Una coneja, una dragona y una zorra | My Hero Academia | ??? x Lector | Limón

Summary

Secuela directa del Oneshot: "Mi razón para ser un héroe - Rumi Usagiyama x Lector" en forma de novela. El profesor de la clase 3-B separa a los estudiantes en distintos grupos determinados por el rendimiento académico y les deja un trabajo práctico para la próxima clase. Tn (Yin), el estudiante con la nota más bajas del curso es agrupado con la estudiante con peor rendimiento, Ryuko Tatsuma, con la que no se lleva del todo bien. Sin embargo, el convivir y pasar tanto tiempo juntos mientras completan la tarea, ¿hará que finalmente resuelvan sus diferencia? Pero más importante, al verlos compartir momentos a solas, ¿alguien se podría ponerse celosa al malinterpretar la situación?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Una unión forzada. 📚🐉

El resonar de la campana marcó el inicio del cambio de horario escolar. Dentro del aula de la clase 3-B, el corpulento profesor se paró con autoridad delante del pizarrón, enfrentando a los estudiantes, se dispuso a dar un último mensaje antes de tener que retirarse.

—Les dejare tarea para la próxima clase —manifestó en un tono relajado.

Al instante, escucho un mar de lamentos provenientes por parte de los estudiantes.

» Tranquilos, es un trabajo práctico grupal. —La agonía se transformó en suspiros llenos de desahogo—. Aunque cabe aclarar que seré yo seré quien forme cada equipo. —Otro grupo de quejidos desplomó el ánimo del lugar por completo. El hombre chasqueó la lengua—. No exageren, podría ser mucho peor —se sinceró con ellos.

Como si el ambiente de clase fuera una funeraria, uno de los alumnos, con un quirk mutante, que se manifestaba en su cabeza con forma de tortuga, reunió valor y levantó la mano en alto. El profesor asintió con la cabeza y le hizo una seña para que prosiguiera con la pregunta.

—No lo entiendo, ¿Por qué deberíamos hacer tarea escrita? Somos aspirantes a héroes, ¿Qué no deberían mandarnos a combatir contra villanos o algo parecido? —opinó, los murmullos de sus compañeros estuvieron de acuerdo con él.

—Entiendo tu disgusto, sin embargo, si bien las clases prácticas son muy importantes, desarrollar el cerebro también lo es. El cuerpo y la mente tienen que estar en completa armonía para la eficacia absoluta a la hora de salvar personas —explicó con seguridad.

—No estoy tan segura de eso —estimó una estudiante con unas llamativas orejas de conejo sobresaliendo de su cabellera blanca—. ¿Qué no lo único que hay que hacer es apalizar villanos hasta mandarlos a llorar con sus mamis? —preguntó con una sonrisa engreída mientras se balanceaba en la silla. Un estruendo carcomió la sala cuando la silla dejó de balancearse—. ¡O mejor aún! —exclamó y estrelló el puño violentamente contra su palma—. ¡Golpearlos hasta que supliquen por estar entre rejas! —Ella se sentó de lado con el codo sobre el respaldo de la silla escolar—. Deje eso de pensar para aquellos nerds que quieran dedicarse a la sección de apoyo —comentó con tosquedad, menospreciando a los estudiantes del departamento de apoyo.

Negando con la cabeza, el profesor se sostuvo la frente, decepcionado.

—Tan violenta como siempre, señorita Usagiyama—dijo, acostumbrado a la forma tan agresiva y grosera en la que se expresaba la joven.

—¡Así es como lo prefiero, paliza primero y pregunta después! —explicó orgullosa mientras se crujía los nudillos.

—Yo apoyo la noción —concordó la rubia sentada en el pupitre de su derecha,Ryuko Tatsuma.

Por otro lado, el adolecente a su izquierda levantó la mano y refutó con la cabeza.

—Yo no, por mi parte sí creo que es importante la estrategia para hacer un buen trabajo, no siempre se requieren músculos en los rescates, a veces simplemente se trata de velocidad y pensar rápido —declaró, alegrando al profesor.

—Joven Keigo, como siempre, el más coherente de los tres —alabó al adolescente.

Rumi frunció el ceño y le dirigió unas palabras al joven con alas de plumas rojas en la espalda, semejantes a las de un pájaro:

—A nadie le importa tu opinión pajarraco —escupió Rumi con amargura.

—Sí, por eso solo sirves de asistente en las misiones —acompañó Ryuko, molesta.

Una gota se derramó por la frente del rubio cenizo.

—Para amigas como ustedes. ¿Quién necesita enemigos? —declaró Keigo entre risas.

Durante su pequeña riña, el profesor los silenció a todos al golpear el escritorio repetidamente con una pila de papeles para acomodar las hojas de manera perfecta y ordenada.

—Bien, como se imaginarán, los grupos ya están elegidos, los definí en base al rendimiento académico de cada uno para asegurarme de que los más vagos no se aprovechen de los que sí estudian y prestan atención —explicó de forma amenazante, especialmente para aquellos con los promedios más bajos del curso—. Sin más que decir, empezaré por los mejores de la clase. —Se aclaró la garganta, y prosiguió—. Los integrantes del grupo A son: Takami Keigo y Usagiyama Rumi —indicó con monotonía.

