Susurros de ultratumba BL

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Summary

Un día casual Devon Cristly, llevado por su curiosidad y afán de conseguir una respuesta, gracias a una web de dudosa procedencia, encuentra un medio muy en particular para conseguirla: Un ritual de ultratumba. Al finalizar dicho ritual, está muy seguro de que todo resultó perfectamente bien, hasta que días posteriores cosas inexplicables comienzan a suceder en su sobria, pero acogedora vivienda.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El pequeño reloj que se encontraba posicionado en la parte superior del escritorio donde yo me encontraba sentado, marcaba las 8 en punto de la noche. No sabía cuánto tiempo tenía observando la pantalla de mi laptop. Apenas llegué a mi casa, tenía una sola tarea en mente, de la cual no quería darme por vencido.


Solté un suspiro frustrado al aire una vez más conteniendo el hilo de paciencia que aún me quedaba. Proseguí tecleando aquí, tecleando allá sin rendirme, hasta que algo llamó mi atención.


—Este sitio parece que puede servirme —comuniqué para mí mismo con un toque de entusiasmo.


Leí detenidamente la pantalla, llevando la mano derecha a mi mentón, me recargue en la mesa.


Después de un rato, sentí una de mis venas en la sien algo sobresaltada.


—Eso…, ¡no me sirve de nada! —vociferé furioso, solté un bufido—. ¡Mierda! —Con el pie, empujé la silla provocando que esta llegara al centro de mi habitación. Una alcoba algo sobria por las paredes grises, un tanto ásperas, con un suelo de madera ya con un toque de desgaste notorio apenas le ponías los ojos encima y dado esto, en ocasiones crujía por el caminar.


A esto se le añadía que en ocasiones, se podía percibir algo desolada por la poca afluencia de muebles. Solo era mi cama adornada con ropas de igual manera muy serías: un edredón de color azul no muy intenso, a los lados de la misma un par de mesitas de noche marrones y dos lámparas encima de las mismas de un tono amarrillesco poco llamativo como lo era mi ropero con un diseño muy simple: dos grandes puertas corredizas y otra más pequeña, todo de una tonalidad grisácea y plateada.


También tenía una ventana no muy grande, adornada con unas cortitas muy simples: completamente lizas de color azul fuerte y un fondo blanco.


Daba vueltas una y otra vez mirando rápidamente todo mi alrededor, buscando la forma de relajarme. Cuando por fin la obtuve, regresé a mi sitio inicial, troné mi cuello ladeandolo de derecha a izquierda para por octava ocasión continuar. Coloqué mis dedos sobre las teclas y de nuevo me adentré en la Web con la esperanza de encontrar eso que tanto llevaba buscando.


«No puede ser tan difícil encontrarlo»


Pensé  mientras me acomodaba de una mejor manera en la silla que a pesar, de que contaba con relleno ya la comenzaba a percibir incómoda en esa parte.


El título de una página logró llamar al fin mi atención, tanto, que en menos de dos minutos me la había leído toda.


«Bingo»


—Luego de tantas asfixiantes horas pegado a esta mierda, al fin lo encontré… —Estiré mi espalda hacia atrás para relajarme, suspiré aliviado. Miré al techo—. Bien, comenzaré a anotar todo lo que necesito. —Mi escritorio tenía un estante en la parte de abajo, así que sin la necesidad de mirar y solo guiandome de mi tacto, tomé la pequeña libreta que utilizaba para apuntes—. Una…, será sencillo de conseguirla. Eben, sabe dónde. Le pediré ese favor… —Continué con lo mió.


Posteriormente de todas esas horas de estrés, era el momento de bajar a la cocina donde preparé una cena ligera.


El comedor estaba cerca de la ventana que daba a un pequeño patio trasero; en él se presumía un no muy extenso jardín.


El golpeteo seguido de un rechinido en el vidrio de esa ventana hizo que me asustara un poco. Tal sonido venía de un árbol que estaba cerca de ahí.


Miré el reloj, marcaba casi las 11 de la noche.


Del bolsillo saqué mi celular, fui a los contactos, di click en el llamado “Eben”, su última hora de estar en línea fue a las 10.


