Dulce o Truco

Summary

Para Harry Potter, Halloween siempre ha sido una fecha difícil, cargada de recuerdos que preferiría olvidar. Sin embargo, esta vez, su tutor Severus Snape tiene otros planes en mente. En una noche fría de octubre, Severus intenta ayudar a Harry a enfrentar la fecha de una forma inesperada, llevándolo a revivir antiguas tradiciones que traerán sorpresas y, quizás, hasta nuevos recuerdos. ¿Podrán ambos encontrar algo de consuelo en medio de la oscuridad de Halloween? -> Disclaimer: Los personajes son propiedad y autoría de JK Rowling y WB.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

El viento de octubre susurraba por las calles de la pequeña ciudad, arrastrando hojas doradas y secas en remolinos estaba anunciando que pronto comenzaría el invierno. La noche caía rápidamente, era como un manto oscuro que cubría las casas y callejones del vecindario, mientras las primeras luces de las farolas titilaban en la creciente oscuridad. En las casas, las decoraciones de Halloween comenzaban a cobrar vida, con calabazas talladas con rostros cómicos y terroríficos en los porches, murciélagos de papel colgando de las puertas, y linternas de colores proyectando sombras misteriosas en las aceras, toto el lugar se había vestido para la ocasión.

Un grupo de niños, disfrazados, corrían alegremente por las calles, sosteniendo unas pequeñas canastas con las que pedían dulces casa por casa, riendo a carcajadas con la decoración de las mismas. La emoción de la noche era palpable en el aire, como si cada rincón del mundo estuviera encantado por la magia del Halloween.

Pero dentro de la casa de Spinner’s End, el ambiente era completamente diferente.

Sentado en el sofá del pequeño salón, con el ceño fruncido y la mirada perdida en el fuego que crepitaba suavemente en la chimenea estaba Harry, tenía solo doce años, pero sus ojos parecían haber vivido muchos más. En sus manos sostenía una fotografía enmarcada de sus padres, Lily y James Potter, era la fotografía de su boda. Sus dedos trazaban distraídamente los bordes del marco mientras su mente vagaba por pensamientos difusos. Halloween nunca había sido una fecha fácil para él. Mientras otros niños corrían por las calles recogiendo dulces, Harry no podía evitar recordar lo que este día representaba para él: el día en que sus padres habían sido asesinados. No era fácil de afrontar, nunca había podido sonreír ese día.

A pesar de vivir con Severus Snape, su padre adoptivo, desde hacía ya cinco años luego de que fuera rescatado de la casa de los Dursley, ese dolor siempre regresaba cada Halloween, como una sombra oscura que no podía evitar. Desde que Severus lo había llevado a Spinner’s End, habían creado una vida tranquila y rutinaria. Harry estaba agradecido por ello, por la estabilidad que Severus le había brindado, pero esta noche en particular siempre pesaba en su corazón, era de los pocos días en su vida que realmente añoraba una vida diferente.

Severus, que estaba en la cocina preparando una taza de té, observaba a Harry desde la distancia. Sabía lo que esa fecha significaba para él, y aunque no era un hombre sentimental, sentía una punzada de compasión por el niño que veía como su hijo. Sabía lo que era crecer con una herida tan profunda, él mismo había perdido a su madre de joven y sabía lo que estaba pasando. No se engañaba a sí mismo pensando que podía borrar el dolor de Harry, pero esperaba que al menos, podría distraerlo de los recuerdos sombríos, o darle alguna anécdota para su colección.

Con una leve exhalación, Severus dejó el té en la mesa junto al sofá y se sentó en la silla frente a Harry, cruzando sus piernas mientras lo observaba en silencio por un momento. No era bueno para las palabras de consuelo, nunca lo había sido, ni cuando Harry se cayó de la bicicleta a los siete, ni cuando rompió uno de sus libros favoritos a los diez, ni cuando se enfermó el verano anterior, claro que estaba ahí, se había jurado ser un mejor padre que el suyo, simplemente sabía que el consuelo no era su fuerte, pero como siempre estaba dispuesto a intentarlo.

—Harry —dijo finalmente con un tono más suave de lo normal—, he estado pensando que tal vez podríamos hacer algo diferente esta noche.

Harry levantó la mirada de la fotografía, reconociendo su presencia, sus ojos verdes, tan parecidos a los de su madre, brillando con tristeza y confusión.

—No lo sé, Severus —murmuró Harry, encogiéndose de hombros—. No me siento con ánimos de hacer nada.