La coneja elevó el pecho con orgullo al ser reconocida como la mejor, fortaleciendo su ego bastante agrandado.

—Era de esperarse, después de todo soy fabulosa —dijo altanera.

Keigo se relajó en la silla, deslizándose hacia delante y apoyando la espalda contra el respaldo.

—Sí, supongo que era predecible —comentó.

—Takami —llamó el hombre adulto frente a la clase.

—¿Sí, profe? —preguntó, arqueando las cejas hacia arriba.

—Confío en que puedas llevar a Usagiyama por mejor camino y enseñarle algo de disciplina en cuanto al estudio —solicitó—. Sus notas no son para nada malas, pero podrían mejorar con una buena guía.

Un bufido de fastidio escapó de Rumi ante la critica. Keigo, por otro lado, miró incómodo al profesor y se acarició la nuca claramente nervioso.

—Me encantaría poder asegurarle eso, pero no puedo prometer nada, ella puede llegar a ser mucho más dura de lo que parece —admitió con una pequeña risa.

La silla de Rumi produjo un repentino chirrido metálico cuando la arrastró hacia atrás y se levantó con las palmas sobre el pupitre. El sonido agudo inquietó las orejas de todos, en especial a ella misma debido a lo sensible que eran sus oídos de conejo. Pero aguantó el malestar para increpar a su compañero.

—¡¿Acaso estás tratando de decir que soy una cabeza hueca?! —exclamó Rumi con el ceño completamente arrugado.

Ante la amenaza, el pájaro adolescente levantó las manos a los costados de su cabeza de forma inofensiva.

—Que conste que fueron tus palabras, no las mías —dijo, inocente.

De fondo se lograron escuchar los “Oooh” de sus demás compañeros.

Rumi gruñó ofendida y volvió a tomar asiento, se balanceó de nuevo, esta vez colocando los pies sobre el escritorio que temblaban impacientes.

—La próxima vez que me insultes te convertiré en paloma rostizada, ¿escuchaste? —lo intimidó.

Keigo sonrió aliviado, ese día no sería su funeral.

—Entendido y anotado.

—Y solo para que sepas —pronunció Rumi con un tic en la ceja—. ¡el único cabeza de chorlito aquí eres tú! —exclamó cruzándose de brazo y sacando humo por la nariz.

«Vaya, eso si que la ofendió, a veces olvido lo sensible que es cuando se burlan su inteligencia», destacó Keigo en su mente.

El profesor ignoró la discusión entre ambos adolescentes y prosiguió nombrando a los demás grupos. A medida que iba designando a cada alumno, el corazón de la pobre Ryuko palpitaba frenético, no tenía muy en claro su situación académica, y el hecho de que no la nombrara con cada nuevo grupo que pasaba le daba a entender que estaba en una situación escolar bastante delicada. Le sudaban las manos y se frotaba los dedos entre sí, impaciente, esperando su turno que parecía nunca llegar.

—Y por último, el grupo con el rendimiento más bajo de todos, el Grupo J: Tatsuma Ryuko yT/A Yin.

—¡¿Qué?! —exclamó Ryuko con los ojos bien abiertos.

Mientras sus compañeros se reían, el chico nombrado no sé quedó callado y se quejó con el adulto.

—¡¿Espere, como que el más bajo de todos?! —dijo, pidiendo explicación.

—¿Qué esperabas? —dijo el profesor—. Te pasas la mayoría de las clases durmiendo —Yin intentó responder, pero el hombre lo interrumpió—. Puedo reconocerte dormido incluso cuando traes los lentes de sol. —El adolescente levantó la mano para hablar. El profesor lo ignoró, sabiendo lo que diría—. Y no, no importa que te pintes los párpados simulando como si fueran tus ojos, tus ronquidos pueden despertar incluso a un Snorlax en coma.

Los demás alumnos de la clase estallaron en risas ante lo expuesto por el hombre, la mayoría dándole la razón de lo fuerte que roncaba.

—Vaya... Bueno, me atrapó —admitió Yin algo avergonzado entre risas.

—¿Y a mí porque me mete en el mismo saco que este desperdicio humano? —cuestionó Ryuko mientras señalaba a Yin.

Ofendido, el señalado entrecerró los ojos.

—Primero que nada. Ouch. —dijo sin quitarle la vista de encima—. Segundo, apuntar a otros con el dedo está mal. Y tercero, pensé que ya habías superado esta etapa de tsundere —comentó ante el repentino ataque de la dragona. Hacia mucho tiempo que no se mostraba tan hostil con él.

—¡¿Cómo me llamaste, insecto?! —exclamó irritada.

El profesor la miró con desilusión, mientras los demás compañeros, con algunas pocas excepciones como Ryuko y Takami, disfrutaban de la discusión entre los más “tontos” de la clase.

