Shixiong
Correr lo hacía increíblemente feliz, correr lo liberaba, nunca se sentía tan alegre y pleno que cuando corría, mientras corría por el bosque nadie podía juzgarlo, no había reglas que seguir, nadie podía lastimarlo, simplemente sus piernas se movían a toda velocidad haciendo crujir las hojas bajo sus pies y revoloteando aquellas por donde pasaba. El joven Quan Yi Zhen era demasiado dichoso mientras corría, tan dichoso como se puede ser a los 16 años y, en ocasiones como esta, se consideraba afortunado porque su shixiong corría alegre detrás de él con el objetivo de atraparlo, como sucedió aquella primera vez que se vieron.
Quan Yi Zhen era huérfano y su forma de vida era miserable a ojos de los demás, parecía que solo él no lo percibía así ya que era muy pequeño cuando se quedó solo, situación que influyó mucho en su modo de entender las cosas. De mala forma aprendió a que las necesidades del cuerpo debían ser atendidas, más valía temprano que tarde, y su ingenua mente solo podía dilucidar que no importaba que hubiera que hacer, sentir hambre no era bueno, sentir frio no era bueno, sentir dolor no era bueno… Por lo que la ausencia de los límites sociales produjo en el pequeño una conducta totalmente silvestre, pero su personalidad y resistencia, su astucia y sus agudos sentidos eran percibidos por el resto como parte de un salvajismo innecesario.
Se colaba a los negocios a robar comida o la arrebataba directamente de la mano o la bolsa de compras de algún pobre desafortunado, se agazapaba entre las pilas de heno para dormir o entre los perros callejeros que lo miraban como un igual, se gruñía o jugaban de acuerdo a la situación. Uno bien podía pensar que cualquier niño que crecía en esas condiciones podría no podría pasar nunca más allá de ser un idiota.
Pero no Quan Yi Zhen, que a sus cortos 6 años había aprendido a leer y escribir algunos caracteres básicos solo espiando por ahí, trepado en una viga de la casa del escribano del pueblo, dedujo la forma de representar algunas palabras y verbos con el tiempo y con errores propios de su edad.
Al principio la gente se compadecía de él porque era pequeño y lindo, con dos ojos enormes y negros como el carbón y su abundante cabello rizado, brillante y alborotado, representando perfectamente al pequeño torbellino infantil. Pero con el tiempo, sus travesuras empeoraron, su pequeña cara tierna aunque aún conservaba esa inocencia y no era la de un preescolar por lo que, después de cumplir los 8 años las cosas empeoraron, la gente ya no se quedaba tranquila cuando el niño robaba o se metía a dormir en las casas, si lo pillaban, lo sacaban a palos o le jalaban las orejas, a veces incluso, le arrojaban piedras. Y Quan Yi Zhen huía y lloraba como cualquier niño que sentía dolor, pero nunca le duraba mucho porque su temperamento era así… nadie puede amedrentar un rayo, un rayo es poder, fuego a alta velocidad, ruido, destrucción… Entonces Quan Yi Zhen solo podía mirar su error y prometerse en no cometerlo de nuevo.
Quiso la suerte que un día, mientras estaba en cuclillas probando con el dedo un poco de sopa que había sido arrojada a la calle, o quizá se había desparramado, igual no importaba y el chico se llevaba a la boca los fideos y las verduras qué levantaba del suelo cuando miró pasar a varios adolescentes y jóvenes vestidos con vistosas túnicas amarillo claro que ondeada mientras caminaban con pasos firmes y rápidos de camino a su secta de cultivación. Quan Yi Zhen, tomó rápidamente las verduras qué quedaban en el suelo y comenzó a seguirlos sin perderles el paso ni acercarse demasiado.
Cuando los cultivadores entraron a su secta el se dirigió a la barda y trepó ágilmente por ella, sus enormes e ingenuos ojos quedaron maravillados con lo que miró entonces, los diversos alumnos practicaban artes marciales, algunos barrían el patio o acarreaban agua y unos más allá comían alegres de sus tazones de arroz blanco y humeante. Fue entonces que su infantil corazón dio un vuelco y quedó maravillado con un estilo de vida armonioso que nunca había visto.
Desde entonces regresó cada día a mirar, su mirada estaba atenta, su pensamiento despejado, absorbiendo cada movimiento de los cultivadores como suyo, repasando cada hermoso golpe que daban los estudiantes al aire como práctica, luego, cuando la clase terminaba, bajaba del muro donde permanecía agazapado sin importarle el sol o el hambre y se deslizaba hacia la despensa de la secta y se robaba algo de comer, comía y miraba un poco más antes de regresar al pueblo y meterse a hurtadillas en algún lugar para dormir.