Severus exhaló lentamente, sabía que no sería fácil, pero decidió continuar. Pensó por un momento, sus propios recuerdos de Halloween pasados surgiendo en su mente, y entonces una idea cruzó por su mente. Tal vez una historia podría ayudar.

—¿Te he contado alguna vez sobre el Halloween en el que tu madre y yo salimos a pedir dulces? —preguntó, sus ojos oscurecidos por una mezcla de nostalgia y ternura.

Era raro para él hablar de Lily, habían sido amigos demasiado tiempo, la había amado como a una hermana, él también cargaba con el dolor del duelo, pero sabía que para Harry esos recuerdos de su madre eran importantes.

Harry lo miró, con sorpresa dibujada en su rostro. Severus no solía hablar mucho sobre su pasado, y menos sobre momentos felices con su madre.

—¿Tú y mi madre? —preguntó Harry, con una mezcla de incredulidad y curiosidad.

Aunque sabía que él conocía a su mamá, esa había sido la razón por la que las autoridades habían accedido dejando que lo adoptara luego de unas semanas, era extraño pensar en Severus y su madre juntos, y aún más extraño imaginar a Severus, el hombre serio y estricto, disfrutando de algo tan mundano como Halloween.

Severus asintió, permitiendo que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios mientras recordaba aquella noche de hace tantos años.

—Sí —respondió—. Teníamos unos diez años. En nuestro vecindario, Halloween era una gran tradición, y salir a pedir dulces era lo que hacían todos los niños. A mí no me entusiasmaba mucho, pero tu madre… Lily siempre encontraba la manera de convencerme.

Harry esbozó una sonrisa, aunque aún teñida de tristeza. Le costaba imaginar a su madre junto a Severus, pero esa chispa de alegría en sus ojos al hablar de ella le daba algo de consuelo.

—¿Te disfrazaste? —preguntó Harry, tratando de imaginar a Severus en algo tan festivo.

Severus hizo una mueca, pero asintió con resignación.

—Lo hice —admitió, su tono algo seco, como si aun estuviera molesto con la niña—. Lily me convenció de vestirme como un mago, lo que no fue difícil, ya que no tenía muchas opciones. Usé una vieja capa de viaje de mi madre y un sombrero de segunda mano que encontramos en una tienda. Lily, por supuesto, iba disfrazada de bruja, toda de rosa y verde. Se veía encantada, como si hubiera salido de uno de esos cuentos de hadas que tanto le gustaban.

Harry soltó una pequeña risa al imaginarlo, y algo del peso en su pecho pareció aligerarse. El calor del fuego y la historia de su madre lo hacían sentir un poco más cerca de ella.

—¿Y te divertiste? —preguntó, con genuino interés.

Severus se recostó en su silla y entrecerró los ojos, como si buscara en su memoria.

—No lo sé —dijo, con una leve sonrisa de medio lado—. Supongo que sí, aunque en ese momento no lo habría admitido. Pero tu madre... tenía una manera de hacer que las cosas más simples parecieran mágicas. Cada vez que alguien nos daba caramelos, ella lo celebraba como si fueran tesoros.

El silencio que siguió fue cómodo, lleno de los pensamientos de Harry sobre lo que acababa de escuchar. La imagen de su madre riendo y corriendo por las calles, llena de vida, reemplazaba por un momento las dolorosas memorias de su muerte.

Harry jugueteó con el borde del marco de la foto, mirando a Severus con algo que se acercaba a la curiosidad. Luego, una idea cruzó su mente.

—¿Por qué no hacemos eso este año? —preguntó de repente, con una pequeña chispa en los ojos—. Nunca he salido a pedir dulces… podría ser divertido, ¿no?

Severus lo miró con una mezcla de sorpresa y evaluación. No había esperado esa reacción, pero ver a Harry mostrando interés en algo lo hizo considerar la idea.

—¿Quieres salir a pedir dulces? —preguntó Severus, levantando una ceja—. ¿A esta edad?

Harry sonrió, algo tímido.

—Bueno… nunca lo he hecho. Y además, tal vez sea lo que necesito para distraerme un poco —admitió, encogiéndose de hombros. ― Además siempre me dices que debo hacer todo lo que… lo que ellos no me dejaron hacer como niño…

Severus lo observó por un largo momento, luego asintió lentamente. Si eso podía ayudar a aliviar el dolor de Harry, entonces estaba dispuesto a hacerlo.