—Tatsuma, tu no eres mucho mejor que él, siempre veo como te pasas todas mis clases distraída con el celular oculto detrás de los libros —confesó con pesadez.

Ryuko pareció sorprenderse por la acusación.

—¡Yo no hago eso! ¡¿Qué clase de difamación esta haciendo a mi persona?! —dijo resentida.

—Señorita, mire donde se sienta —comentó y le señaló la ventana a su derecha—. La luz de su teléfono se refleja en la ventana —explicó.

Al mirar a sus compañeros, Ryuko deseó hacer un poso y meterse dentro al percatarse de que la mayoría se reía de ella.

—Bueno, tampoco es nuestra culpa. —Yin saltó a defenderse—. Su clase es bien pinche aburrida, ya jubílese, anciano —murmuró entre bufidos.

—¿Perdón, pero que fue lo que dijiste? —preguntó el profesor que no había escuchado el comentario con nitidez.

—Nada, nada —contestó con el coraje desinflado, y apoyó la cabeza sobre su mano, aburrido.

—Más te vale —dijo el profesor.

—¡L-Lo práctico! —interrumpió Ryuko, llena de esperanza—, lo práctico debería equilibrar mis malas notas en lo escrito, ¿no es así?

—Lamentablemente para ti, lo practico tampoco es tu fuerte —admitió el hombre.

—¿E-Eh? ¿C-Cómo? —pronunció confundida.

—Verás, tus notas han estado bajando progresivamente —confesó—. Mientras más avanza el año, el uso limitado de tu Quirk provoca que a la hora de hacer trabajos complejos donde se requiere mucha precisión y cautela se retrasen o hasta se entorpezcan por tu culpa. Eso sin contar la desestabilidad del tiempo de tu metamorfosis. —Ryuko bajó la cabeza, decaída—. Pese a ser tu último año, todavía tienes mucho que aprender y tendrías que estabilizar lo práctico con el estudio, pero no prestas atención —dijo, lamentando su situación—. Estas en la cuerda más floja del curso, comienza a tomarte esto más enserio si quieres llegar a ser una heroína, o mínimamente terminar el último año de la academia sin tener que repetirlo —comentó sin tapujos.

—S-Sí, profesor... —aceptó la dragona con una mueca amarga, completamente decaída.

Ryuko quedó completamente shockeada con la noticia. Rumi, Keigo y Yin se limitaron a mirarla, no había mucho que pudieran decir para contradecir las duras palabras del profesor, si bien fue cruel y no uso la mejor forma para transmitir un mensaje, era el golpe de realidad que ella necesitaba para despertar.

—Bien, eso es todo —comentó el hombre—. Los grupos están armados, voy a darle a cada uno lo que debe preparar para la próxima clase —El profesor comenzó a repartirle banco por banco las hojas a cada uno de los integrantes de los diferentes equipos.

Cuando las consignas llegaron a las manos de Keigo, también conocido como Hawks, sonrió aliviado. Le tocó buscar sobre la biografía completa de una heroína reconocida, Nana Shimura.

—No esta tan mal este tema —pronunció, tranquilo de que no fuera algo muy pesado de investigar.

—¡¿No esta mal?! ¡Es el mejor trabajo práctico de la vida! —celebró Rumi. Nana Shimura era su heroína favorita.

El profesor siguió repartiendo los trabajos hasta que llegó a las hojas de Yin y Ryuko. El adolescente se quedó pálido, boquiabierto por la cantidad absurda de consignas que le había dado.

—Esto tiene que ser una broma —dice Yin.

Ryuko no dijo absolutamente nada, y solo se limitó a mirar la hoja en silencio. Escuchando el cuchicheo alegre y depresivo de los demás estudiantes por el trabajo que les tocó.

Parado frente a la clase una vez más, el hombre agarró su maleta del escritorio y se despidió de sus alumnos.

—Ahora que les entregué los trabajos a todos, me retiró. No olviden completarlos, tienen una semana para la entrega. Nos vemos la próxima clase. —Los alumnos se levantaron de los pupitres y lo saludaron por educación.

Cuando el hombre cerró la puerta, Rumi, sin sacar el trasero de la silla, levantó el asiento con las manos y se acercó a Ryuko para sentarse a su lado.

—¿Estás bien? —preguntó, preocupada por el estado tan abatido de su mejor amiga.

La rubia levantó la cabeza y le mostró una ligera sonrisa, ocultando el malestar que sentía.

—Sí, sí, estoy perfecta —dijo, como si no le pasara nada.

A diferencia de Rumi, Keigo dejó el pupitre. Se acercó a ellas y se inclinó, cruzando los brazos sobre la mesa de Ryuko.

—¿Segura? —cuestionó.

—Pff. Por supuesto —respondió sin dudar—. No pienso dejar que el comentario de un viejo frustrado que ni usando viagra puede cogerse a su esposa me derribe. —Su sonrisa tembló.

—B-Bueno, ese comentario pareció sumamente resentido —expuso Keigo.

—¡Dije que estoy bien! —gritó, silenciando a todo el curso.

