Hurt Me [Hwang Hyunjin-SKZ]

Summary

«— ¿Quieres escucharme decirte que te quiero? —Su bonita sonrisa se impregnó con la sorna más vil—, pues bien Kang Hani, hoy no es tu día de suerte. » Hay diversas formas de querer, todas las personas lo hacen de una manera distinta. Hwang Hyunjin tenía una manera particular de querer a Kang Hani, donde no la veía como deseaba, no le daba la importancia que necesitaba y no era tan devoto a ella como la chica lo era hacia él. La hería cada indiferencia de su parte, pero al final del día, ella haría todo lo que tuviese a su alcance sólo para mantenerlo feliz.

Genre
Drama/Romance
Author
Lena
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

PRÓLOGO

♥Prologo♥





22 de marzo de 2014





Las líneas horizontales y verticales—un poco torcidas—se hacían escabrosas con los minutos. Arreglaba sus gafas que caían de a poco en el puente de su pequeña nariz, borroneándole la vista. Enfocaba los ojos, entrecerrándolos cada cuánto para entender los números anotados en su libreta. Seis, ocho, uno, releía una vez más su línea de sudoku, confirmando que estuviese bien. Era buena haciendo esas cosas, por ello, se había convertido en más que un pasatiempo.


Iba comiendo su galleta casera de vainilla, mordisco a mordisco, releyendo su juego en busca de equivocaciones. Sin embargo le fue difícil conseguir alguna, porque sin dudas se demostró toda una campeona, o eso decía su madre la mayoría de las veces.


Sentada en el banco de metal y madera color blanco, hizo detalle en el bello atardecer que se sobreponía al fondo de las montañas. Lucía como las elegantes pinturas que adornaban una de las salas de estar de la gran casa en donde vivía, una de las que su madre se encargaba de que cada ayudante de limpieza las mantuvese intactas cada jueves por la tarde, justo como hoy. Le agradecía silenciosamente porque la mujer prefiriera que ella esperase afuera de la casa, después de todo, no se le permitiría ayudar con los qué hacer del hogar. Era mejor encontrarse en el jardín interno, donde todo era pacífico, a diferencia de encerrarse entre las cuatro paredes de su pequeña casa de servicio al fondo de la propiedad de varios acres.


Sentía la paz de la brisa de primavera, acariciando su largo cabello oscuro. Cerraba los ojos cada cuanto, para disfrutar en serio de la soledad. Aquello no le fatiga mucho, cuando escuche el repentino sonido de un motor aproximarse. No pasó tanto hasta que vislumbró el costoso automóvil aparcarse en la redoma frente a la entrada de la opulenta casa. Tuvo miedo unos segundos, porque pensó que se trataría de la matriarca de la familia y eso sólo le traería problemas. Así que corrió hacia detrás de unos setos bien podados, esperando ver quién bajaría.


Al paso de unos pocos segundos, el bullicio se hizo prominente en el jardín, una cosa escandalosa que claramente no encajaba con el ambiente sobrio. Risas, empujones, griteríos, todos liderados por el chico más lindo que había conocido en su vida. Su boca se sentía árida de pronto, y su corazón hacía de las suyas, latiendo muy rápido dentro de sí como si hubiera corrido un largo maratón. Incluso a la distancia, Hwang Hyunjin parecía tan perfecto como sus ojos lo pintaban siempre.


—Hwang Hyunjin —Agitaba su brazo de un lado a otro, en un ritmo desesperado para que él la viese—, Hyunjinnie. —No se detuvo al llamarle, ni un minuto.


Pero el pelinegro se veía muy concentrado empujando a su mejor amigo, Lee MinHo, el cual Hani no toleraba ni siquiera en la distancia. No entendía, cómo su querido chico prefería pasar tiempo con el maleducado aquel, antes que con ella. Pero se repetía que no era nada personal, que quizás él no tuviese tanto tiempo que darle en estos momentos o ningún otro.


—Hyunjin. —Intentó sin perder la esperanza de recibir una mirada.


Y como por arte de magia, el chico volteó a verle. Todo iba en cámara lenta en la cabeza de Hani, así había sido desde que conoció a Hwang y de eso, fue hace mucho tiempo ya. El cabello oscuro le ondeó con la brisa al contrario, despejando su perfilado rostro tan sólo para que ella lo pudiese ver mejor. Los labios abultados, y tan rosados como dos cerezas hicieron un leve amagado de sonrisa. No obstante, al detallar de donde provenía el saludo, lo que fue un atisbo de un gesto amable, se vino convirtiendo en una línea muerta e inexpresiva.


