Capítulo 1
— ¡¿POR QUÉ NO TE MUERES!? — gritó la chica con los ojos inyectados en rabia y desesperación.
La situación en la azotea de la escuela fue escalando de manera estrepitosa, podía sentir con claridad como el viento pasaba por sus cabellos, la típica brisa de primavera que se presenta durante las tardes. Anteriormente, Su-Ji, junto con sus amigas, lo habían acorralado durante su tiempo de almuerzo — una hora bien gastada si le preguntan —. Lo encontraron vagando solo por uno de los pasillos del último piso. Su plan era simple: ir a sentarse en las bancas cerca de la cancha de fútbol. Sin embargo, hasta ahí sus planes.
“Por fin Min no está de escolta personal”, había dicho una chica rubia que no conocía, demasiado cerca de su oído para su gusto. Luego, lo tomó de uno de sus brazos, y la otra chica hizo lo mismo. Tampoco la conocía, pero sí que conocía a la perfección la cara de Su-Ji. Esa cara tan blanca y marcada jamás se le olvidará.
Lo arrastraron hasta la azotea, fingiendo simpatía, y actuando como si fueran amigos de toda vida cuando pasaban frente a un superior. Aunque guardó silencio en todo el trayecto Que jodida mierda, aunque no era la primera vez que lo hacían.
Doble jodida mierda.
La razón por la que Min Yoongi no lo acompañaba como solía hacer, fue por su propia petición. No le dio tantos detalles como solicitó, sólo mencionó que se sentía demasiado abrumado por cosas personales y que necesitaba un poco de aire. Por supuesto que el comprensivo Yoonie le daría todo el tiempo que necesitará.
Necesitaba arreglar esto solo.
La noche anterior, soñó consigo mismo, nadando en un mar rojo. Al principio de la ensoñación se sintió aterrado. “¿Cómo puedo estar soñando con esto?”, gritó en el sueño mientras sus piernas y brazos se movían de forma frenética, intentando encontrar tierra firme en el mar contaminado. Fue ahí cuando comenzó a llorar, dándose cuenta que estaba más consciente de lo que creía — o de lo que quería — .
En el sueño, una voz le dijo que se secara las lágrimas, que ya había derramado demasiadas en su vida. Al principio se asustó, no reconoció la voz como ninguna que haya escuchado antes. Se quedó quieto, porque ya sabía que no existía ningún lugar al cual llegar. “Te daré una oportunidad, Pero debes aprovecharla bien”, Jimin ante esas palabras torció el gesto, no entiendo muy bien a qué se refería. ¿Oportunidad?, ¿De que?, ¿Acaso era real?, como respuesta a todo eso, algo bajo el agua pintada de rojo lo tomó de los pies, empujándolo a hundirse.
Se sumergió, fue apresado de inmediato por una fuerza invisible que lo obligaba a ir más, y más abajo. De pura curiosidad, abrió sus ojos. Al principio sólo vio un par de burbujas, causadas por su propia respiración. Y en lo que parecía ser el final, en lo profundo del agua, surgió como una revelación, o como un espejismo.
En esa imagen nítida, se podía ver a Su-ji, y a él en la azotea, y a cada segundo que pasaba, la extraña voz le decía lo que vendría, lo que diría y cómo terminaría todo.
Tomó la oportunidad, aunque significaba un final pintado de rojo para alguien más.
— ¿Te gusta Yoongi? — preguntó ahogado con su propia saliva. Era complicado poder hablar luego de un par de golpes.
Después de toda esa brutalidad, la verdad era que sentía cada uno de sus huesos rotos. No podía hacer la gran cosa para defenderse cuando tres personas lo tenían sometido en el suelo, tratando de que no se levantase.
Es un poco cómico el hecho de que tres chicas ultra esqueléticas estuvieran agrediendo a alguien que tiene más cuerpo que ellas. Pero se dejaba hacer.
— Pero que dices — el rostro pálido, o más bien blanco por el polvo del maquillaje, se desfiguró — creo que tantos golpes redujeron tu cerebro al porte de una nuez.