Rumi le dio suaves palmadas en la espalda para tratar de relajarla.

—Ya, ya, tranquila —susurró con calidez.

—Lo siento, yo... solo déjenme tranquila —pidió la dragona, su sonrisa decayó al instante y ocultó el rostro dentro de sus brazos, acostando la cabeza sobre el pupitre.

—No te preocupes, te daremos tu espacio —dijo Rumi. Keigo fue a sentarse de nuevo mientras ella arrastró su silla lentamente, tratando de hacer el menor ruido posible hasta llegar a su escritorio.

Una vez se ordenaron en el curso, la puerta se abrió. El profesor correspondiente al cambio de hora entró para dar clases. Las lecciones continuaron siendo dictadas por distintos maestros, hasta que llegó el fin del ciclo escolar. Mientras algunos alumnos salían del curso para irse a sus casas, el grupo “El trío de cogefurros”, nombre denominado por Yin, y compuesto por Ryuko, Rumi y Keigo, guardaban sus cosas en la mochila.

Cuando el rubio cenizo y la peliblanca terminaron de juntar todo, se dispusieron a esperar a Ryuko, pero ella les pidió que porfavor se adelantaran, quería caminar sola a casa. Ellos la entendieron y se despidieron de la dragona con un fuerte abrazo que fue bien recibido.

Apenas sus dos amigos abandonaron el curso, los compañeros restantes que quedaban en la habitación la miraron casi de inmediato. Ahora que Ryuko estaba sola, no dudaron en hacer toda clase de comentarios sobre ella por lo bajo sin importarles si algo de lo que dijeran podía o no ofenderla.

—Pff, es una completa inútil. —Escuchó decir a uno.

—¿Cómo es que siquiera entro a la UA? —preguntó una estudiante a su compañera de al lado.

—Para lo único que sirve su Quirk es para que su cara bonita se arruine, que desperdició.

Los dedos de Ryuko formaron un puño de la impotencia al escucharlos. tuvo que morderse el labio con fuerza para evitar derramar lágrimas de lo humillada que se sentía.

«Menuda tanda de imbéciles», pensó Yin mientras cerraba la mochila.

Con los útiles y libros de la escuela guardados en su espalda, el chico se dirigió al pupitre de la dragona.

—Hey, malcriada —dijo despectivo.

Ryuko se sobresaltó ligeramente, estaba distraída y no se dio cuenta que se le había acercado.

—¿Qué quieres, idiota? —preguntó con las cejas fruncidas. Sus ojos húmedos, se ocultaban tras su mueca enojada.

—¿En tu casa o en la mía? —le preguntó.

Ryuko parpadeó confundida.

—¿Qué cosa?

—Pff, pues que más —dijo en un tono burlón, como si la respuesta fuera evidente—. ¿En cual de las dos quieres coge--? —Antes de que pudiera completar la frase, Ryuko le lanzó un puñetazo que impactó directo contra su mejilla, girándole la cabeza a un lado.

Los presentes en la habitación se encogieron de hombros siseando de dolor, “eso debió doler” decían todos.

—¡Ya quisieras, imbécil! —exclamó dando pasos pesados hasta que salió furiosa del curso.

Él sonrió al haber logrado su cometido, y mientras se sobaba la mejilla fue detrás de ella.

—¡Espera, Ryuko, aún tenemos que hablar del trabajo! —gritó, y ella aceleró el pasó.

Cuando finalmente la alcanzó, se enfrascaron en una breve discusión. Yin se disculpaba mientras esquivaba los golpes que ella intentaba darle. Al final, acordaron hacer la tarea en casa de la dragona, ya que ella no se sentía segura de ir a la suya. Quería sentirse protegida, y como no confiaba en él, temía que estando solos en su casa pudiera hacerle algo. En cambio, en su casa, su madre estaría vigilando.

—No seas tan pesimista —dijo Yin—. No te tocaría ni aunque fueras la única mujer en el mundo.

Eso golpeó el orgullo de la dragona, que sonrió con una mueca temblante.

—Dices eso, pero no hace mucho admitiste que era linda —le recordó con cierto rastro de soberbia en la voz.

—Lo sé, y me arrepiento de haberlo dicho —se lamentó mientras se sostenía la frente con los dedos.

La rubia lo rechazó girando la cabeza hacia un lado y continuó el viaje en completo silencio. Yin aceleró el paso hasta estar caminando uno al lado del otro, lo que molestó en gran medida a Ryuko, que se frenó para increpar al adolescente.

—¿Por que estas tan cerca de mí? —le preguntó cara a cara con un rostro de pocos amigos.

—Dah, te sigo a tu casa, no es como si supiera el camino —dijo con obviedad.

—¿Hace falta que estés tan cerca de mí?

—¿Qué no es la distancia normal cuando se acompaña a un amigo?

—Nosotros no somos amigos —le dejó en claro.

—Bueno, compañeros, lo que sea. Ya deja de quejarte —pidió Yin, fastidiado.

—¿No podrías cambiar de acera? —preguntó Ryuko mientras cruzaba los brazos.