Hyunjin la observaba a la distancia, dejando parlotear a su lado a los escandalosos de sus amigos, sin prestarle en realidad atención. Hani no le separaba la mirada, había aprendido de su madre que no debía mostrarle debilidad a nadie, incluso si el contrario era más fuerte contrincante. Y sí, Hwang era mucho más fuerte que ella. No obstante, se mantuvo estable, aunque sabía que sus mejillas se estaban ruborizando por tener mucho tiempo los ojos oscuros sobre sí.


El saludo nunca fue devuelto. Hyunjin se dispuso a entrar en la casa, junto con sus dos amigos, ignorando en todo momento a la chica. Hani por otra parte, no se quejaría por su extraña actitud. Nunca lo hacía, porque creía que el chico tenía cambios errados de carácter sólo debido a la dicha pubertad. 


Lo dejó ir, quedándose con un mal sabor de boca que no comprendía. Aunque, algo que le hizo salir de la impresión que la tenía presa, algo tan diminuto como tomar en cuenta como el pelinegro llevaba puestos sus tacos de fútbol aún puestos. Las alarmas en la cabeza de la chica se encendieron, recordando el gran esfuerzo que su madre puso para cerrar los pisos blancos lustrosos de la extensa sala de estar. Era posible que Hyunjin tuviese sus zapatos sucios, y por ello, fue tras él.


Corrió agitada tras los tres muchachos, intentando seguir su paso, fallando en el intento. Casi entraban en la casa, y ella sabía bien que no se quitarían los zapatos en el recibidor como se debía. Por poco había sido golpeada por la puerta principal de la casa, pero la evitó logrando entrar detrás de ellos.


De hecho, Hani tuvo la razón. Coléricamente observaba las huellas marcadas sobre el brillante suelo blanco y negro, que en la minuciosa planificación de madre le tomó gran parte de la tarde pulir. Ahora se veía arruinado, por el lodo en los zapatos de los chicos.


—¡Hyunjin-ah! —Gritó para que se detuviera, sin importarle las consecuencias de que alguien la escuchese.


El pelinegro en vez de reírse a carcajadas por el reciente chiste de MinHo, se detuvo en seco al pie de las escaleras dobles. Se encararon una vez más, con él enarcando una de sus cejas para desafiarle. Sus rasgos aniñados comenzaban a desvanecerse, haciéndole lucir más despiadado que en su infancia, más guapo de lo que ya era.


—¿Qué infiernos quieres? —Separó las palabras, como si Hani fuera incapaz de entenderle.


Como otras veces, el corazón de Hani se había disparado cual una sirena policial de sólo escucharle hablar. Sin embargo, esta vez se sintió distinto, algo en su manera de hablarle le provocó malos sentimientos que nunca había conocido.


—Mi madre ha pasado mucho tiempo limpiando el recibidor junto al equipo de servicio —Su voz se iba apagando, a medida que las risas detrás de Hyunjin se hacían menos disimuladas.—, no deberían dejarlo así.


Los ojos del mayor expresaron sorpresa, mientras se acercaba a Hani lentamente, a paso tortuoso. Algo en ella tuvo las esperanzas con recibir aunque fuese unas disculpas, él se veía arrepentido al notar cada huella sobre el ya no tan lustroso piso.


—Oh, lo lamento tanto —Ladeó su cabeza, rascando su nuca—, pero tu madre deberá limpiar de nuevo —Había demasiado sorna en sus palabras, tanta que era hiriente—. Te recuerdo, Hani, que para eso le pagamos.


Todo en ese mismísimo instante se detuvo dolorosamente para ella, derrumbándose. Cada pensamiento bueno sobre Hwang Hyunjin se iba disipando de su mente. No conocía a aquel chico que tenía frente a ella, no le reconocía en lo absoluto.


—Hyunjin...


Su dedo índice se levantó para callarla, y eso hizo obedeciendo. No sabía el por qué, pero ella simplemente, lo hizo. Sus miradas se encontraron, y en la de él existía la malicia. La sonrisa que le obsequió era de revista, esa que tanto a Hani le gustaba ver a diario pero que ahora no toleraba tenerla enfrente. Era vil, justo como un calco de su padre.


—Y para ti, Kang Hani —Su mano apresó el mentón de la chica para captar toda su atención, fijando sus ojos oscuros en ella—, soy amo Hwang, no Hyunjin.


Algo dentro de ella se rompió con eso, no sabía el qué, el cómo, ni el por qué pero lo había hecho. Hwang Hyunjin era el causante de su dolor, de su tristeza y de su rotura. Esa no sería la primera vez que Kang Hani sería rota, porque el chico de sus sueños se encargaría de remendarla cada cuánto tan sólo para hacerle daño a su gusto y placer, para volverla a herirla otra vez.