La risas no se hicieron de esperar por parte de las otras dos personas presentes. Se tapaban la boca para hacer más sutil lo obvio. Mostraban triunfantes al mismo tiempo las uñas pintadas de colores demasiado brillantes.
— No es un secreto — dijo con dificultad Jimin — leí la carta que le escribiste — una risa se escapa de sus labios secos. Dios, sería que sus pulmones estallarían si daba una respiración más — esa cartita rosa, la cual ignoró y botó a la basura — cerró un poco sus ojos. Trataba de recomponerse.
La chica pareció sufrir de una paralización facial, pues su rostro no volvió a moverse por un rato. Al parecer la menciona de la carta y las burlas al respecto lograron moverle el suelo. Pero de qué manera.
La de cabello color miel, Su-ji, estaba realmente sorprendida, ¿Min de atrevió a abrir la cartas frente a ese estúpido?, no, mejor, ¿Se burlaron juntos de ella?
— Que te aflige más, a ver — Jimin volvió a tomar la palabra — ¿Qué haya mandado a la basura tu carta o que yo sea quien le gusta?
Las chicas desconocidas — que tomaría por dado que eran sus nuevas amigas. Tenía por lo menos una nueva casa semana — atrás de Su-ji, soltaron un sonido de sorpresa, humillando mucho más a su amiga.
Ambas dieron un paso atrás, como si se alejaran de un volcán a nada de erupcionar.
Los ojos de la matona y los del chico en el suelo se conectan, sacando cierta chispa, como si alguien tratara de conectar dos cables pelados.
Los ojos color avellana, se veían desquiciados, abiertos en su totalidad por la sorpresa. Parecía como si tratara de mantener los ojos abiertos para no sacar ni una lágrima frente a la persona en el suelo. Y Jimin solo se regocijaba en ese sentimiento de poder, de tener el poder sobre los sentimientos y reacciones de la chica.
Logró su cometido cuando la mano fina y temblorosa de Su-ji tomó el cuello de su chaleco de lana manga corta, con una fuerza impresionante. Sintió como si lo hubiera levantado un toro de una sola estocada.
Con furia, lo aprisionó al filo de la barandilla del quinto piso, la pequeña rejilla grisácea le llegaba hasta la cadera — las maravillas de las reformas al colegio —, así que todo su cuerpo se dobló precipitadamente hacia atrás. Los discos de su columna trataron por el movimiento repentino, alegando al segundo volver a su posición natural por el dolor en su zona lumbar. A pesar de todo no sintió miedo en lo absoluto.
— ¿Esto es todo lo que aras? — Jimin soltó una risa escandalosa, tratando de encender aún más la llama de la ira.
Las voces de los alumnos se elevaban asustados o tal vez impresionados por qué una chica que creían tan simpática estuviera a nada de soltar a alguien al vacío. Mientras todos los demás estudiantes comenzaban a formar pequeños grupos hablando entre sí, escuchó una voz gritar su nombre, la cual conocía muy bien.
— ¡¿Jimin?! — Fue Yoongi desde el último piso, quien, seguidamente corrió para subir por la escaleras más cercanas.
No desperdicio ni un segundo.
— ¿Cómo crees que te verá ahora?, esto no te suma muchos puntos — confesó con voz tranquila, como si esto fuera un día de picnic y estuviera sirviendo el té.
“¿Segunda ronda de té de manzana querida?”
Otra risa jocosa salió de sus labios.
La chica soltó un chillido como de perro lastimado.
— ¡Ya cállate! — En este último grito demandante, la chica sacudió el cuerpo del castaño, como si eso lograra asustarlo de alguna forma.
Las manos de Jimin tomaron las suyas de manera seca, deteniendo el zamarreo al instante. Ante la impresión del tacto de esas manos rojas por la presión, Su-Ji miró los ojos de Jimin. Los ojos negros que alguna vez conoció ya no estaban, eran consumidos en su totalidad por un rojo intenso.
— No te olvides de mi — con tranquilidad le dio una suave sonrisa.
Con una última sonrisa desafiante, fingió un zamarreo más. En el instante en que vio a Min aparecer por las escaleras, se dejó caer, su cuerpo inclinándose hacia el vacío.