—Ay, como chingas. No, no puedo, estoy cómodo en está —le señaló, cansado de su mala actitud.

—¡Vaya! que sujeto tan caballeroso eres, obligando a que la señorita a cruzar la calle transitada. —La calle estaba completamente vacía.

—Yo no te estoy obligando a nada, tu sola andas de caprichosa —le remarcó.

—Sí, como digas, cretino.

—Por dios, hoy estas más irritante de lo normal, acaso estas en tus dias o algo parecido —bromeó con mezquindad.

Ryuko le mostró el dedo del medio mientras cruzaba de acera.

—¡Eres un puto imbécil! —gritó desde la otra calle.

El chico suspiró de cansancio.

—Hoy va a ser un día muy largo... —pronunció para si mismo y siguió la trayectoria de Ryuko.

Continuaron la caminata, con Yin un poco más atrás de ella para asegurarse de no perderla de vista. De pronto, luego de cruzar una calle, Ryuko detuvo el paso frente a la entrada de una casa de dos pisos con muros bajos que la dividían de las otras viviendas.

No era nada lujosa, de hecho, si Yin la comparaba con su casa, se veía bastante humilde, aunque eso no quitaba que tuviera cierto encanto. Además, era más que suficiente para tener todas las comodidades necesarias para vivir. Parecía ser un poco vieja, la pintura descolorida le daba un aspecto antiguo, el adolescente pensó en la posibilidad de que fuera la herencia de algún familiar y no la habían podido renovar.

Yin cruzó la acera para unirse a Ryuko, pero lo detuvo apenas subió de la calle.

—Espera aquí, no quiero que mis vecinos nos vean juntos —comentó mientras buscaba las llaves de la entrada en el bolso.

Viendo hacía los lados, Yin no notó a ningún vecino husmeando.

—¿Es en serio?

—Tú solo cierra la boca, sé un buen chico y quédate aquí hasta que te lo diga —ordenó Ryuko.

Él revoloteó los ojos.

—Bien, pero apúrate que tenemos un trabajo muy largo que hacer.

—No hace falta que me lo digas. —Sacó las llaves de la mochila y abrió la entrada, seguido de la puerta principal—. Mamá ya llegué —avisó, y se quitó las zapatillas, dejándolas a un lado de la entrada. Al no recibir respuesta alguna, entró por la puerta izquierda del corredor a la sala y se encontró con una nota sobre la mesa. La leyó, su rostro descayó en frustración—. Genial —dijo con sarcasmo—. Tendré que estar a solas con ese idiota.

Volvió a la puerta y le lanzó una señal a Yin para que entrara rápido. Dentro de la casa, lo obligó a sacarse el calzado y colocarlo junto al suyo.

—¿En donde vamos a estudiar? ¿En tu cuarto? —preguntó el chico.

Ryuko dramatizó:

—Siento tener que desilusionarte, sé lo mucho que ansiabas estar por primera vez en un dormitorio femenino, ya que sería lo más cerca que vas a estar de la privacidad de una mujer... —dijo, mostrando pena, pena que desapareció al instante por su rostro neutral—. Pero haremos el trabajo en la sala —explicó desinteresada.

—Me parece bien, y sobre lo de estar en un dormitorio femenino, es cierto —admitió con descaro. Una sonrisa maliciosa de formó entre sus labios—. Pero eso no se aplica a tu cuarto, nisiquiera te considero una mujer.

—¿Quieres que te golpee? —consultó, mostrándole el puño que temblaba ansioso por impactar de nuevo en su rostro.

—Tu empezaste —se defendió.

—Argh, como sea. —Ryuko bajó el puño—. Vamos a estudiar. Mientras más rápido lo hagamos, más rápido me desharé de ti —dijo, yendo a la otra habitación, detrás de ella, Yin la seguía.

—Que curioso, pensaba justamente lo mismo.

La sala estaba unida con el comedor, como en su casa, formando una habitación larga y cómoda. El interior en general, al igual que en el exterior de la casa, se veía bastante antiguo, con muebles anchos y viejos. Sin embargo, algunos objetos resaltaban como si estuvieran fuera de lugar,; como un par de decoraciones que parecían ser más modernos y relucientes, la televisión gigante frente a la mesa del comedor y los electrodomésticos contemporáneo.

La adolescente los llevó a la mesa baja frente al sofá. Se sentaron uno frente al otro, listo para trabajar. Yin esparció los apuntes y las consignas sobre la madera antigua.

—¿Cómo nos repartimos las preguntas? —preguntó el chico.

—No lo sé, aún no he leído las consignas —contestó Ryuko.

—¿Te parece si hacemos 50 y 50? —sugirió Yin.

—Supongo que esta bien.

—Yo me encargare del punto 1, 3, 4, 7 y la 9 que son las más difíciles. —Ella no estuvo de acuerdo.

—Espera, espera, ¿Por qué te quedas con las más difíciles? —cuestionó.

Yin se escogió de hombros.

—No hay una razón en particular.

