El androide que quería su libertad

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Summary

"Porque el secreto de la felicidad es la libertad; y el secreto de la libertad es el coraje". En un país donde aparentemente todo es normal, una corporación experimenta en humanos para crear armas. K19 ha vivido gran parte de su vida tras una celda, soportando dolorosos experimentos y el maltrato injusto. Sólo anhela dejar de sufrir y tener libertad. Sus emociones son caóticas y rebeldes, lo que lleva a la Corporación a decidir suprimir sus emociones. Matthew Whithe es un joven graduado en Ingeniería Robótica que no tuvo más remedio que aceptar irse a Lexus Corporation, una corporación que promete muchas cosas. Pero, su suerte cambia al verse envuelto en una mentira oscura. Atrapado y sin salida, acepta la condición de suprimir las emociones de K19, para convertirlo en el arma perfecta, a cambio de su libertad. Pero, ¿qué pasará cuando Matthew se dé cuenta que K19 no es lo que parece? ¿Qué sucederá cuando vea que dicho proyecto posee más humanidad que las propias personas?

Genre
Scifi
Author
Solecito
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo uno

Sentado frente a la ventana, con un café recién preparado en mano y con la mirada perdida, observaba el atardecer dorado reflejado en la ciudad de Nashville.


Parecía mentira que hubiese terminado su carrera; al fin era un profesional y su familia, a pesar de los comentarios negativos, lo aceptaba. Ahora sólo estaba esperando que le asignaran la ubicación en donde trabajaría. Sabía que en cualquier momento le llamarían, era el día de los resultados. 


Tenía tantas oportunidades en la vida, y él quería aprovecharlas todas.


Matthew Whithe acababa de graduarse en Ingeniería Robótica, después de años de esfuerzo y sacrificio. Era un joven apuesto, inteligente y amable, apasionado por la tecnología y dedicado a darle vida a sus creaciones de cables y baterías. Era de esas personas que le decía sí a la vida, y no descartaba ninguna oportunidad, a pesar de que le informaran que debía dejar la comodidad de su hogar y conocidos para irse a seguir cumpliendo sueños.


Quería demostrar que podía ser alguien en la vida, pues desde que tenía memoria se veía opacado por la imagen fuerte de su hermano gemelo, Maurice Whithe. Anhelaba que su familia viese sus logros a base de esfuerzo y sacrificio, y no a un pobre hombre que aún no sabía qué hacer con su vida y seguía los mismos pasos que su hermano mayor.


Matthew quería ser alguien más. Quería encontrar su propio camino, su identidad y saber qué iba a hacer en realidad con su vida. Pues, la juventud se le escapaba de a poco, y el graduarse y tener un título no contaba como un logro para él.


Tomó un sorbo de café, calmado ante la impresionante vista de la ciudad y del cómo la luz dorada del atardecer parecía fundirse entre los cristales de los edificios. Nashville era una ciudad hermosa, tranquila y silenciosa; perfecta para pasar la vida sin preocupaciones.


Era una pena que tuviera que dejar tan hermosa ciudad.


La molesta melodía del tono de llamada resonó; Matthew volvió en sí. Dejó la taza de café a un lado y se apresuró a buscar su teléfono.


—¿Bueno?


—Buenas tardes, ¿hablo con el señor Whithe? —contestó un hombre con acento oriental y voz monótona. —Soy el licenciado Li, secretario de Lexus Corporation.


Se paralizó por completo, sin poder creerlo. No supo si sentirse feliz o asustado. Apretó en móvil en su mano, respiró hondo y respondió con voz temblorosa:


—Sí, con él habla...


—Perfecto. Le llamo para informarle que usted ha sido admitido en nuestra prestigiosa corporación. La Corporación Lexus estará encantada con una inteligencia como la suya, señor Whithe. Su mente vale millares.


—¿Eh? ¿Admitido? —sorprendido, volvió a preguntar. La sorpresa hizo que se acercase un poco hacia delante, un poco más y volcaba la taza de café. —No, espere... Yo no seleccioné esa opción...