Mordí mi lengua por un lado debido a un pensamiento que vagaba en mi cabeza dando muchas vueltas:


«Si le mando un mensaje ahora, obvio no me va a contestar. Eben, acostumbra dejarle el wi-fi a su celular. Le llegará notificación de mi mensaje. No quiero despertarlo, esperaré hasta mañana»


Subí las escaleras, las cuales también eran de madera y provocaban sonidos y uno que otro rechinido al caminar en ellas.


Doblé por el pasillo derecho y entré a mi alcoba de nuevo.


«No, no tengo ganas, a primera hora tomaré un baño», pensé, dejando de observar la puerta del baño. Ya eran las 11:45 de la noche.


Solo me quité mi saco, caminé a la cama con fastidio por todo el día que tuve y caí en ella sintiendo mucha comodidad.


—Si me quedo dormido, ya pensaré en una excusa… —murmuré somnoliento, antes de entrar en un sueño profundo.


༻✞༺


—Ahg… —me quejé fuerte caminando por el pasillo con la cabeza baja alborotando mis cabellos—. Sí debí de haber puesto alarma… —Me detuve enfrente de mi casillero, abrí la pequeña puerta y arrojé dentro el par de libros que cargaba—. La clase de Ciencias Sociales no la va a tomar alguien más por mí…


—Con razón te llaman el chico puntual, amigo —comentó una voz sarcástica proveniente de atrás de la puerta del casillero. La cerré de un golpe, haciendo un ruido algo estrepitoso y molesto para mis oídos.


—Hola, Eben, ¿cómo te va? —pregunté desmotivado y sin muchas ganas.


Su semblante armonioso cambió a uno serio e indiferente.


Aquello era muy notorio por sus cejas delgadas, pero muy oscuras resaltadas más, por su piel blanca como la mía.


—¿Cómo quieres que esté? —Se cruzó de brazos recargando el hombro en el casillero. Sentí su pesada mirada avellana—. Tuve que darle una buena excusa al profesor Mendez, de porqué habías faltado a su clase. Sabes que soy malo mintiendo, amigo, no me hagas eso —por poco rogó. No parecía estar molesto, cabía resaltar.


—Lo siento, Eben. Solo me quedé dormido. ¿Qué pasó con el profesor? —cuestioné muy tranquilo, algo extraño en mí, ya que siempre había sido muy responsable en el ámbito escolar.


—Bueno... —parecía que estaba buscando la mejor manera de expresarse—, no estaba en una postura difícil ni nada por el estilo. —Escuchar eso fue como un consuelo—. Solo me dijo que no había problema en que expongamos mañana, pero no vuelvas a llegar tarde. —De un momento a otro, su humor cambió. Con su brazo se recargó en mí a la altura del cuello. Yo era más bajo que él por unos cinco centímetros, por lo que se aprovechaba su altura de 1.79 perfectamente en mí—. A pesar de quedarte dormido, creo que no descansaste bien, Devon. —Me miró con detenimiento, en sus labios delgados y pálidos se formó una tenue sonrisa gentil. Ese día traía su cabello suelto, le llegaba poco más abajo de la nuca. Era raro mirarlo así, se veía muy diferente. Dicha sonrisa resaltaba más por ese look.


—Así que te diste cuenta… —musité. Eben, me conocía desde que éramos unas pulgas. Era algo obvio que lo notaría de inmediato. 


—Bueno, bueno —enunció más alegre—, solo queda levantar ese ánimo. Luego te pasaré lo que hicimos en la clase, vale.


Apenas le iba a pedir eso, cuando justo lo dijo. Siempre me arrebataba las palabras.


—Gracias, Siempre puedo confiar en ti.


༻✞༺


—¿Una vela roja? —impugnó un poco interesado.


—Sí —afirmé—, la necesito para una cosa, ¿puedes hacerlo? —No estaba tan seguro de contarle el motivo, por lo cual, me límite a eso.


—Pues claro —respondió alegre—. ¿Para cuándo las ocupas?


—Sábado, por favor —le dije, antes de tomar un sorbo de té.


Los dos estábamos sentados en el comedor de la preparatoria. Aprovechaba los últimos minutos para dejarle en sus manos el favor.


—Está bien. No hay problema. —Sonrió—. Y ten esto. —Por un costado de su mochila sacó una carpeta—. Aquí están los apuntes de la clase. —Extendió las hojas hacia mí.


Los tomé y le di las gracias.