—Muy bien —dijo finalmente, poniéndose de pie—. Pero que quede claro: no pienso disfrazarme de nuevo.

Harry soltó una risa, la primera genuina que Severus había escuchado en todo el día.

—No te preocupes —dijo Harry, poniéndose de pie con una sonrisa más amplia—. Creo que puedo encargarme de los disfraces esta vez. ―hizo una pausa y luego agrego― ¿vendrás conmigo verdad?

La vulnerabilidad en la pregunta tomo a Severus por sorpresa, pero luego de mirar un momento al niño que lo miraba con sus ojos verdes brillantes asintió, y a cambio recibió una brillante sonrisa por parte de Harry.

Mientras Severus preparaba algunas bolsas para llevar, Harry subió corriendo a su habitación para improvisar un disfraz. Sabía que no tenía mucho como para hacer algo elaborado, pero eso no lo desanimaba, hacer algo que lo mantuviera unido a su madre era lo importante. Encontró una capa vieja que Severus guardaba en el armario del pasillo y una máscara de cartón que había quedado de alguna festividad pasada. Se la puso frente al espejo, probando diferentes poses como si fuera algún tipo de héroe.

El entusiasmo que había despertado en él sorprendió a Harry. No podía recordar la última vez que se sintió así, y aunque sabía que Halloween siempre traería consigo el peso de la pérdida de sus padres, había algo en la idea de crear nuevos recuerdos que lo hacía sentir más ligero.

Cuando bajó las escaleras, encontró a Severus esperándolo en la entrada, con una bolsa vacía en la mano y una expresión mezcla de paciencia y resignación. Harry notó que, aunque no llevaba disfraz, había hecho un esfuerzo por acomodar su habitual vestimenta oscura de manera un poco más festiva, y de hecho había cambiado su jersey gris oscuro por uno que tenía un patrón de murciélagos en el lado derecho.

—¿Listo? —preguntó Severus, arqueando una ceja ante el improvisado disfraz de Harry.

Harry asintió, sonriendo mientras ajustaba la capa sobre sus hombros.

—Más que listo —dijo, sintiéndose extrañamente emocionado.

La noche en las calles estaba llena de vida. Los niños corrían de una casa a otra, riendo, algunos gritando de miedo fingido mientras los adultos entregaban dulces con sonrisas indulgentes. Las calabazas iluminadas lanzaban sombras danzantes por los senderos y las risas infantiles resonaban en cada rincón. Era una atmósfera completamente diferente a la que Harry había conocido en otros Halloween, mucho más cálida de lo que imagino, claro que había pasado todas las noches del 31 de octubre durante siete años en un armario y los siguientes cinco se había negado a salir en esas fechas.

Harry y Severus caminaron lado a lado por las calles empedradas, pasando por las casas decoradas con luces naranjas y figuras espeluznantes. Harry no podía evitar sonreír mientras veía a los niños emocionados con sus disfraces. Sentía una ligera vergüenza por ser mayor que la mayoría de los que corrían con bolsas de dulces, pero el deseo de crear un nuevo recuerdo en una fecha tan dolorosa superaba cualquier incomodidad.

—Entonces, ¿cómo funciona esto? —preguntó Harry, mirando las casas. Sabía que la tradición era simple, pero nunca lo había experimentado de primera mano.

Severus lo miró de reojo, sonriendo ligeramente ante la inocencia de la pregunta.

—Es sencillo, Harry —dijo con tono ligeramente burlón—. Vas a la puerta, tocas el timbre o golpeas, dices “dulce o truco”, y te darán un dulce. Es casi un intercambio sin esfuerzo. Por alguna razón, los las personas disfrutan de ello.

Harry rió entre dientes, algo relajado por la familiaridad en el tono de Severus. Caminó hasta una casa decorada con telarañas falsas y murciélagos colgando, sintiendo una emoción que no esperaba. Tocó el timbre y cuando la puerta se abrió, un hombre mayor con una enorme sonrisa los recibió.

—¡Dulce o truco! —dijo Harry, sintiéndose un poco torpe, pero disfrutando del momento.

El hombre rió y metió la mano en un enorme cuenco lleno de dulces, dejando caer algunos caramelos en la bolsa de Harry. El chico miró su botín con sorpresa y gratitud, sintiéndose por primera vez como un niño más en Halloween, en lugar de un huérfano cargado con el peso de recuerdos trágicos.