—El gobierno lo ha seleccionado para trabajar con nosotros, señor Whithe. Hemos visto su potencial para una corporación como la nuestra. Sería una pérdida si usted no quisiese unirse a nosotros. Piénselo, la paga es de cantidades inimaginables, y la marca de la Corporación es reconocida por el gobierno.


Apretó los labios en una fina línea. Era una oportunidad valiosa y le ofrecía cantidades buenas. Además, su hermano Maurice ya había sido admitido hacía unos tres años ahí, cuando todavía era un pasante. Pero, la otra cara de la moneda era la mala fama de la corporación. Pues, era bien sabido que las empresas tecnológicas del gobierno no eran lo que parecían.


Sin embargo, había sido admitido en ese lugar. Era probable que las demás corporaciones hubiesen rechazado su propuesta por la simpleza de sus ideas. El gobierno le ofrecía un buen contrato, y Matthew buscaba esa oportunidad. No podía dejarla ir.


—¿Señor Whithe? —el licenciado volvió a llamarlo, ansioso.


—Está bien. —musitó; seguía sin poder creerlo. Tenía la mirada perdida en el líquido oscuro de la taza, aún humeante. —Estoy contento que me hayan admitido. Necesito hablar con el encargado de los resultados primero, puede que haya conseguido admisión en otra corporación...


La persona tras la línea se tomó su tiempo para contestar, se escuchó de fondo el sonido de papeleo y bolígrafo sobre hojas.


—Puedo anotar una pequeña reunión el martes a las cuatro de la tarde, ¿le parece? De todas maneras, puede empezar el mismo día si decide unirse a nosotros. La Corporación Lexus tiene su propio transporte aéreo para que sea más rápido en llegar, y su sede está situada al norte de California; puede esperarlo en el Aeropuerto Internacional. Lo esperamos, señor Whithe.


Casi podía ver una sonrisa al hombre tras la línea, y Matthew presentía algo extraño. Dirigió su mirada a la ciudad, de nuevo, un sentimiento de nostalgia empezó a invadirlo. ¿Qué otra oportunidad tenía?


—Muy bien, licenciado. Le agradezco por su llamada, estoy encantado de trabajar en la Corporación Lexus. Sin embargo, le recuerdo que no estoy seguro si he sido admitido en otra corporación; de ser así le avisaré con tiempo.


Colgó y suspiró con pesadez. Tiró el teléfono en la mesa, se reclinó en la silla y se tapó la cara con las manos, ahogando otro pesado respiro.


Acababa de aceptar, sin pensarlo dos veces, la propuesta del gobierno. Sin embargo, no era como si tuviese otra opción. Las corporaciones a las que le fueron indicadas según sus notas universitarias eran muy exigentes, además de que estaban abarrotadas de científicos ricachones que accedían mediante el poder del dinero. Era mentira que lo iban a aceptar sin una palanca monetaria, lo sabía muy bien.


Lexus Corporation. Su mente era un completo lío, ahora que lo pensaba más despacio.


¿Qué he hecho? Se preguntó, al  tiempo que se ajustaba las gafas y miraba al techo, la bombilla lo encandilaba un poco.


Había escuchado muchos rumores sobre esa corporación; él mismo creía en algunos. Sus compañeros de la preparatoria solían reunirse, conspirando y sacando teorías sobre las corporativas que manejaba el gobierno. Una de esas teorías era que una de las sedes se mantenía como una corporativa normal, pero ocultaba algo más; otros rumores decían que en realidad era una sede fantasma.


Lo sabría más adelante y vería lo que le esperaba.


[...]


Había sido una dura decisión. Se despidió de sus conocidos y familia lejana, aparentando estar feliz con la noticia.


Días después de la llamada, Matthew recibió la noticia de que no había sido admitido en ninguna de las sedes que esperaba, dejándole como única opción a Lexus Corporation.


