Capítulo 1
En aquel entonces había tres grandes imperios buscando la conquista del mundo. Cada uno era muy distinto en sus ideales, pero todos tenían algo en común: estaban condenados por la codicia de sus gobernantes.
Un día, la marina de los tres imperios se vio envuelta en una batalla tan grande que la naturaleza misma decidió intervenir, desatando una tormenta tan poderosa que logró llevar a todas las flotillas a las aguas más profundas.
Los náufragos terminaron en un archipiélago conformado por cientos de islas, donde cada una se encontraba llena de toda clase de frutas y agua. En cuanto descubrieron esto, los generales marcaron en un rollo envuelto en las patas de sus Águilas Iris la señal de auxilio.
Debido a que la tormenta había destruido los recursos y matado a personas clave en cada ejército, una alianza era la única esperanza de sobrevivir. No hacerlo implicaría la muerte de todos y eso fue algo que los altos mandos tuvieron muy en claro desde el inicio. Además, con las Águilas Iris había esperanza de que el rescate llegara en cuestión de días; era casi seguro que no pasaría más de un mes. Esos animales siempre se encontraban bien resguardados para evitar que fueran descubiertos o dañados durante un ataque; aun en caso de que un navío se hundiera. Siempre había un responsable de dejar salir a las aves por conductos especiales; y una vez liberadas, sobrevolaban por el lugar donde había sido la batalla y buscaban sobrevivientes para acercarse a ellos.
Las Águilas Iris eran consideradas las aves más peligrosas del mundo. Cuando se agrupaban en bandadas eran capaces de meterse al mar y cazar dragones y serpientes marinas para alimentar a sus crías. Eran tan ágiles y rápidas que matarlas resultaba una tarea casi imposible; más aún en medio del combate, que era cuando frecuentemente se usaban.
Al inicio, la esperanza de un rescate abundaba entre los náufragos, puesto que las Águilas Iris ya habían volado a sus respectivos destinos. Pero tras varias semanas, la tensión creció. Toda clase de conflictos se intensificaban y poco a poco las batallas habían comenzado a resurgir en pequeños bandos leales a los ideales de sus respectivos imperios.
Pronto descubrirían que el verdadero enemigo apenas estaba por revelarse…
La alianza se disolvía. Decidieron que lo mejor sería explorar y colonizar todo el archipiélago.
Y fue cuestión de tiempo para que encontraran tierra firme. No parecía ser una isla, sino un lugar lo bastante grande para que los soldados de los tres imperios pudieran aguardar en paz su rescate, sin matarse entre ellos.
Descubrieron, además, que en esas tierras había más recursos que en todas las islas juntas. Por lo que poco a poco, más y más exsoldados decidieron ir a explorar, aunque eso implicara posibles conflictos. Solo un puñado se quedó en la isla donde habían liberado a las Águilas Iris. El resto comenzó a partir a la nueva tierra recién descubierta.
Sin embargo, mientras más se adentraban a los bosques, más desaparecían. Esto hizo que los náufragos volvieran a unirse para averiguar lo que sucedía y rescatar a su gente.
Sin saberlo, por primera vez en la historia, los tres imperios más poderosos se unirían para pelear contra un enemigo en común, lo que marcaría el inicio de una nueva era.
Cuando los soldados más hábiles y poderosos se adentraron al bosque y vieron las horribles creaturas que habitaban en la isla, cualquier rencor previo pareció una nimiedad.
De los más de cien guerreros que fueron, solo regresaron nueve, y ellos alertaron al resto. Los más de tres mil sobrevivientes, sin importar su origen, estaban en un terrible peligro.
Pocos lo creyeron hasta que vieron los cadáveres de sus enemigos. Eran seres cubiertos con huesos de animales, sus cuerpos estaban totalmente escamosos y opacos; tenían entre tres y cinco ojos morados, pupilas verticales, seis patas, cuatro eran tan largas como látigos que terminaban en garras. Lo más extraño eran sus cabezas, que tenían orejas puntiagudas y estaban rodeadas de astas.
Los cadáveres hicieron que los sobrevivientes se preguntaran si estaban en el inframundo. Eso bastó para que el terror a lo que pudiera ocultarse en esas tierras misteriosas terminara por fortalecer la alianza entre ellos.
