¿Cómo empezó?
Su respiración era irregular, su piel estaba cubierta por manchas moradas que tenía degradación en colores verdes, hematomas que cubrían su área abdominal, vientre y el costado derecho, el área de su rostro también se encontraba en un estado deplorable un ojo rojo que dejaba fluir una lágrima de sangre, labios agrietados y heridos, su frecuencia cardíaca iba en aumento a medida que escuchaba pasos fuertes, las palabras hirientes y lo toques violento hacia su persona, solo un pensamiento cruzaba por su mente. “Si debía morir, lo haría con dignidad”
La fémina se sobresaltó al sentir unos pasos fuera de la habitación, retrocedió hasta sentir la dureza de una pared fría, y como las puertas se abrieron de forma brusca. El hombre frente a ella avanzó con ansiedad, y tomó su cuello con fuerza, evitando la entrada del aire, ella luchaba con la poca energía que tenía, mientras el la miraba de una forma tan neutral, con ojos de demencia, y una clara satisfacción al ver su estado deteriorado, provocado por su propia mano.
— Recuerda Selene y quiero que eso se te quede grabado en tu memoria para siempre. No eres nadie, si yo te libero y mi rabia se enfría un poco, no cambia el hecho de que sigues siendo una mentirosa. — Respiro mientras hacía más presión y veía como la chica buscaba aire. — Vas a cruzar esa puerta buscando libertad, pero queda grabado lo puta que eres, la cualquiera que es mujer de un policía, porque no te pienso dejar, eres parte de mi infierno. — Le susurró cerca de sus labios heridos.
La soltó al ver cómo su piel se tornaba casi violeta, pero no se conformó tan solo en soltarla, se dió a la tarea de azotar su cabeza contra la superficie dura, ella cerró sus ojos con fuerza para minimizar el impacto. Abrió sus iris, mostrando un color verde jade, oscuro y poco común en la región a la que pertenecía, sonrió un poco en medio del caos mostrando un poco su encía y como está también estaba afectada, los golpes no habían apagado el espíritu de fuego, salvajismo, fiereza y orgullo que la representaba y eso hacía arder en rabia a su contrincante, al saber que no había quebrado su espíritu.
— Me pegas, y piensas que eres ganador, sin darte cuenta a qué eres débil, dejándote llevar por tu emociones, por comentarios cargados de veneno de personas ajenas. — Tomó una bocanada de aire, aún se sentía que le faltaba el aliento. — Me pegas porque sabes que mi cuerpo ya no reacciona a tu caricias, me maltratas porque sabes que mis ojos ya no te miran, me insultas sabiendo que lo que dices no es cierto, puedo ser puta, una cualquiera, me da igual lo que digas, porque después de todo a quien le arde la sangre y el nombre es a ti, haciéndote una película con un hombre que solo es mi amigo, que bajo has caído Gadiel, por fin muestras quien eres, detras de ese rostro hermoso de tranquilidad y del cual me enamoré.
Su voz era calmada, casi susurrante, temblaba porque las palabras salían enredadas entre tantas emociones. Soltó algunas lágrimas, no esperaba compasión de el, porque sabía que no la tendría, tenía frente a ella, un mounstro, unos de los mejores cuerpo de policía que existía en la Isla, su legado no era leyenda y tampoco juego, el no cedería ante simples lágrimas, palabras o sentimientos. El hombre la miró como una simple hormiga y no dudó en cerrar su puño e impactar con total fuerza contra la mejilla de la fémina que en el movimiento brusco y el golpe, dejó brotar líquido rojizo producto de tal acto. Cuando reaccionó de aquel dolor, sintió en su frente un metal frío, un olor mezclado entre la sangre, el sudor y quizás en su sentidos distorsionado, algo quemándose. Frente a sus ojos estaba una pistola negra, automática, se notaba pesada, miraba como el hombre tenía el dedo en el gatillo, con un solo movimiento su vida se vería apagada en cuestión de segundos y lo pensó. “Muerte era sinónimo de alivio”
— Yo estudio todo, descubrí que te deseaba tanto como yo, quería poseer tu cuerpo tanto como lo hago, solo que disfrazaba eso con amistad, no me tomes por loco Selene. — Una vena se abultaba en su cuello, mientras su respiración era pesada. — Me da igual lo que diga la gente, el chisme que haya rodado, me da igual hasta mi cargo. Lo que me envenena, es que mi nena no está cumpliendo con su rol, que es mía y la siento lejos, y no puedo simplemente entregársela a otro. Mi mujer, tiene dos opciones, la mato porque no será de nadie o se queda conmigo, elije mi amor.