Era de tarde cuando el jet aterrizó en la pista; las luces rojas iluminaban el camino en medio del aire de soledad que daba el cielo despejado y plomizo. Matthew respiró el olor de la hierba fresca, de pie en las escaleras del jet; una nueva etapa en su vida comenzaba. 


Habían pocas personas con él. La mitad eran jóvenes científicos recién egresados de Universidades que ni siquiera sabía que existían.


—Vaya... Pensé que sería más prestigiosa... —comentó un compañero con un silbido, mientras miraba el edificio.


—¿Qué esperabas? —respondió otro, de brazos cruzados—. Esta es la única corporación que nos acepta, siendo nosotros pasantes.


La sede estaba situada en medio de lo que había sido un campo militar antes. Tenía un terreno amplio y encerrado, con altos muros de cemento y rejas que sólo abrían con tecnología avanzada. Matthew la comparó con una cárcel tecnológica.


Bajó del jet, con maletas en mano, explorando lo que sería también su hogar. La corporación ofrecía habitaciones equipadas para los empleados que vivían lejos, otro punto que le resultó bueno y extraño.


Caminó con calma, sorprendido ante el enorme edificio de cinco pisos que se alzaba frente a él. Imponente y sombrío. Lexus Corporation era extraña. Se detuvo frente a una puerta doble de cristal, parecía de supermercado, más arriba había una especie de bombilla que se iluminaba en rojo.


Un pitido resonó finamente, haciendo que se sobresaltase; una luz roja lo iluminó por completo, y al no reconocerlo, resonó de nuevo con desaprobación.


—Sistema de reconocimiento... —susurró, asombrado; tenía la mirada fija en la bombilla. —No había visto una de esas en... ¿Cuánto tiempo? ¿Desde 2010? —sonrió, y se movió a un lado, dejando las maletas en el piso; el pitido y la luz roja volvieron a sorprenderlo. —Y detecta movimiento. Magnífico.


No se había dado cuenta que un grupo se acercaba, hasta que las puertas dobles se abrieron con un sonido fino y automático, aprobatorio. Matthew, algo avergonzado, saludó con una sonrisa nerviosa.


—Usted debe ser el señor Whithe, ¿o me equivoco? —preguntó uno de ellos.


Era un hombre viejo y canoso, él calculó que debía rondar los sesenta y tantos. Parecía ser malhumorado y muy serio. Vestía un uniforme pulcramente limpio, y sobre sus hombros anchos llevaba una bata de laboratorio.


—Sí. Soy el nuevo que admitieron hace una semana. ¿Usted es...?


—Soy Herman Johnson, encargado de ésta corporación; científico en experimentos y experto en la robótica con varios doctorados. Si no le molesta, podría llamarme doctor.  —se presentó, tenía cierto aire de superioridad. —Estoy encantado de tener a alguien como usted aquí. No muchos llegan al nivel en el que está, ¿sabe? Lexus Corporation es de prestigio, con gente de prestigio e ideas de prestigio. ¡Pronto sabrá de lo que hablo, señor Whithe!


—Oh... Entonces, es un honor estar aquí, doctor Johnson. —Matthew contestó, un poco incómodo. —El gobierno pensó que sería buena idea unirme a ustedes...


—¡Claro que lo es! —interrumpió el doctor Johnson, efusivo. —El gobierno siempre sabe dónde poner las piezas en el tablero perfecto. Lo han admitido también porque aquí trabaja su hermano Maurice, ¡vaya que son iguales! Por otro lado, señor Whithe, sabe de lo que estamos hablando cuando me refiero al proyecto perfecto, ¿verdad? Sé que usted podrá lograr muchas cosas aquí.


Matthew se desconcertó. El científico lo notó de inmediato, la mirada grisácea se ensombreció.


—¿No lo sabe, señor Whithe?


Él negó, empezaba a ponerse nervioso.