Comenzaron a nacer historias que intentaban explicar esas monstruosidades. Decían que la oscuridad de las guerras hizo que el mal ascendiera al mundo y que el motivo por el cual los tres imperios habían sido atraídos hacia la isla era para que sirvieran como carnada; carnada para que las puertas del inframundo terminaran de abrirse por completo. Una vez libres, los ejércitos de las tinieblas sumergirían al mundo en la oscuridad.
Después de más de tres meses, las incontables luchas contra esos monstruos y las mitologías generadas habían unido más y más a la gente, mientras que la fe en el rescate se disipaba.
«Ya han pasado muchos meses», «nos han abandonado», «solo les importamos cuando peleamos en sus guerras», «nosotros estamos aquí, en el borde de la tierra, deteniendo el fin del mundo, mientras ellos están cómodos en sus palacios, usando más soldados como nosotros para cumplir sus caprichos». Era lo que se decía, incluso entre los altos mandos de los ejércitos.
La lealtad prevalecía en las primeras islas del archipiélago, lejos de los monstruos. Pero la gran mayoría ya se encontraba dudando de su destino. A final de cuentas eran soldados, luchar era lo que los hacía vivir, ya fuera por su vida o contra sus propios ideales.
Aquellos soldados exploradores que se habían adentrado en tierras desconocidas para combatir contra sus misteriosos adversarios fueron recompensados. El destino hizo que llegaran al corazón de la isla y vieran lo único que podía salvarlos: un abeto que se había fusionado con una colina.
Los soldados vieron que ese misterioso árbol tenía la capacidad de unirse a la tierra y adaptar su forma. Al parecer, esto era posible gracias a la savia, la cual estaba totalmente cristalizada y fungía como las hojas del árbol.
Mientras investigaban las propiedades de su nuevo descubrimiento, el grupo de exploradores se vieron rodeados por los monstruos que creían eran siervos del inframundo. Todos desenvainaron sus armas y se prepararon para morir, hasta que una de ellos vio a un monstruo pisar parte de la savia del árbol, causando que terminara cubierto en llamas.
Mientras que los monstruos se quedaron inmóviles al ver esto, la soldado cortó una rama con su espada, la unió a la punta de una flecha y la lanzó al más grande de ellos, volviéndolo cenizas.
Todos los soldados tomaron la madera y raíces del árbol, los unieron a sus armas y comenzaron a atacar. El fuego resultante se fue acumulando y haciendo que las fuerzas del inframundo huyeran.
Corrieron la voz de estos descubrimientos y cuando llegaron a ver el árbol, la soldado les dijo que podían crear más que simples armas: podrían construir una fortaleza completa que se combinara con el abeto. Ellos podrían ser protegidos por el árbol, tanto como se le ayudara a crecer.
Todos entendieron que, si querían tener una oportunidad contra el inframundo, debían trabajar juntos y formar una nueva sociedad alrededor del abeto.
Inspirados por la idea de que ese milagroso árbol había sido un regalo divino, y ellos eran los elegidos para evitar que el inframundo ascendiera, una nueva era de paz inició. Buscaron hacer una fortaleza como nunca se había visto, una torre gigantesca que fuera capaz de albergar, no solo a ellos, sino a toda una nueva comunidad.
Y poco tiempo después, llegó el «rescate»…
Un barco había llegado finalmente. Pertenecía al imperio Eliane, un imperio caracterizado por haber conquistado varias islas y tener recurrentes enfrentamientos con la piratería —tenía sentido que ellos fueran los primeros en llegar, ya que eran quienes conocían más los mares—.
En cuanto desembarcaron, llamaron a todos los pertenecientes a su imperio, junto con una enorme armada de soldados que habían sacado sus espadas, amenazando con matar a todo el que no perteneciera al glorioso imperio Eliane. Sin embargo, se llevaron una sorpresa cuando descubrieron que casi nadie quería irse. Solo unos pocos se habían acercado a ellos y llamaban a sus allegados, pero muchos otros ya habían formado una nueva cultura. Con su familia y amigos leales a ese nuevo mundo, fueron menos de doscientos los que decidieron marcharse.
