataca a los mutantes con una ferocidad animal. Los enemigos la atacan con violencia, pero ella demuestra una resistencia sobrehumana. El Behemoth, enfurecido, intenta un ataque devastador: uno de sus puños se transforma en una bio-pistola que dispara rayos eléctricos mientras vomita fuego.

Sophie, endurecida más allá de lo normal, resiste el fuego, pero el impacto eléctrico la manda volando contra un edificio. El Behemoth, decidido a acabar con ella, prepara el golpe de gracia.

Sakuya: —¡Vamos, Sophie, acaba con ese hijo de perra!

Con un rugido de furia, Sophie utiliza toda su fuerza para lanzar al temible monstruo contra un edificio. El Behemoth, en respuesta, dispara una ráfaga eléctrica. Sophie, con una agilidad sobrehumana, desvía el disparo, pero la energía destruye otro edificio cercano.

La criatura, enfurecida, ruge con una rabia inhumana y se lanza hacia Sophie. Ella se desliza ágilmente por debajo de la bestia, sus garras cortan con precisión su vientre, sacando a la vista sus vísceras mientras el Behemoth choca contra una pared con un estruendoso golpe.

Sophie, exhausta, regresa a su forma normal y cae al suelo. Sakuya corre a su lado.

Sakuya: —¡Sophie, estás bien!

Sophie: —Sí. ¿Tú estás bien?

Sakuya: —Claro, jejeje. Tu forma de monstruo es increíble.

Sophie: —Para mí no lo es. Esta forma es un maleficio para mí.

Sin previo aviso, el Behemoth se arrastra de vuelta hacia ellas, un tentáculo se extiende con intención letal. Sakuya, al percatarse del ataque traicionero, empuja a Sophie fuera del camino, pero el tentáculo la hiere de manera brutal. A pesar del dolor, Sakuya corta el tentáculo y, con un ataque final, aplasta la cabeza de la criatura con una furia implacable.

Sophie se acerca a su amiga, ahora gravemente herida, tendida en un charco de sangre. Mientras gotas de lluvia caen sobre su rostro, observa cómo las nubes oscuras se mueven arrastradas por el viento.

Sophie: —¡No me dejes, Sakuya! ¡No, por favor!

Sakuya: —Perdón por ser débil, Sophie...

Sophie: —¡No digas nada, por favor! ¡Debo llevarte al médico!

Sakuya: —Ya es tarde para mí... Escúchame, toma mis placas y llévalas de regreso a nuestro hogar.

Sophie: —¡No digas estupideces!

Sakuya: —Jejejeje, adoro tu carácter rudo, Sophie. Siempre iluminabas mis días...

Sophie: —No sigas... Por favor...

Lágrimas brotan de los ojos de Sophie mientras ve cómo su amiga se apaga en sus brazos. Sakuya, con una última muestra de ternura, toma el rostro de Sophie y la besa en los labios. Sophie, sollozando, la abraza mientras la besa, sintiendo cómo la vida se escapa de la joven.

Finalmente, las delicadas manos de Sakuya caen inertes, y Sophie ve a su amiga muerta, sus labios ahora manchados de sangre.

Sophie: —¡Noooooooooo! ¡Sakuya! ¡Aaaaaaaaaahhhhhhh!

Han pasado dos semanas desde la muerte de Sakuya. Sophie está frente a la tumba de su amiga y amante, colocando unas flores de color violeta mientras es acompañada por Trevor y otros soldados. Todos muestran su respeto hacia la líder caída, ofreciendo un saludo solemne ante la tumba.

Sophie coloca las placas que le dio Sakuya sobre la tumba, sus ojos llenos de lágrimas.

Trevor: —Lo lamento mucho, Sophie... Ella era una guerrera y líder sin igual.

Sophie: —No te lamentes, Trevor. No tienes la culpa de lo que pasó.

Trevor: —¿Al menos te dijo lo que sentía por ti?

Sophie: —¿Sabías que ella me amaba?

Trevor: —Sí. Aunque siempre me pidió que lo mantuviera en secreto, no quería estorbar en tus misiones.

Sophie: —Entiendo... Yo también me enamoré de ella, era una de las pocas personas que iluminaban la oscuridad en la que me hundí.

Trevor: —¿Y qué harás ahora?

Sophie: —No lo sé. Quizá continuar mi investigación y ayudar a quienes lo necesiten.

Trevor: —De acuerdo. No olvides visitarnos, especialmente a Sakuya. Aunque ya no esté con nosotros, su espíritu permanecerá en nuestros corazones.

Sophie: —Tienes razón, pero espero que me perdone por mi ingenuidad y por haber fallado.

El viento sopla, moviendo los pétalos del ramo mientras Sophie los observa.

Al atardecer, Sophie se prepara para irse. Se despide de todos, a pesar de la desconfianza de la nueva gente. Camina hacia la puerta, que se cierra lentamente detrás de ella.

Voz: —Al final, tu destino es estar sola. No puedes proteger a nadie, jajajajajajaja.

Furiosa al escuchar la burla de la voz siniestra, Sophie clava una de sus garras en el ojo de su hombro.

Voz: —¡Aaaaaaaaaahhhhhhh! ¡Cómo te atreves, maldita zorra!

Sophie: —Será mejor que te calles, Meryl. Sabes bien que puedo acabar con nuestras vidas en un instante.

Meryl: —Pero también sabes que temes morir. Eso significa que estaremos juntas... para siempre.

Sophie: —Cuando cumpla mis objetivos, veremos quién ríe al final.

Meryl: —Ya veremos si tienes el valor... o si seré yo quien te consuma. ¿Qué sucederá primero? ¡Jajajajaja!

Sophie, la guerrera solitaria, avanza hacia el horizonte mientras el sol se oculta lentamente, tiñendo el cielo con tonos de fuego. Con una mirada cargada de nostalgia y tristeza, contempla el atardecer, su larga capucha ondeando al ritmo del viento.

Sophie: —Quizá no podamos enmendar el pasado, pero sí cambiar el presente para forjar un futuro mejor. Juro por mi vida que esos niños tendrán la oportunidad de una vida que valga la pena.

Fin.