Severus se mantenía al margen, como habían hecho los padres de Lily en su infancia, observando a Harry con una mezcla de satisfacción y reflexión. Lo que había comenzado como una simple distracción parecía estar funcionando. La ligera sonrisa en el rostro de Harry era suficiente para hacer que valiera la pena salir esa noche.

Caminaron por varios bloques más, repitiendo la rutina en cada casa. A medida que la bolsa de Harry se llenaba lentamente de caramelos, su semblante parecía volverse más ligero. En más de una ocasión, Severus lo sorprendió sonriendo para sí mismo, algo que no veía muy a menudo en el chico.

Finalmente, después de varias calles y una bolsa bastante decente de dulces, Harry y Severus encontraron un pequeño parque al final del vecindario. Los árboles se alzaban como siluetas oscuras bajo la luz de la luna, y las hojas caídas crujían bajo sus pies mientras caminaban. A pesar del ambiente ligeramente siniestro, Harry se sentía en paz. Era una noche extraña, pero de alguna manera, la mejor Halloween que había tenido.

Severus se sentó en un banco bajo un viejo roble, mirando a Harry mientras el chico se acercaba a una fuente cercana, sumergido en sus propios pensamientos. Por primera vez desde que lo había sacado de la casa de los Dursley, Severus sintió que tal vez, solo tal vez, estaba empezando a reparar algo del daño que había sufrido el niño.

Después de un rato, Harry volvió al banco y se sentó a su lado. Se quedó mirando la bolsa de dulces en silencio durante un momento, sus pensamientos claramente ocupados. El ambiente se había calmado, y aunque las risas de los niños aún se escuchaban a lo lejos, la sensación de tranquilidad envolvía el parque.

—Gracias, Severus —murmuró finalmente Harry, sin apartar la vista de la bolsa—. No sabía que necesitaba esto.

Severus lo miró de reojo, manteniendo su expresión neutral.

—No tienes que agradecer nada —respondió con suavidad—. Todos necesitamos un descanso de los recuerdos dolorosos de vez en cuando. Incluso tú.

Harry asintió lentamente, luego se recostó contra el respaldo del banco, mirando el cielo oscuro sobre ellos.

—A veces me pregunto cómo sería si ellos... —empezó a decir, pero luego calló, como si las palabras fueran demasiado difíciles de pronunciar.

Severus entendió. No necesitaba que Harry completara la frase para saber lo que quería decir. El dolor de perder a sus padres a una edad tan temprana era una carga pesada, y aunque Severus no tenía las respuestas ni las soluciones, había aprendido a estar allí, a su manera.

—No puedes cambiar el pasado —dijo finalmente Severus, su voz baja pero firme—, pero puedes crear nuevos recuerdos, como lo hiciste esta noche.

Harry lo miró, reflexionando sobre esas palabras. Nunca había pensado en Halloween como algo que podría significar más que tristeza, pero tal vez, después de esta noche, empezaría a verlo de manera diferente. No sería fácil, pero tener a Severus a su lado, aunque nunca fuera el más afectuoso de los padres, hacía una gran diferencia.

—¿Crees que ellos estarían orgullosos de mí? —preguntó Harry en un susurro, mirando las estrellas como si pudiera encontrar la respuesta allá arriba.

Severus lo miró con seriedad. Aunque sus sentimientos por James Potter seguían siendo complicados, no podía negar la verdad cuando se trataba de Harry.

—Tu madre estaría extremadamente orgullosa de ti —dijo Severus con firmeza—. Y creo que tu padre también lo estaría. Sin duda te comportas mucho mejor que él a su edad.

Harry soltó una risa suave, sorprendido por el tono burlón pero cariñoso de Severus.

―Te amaban Harry, más que nada en este mundo, nunca dudes de eso ― dijo como una ocurrencia tardía.

Harry sonrió con algo parecido a nostalgia. Era extraño pensar que Severus, de todos los hombres, lo estaba criando, Era frio, estricto, vivía solo, no tenía muchos amigos, pero Harry no podía negar que le había dado algo que nunca tuvo antes: una familia, de alguna forma.

Se quedaron en silencio un rato más, disfrutando del momento de tranquilidad bajo el cielo estrellado, mientras el frío viento de octubre hacía que las hojas crujieran a su alrededor. Al final, la bolsa de dulces a medio llenar y la calidez en su pecho fueron suficiente para que Harry supiera que, a pesar de todo, esta noche había sido especial.

Halloween ya no sería solo una fecha para recordar el dolor. Ahora también sería una noche para recordar los pequeños momentos de paz, y tal vez, incluso, de felicidad.