—¿Crees que soy tonta o algo así? —preguntó, irritada.

—No, no es eso —aclaró Yin—. Si quieres, te dejó esas preguntas y yo me ocupo de las otras.

—Ah, claro, déjame todo el trabajo a mí —refunfuñó Ryuko.

Yin se palmeó la frente.

—No hay poronga que te venga bien —murmuró.

—¡¿Que fue lo que dijiste?! —interrogó, indignada.

—¡Dije que empezáramos con este maldito trabajo de una vez!

—Me quitaste las palabras de la boca —dijo Ryuko, acomodando sus cosas sobre la mesa.

Dando comienzo a la tarea, Yin investigó la primera pregunta desde su celular. Lamentablemente, no encontró información precisa sobre el caso, debido a que las fuentes eran de dudosa procedencia y el nombre del sujeto cambiaba en cada página que abría.

—Oye, Ryuko, ¿sabes en que momento nació el primer bebé con Quirk y cómo se llamaba? —Su compañera permaneció en silencio, absorta en su telefono—. Ryuko. —Yin la llamó por segunda vez, pero Ryuko siguió sin recibir responder. Él se levantó y se acercó a ella, rodeando la mesa. Al mirar sobre su hombro, descubrió que navegaba por las redes sociales—. ¡Ryuko! —exclamó, asustándola.

—¡¿Qué te pasa?! ¡¿Porque me gritas?! —se quejó.

—¡Te he estado hablando durante un rato y ni siquiera te has dado cuenta! —dijo Yin, molesto—. ¿Y que haces en Herogram? Deberías estar ayudándome con el trabajo.

Ryuko emitió un bufido de fastidio.

—Primero que nada, no me llames por mi nombre sin mi permiso. Segundo, ¿no te enseñaron que espiar los celulares ajenos es de mala educación? —Sus ojos centellearon con desdén, y su mirada lo abandonó como si fuera basura.

—Carajos, esto ya es demasiado. —dijo Yin—. No solo tengo que aguantar que me insultes cada cinco minutos, sino que encima pierdes el tiempo en redes mientras yo hago todo el trabajo como un estúpido.

—Argh, deja de ser tan llorón. Solo estaba tomando un descanso.

La hoja frente a ella, estaba completamente en blanco.

—¡Nisiquiera empezaste a escribir! ¡¿Descanso de que?! —exclamó Yin, su voz subiendo de tono.

Ryuko levantó los hombros, sin inmutarse.

—De ti, por supuesto —respondió con sarcasmo.

—Pensé que habíamos resuelto el conflicto entre nosotros.

—Pensaste mal —replicó Ryuko, su voz tan gélida como un glaciar—. De todas maneras, ya estaba por escribir, así que, si no te importa, apártate de mi lado y déjame en paz.

La mirada fulminante de Yin parecía tratar de quemar a Ryuko.

—Sí, como digas —dijo finalmente, volviendo a sentarse frente a ella.

La dragona comenzó a escribir, su pluma se movía con precisión, Yin la observaba, todavía tenso.


Pasaron 2 horas trabajando en completo silencio. Yin iniciaba el desarrollo de la segunda pregunta, cuando de pronto...

—¡Terminé! —informó Ryuko con orgullo, mientras se levantaba de un salto.

Yin la observó incrédulo, con las cejas en alto. Al notar su expresión sorprendida. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Ryuko disfrutando de la reacción del chico.

—Oh, guau, yo aún sigo con la pregunta número 3 —admitió Yin.

—Bueno, no es mi culpa que seas una tortuga —se burló con una sonrisa.

—A ver, déjame ver como quedó —dijo, extendiendo la mano a ella.

—Por supuesto, deléitate con mi inteligencia —Ryuko le entregó sus respuestas.

A medida que leía, el rostro de Yin se oscurecía y la expresión sorprendida decayó en una profunda decepción.

—¿Es enserio? —preguntó al terminar de leerlo.

—¿Mmm? ¿Qué sucede, te dejó sin palabras? —dijo, sonriendo soberbia, confiada de que había hecho un buen trabajo.

—Ryuko...

—Tatsuma para ti.

—Tatsuma... —pronunció en un tono resentido.

—Asi me gusta más.

Yin se puso de pie con brusquedad.

—¡¿Qué mierda es esto?! —exclamó, poniéndole la hoja delante de la cara—. ¡No puedes haber tardado 2 horas para escribir un solo reglón en cada pregunta! ¡¿Qué clase de resumen es este?!

Ryuko frunció el ceño y le quitó la mano de enfrente suyo.

—Deja de criticarme, idiota, que seas retrasado y no sepas resumir no es mi problema —contestó, agresiva.

—¿Idiota? ¡¿Si quiera leíste lo que hay detrás de la hoja?!

—¿Detrás de la hoja? —preguntó confundida.

Yin se inclinó a la mesa, agarró la hoja con las consignas y la volteó para enseñársela. Detrás de las preguntas, había un mensaje escrito con puño y letra del profesor, exclusivamente para ellos dos.