Lo más traumático de todo aquello, era la calma del moreno frente a ella. El era el bueno, la mataba y le encontraba a las días en cualquier playa de Margarita, ¿Quien lo culparía? Nadie, más bien lo primero que dirían. “Algo hizo ella para que el, la matara” tal vez ni sospecharían, o tal vez sería un caso más de femicidio como ocurría en el mundo. El era el bueno ante los ojos de cualquiera, con esa actitud calma, con ese rostro de seriedad, concentración, el cargo impoluto que tenía como agente, en un país tan corrupto como el que vivía, la encontraban en la playa y sería un caso más de ajustes de cuentan, Gadiel era tan bueno, quien pensaría que a ella le tocaría el lado putrefacto.
— Entonces elijo la primera, prefiero morir y encontrar alivio en mi deceso, que vivir el infierno terrenal. — Expresó con una fatiga notable, y continúo. — Mi alivio en el cielo, el infierno, o la tierra. Será que viva, en coma o muerta, jamás seré tuya y toda la vida serás miserable hasta el día en que ya no puedas más, y en la soledad de cuatro paredes los demonios de tu pasado te acabarán.
Gadiel la observó con rabia, queriendo presionar el gatillo y terminar con la vida de la chica, la mataba y todo su odio se iría con ella. Habían más mujeres, el mundo estaba rodeado de femeninas, más hermosa que Selene, con muchas cualidades e inteligentes, pero lamentablemente en lo enfermizos de sus sentimwintos, en lo retorcido de su mente, la quería a ella.
Bastaron solo segundo de sus pensamientos, para que el moreno sintiera en su nuca, la misma sensación fría y de metal, alguien lo estaba apuntando y la víctima frente a el, sabía de quién se trataba.
El hombre que apuntaba a Gadiel, se trataba de un albino alto, fornido, con varios tatuajes y enfundado en un chaleco táctico y herramientas de defensa, el arma que mantenía al moreno a raya, poseía un silenciador para trabajos rápido.
— Suéltala, tienes suficiente motivos para dejarla en libertad, tu equipo está abatido, tu madre, esa hermosa morena en conjunto con tu hermana, están bajo mi poder, una señal mía y no mataré. — Negó con calma mientras movía su cabeza y le hablaba en un tono moderado, muy educado. — Es muy simple, las mismas torturas que usaste en Selene, las aplicaré en ellas, recibirán los mismo insultos, todo de la mano de alguien que tiene enfermedades sexuales.
— Maldito Ruso hijo de puta, que se vende por cualquier cantidad de dinero, mi familia no tiene nada que ver en esto, mi madre y mi hermana, valen más que está puta que tengo al frente. — Quiso golpearla pero la negociación estaba en un hilo muy fino, se trataba de su familia. — Ella sigue siendo mi mujer y no tienes derecho a opinar en discusiones ajenas, mucho menos de pareja Ruso.
El albino presionó aún más fuerte, el arma sobre la piel del chico, el cual temblaba de la rabia, sudaba, para el final soltar a la chica no sin antes golpear su rostro con la palma de la mano.
El hombre alto y fuerte, tomó a la chica entre sus brazos y la cubrió con un abrigo grande que cubría todo su cuerpo, y la refugió en sus brazos sin dejar de apuntarlo.
El joven agente, sacó su celular y llamó a una de las unidades que hacía vigilancia por su zona, sin dejar de ver a los individuos.
— Oficial Rojas, buenas noches. Tengo un reporte de la ciudadana Selene Valkov Suárez, C.I: 29. 931. 712 con ella lleva aproximadamente 50g de alcaloide, en compañía con extranjero no identificado, me han agredido y procedieron a huir por la avenida San Antonio. — Aquello lo hizo sin dejar de apuntar al ruso.
— Dile a tu gente, que mi nombre es Zasha Arbatov, y que si no quieren mas conflictos, por los agentes que mataron sin jurisdicción, que la cojan suave, así como lo harán con tu hermana, sapo. — Le expresó.
Sin importarle más nada, le disparó al chico en un costado, sin darle tiempo a reaccionar, tomó entre su brazos a la chica y salió del lugar, llevándola en su camioneta, ahí la acomodó y chequeo su pulso, tocó su piel la cual estaba muy fría.
— Selene...