—Supongo que es mi deber explicárselo. Pensaba que Maurice ya le había contado sobre el tema. —prosiguió el doctor Johnson. —Pero será para después, ¿le parece si vamos a mi oficina? Necesito completar un par de papeleos y ver si acepta el contrato. —se dirigió a sus compañeros—: Lleven a los nuevos ingresos a las salas de espera, ¿entendido?


Matthew tragó saliva, inseguro. Desvió su mirada hacia el norte, una suave brisa jugueteó en su cabello rubio. Anochecía, un extraño presentimiento se clavó en su pecho.


Las puertas dobles volvieron a abrirse con un pitido, la luz verde sustituyó la roja.


—Sígame, señor Whithe. —el hombre mayor volteó a mirarlo con una sonrisa ladeada. —No se preocupe por los demás, les enseñarán las instalaciones; ¡son simples aprendices!


Tomó sus maletas. Estaba indeciso pero, ¿qué otra opción tenía? Respiró hondo, mentalizándose de que estaba siendo un paranoico. Quería demostrar que estaba hecho para eso, quería enseñarle a su hermano de lo que podía ser.


Matthew quería ser alguien.


Un nuevo mundo se abrió ante sus ojos cuando entró a la sede. Lo primero que captó fue una demostración de la bobina de Tesla, le recordó que en sus estudios también había hecho una maqueta así.


Las paredes era de un color blanco, limpio, sin ninguna mancha; había muchos cuadros de pasados científicos. Los pasillos estaban muy bien ventilados, y ni hablar de las puertas que accedían a numerosas salas.


Era un sueño.


—Lexus Corporation se divide en cuatro cuarteles, señor Whithe. —informó el científico mientras recorría los pasillos. —En el cuartel uno están los pasantes que vienen a tomar notas, aquí se crean pequeños prototipos que normalmente son distribuidos a empresas pequeñas.


El doctor Johnson se detuvo frente a unas puertas dobles, buscó en su pulcra bata de laboratorio una tarjeta, luego la pasó por un escáner que estaba a un lado de las puertas. Ambas se abrieron y dieron luz verde, revelando una inmensa sala de cerámicas blancas, computadoras portátiles y un montón de prototipos que aún no se encendían.


Matthew notó a los pasantes que anotaban con rapidez antes las indicaciones de una científica. Saludó tímidamente, nadie le respondió. De seguro enviarían a ese cuartel a los jóvenes que estaban con él.


—Están tan sumergidos en su trabajo que no notan nada. —le palmeó con fuerza el hombro. —¡Ya habrá tiempo para conocerse, Whithe!


—Ya veo, doctor Johnson. —contestó con una sonrisa incómoda.


Eran pequeñas creaciones que apenas lograban encender y moverse, muy básicas para su gusto. Contaba con varias oficinas y un sinfín de herramientas. A pesar de eso, la sala estaba muy ordenada.


—No hay mucho que ver aquí. Sólo lo básico en ingeniería robótica. Usted va más allá de eso, ¿verdad?


Soltó una risa nerviosa cuando sintió otra palmada en el hombro, no era nada amistosa. Se limitó a guardarse su incomodidad, volteó hacia atrás, como arrepintiéndose de haber entrado ahí. Las puertas dobles le revelaron que por ahora no tenía salida. 


El cuartel dos era algo más avanzado que el primero. Seguía habiendo pequeños prototipos, y estudiaban sus funciones como en el anterior, la diferencia era que estaba mucho más avanzado de lo que esperaba. Más que construirlos, le daban vida.


Le gustaba, quería quedarse ahí. Miró al doctor Johnson, buscando la aprobación.


—Es muy poco para usted, señor Whithe. Estoy seguro que va más allá de tuercas y cables, ¿no es así? Tengo la impresión de que le gusta crear vida más avanzada, más animada.


Matthew lo miró en silencio y asintió, tardó unos segundos en responder:


—Me gusta mucho éste cuartel; me siento cómodo... —aclaró, mientras le echaba un vistazo a un joven que trataba de encender su prototipo, era un pequeño aparato de tuercas que simulaba caminar. —Soy graduado en Ingeniería Robótica, creo que éste cuartel va conmigo. Estudio el comportamiento de...


