CAPÍTULO 1
La vida es una pecera.
Pero la suya era una inmensa. La vista desde su pecera era tan hermosa que fácilmente podía perder el aliento con sus ojos fijos en las luces de la ciudad. Las zonas bajas del área metropolitana casi no se veían desde aquel rascacielos que conformaba el hotel más grande y lujoso de la ciudad, el Zeus. Mismo en el que se encontraba a la espera de sus padres para la tan ansiada cena familiar.
Sacó la mano del bolsillo de su elegante abrigo negro mirando la hora en su reloj de pulsera. Resopló, era tarde y él no soportaba la impuntualidad.
Solo por su familia era capaz de soportar todo lo que más odiaba.
Echó una mirada a su alrededor recorriendo la elegante apariencia de aquel vestíbulo, sus ojos vieron con sutileza al hombre que se había colocado relativamente cerca suyo, al parecer se había alejado del resto de personas con la intención de fumar un cigarrillo muy fino. Lo supo en cuanto lo vio encenderlo.
Apartó la vista inmediatamente clavando sus ojos nuevamente en el amplio ventanal de cristal frente a él, las luces de la ciudad eclipsando su mirada.
Apretó sus dientes, no había vicios en su vida. Ni alcohol, ni cigarrillo, ni hablar de drogas. Comidas saludables y ejercicio físico de forma regular. Nada de llevar una vida sedentaria o llena de altos y bajos.
Era médico después de todo, y sabía lo que cada una de esas cosas podían hacerle a su cuerpo, no estaba dispuesto a poner en riesgo su salud y eso no estaba en discusión.
A simple vista podía parecer un modo de vida muy aburrido, pero a Rowan le gustaba su tranquilidad, disfrutaba su tiempo a solas.
Su familia era bastante acomodada económicamente, quizá por eso nunca supo tener un estilo de vida diferente, uno en el que no pudiera permitirse el pagar un lugar como en el que ahora se encontraba.
Proveniente de una familia de médicos y cirujanos siendo su padre un célebre cirujano de trauma y actualmente el presidente del hospital General, su madre una importante cirujana cardiotorácica, actualmente la doctora del primer ministro del país. Y su hermana mayor una exitosa psiquiatra que poseía su propia clínica en aquel acomodado rincón de la zona alta de la ciudad.
No fue necesario preguntarse qué quería ser al crecer cuando era solo un pequeño niño, seguir los pasos de sus padres y el ejemplo de su propia hermana mayor pareció ser lo correcto. Supo que estuvo en lo cierto al ver las expresiones cargadas de orgullo en sus rostros al momento de elegir su carrera universitaria.
Muchos dirían que él no escogió libremente su futuro de vida, que no era tan libre como le gustaba creer al estar viviendo una vida planeada para él con anterioridad. Pero lo cierto era que Rowan Silver amaba su trabajo.
—Rowan— el nombrado se volteó alejándose del ventanal de hermosas vistas para acercarse a su elegante padre que recién bajaba del ascensor —Hijo lamento la tardanza— Rowan se dejó abrazar cuando los brazos de su padre lo rodearon.
—Qué les tomó tanto tiempo?— es lo que pregunta al besar la mejilla de su bien peinada madre.
—Tu padre no podía estacionar el auto— comentó la mujer entre risas tomando el brazo de su hijo para emprender un caminar pausado y lento hacia el salón privado que habían reservado previamente en el restaurante que el hotel más famoso y caro de la ciudad posee.
—Para de burlarte de mí, mujer, eso puede pasarle a cualquiera— dijo en cambio su padre peinando con ambas manos su cabello canoso —Cierto Rowan?— lo mira buscando en él un apoyo en ese tema muy a sabiendas de que Rowan no sabe conducir.
—No haz pensado en conseguir un chófer personal?— es lo que pregunta él luego de una baja risa.
—Como tú?— cuestionó el señor Silver y lo vio asentir abriendo la puerta del salón y manteniéndola para que su amada familia pase al interior —Voy a pensarlo— admite bajo entrando al último en el salón.
—Hazlo amor, de lo contrario emplearás mucho de tu tiempo en el aparcamiento cada día— dijo la mujer acomodando su elegante vestido color salmón para poder tomar asiento en la silla que Rowan apartaba para ella —Tú también deberías aprender a conducir Rowan, sé que no lo crees pero puede ser útil en un futuro— riñe ella admirando el hermoso decorado en la amplia mesa familiar.
