El Comienzo
Ausura, una ciudad hermosa rodeada de árboles majestuosos, casas coloridas y un paisaje impresionante. Todo parecía un paraíso donde la gente se sentía segura, feliz y amable. Sin embargo, como en toda ciudad, había personas malas que querían hacer daño.
Aunque la seguridad controlaba la maldad, pequeñas pandillas hacían bulla en las noches, drogándose, peleándose y intimidando a los transeúntes. Estas acciones parecían menores comparadas con las atrocidades de otras ciudades.
Pero la maldad humana es incontrolable y siempre vuelve a aparecer. En Ausura, la violencia aumentaba, las pandillas crecían y la maldad se escapaba de las manos de las autoridades. Cuerpos mutilados aparecían en las calles, los policías eran encontrados muertos y los robos se volvían más violentos.
El temor y el terror invadieron la ciudad. Nadie quería salir a la calle, y cuando lo hacían, lo hacían con miedo. La ciudad no estaba preparada para lo que se avecinaba, algo peor que acabaría con todas sus esperanzas...
El reloj marca las 7:59 a.m. Los niños y adolescentes se dirigen a su escuela, mientras los jóvenes se van a la universidad. El cielo está despejado, el sol brilla con fuerza y el ruido de los carros y la gente hablando llena el aire.
Es un día normal, pero pronto se convertirá en un día de terror. Algunos jóvenes suben al bus, otros se van a la estación de tren y unos pocos piden taxi. El calor es sofocante para ser apenas las 8:00 a.m.
En la vereda, dos chicas esperan taxi. Una tiene cabello ondulado, tez blanca y ojos azules. La otra tiene pelo corto, tez trigueña y ojos marrones claros. Ambas esperan tranquilamente, hasta que la chica de tez blanca levanta la mano para llamar al conductor.
Pero de repente, un movimiento rápido y brutal arranca su brazo. La hemorragia es inmediata y la sangre salpica al conductor, empapándolo por completo. La chica que estaba junto a ella grita desesperadamente.
La chica de tez blanca se queda en shock, mirando su brazo arrancado, hasta que reacciona y cae al suelo muerta por la pérdida de sangre.
Las personas que presenciaron la escena se quedan en shock. Algunos salen corriendo del lugar, mientras otros se quedan paralizados por el terror.
A cuatro metros de distancia, un joven atractivo y misterioso observa la escena. Su cabello rubio dorado brilla con el sol, su tez es blanca y sus ojos azules claros parecen ver más allá de la realidad.
Con una sonrisa hermosa y aterradora, muerde el brazo arrancado y se lo da de comer a un perro que está cerca quien débora el brazo en segundos como si se tratara de un exquisito manjar.
Después de lo ocurrido, la gente se quedó en shock, incapaz de admitir la realidad. Nadie sabía qué había pasado, cómo se le había desprendido el brazo a la chica. Los que vieron lo que realmente sucedió no podían explicar el movimiento rápido y brutal del chico.
Los testigos eran tomados por locos, y otros preferían callar para evitar ser juzgados. Era algo increíble: un chico apareció de la nada y le arrancó el brazo a la chica con una velocidad sobrenatural.
La chica de tez trigueña que acompañaba a la víctima estaba en shock, sin poder articular una palabra. Las autoridades cerraron el caso como un accidente, sin explicación para el brazo cortado.
Sin embargo, algunos policías revisaron las cámaras de seguridad y vieron lo que realmente sucedió. Pero no podían creer lo que estaban viendo y decidieron mantener silencio para evitar el pánico..
Eran las 2 p.m. En un hospital cercano, una mujer estaba dando a luz. La enfermera y el doctor ayudaban a la chica para que el bebé saliera. La madre puja con todas sus fuerzas, pero el bebé no sale.
El padre primerizo, que estaba al lado de su mujer sosteniéndole la mano, comenzaba a preocuparse. La tensión en la sala de partos crecía...
"¡Doctor, por qué mi hijo no nace!? Estamos más de dos horas aquí y mi hijo aún no nace. Dime qué sucede, por favor, doctor", pregunta el papá preocupado.
El doctor mira al padre primerizo y lo tranquiliza con una sonrisa. "Todo está bien, no tiene por qué preocuparse. Su bebé nacerá sano y fuerte."
El padre, más tranquilo, anima a su esposa a ser fuerte y pujar con más fuerza. La madre puja con todas sus fuerzas y el bebé nace. El padre lo toma en brazos y, con una hermosa sonrisa feliz, mira a su bebé mientras se acerca a su esposa.
"Mira, cariño, es un hermoso bebé", dice lleno de felicidad.
Pero la esposa no responde.
El doctor, preocupado, comienza a revisar a la chica. "Doctor, ¿qué pasa? ¿Por qué mi esposa no se mueve?", pregunta exaltado el esposo.
El doctor mira a la enfermera y, con una mirada triste, mira al esposo. "Señor, lo siento. Su esposa acaba de fallecer."
El esposo se acerca al doctor, exaltado. "¿Por qué, doctor? ¿Cómo es posible que mi esposa esté muerta? Si hace poco estaba bien, estaba pujando. Yo la tenía de la mano. Mi esposa estaba bien. ¿Cómo es posible que suceda eso? ¡Por favor, doctor, no me diga eso!"
Las lágrimas caen de sus ojos.
"Lo siento, no sé qué pasó. Su mujer estaba bien, el parto estaba bien", responde el doctor intentando calmar al esposo.
"Diciéndome lo siento, ¿crees que me devolverás a mi esposa? ¿Crees que con esa palabra me la devolverás?", le dice el esposo llorando.
Pero al instante, se escucha la risa del bebé. El esposo regresa la mirada al bebé que está en sus brazos, un poco sorprendido, y ve que el bebé se ríe. El esposo abraza al bebé llorando.
Pero el bebé comienza a reír más fuerte, y el señor siente que se queda sordo mientras el doctor y la enfermera tapaban sus oídos.
El padre, sorprendido, intenta calmar a su hijo, pero su risa es incesante. El ruido es tan fuerte que los tímpanos del hombre comienzan a romperse y la sangre brota de sus oídos. El señor sufre una pérdida auditiva total.
El doctor y la enfermera, desesperados, tapaban sus oídos, pero no podían ayudar al hombre. El padre cae de rodillas, mirando a su hijo con desesperación, y luego se levanta, dejando al bebé junto a su esposa muerta.
Aturdido, camina por la sala de maternidad, mientras el doctor y la enfermera sufren un dolor intenso en los oídos. De repente, el bebé deja de reír y solo emite una suave risa tierna.
El doctor y la enfermera se levantan, confundidos y doloridos, y se acercan al bebé. La enfermera lo carga, y él la mira con una sonrisa tierna. Sin embargo, ante sus ojos horrorizados, la cabeza del bebé se despega del cuerpo y cae al suelo.
La enfermera grita de terror, soltando el cuerpo del bebé, que se estrella contra el suelo. El doctor mira aterrado a la enfermera, que retrocede, respirando agitadamente, con el corazón latiendo furiosamente.
La enfermera da dos pasos más atrás y escucha la risa del bebé. Confundida y aterrorizada, ve que la cabeza del bebé mira hacia ella con una sonrisa. La enfermera grita más fuerte, intentando retroceder, pero su cuerpo se congela al ver que la cabeza del bebé comienza a flotar y su cuerpo se levanta, como si estuviera controlado por una fuerza invisible.
El doctor y la enfermera se quedan paralizados por el terror, mientras el padre se desmaya, incapaz de soportar la escena.