—Oh, no, señor Whithe. —el hombre rio fuerte, interrumpiendo. Negó con la cabeza y le dio unas palmaditas en la espalda. —Esto es para el aprendizaje de los pasantes, no para alguien de mayor nivel como el suyo.


—Pero, podría ayudarlos...


—¡Sigamos con el recorrido! El cuartel tres le encantará.


Suspiró con pesadez y tomó ambas maletas para seguir tras el científico.


Subió, por segunda vez en el ascensor, junto con el doctor Johnson. Había visto que muchos de los pasillos estaban vacíos y, si había alguien, lo miraban de manera cautelosa. 


Escuchaba tranquilamente el sonido relajante del recorrer de los pisos, cuando escuchó algo que lo hizo sobresaltarse. Un grito.


Miró al hombre a su lado, mas éste parecía imperturbable ante los gritos que surgieron segundos después. El doctor Johnson estaba serio, con las manos tras la espalda, tarareando una canción.


—Se acostumbrarás a esto, señor Whithe. —se volteó el viejo científico.


Su voz parecía vacía, monótona; sin ninguna emoción.


—¿A qué se refiere? —se alteró, trató de sonar calmado. Apretó la manija de las maletas.—Doctor Johnson, ¿qué está pasando?


—No se preocupe, va a entender pronto. No es nada malo.


Finalmente las puertas del ascensor se abrieron con un pitido suave, escalofriante. Matthew juró que había echo eco en todo el edificio, al igual que los agonizantes latidos de espera.


El cuartel tres le heló la sangre por completo.


El doctor Johnson lo miraba, retador; Matthew quiso huir de una vez por todas.


Lo que vio lo dejó sin palabras.


Mujeres jóvenes y hombres gritaban, mientras eran llevados a la fuerza hacia las salas por personas de trajes especiales. Habían niños también, igual de flacuchos que los demás. Muchas de las personas estaban en muy mal estado, y ya no les quedaban fuerzas para seguir.


—¡Suéltenme! Los voy a hacer polvo, ¡lo juro! —gritaba uno de ellos, tenía la voz ronca de tanto gritar y sus manos estaban aprisionadas en una especie de esposas que le cubrían ambas manos, hasta el antebr.


No le salía la voz. El sudor frío recorría su rostro. El corazón parecía quererse salir de su sitio. Sentía que el mundo se le caía encima.


Su hermano, Maurice; aquel hermano mayor que tanto admiraba en silencio, arrastraba al joven que luchaba por escapar entre gritos y miradas cargadas de odio. Parecía doblarle la fuerza, quizás el triple.


La mirada de su hermano conectó con la suya. Se paralizó al ver lo sombría que estaba.


—¿No sabía de esto? —el hombre viejo le sonrió con sarcasmo y salió del ascensor, se detuvo al frente.


—Ustedes... —soltó sus maletas, dio un paso hacia atrás, horrorizado. —¿Qué están...?


El sonido de una alarma terminó por aterrarlo, luego escuchó una fuga de aire. De las paredes metálicas, sobresalieron un par de tubos, liberando un extraño contenido. Las puertas del ascensor se cerraron lentamente, y pronto, el aire tóxico lo envolvió en una nube espesa.


—¡No...! —suplicó, tosiendo. Cayó de rodillas, intentando arrastrarse a una salida. —¡Ayuda...! ¡Por favor...!


Tosió y trató de arrastrarse a una salida, pero sus rodillas terminaron por ceder, junto a sus pulmones. El cuerpo se le adormeció, y Matthew ya no pudo moverse más. A escasos segundos de sumirse en la inconsciencia, se encontró con la mirada vacía del científico, junto a su hermano gemelo, quien tenía atado de una cadena al joven de mirada odiosa.


Y se sumergió en la oscuridad de lo desconocido.