—Lo haré mamá— sonrió tomando asiento junto a ella mientras su padre se sentaba de forma desordenada en el extremo principal de la mesa.
—Ten un poco de modales Héctor— riñe ella ante la forma en que su esposo se comportaba a la mesa.
—Deja de controlarme Bell, no seré un estirado frente a mi hijo. Se te olvida acaso de dónde vengo?— fue la respuesta de su padre y una sonrisa surcó sus labios al ver a su madre rodar los ojos.
Había escuchado ya esa historia tantas veces que no era capaz de contarlas. Su padre vino de abajo, no fue un cirujano de clase alta toda la vida, aunque cuando ellos nacieron ya sus padres estaban bien posicionados económicamente. De repente sus ojos buscaron nuevamente el ventanal fijándose en las zonas bajas que desde un piso tan alto eran casi imperceptibles.
Será por eso que le llamaba tanto la atención la zona más baja del área metropolitana? No lo sabía.
—Y Rose?— escogió cuestionar alejando así esos pensamientos de su mente.
—Tu hermana ya está de camino. Al parecer Josh se fugó de casa otra vez y estaba como loca intentando localizarlo— explicó su padre con gracia.
—Ese niño no para de darle dolores de cabeza a su madre, y desde que se fue su padre está mucho peor. Mi pobre hija— se queja Bell en cuanto los primeros meseros comenzaron a entrar en el salón dejando bebidas sobre la mesa para cada uno de ellos —Muchas gracias, ordenaremos cuando haya llegado mi hija— habló con cordialidad desbordando elegancia por cada poro de su piel y vio asentir a uno de los camareros.
—No es un niño, mujer, ese crío ya está hecho todo un hombre. Y los hombres son rebeldes a esa edad— dijo esta vez su padre agarrando su copa de cerveza. Cerveza en una copa. Sus compañeros de trabajo se burlarían de él si lo vieran ahora.
—Nuestro Rowan jamás hizo semejantes cosas— ella responde con indignación —Escaparse en medio de la noche? Huir de su madre? Frecuentar sin cese esa zona de la ciudad? Por favor Héctor, eso no es rebeldía. Nuestro nieto es prácticamente un vándalo— se queja ella dando un largo trago a su agua de manantial.
—Baf no exageres— le quita impotancia —Estás comparando a nuestro hijo con nuestro nieto mujer, y no tienen nada en común más allá de la sangre. Rowan nunca fue rebelde, jamás se comportó de ese modo, por dios si ni siquiera tiene vicios— agarrando la botella con su cerveza favorita vuelve a llenarse la copa.
—Y míralo ahora, un hombre hecho y derecho, responsable, saludable y exitoso en su trabajo— se regodea ella en el buen trabajo que está segura de haber hecho en la crianza de su hijo menor.
—Lo es— asintió su padre y por un segundo hubo silencio en la mesa, la mirada intensa de su progenitor sobre él, con una pregunta implícita que Rowan supo entender. Feliz? Era él feliz viviendo su vida de ese modo? De la forma en que su madre planificó todo para él desde que supo que era varón el bebé que tenía en su vientre? —Bueno, es absurdo que compares a dos personas que no tienen nada que ver— es lo que dice apartando sus ojos de su hijo menor —Rowan nunca tuvo motivos para ser rebelde— concluyó bebiendo de un sorbo su cerveza favorita.
Era eso cierto? Acaso en verdad nunca tuvo motivos para ser rebelde? Supone que, para la mayoría de personas el hecho de que sus vidas estén planeadas por su madre desde el momento del nacimiento era un motivo más que suficiente para ser rebelde.
Quizá eso, más el divorcio de sus padres eran los motivos por los que Josh parecía estar en guerra con su madre 24/7.
Sin embargo esos motivos parecían ser insuficientes para el propio Rowan.
—Hijo— la mano de su madre deslizándose suavemente sobre la suya hasta tomarla lo hizo salir de sus pensamientos —Este marzo cumplirás treinta años— él miró la sonrisa en el rostro de su madre y supo lo que diría a continuación —He tenido un par de palabras con la señora Brown, me invitó a un té la semana pasada— ella sonrió más amplio dejando a la vista esas líneas de expresión producto de los años.
Suspiró con cansancio, aquí iban de nuevo.
—No suspires así Rowan— ella lo regañó apretando levemente su mano —Sé que he hablado de este tema muchas veces, pero en verdad esta chica es perfecta para ti. Es una hermosa pediatra con la que podrías construir una hermosísima familia y darnos bellísimos nietos— ella habla y Rowan puede apreciar el brillo en sus ojos ante la ilusión que aquello le hace.