Los nuevos líderes del futuro reino de Aveline se acercaron a ellos y dijeron que se fueran lo más pronto posible, pues todos se encontraban enfrentando una nueva amenaza. Y cuando el capitán de las naves de rescate vio con sus propios ojos las terribles creaturas de las que hablaban, ordenó a sus hombres retirarse y abandonarlos para siempre.
Lo mismo pasó cuando las naves de los otros dos imperios; Oluvia, el imperio de los cielos, e Irasal, el imperio del Nuevo Sol, llegaron.
Cada uno buscó salvar a su gente, pero ya era demasiado tarde. El vínculo se había roto. Esos, ahora exsoldados que una vez habrían dado su vida por salvaguardar sus hogares, se percataron de que fueron llamados a un destino mayor. Serían los reyes de esa nueva tierra y lucharían contra la oscuridad del inframundo.
Así fue como todos los náufragos terminaron por abandonar sus orígenes. En su lugar, decidieron buscar un nuevo comienzo, construyendo la Fortaleza de Babel.
Parecía que la lucha de esos exsoldados sería solitaria, pero los rumores de los monstruos de aquella isla se habían expandido y muchos exploradores querían ir a ver si eran reales. Así, poco a poco, la misteriosa isla fue cobrando popularidad y muchos viajeros llegaban en búsqueda de aventuras. Si bien, muchos terminaban muertos, otros eran rescatados a tiempo, y en agradecimiento los ayudaban a la construcción de ese nuevo reino.
Con el paso del tiempo, más y más guerreros llegaban a quedarse en la isla, pues admiraban la historia de cómo habían sido abandonados por quienes habían jurado lealtad, y de cómo pasaron de ser guerreros a ser reyes que luchaban contra demonios que amenazaban a todo el mundo.
Buscaron un gobierno donde los más fuertes, inteligentes y valientes fueran los soberanos.
Sería el fin de las dinastías.
Todos los que quisieran un puesto en el nuevo gobierno debían preparase física, intelectual y emocionalmente para ser los mejores y poder cargar parte de la corona.
Así fue como la isla se llenó de un mayor número de habitantes que buscaban escapar de la guerra, y al mismo tiempo se construía un nuevo imperio donde todos podrían ser reyes.
Y con un nuevo ejército formado de guerreros, entrenados desde niños, el reino decidió ponerle fin a su lucha.
Todos juntos marcharían hacia las mismísimas puertas del inframundo para desatar la batalla final.
Eso fue un terrible error.
Quemaron a todos los monstruos y exigieron la salida de su líder.
Todo el suelo que sus ojos podían ver se sumergió, apareciendo en su lugar un ser más grande que cualquier montaña. Estaba conformado por una cantidad infinita de huesos, con colmillos más grandes que cualquier molinero; tenía una cabeza con un solo ojo color sangre; sus astas eran tan grandes y bastas que parecían una arboleda muerta; usaba esqueletos de dragones marinos cómo tentáculos.
El amo de la oscuridad arrasó con todo el ejército y comenzó a destruir la Fortaleza de Babel. Parecía que la savia no lo quemaba. Y justo cuando estaba por destruir la torre, un fuego multicolor lo envolvió, forzándolo a regresar al inframundo.
El mal fue derrotado.
O eso pareció.
Décadas después, el inframundo recuperó su poderío al reclutar un nuevo tipo de fuerza: la oscuridad humana.
Se descubrió que muchas personas se habían vuelto leales al inframundo. Habían sido atraídos por la oscuridad, con la promesa de tomar el trono de Aveline.
El caos reinó por un tiempo, hasta que se llevó a cabo lo que es conocido como la Purga, donde el único sobreviviente de los guerreros que habían permanecido en el castillo, y cuyo espíritu fue tan fuerte que se volvió uno con la Fortaleza de Babel, logrando que el mal fuera expulsado, hizo que todos los traidores murieran asesinados.
Ese guerrero se convirtió en el primer rey de Aveline, y prometió que jamás dejaría que el inframundo triunfara. Creó la Guardia de Babel, un equipo de élite entrenado con técnicas secretas avanzadas de combate y armas cubiertas con la savia del abeto para luchar contra los monstruos del inframundo y contra los humanos, traidores al reino. Así la paz y la prosperidad llegarían a todos.
Pero el inframundo aún existe. Los enemigos siguen fortaleciéndose y la gente continúa tentada a destruir la fortaleza impenetrable…