Día 1: El inicio de una nueva aventura... o algo
Takemichi siempre ha sido un chico sensible. Si le pagaran por cada vez que ha llorado, no solo sería millonario, sino que probablemente ya habría comprado una isla tropical para vivir rodeado de pañuelos de lujo y ríos de lágrimas embotelladas. Su récord personal es haber llorado durante 45 minutos por una mosca que agonizaba en el alféizar de su ventana. “¡Era tan joven!”,sollozaba mientras intentaba revivirla soplándole.
Claro, muchos lo consideran un adolescente tonto. Su especialidad no es precisamente resolver problemas complejos, sino crearlos. Un chico con el corazón más grande que su capacidad de decisión, que se lanza de cabeza para ayudar a cualquiera, incluso si no tiene la más remota idea de qué está haciendo. En una ocasión, intentó salvar a un hombre de ahogarse... en un charco. Lo peor es que el hombre estaba de pie, y Takemichi no se dio cuenta hasta que ambos estaban cubiertos de barro.
A veces, uno podría pensar que lo que lo distingue es su gran idiotez. Pero no, la realidad es que tiene algo que pocos pueden igualar: es capaz de sacrificarse por un completo desconocido, aunque probablemente ese desconocido solo necesite que le den direcciones y no un héroe llorón lanzándose al vacío.
Por eso, su madre, en un intento de canalizar tanto “heroísmo” desbordante, le recomendó comprar un diario cuando comenzó la secundaria. “Es una forma de plasmar tus sentimientos, cariño”, dijo mientras él asentía con la emoción de quien está a punto de salvar al mundo... de nuevo.
Y así, comienza el diario de Takemichi...
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Querido diario:
Hoy fue mi primer día de secundaria. Mamá me dijo que llevar un diario sería “una forma de plasmar mis sentimientos”. Claro, porque ¿quién no quiere recordar lo que fue ser aplastado por la multitud en los pasillos, verdad? ¡Gran idea, mamá! De todos modos, aquí estoy, escribiendo como me sugirió. Dijo que sería “terapéutico”. ¿Será? ¿Podrá esto salvarme cuando me tropecé con mis propios zapatos frente a toda la clase? Porque sí, eso pasó. Y no solo eso, ¡también tiré el almuerzo de alguien al piso!
Pero vayamos por partes. El día no empezó tan mal, o al menos eso pensé. Entré a la escuela decidido a no hacer el ridículo. “Hoy es el día en que todo cambia”, me repetí mientras caminaba por los pasillos... ¡Y entonces sucedió! Justo cuando entraba por la puerta principal, tropecé con una grieta en el suelo. Sí, diario, una grieta. Como si el universo hubiera decidido ponerme una trampa.
Mis libros volaron por los aires y yo... bueno, Akkun apareció en el momento justo para evitar que me estampara contra el suelo. ¡Qué gran amigo! Aunque, claro, no pudo evitar reírse de mí.
—Y ahí va el gran héroe... derribado por una piedra. —me dijo Akkun entre risas.
—¡No fue una piedra, fue una trampa! —le respondí, pero claro, nadie me creyó.
Después de recoger los libros (y mi dignidad), pensé que lo peor había pasado. Pero no, ¡me equivoqué! Mi mochila se enganchó en la puerta al salir, y en mi desesperación por liberarla, terminé empujando sin querer a un profesor que estaba pasando. No sé cómo no me expulsaron en ese mismo momento, pero el profesor solo me miró con cara de “¿De verdad?”.
Makoto, siempre sarcástico, aprovechó para hacerme una broma:
—Takemichi ya está luchando con los profesores y ni siquiera hemos llegado a clase.
Aún no entiendo cómo sobreviví hasta llegar al tablón de anuncios donde estaba la lista de clases. Allí, comenzó mi segundo momento de pánico. ¡No encontraba mi nombre en la lista! Busqué y busqué, y nada. Mi cabeza ya estaba imaginando las peores cosas: “¿Y si no me inscribieron? ¿Y si tengo que repetir primaria? ¡¿Y si soy demasiado idiota para la secundaria?!”