No puede evitar sonreírle con pena. Por más que le gustaría, no puede complacerla en eso.
—Ya lo haz mencionado y ya dijo que no está interesado mujer— resopla su padre y la ve rodar los ojos.
—Puedes ayudarme en esto Héctor?— ella se queja alzando su voz un par de decibeles —Puedes darle una oportunidad Rowan— se inclina hacia él y le habla con suavidad, como hacía cada vez que quería obtener algo de él.
—Ya déjalo en paz mujer. Algún día lo hará, conocerá una chica que le guste, si quiere se casará y tendrá los niños que consentirás— dijo el hombre clavando esta vez la mirada en su copa medio llena.
—O un chico— la voz femenina irrumpió en la habitación a la vez que las puertas del salón reservado para la cena en familia se abrían dejándola pasar —No sé por qué siempre dan por hecho que mi hermanito les traerá una chica a casa? Si es un chico que harán eh?— comentó con fuerza una vez estuvo dentro de la habitación luciendo un hermoso vestido rojo sangre que se pegaba a su cuerpo haciendo relucir aún más sus exorbitantes curvas.
—Rose pero qué tonterías estás diciendo? Rowan nunca....— su madre siempre era sacada de sus casillas por su hermana mayor y por supuesto que esta vez no fue la excepción.
—Rowan nunca ha dicho que casarse y darte nietos sea su deseo mamá, deja ya de tratarlo como a un niño cuyas decisiones puedes tomar en su lugar— y Rowan sintió la mano delicada de su hermana presionando su hombro derecho antes de inclinarse para plantar un beso en su mejilla —Además eso de los hijos está sobrevalorado, solo mira la de disgustos que me da tu sobrino— bromea dirigiéndose esta vez hacia su madre con la finalidad de besar su mejilla —Ni hablar de los matrimonios, todos acaban en divorcio— besó la mejilla de su enojada madre —Menos el tuyo, ustedes dos serán eternos, estoy casi segura de eso— su madre la sostuvo del brazo sin mucha fuerza ante su bromita.
—Un día de estos dejaré de invitarte a nuestros eventos familiares, puedo jurarte eso— dijo la mujer soltándola del brazo, toda orgullosa volvió su atención a su copa de agua de manantial.
—No jures en vano mamá, las dos sabemos que no harás eso— Rose caminó hacia su padre y lanzándose sobre él lo abrazó con efusividad.
—Esa es mi princesa— Héctor la abrazó y besó su frente —Tú eres la única persona, además de mí, que logra sacar de sus cabales a tu madre con tanta efectividad— bromeó ganándose una mirada ceñuda y desdeñosa de parte de su mujer.
—Si...ustedes dos son demasiado parecidos— rodó los ojos ella —Adelante, admite que es tu favorita— y Rowan solo pudo reír cuando la mirada culpable de su padre se clavó sobre él.
—No te preocupes papá...siempre lo supe— admitió entre risas mientras su hermana tomaba asiento junto a él.
—Cenemos, muero de hambre— se quejó Rose acomodando su largo cabello negro a un lado de su cuello y descubriendo así aquel elegante collar que prometía ser un regalo de su nueva conquista.
Ordenaron una cena de salmón debido a la insistencia de su madre de tener una comida saludable y la disfrutaron entre chistes de su padre y comentarios desvergonzados de su hermana mayor, ambos que ponían los pelos de punta a su madre.
Y Rowan cenó en silencio, repentinamente concentrado en las palabras de su hermana. Un chico? Nunca lo había pensado. No mentiría diciendo que jamás sintió atracción por chicas, o chicos incluso. Él no era un mojigato muy a pesar de su apariencia.
Tuvo un par de relaciones antes, aunque todas sus parejas fueron chicas, y la mayoría de estas relaciones amorosas incentivadas por su propia madre.
Si le preguntaban si alguna vez tomó una decisión en su vida, la respuesta sería un si abiertamente. Él era dueño de sus decisiones aunque a todos en su familia les gustara creer que no.
Era cierto que él se dejó guiar por su madre muchas veces, muchas otras dejó que ella decidiera por él, pero cuando deseó negarse lo hizo. Cuando no quiso salir con otra chica elegida por su madre, él lo hizo. Cuando quiso rechazar los planes de citas a ciegas con la finalidad de un futuro matrimonio, él lo hizo.