“Queridos T/A y Tatsuma: Para solventar el bajo rendimiento en clase, quiero que ustedes dos hagan este proyecto con suma precisión e información exacta de cada evento. Si en medio de la primera junta de héroes profesionales, uno de ellos se tiró un pedo también quiero que lo incluyan en la redacción. No aceptaré bajo ninguna circunstancia que cada respuesta no abarque minimo 2 hojas con las 2 carillas completas. Y no, nisiquiera se les ocurra hacer la letra más grande, ni se pasen del tamaño de los renglones, o ni me molestare en leer el trabajo y les pondré un 1 a cada uno. Muchas gracias, bendiciones”.

—Viejo hijo de puta, probablemente andaba enojado porque encontró a su mujer en medio de una orgía con sus amigos y vecinos y el muy frustrado se la agarra con nosotros —escupió Ryuko con veneno.

—Eso es un poco demasiado especifico —dijo Yin—, Tal vez simplemente se preocupa por nuestra formación estudiantil y quiere que seamos buenos héroes en el futuro —estimó.

—Ay, sí tú, ¿quisieras dejar de ser tan chupa medias por un minuto? —preguntó la rubia, agobiada.

Yin colocó los ojos en blanco.

—En fin, ¿Cómo piensas corregirlo?

—¡No tengo ni la más mínima idea! ¡Esto es una mierda! —gritó molesta—. ¿Por qué tengo que hacer toda esta mierda si solo quiero ser una heroína?

—No lo sé, pero gritar no te va a dar la respuesta. Tenemos una semana para entregar el trabajo. Si nos ponemos a hacerlo todos los días, con suerte llegamos antes de la fecha —respondió Yin.

—¡¿Todos los días?! —exclamó con los ojos bien abiertos—. Imposible, quedé con salir con Rumi a comprar ropa el miércoles después de clase.

—Bueno, siento decírtelo, pero a veces hay que hacer sacrificio con tal de salir adelante, así de triste es la vida —dijo decaído por la dura realidad.

—Eso lo dices tú, porque no tienes amigos, pero para los que si tenemos, no nos gusta cancelarles en última instancia.

—Justamente, la idea es que te anticipes al compromiso —explicó Yin.

—Vamos, un solo día que no hagamos está estupidez no marcará la diferencia —consideró Ryuko.

—No lo sabemos, tenemos que aprovechar cada tiempo libre que tengamos.

Los ojos rasgados y amarillos de Ryuko parecieron brillar cuando trató de poner una carita adorable como si fuera un perro mojado.

—¿Y si haces mi parte por mí? —pidió, juntando las manos.

—En tu sueños —contestó sin pensarlo dos veces.

El rostro de Ryuko se contorsionó en una mueca de desagrado.

—Tsk, inútil —dijo, mordiéndose el dedo pulgar.

—¡Eres la menos indicada para decir eso! —exclamó Yin, con un tic en la frente.

—¡Pero quiero ir con ella! —Ryuko se desató en una rabieta.

—Deja de ser tan caprichosa —dijo él con firmeza, aunque con el rostro ensombrecido—. No te haces una idea de lo que estoy sacrificando con tal de asegurar que reprobemos. —Yin suspiró internamente, pensando en su propio sacrificio. Había quedado con Rumi para tener sexo el viernes después de clase, pero dadas las circunstancias, iba a tener que reprogramar el día.

—Uy sí, señor importante. ¿Qué tanto tenias que hacer? ¿Matarte a pajas? —preguntó, cruzada de brazos y con una sonrisa burlona.

—Exacto, y mientras pensaba en tu madre —contestó Yin, desafiante.

Ryuko se puso roja de ira.

—¡Eres un degenerado, maldito pervertido!

—Y tú una narcisista de mucho cuidado. Ahora digamos algo que no sepamos del otro. —replicó Yin, sin inmutarse.

Ella apretó los puños.

—Voy a salir con Rumi, te guste o no.

—Bien, entonces voy a borrar tu nombre del trabajo y le contaré al profesor que no participaste en nada —amenazó Yin, con mucha determinación.

—¡Ah... me amenazas!

—No, solo es una advertencia —aclaró en una leve sonrisa.

La dragona suspiró derrotada.

—Tsk, bien, cancelare mi compromiso.

—Me alegra escucharlo —dijo Yin, triunfante.

—Vete al diablo, imbécil —espetó y volvieron a sentarse en el suelo.

—Que agradable sujeta —comentó Yin con sarcasmo, y revisó la hora en su celular—. Bien, avance mucho por hoy, yo si que me merezco un descanso.

—Que bueno, no me importa. —dijo con la voz llena de rencor.

Luego de ese comentario, ambos se quedaron en absoluto silencio. Solo el sonido de la lapicera siendo arrastrada por la hoja funcionaba como música ambiental. Entre la incomodidad del ambiente, las tripas de Yin resonaron por la habitación.

—Tengo hambre, Ryuko —admitió, desvergonzado.

—Tatsuma —le corrigió la rubia—. Y no tengo nada para darte a ti.