Siempre recordaría la mañana en que conoció a su futuro Shixiong… Quan Yi Zhen se despertó cuando el escaso rocío, provocado por las primeras heladas del año, escurría desde las tejas que estaban por arriba de él mojándole un lado de la cabeza, tuvo mala suerte la noche anterior y solo pudo acurrucarse con una jauría de perros callejeros pero ya al amanecer, incluso los perros lo habían dejado tiritando a causa del frío matinal para irse a llenar la panza.
Despertó de mal humor y con hambre.
Y fue a buscarse algo de desayunar, mientras caminaba en silencio observando con mucha atención como siempre, valorando mientras andaba, que cosa resultaría más sencilla para obtener comida, así que enfiló sus pasos hacia la secta de cultivadores, pensó en saltar a la buhardilla del edificio que albergaba la cocina y robar algún panecillo relleno o un tazón de arroz.
Trepó la pared y saltó al tejado, el pequeño Quan Yi Zhen de diez años se movía ligero desde siempre, se descolgó sujetándose de las tejas y columpiando un poco entró por la ventana, bajó hacia la cocina y evitando a los cocineros se robó un panecillo de carne. Frunció el ceño y la nariz, una vez se había robado uno dulce y le pareció que eran más sabrosos qué los de carne, aún con eso se deslizó hacia afuera y se lo comió escondido detrás de un montón de leña cortada.
– ¡Ey tu! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? – ese joven cultivador con túnicas de color amarillo pálido llevaba varios troncos en los brazos cuando detrás de él llegaron otros varios cultivadores vestidos de la misma forma y cargando también leña para apilarla en el montón.
Yi Zhen se arrojó a la boca todo lo que le quedaba de panecillo y con las mejillas llenas se puso de pie, era bastante más pequeño que todos los cultivadores qué tal vez rondaban entre los 15 o 17 años, por lo que se sacudió las manos y sacó el pecho, mirándolos en silencio con sus ojos negros de ónix y masticando con la boca llena.
- ¡Te estoy hablando! ¡Responde! – El primer cultivador dejó los troncos en la pila y el resto de los chicos lo imitaron y liberaron sus manos de la leña tomando lugar detrás de su shixiong.
Yi Zhen solo siguió masticando y después de mirarlo se dio media vuelta dispuesto a cruzar el muro enorme para salir.
El chico, llamado Jian Yu, sostuvo el hombro de Quan Yi Zhen y abrió mucho los ojos cuando el pequeño de melena negra rechazó su toque golpeándolo con el dorso de la muñeca.
- No me toques, no me gusta.
- ¿Qué? ¡Entonces Responde cuando alguien te habla!
Yi Zhen se dio media vuelta de nuevo listo para irse cuando Jian Yu lo sujetó con más fuerza del hombro, el niño repitió la operación de quitar la mano enemiga de su hombro pero esta vez el cultivador aprovechó a tirarle un golpe que Yi Zhen esquivó por muy poco.
Jian Yu estaba ansioso de darle una paliza al osado niño aquel y luego entregarlo con su shixiong para ganar puntos con él. De inmediato tiró otro golpe y otro, Yi Zhen sintió la presión de la pelea, por lo que escupió el último bocado que le quedaba en la boca, se limpió con el brazo mientras esquivaba golpes y sonrió de una forma tan amplia que parecía burlona porque… ¿Cómo era posible que un cultivador de mayor edad que el niño andrajoso aquel no pudiera acertar un solo golpe siquiera?
- Ayúdenme idiotas…
El resto de los adolescentes se arrojaron contra Quan Yi Zhen, por lo que no tardaron en inmovilizarlo y molerlo a golpes hasta que la golpiza perdió sentido, solo se trataba de descargar a puños el odio contra alguien diferente a ellos.
Cuando Yin Yu empezó a preguntarse porque sus shidis tardaban tanto en solo ir a dejar la leña empezó a caminar hacia detrás del edificio de las cocinas, donde encontró a sus pequeños hermanos cultivadores, estaban rodeando a alguien y gritando furiosamente. Cuando miró más de cerca, descubrió que entre la multitud había un niño pequeño agazapado, con la cabeza llena de pelo rizado y la cara cubierta de sangre. Para estar rodeado y ser gritado por semejante multitud, si se tratara de un niño normal ya estaría aterrorizado y llorando, pero este niño no solo no estaba asustado, sino que incluso parecía estar emocionado, sus ojos se movían rápidamente, sus pequeños puños ansiaban ser probados.
En ese momento, el joven cultivador Yin Yu se abrió paso entre la multitud y se acercó.
– Olvídenlo, dejen de gritar, él ya debería saber que está equivocado.
– ¡Ya debería saber que está equivocado, tonterías! Míralo, ¿parece que sabe que estaba equivocado? ¡Este mocoso no sabe nada en absoluto! Empezó a atacarnos con rocas y barro arrojados al azar, ¡tenemos que enseñarle una lección!