Estaba soltero ahora mismo porque así lo decidió él.
Un ligero movimiento a su izquierda lo hizo salir del mundo en su cabeza para mirar a su hermana quien le alcanzaba una copa con agua.
—Llevas gruñendo más de dos minutos. No te estabas ahogando?— indaga ella cuando Rowan la miró como si estuviera loca. Negó.
— Aún no encuentras a Josh?— preguntó en cambio.
—Aún no, pero lo sabré una vez encienda su teléfono— respondió acomodando un mechón de su cabello tras su oreja con su mirada fija en la pantalla de su teléfono celular.
—Espera. Le haz puesto un localizador en el teléfono a tu hijo?— preguntó con más gracia de la que esperó y la mirada malvada de su hermana lo enfocó. Era la misma mirada que ponía cuando eran pequeños y hacía alguna travesura que de seguro haría gritar a su madre.
—Ser madre no solo se trata de dar amor hermanito. Mi hijo es un maldito desastre y como buena madre que soy tengo el deber de saber cada paso que da, digo, tengo que hacerlo si luego voy a tirar de sus orejas con fuerza y recoger su desastre— su sonrisa se hizo más amplia cuando una notificación inundó la pantalla de su celular —Y por lo que veo es tan idiota como su padre— susurró ella agarrando su bolso con la intención de ponerse de pie.
—Espera. A dónde vas?— cuestionó Rowan sosteniéndola del antebrazo.
—Iré a buscar al imbécil de mi hijo que no ha escogido un lugar mejor al que escapar que ese maldito antro de perdición— dijo ella poniéndose de pie.
—Déjalo Rose, yo iré a buscarlo— dijo poniéndose de pie.
—Oh— ella se sentó nuevamente con un gesto de sorpresa en su rostro —Estás seguro?— preguntó ya volviendo a acomodarse en su silla.
—Si, iré a buscarlo. Solo mándame la dirección— agarrando su abrigo alistó su traje caro dirigiéndose a su madre para despedirse de ella con un beso en la mejilla.
—De acuerdo, acabo de enviarte la dirección— dijo su hermana.
—Ten cuidado hijo. De acuerdo?— lo soltó al fin su madre luego de besuquear su mejilla.
—Lo haré mamá— sus pasos lo guiaron a su padre quien se puso de pie para abrazarlo y palmear su hombro.
—Haces lo correcto hijo. Hay cosas que solo un hombre puede enseñarle a un gamberro en crecimiento— lo soltó tras apretarlo contra su cuerpo.
Sonrió y siguió adelante saliendo de la habitación.
—Hija pienso que no deberías volver al trabajo tan pronto, quiero decir, hace muy poco que te divorciaste— escuchó que su madre decía mientras se alejaba por el corredor que lo llevaría al frío exterior de aquella noche de enero.
—Ay mamá por favor, solo es un divorcio, no estoy lisiada— no pudo evitar reír al oír la voz elevada de su hermana mayor.
El frío del exterior le dió la bienvenida en cuanto bajó del ascensor y salió del lobby.
Revisó su teléfono justo cuando un taxi se estacionó frente a él. Siseó cuando su mano hizo contacto con la superficie fría de la puerta del auto antes de abrirla y subir al asiento trasero del mismo.
Se relajó contra el asiento mullido. Aquel era uno de esos taxis lujosos que paraban siempre cerca de hoteles como el Zeus, suspiró dejando que el aroma de aquel aromatizante suave de pino se colara en su sistema. Sus ojos desviándose hacia el vidrio templado de la ventanilla, mismo que estaba empañado ante el frío del exterior y la calidez cómoda de dentro.
—A dónde lo llevo señor?— la voz del conductor lo hizo enfocar aquella mirada oscura a través del espejo.
—Club Piscis— dijo simple y no se perdió la forma en que los ojos del conductor le escudriñaron con sutileza a través del espejo.
No supo el por qué de aquella extraña mirada, pero lo sabría pronto. Pronto cuando los escenarios comenzaran a cambiar dejando detrás la zona más alta del área metropolitana, dejando detrás los enormes edificios, los lujosos hoteles y los rascacielos en los que personas como él pasaban el día a día prácticamente sin saber que fuera de aquella pecera de brillantes paredes había un mundo mucho más abierto que el que conocía. Más grande, más amplio, pero sobre todo... Más bajo. Dónde la miseria y desfachatez humana no conocían límites.