—Bueno, entonces esperaré a tu madre para ver que puede darme ella —dijo, burlón.

Un gruñido escapó de Ryuko.

—Te juro que si sigues con esas bromas te voy a matar.

—¿Quién está bromeando? —Ryuko lo rostizó con la mirada—. Vale, estoy bromeando, no me mires así. —Yin se levantó de la mesa nuevamente—. Ire a comprar algo para ambos. Deberías estar agradecida de que incluso siendo una cretina estoy dispuesto a compartirte algo de comer.

—No gracias, no necesito ninguna limosna de tu parte.

—Ya vuelvo —dijo Yin, ignorando el comentario mientras iba hasta la puerta.

—Un día de estos voy a darte una paliza —pronunció por lo bajo, pero él llegó a escucharla.

—No tienes oportunidad contra mí —le aseguró.

—¿Qué dijiste? Eres un insolente. Ese comentario que acabas de hacer me pareció algo imprudente, ¿Estás insinuando que eres mucho más fuerte que yo? —preguntó Ryuko sin quitarle la vista asesina de encima.

Yin se rio ligeramente.

—Sí, soy más fuerte que tú —reconoció con una sonrisa confiada, y cerró la puerta detrás de él.

Después de que Yin salió, Ryuko se quedó mirando la puerta, aún enfadada,

—Maldito egocéntrico de mierda —maldijo Ryuko con rabia, y regresó la atención al telefono para continuar buscando información—. Voy a demostrarte que soy mucho mejor que tú en todo. Y en el próximo entrenamiento te haré trizas —se prometió a si misma.


Luego de casi 30 minutos, Ryuko había avanzado significativamente en la primera pregunta. la puerta de la entrada se abrió. Ryuko escuchó un par de pies descalzos acercarse. Yin entró a la habitación con su característica confianza. La rubia ignoró su presencia y siguió escribiendo. Ryuko se sobresaltó. Una bolsa con cosas dentro cayó sobre su tarea.

—¡Hey, idiota! ¡Cuidado donde apoyas tus cosas! —reprendió enojada.

—Vamos, tomémonos un descanso —dijo Yin, sonriendo.

—Tsk. No tengo tiempo para eso. Mientras más rápido termine, más rápido podré salir de compras con Rumi.

—¿Segura? Traje Dorayaki, sé que son tus favoritos, siempre los comes —dijo tras sacar la caja de la bolsa para mostrarle que era verídico.

Ryuko desvió la mirada, tratando de mantener el enfado, pero la mención del Dorayaki la debilitó.

—B-Bueno, ahora que lo pienso, puedo darme un pequeño respiro. Pero no esperes que te lo agradezca o algo parecido.

—Tampoco es como si esperara eso de ti —admitió. Yin abrió el envoltorio y le entregó el Dorayaki—. De todas formas, no tienes nada que agradecer, lo compré sin ninguna clase de interés de obtener reconocimiento.

Cuando tuvo el dulce entre sus manos, Ryuko evitó su mirada, avergonzada.

—G-Gracias —murmuró con timídez.

Yin elevó las cejas y esbozó una sonrisa irónica.

—De nada.


Los dos adolescentes siguieron con el trabajo práctico hasta el caer de la noche. Yin guardó todas sus cosas esparcidas por la mesa en su mochila y se levantó para regresar a su casa. Ryuko lo acompañó hasta la salida. Él se calzó las zapatillas y salió por la puerta al exterior. Antes de irse, se dio la vuelta en dirección a la dragona.

—Avanzamos bastante, si seguimos así, terminaremos antes de lo esperado. Tal vez no puedas salir con Rumi el miércoles, pero posiblemente sí el viernes —dijo el chico.

—Si, suena genial, salvo que ese día ella esta ocupada —comentó Ryuko.

—¿Ocupada?

—Tiene clases de boxeo —explicó.

—Ah, sí cierto... —recordó Yin.

—Si eso es todo, nos vemos mañana. —Ryuko se despidió cortante.

—Oh, claro. hasta mañana.

Yin atravesó la entrada. Cuando se preparó para cerrar la puerta de rejas del exterior, Ryuko lo llamó.

—Mañana no hora falta que traigas nada para comer. —Yin ladeó la cabeza, confundido—. Como mi madre no trabaja, le pediré que nos prepare algo mientras estudiamos. No me gusta estar en deuda con las personas, así que mañana estaremos a mano por la merienda de hoy, ¿está bien? —preguntó, tratando de ocultar el rubor en sus mejillas en la oscuridad de la noche.

Ella contempló como una gran sonrisa se formó entre los labios del chico.

—¡Seguro! —declaró alegre, y la saludó con la mano mientras retomaba el camino a su casa.

Ryuko se quedó parada en la puerta hasta que Yin se desvaneció en el silencio nocturno.

—Que sonrisa más tonta tiene —musitó en un susurro casi inaudible, mientras una ligera curvatura adornaba sus labios, y cerró la puerta.

Fin del capítulo 1.


¡Imagen para celebrar el primer capítulo de esta gran aventura!