Afortunadamente, Makoto me sacó de mi pesadilla personal:
—Tu nombre está ahí, en la última línea. —dijo señalando la parte más baja de la lista. Y sí, diario, ahí estaba. Al parecer, no soy lo suficientemente importante como para aparecer más arriba en la lista, pero al menos existo.
Luego vino el casillero. ¿Sabías que abrir un casillero puede ser una de las cosas más difíciles del mundo? Bueno, tal vez no para todos, pero para mí sí. Pasé al menos diez minutos intentando meter la combinación correcta, y cuando ya pensaba que estaba roto, le di un golpecito... que resultó ser más fuerte de lo que esperaba. El casillero se abrió de golpe, y por supuesto, todos mis libros cayeron al suelo.
—Tal vez deberíamos haber entrenado para esto también. —dijo Takuya desde una distancia segura, mientras Akkun intentaba no reírse.
Ah, Takuya... Él siempre trata de ayudar aunque nosotros lo cuidamos muchísimo. Su cuerpo es débil, así que Akkun, Yamagishi y Makoto siempre están pendientes de él. Akkun, en especial, lo trata como si fuera su hermano pequeño. Siempre lo está protegiendo, cargando sus cosas y asegurándose de que no haga demasiado esfuerzo. A veces Akkun lo mira de una manera que me hace pensar que realmente lo quiere como a un hermano.
Hoy, durante el almuerzo, Akkun le preparó la mesa como si estuviera sirviendo en un restaurante. Nos aseguramos de que Takuya no haga ningún esfuerzo, aunque él a veces se queja de que lo tratamos como si fuera de cristal.
Makoto, por supuesto, se aprovechó de la situación para intentar darle de su comida especial, bromeando:
—Takuya, ¡es la especialidad de la casa! Lo cociné yo mismo. ¿Te atreves a probarlo?
Yamagishi, por otro lado, le contaba las historias más locas que encontró en internet solo para hacerlo reír. Entre todos lo mantenemos protegido, y Akkun no le deja ni cargar su mochila. Si alguien nos viera desde fuera, diría que somos su equipo de guardaespaldas personal.
Pero lo más gracioso ocurrió al final del día. Ya te mencioné cómo derramé la sopa en mis zapatos, ¿verdad? Sí, mi querido diario, fue épico. Estaba cargando tres bandejas con comida, porque pensé que sería una buena manera de compensar el día. Error. Di unos pocos pasos antes de tropezar (otra vez), y toda la comida terminó en el suelo. Para completar el desastre, la sopa voló en dirección a mis zapatos, que quedaron empapados.
Akkun se limitó a observar la escena y comentó:
—Takemichi, ¿siempre tienes que hacer las cosas a lo grande?
Lo único que me alegró fue que la señora de la cafetería, al verme tan derrotado, me dio una galleta por haber llorado. ¡Punto para mí!
Pero lo peor vino después. Justo cuando pensé que las cosas no podían empeorar más, sucedió: me rasgué los pantalones. No me preguntes cómo pasó, pero todo fue tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de reaccionar. Estábamos saliendo de la cafetería y una de las patas de mi pantalón se enganchó en una silla. Intenté soltarme discretamente, pero tiré demasiado fuerte y... ¡zas! Mi pantalón tenía un gran agujero en la rodilla.
Akkun me miró por un segundo, sorprendido, y luego no pudo contener la risa. Todos empezaron a reírse, incluidos Takuya y Makoto. Y aunque al principio me morí de vergüenza, al final yo también me reí. Porque, ¿qué otra cosa podía hacer?
Así que, decidí sacar lo mejor de la situación. Me puse de pie, tratando de adoptar una pose “cool”, y les dije:
—Bueno, chicos, no sé si lo sabían, pero estoy marcando tendencia. El 'look' de pantalones rotos va a ser lo más popular este año. Solo esperen y verán. Pronto todos estarán vistiendo así.
Takuya intentó contener la risa, pero no lo logró.
—Takemichi, seguro que con esos pantalones vas a ser el próximo ícono de la moda. —dijo entre risas.
Y sí, terminé el día con un agujero en mis pantalones, pero al menos me reí de mí mismo. Quizá mi “nuevo look” no sea tan malo después de todo... aunque espero no seguir rompiendo más ropa en los próximos días.
Lo único que puede salir mal es... bueno, todo.