“Él es diferente”pensó Qi Ying.
Yin Yu lo detuvo. Quan Yi Zhen quedó impresionado con ese joven cultivador que tenía ojos brillantes, un rostro radiante y enérgico, su espalda recta y erguida, estaba en el apogeo de su juventud, su aire era confiado y audaz, con una voluntad férrea.
– Olvídalo, Jian Yu. Él ya ha sido golpeado por ti de esta manera, estoy seguro de que no se atreverá a hacerlo la próxima vez. Todos han desahogado su ira, ¿qué más hay para disciplinar? Si lo disciplinan más, él va a morir. Miren a este niño vestido así, no debe haber nadie en casa y nadie que lo discipline. Simplemente ignórenlo y vuelvan a estar tranquilos.
Jian Yu escupió mientras se daba vuelta:
– Te digo que este mocoso está loco, ¡no es normal! ¡Míralo, tan feliz cuando la gente lo golpea! ¡Creo que él quiere otra ronda!
Yin Yu los apartó para que se fueran.
– ¡Ah! Tú mismo dijiste que está loco, entonces, ¿por qué molestarse tanto con él?
Era fácil ver que las palabras de Yin Yu tenían peso entre los de su secta y mientras la multitud todavía estaba molesta, igualmente se fueron.
Yin Yu miró al niño que estaba sentado en el suelo y se agachó, pero antes de que abriera la boca, este pequeño niño recogió un puñado de barro y se lo arrojó a la cara, con su expresión todavía emocionada. El barro golpeó a Yin Yu directamente en la cara y se quedó sin habla por un momento. Se limpió a sí mismo y le preguntó:
– Niñito, ¿por qué eres tan travieso? ¿Por qué golpeaste a los cultivadores de nuestro templo?
Ese niñito se levantó de un salto y puso una postura de ataque.
– ¡Ven por mí!
– … – Yin Yu se puso de pie – Esta postura de ataque es de nuestra secta, ¿quién te enseñó?
El pequeño Yi Zhen solo insistió emocionado: – ¡Ven por mí!
Y saltó de arriba abajo donde estaba como un pequeño tonto mono, e incluso agarró barro y rocas del suelo para lanzarlos a su oponente, increíblemente preciso en su puntería. Yin Yu era mayor que él por unos ocho años y teniendo en cuenta su propia posición, no podía luchar contra un niño, por lo que terminó corriendo detrás de él mientras esquivaba los ataques que YiZhen tiraba casi sin voltear.
– Esta postura de lucha también vino de nuestra secta, ¿subiste los muros y te asomaste para aprender en secreto todos los días…? ¡Deja de pegarme! ¡DIJE, DEJA DE PEGARME! ¡NI SIQUIERA TE HE PEGADO! ¡¿REALMENTE TE GUSTA PELEAR TANTO?!
Sin embargo, inesperadamente, cuando esas palabras salieron, Quan Yi Zhen se detuvo repentinamente, asintió sonriente mirando al cultivador que lo había cautivado y frotándose las manitas sucias y embarradas dijo: – Me gusta.
Yin Yu quedó aturdido un segundo, parpadeó y luego se echó a reír. Pero no se rió por mucho tiempo antes de que otra bola de barro salpicara en su cara y rápidamente gritó: —¡Hey! Dije que dejes de pegarme… ¡Escúchame!
Quan Yi Zhen estaba divertido preparando la siguiente bola de barro.
– ¿Qué tal si… quieres entrar a nuestra secta y aprender a pelear?
Al escuchar esto, los movimientos de Quan Yi Zhen se detuvieron y la bola de barro cayó de su mano.
“Yo quiero aprender”
Quan Yi Zhen sintió un golpe fuerte en la espalda e instantáneamente cayó al suelo rodando sobre las hojas del bosque, empezó a reír divertido hasta que Yin Yu dijo en su oído:
– ¡Te atrapé shidi! ¡Dioses, cada día eres más rápido, por un segundo creí que no lo lograría… - la cara de Yin Yu estaba roja del esfuerzo y sonreía como nunca después de haber suspirado.
- Shixiong, estamos solos, llámame Yi Zhen.
- Pero no estamos muy lejos de la secta – Yin Yu se levantó y ofreció la mano a Quan Yi Zhen que ya se había sentado en el suelo haciendo un puchero. Le dio una mirada con sus ojos negros y tomó su mano, ahora Yi Zhen estaba a punto de igualar la estatura de Yin Yu, en el último año había crecido demasiado y a sus 16 estaba a unos 10 centímetros de igualar la estatura de su shixiong de 24 años.
- Abrázame shixiong.
- Por supuesto que no.
- Dijiste que si entrenaba contigo me darías un premio – Yi Zhen se pasaba las manos por el cuerpo quitándose las hojitas rotas de la túnica.
- Si pero nunca dije que tu debías elegir cual sería el premio, además te atrapé.
- Porque quería que me atraparas. Me gusta cuando me atrapas.
- ¿Qué? – Yin Yu palideció, pensó que su shidi ya estaba usando su máxima velocidad pero… ¿Entonces había más? El niño siempre había sido monstruoso, aprendía fácil, tenía una resistencia y fuerza envidiable y ahora resultaba que también era más veloz de lo que imaginaba.
Quan Yi Zhen se sacaba varitas del pelo mirando a la nada pero cuando sus ojos se encontraron con los de Yin Yu no pudo reprimir un ligero escalofrío.
- ¿Shixiong? ¿Por qué me miras así? No he hecho nada malo.
- Yi Zhen…
- ¿Si?
- Elegirás tu premio si me prometes que usarás toda tu velocidad, salta, evade, no importa que hagas, evita que yo te atrape y te daré lo que tu quieras – Yin Yu habló de este modo para medir las capacidades de su shidi y también porque necesitaba superar sus limitaciones como cultivador si su objetivo era ascender.
- ¿Lo dices en serio? Shixiong… ¿Me darás lo que yo quiera?
- Si. Lo que sea, mientras no pidas un dragón celestial o una cosa así- Yin Yu sonrió ante los ojos emocionados de su shidi qué apretaba los puños ansioso justo de la misma forma que lo hacía cuando era niño.
- Bien… ¡Ven por mí!
Yi Zhen saltó a la rama de un árbol y luego cayó ligero como una pluma varios metros adelante para echar a correr a toda velocidad entre los arboles, zigzagueando, esquivando, saltando, cortando ramas con su espada y dejando obstáculos para Yin Yu qué también se obligó a desenvainar con una sonrisa satisfecha en el rostro.
Varios minutos después muy dentro en el corazón del bosque, cerca de un arroyo, Quan Yi Zhen se sentó en una roca y se sacó las botas, Yin Yu llego un momento después y se detuvo frente a él.
- ¿Qué pasa Yi Zhen?
- Ya no quiero seguir.
- Pero llevábamos buen ritmo… - Esto no le sorprendía para nada a Yin Yu, el joven Qi Ying cambiaba de parecer sin ningún patrón específico, en lo único que parecía ser constante era en su amor a las artes marciales y en su aprecio a su shixiong.
Quan Yi Zhen se puso de pie frente al sudoroso Yin Yu y lo miró con esos profundos ojos negros.
- Shixiong no vas a lograr atraparme. Dame mi premio ahora – cualquier shixiong hubiera abofeteado como mínimo a su shidi si le hablara así, la insolencia y la presunción no era algo que se tolerara entre cultivadores, pero Yin Yu solo soltó una risita, Yi Zhen no decía mentiras ni tenía filtros de diplomacia y aunque eso fuera problemático para muchos a él no le representaba ningún problema, todos se quejaban de los tratos de Yi Zhen pero Yin Yu sabía que si Yi Zhen trataba mal a alguien era porque seguramente se lo merecía, el chico era bastante impulsivo pero no era malo.
- Está bien Yi Zhen – ahora que estaban lejos y solos Yin Yu no contenía su afecto y acarició la cabeza de su shidi con ternura - ¿Qué quieres?
- Un beso.
Yin Yu soltó de nuevo una risita.
- Ya está, una promesa es una promesa pero… sin morder y si te pido que te detengas, te detendrás. Tienes que hacerme caso o esto tendrá que acabar – de mala manera Yin Yu había aprendido que con Quan Yi Zhen había que anticiparse y ponerle límites.
- Si Shixiong.
- Entonces ven aquí – Yin Yu abrió ligeramente los brazos y Quan Yi Zhen se estrelló contra él en un abrazo apretado y luego juntó sus labios contra los suyos.
A Yi Zhen le parecía una forma increíble de demostrarle su afecto a su shixiong, si por el fuera lo besaría todo el tiempo, pero Yin Yu se lo había prohibido explícitamente, le dijo que eso era algo entre ellos y que nadie debía enterarse y de paso, le prohibió hacerlo con alguien más porque temía que el chico se arrojara a besar a alguien solo por curiosidad.
Yin Yu no podía resistirse a los besos vigorosos de Quan Yi Zhen, aunque sentía que todo esto estaba mal, porque seguramente la gente pensaría que se aprovechó de su shidi, o que su diferencia de edad era demasiada, pero ¿acaso no había varones que ya eran padres a la edad de Qi Ying? Esto había comenzado hacía casi medio año, varios meses después de que Yi Zhen cumpliera los dieciséis, no fue planeado… pero ahora, ninguno de los dos quería dejarlo, se gustaban, se querían y estaban juntos en la secta, ¿Qué más podían pedir? Esto estaba bien para ellos y eso era lo importante.