Capítulo 1
Juanin esperaba atentamente a la puerta a que llegaran sus invitados, siendo los tramoyas los primeros en llegar, como todo estaba terriblemente lento puso sonando en los parlantes su canción favorita “objeción denegada”, lo cual, lamentablemente no pudo alegrar la fiesta. Esperó varios minutos, defendiendo las ramitas saldas de Tulio de los demás trabajadores del canal. Escuchó como tocaban la puerta, era Policarpo, quien le preguntó al albino por qué la fiesta estaba tan aburrida, a lo que este contesto que era así porque no había llegado nadie.
Policarpo decidió encargarse de la música, arreglando los parlantes, donde empezó a sonar la canción “Seberlá” con la cual todos sus amigos entraron a la casa para que la fiesta iniciara.
Las cosas transcurrían como usualmente lo hacían antes de la llegada de bodoque, quien, para todo el mundo, era el alma de la fiesta junto a su guitarra. Patana, la pájara verde, se quejaba de lo ridículo que era que se necesitara la presencia de Juan Carlos para animar las cosas, pero se dio cuenta de que se equivocaba, ya que cuando el pelirrojo ingresó a la vivienda acompañado del instrumento musical, todos comenzaron a bailar y a divertirse.
Tulio bailaba el ritmo de “señora interesante” cuando Rosario Central comenzó a acosarle, como de costumbre, trataba de zafarse de su agarre con la excusa de que tenía que amarrarse los zapatos, aprovechó el descuido de aquella señora para apartarse de ella lo más rápido antes de que llegara Cindy, quien era más o menos su novia, bueno, casi siempre que se acordaba de ella.
Pero él no era el único que tenía problemas, Juan Carlos Bodoque estaba siendo perseguido por aquellas jovencitas que Juanin había invitado a la fiesta, creyendo que alguna de la mayoría de ellas sería su novia “Oficial”. Como se vio terriblemente presionado, decidió esconderse dentro de un armario de la habitación principal de Juanin, pero para su sorpresa, se encontró con nadie más que su amigo, Tulio.
- ¿Qué estás haciendo aquí, Tulio?
- Lo mismo que tú, estoy escapando de Rosario antes de que llegue Cindy y la vea colgándose de mi cuello.
- ¿Todavía no has hablado con ella?
- Mmm...la verdad...no he tenido tiempo.
- Sí, claro. Eres un mentiroso. - Se quejó el pelirrojo.
Diablos, a bodoque se le había ocurrido hablar de ese “tema” justamente en el lugar más incómodo que pudieran haber encontrado. Era más complicado de lo que parecía, ya que, ninguno de los dos había estado en una situación tan difícil de sobrellevar. Aquel asunto inconcluso entre ambos hacía parecer que el closet en el que se encontraban escondidos pareciera más pequeño de lo que realmente era. Y como abordar aquella conversación si después de lo que había ocurrido entre ellos casi ni se podían mirar a los ojos.
Fue algo que ocurrió por culpa de una borrachera una noche de sábado, Bodoque había ido a su mansión para pedirle dinero prestado, como siempre lo hacía, pero esta vez fue diferente, ya que Tulio le invitó a tomar unos cuantos tragos para que el más bajo olvidara por qué había ido en primer lugar.
Poco a poco la alacena donde el conductor de noticias guardaba sus más costosos tragos empezó a vaciarse. Como cuando estás borracho hasta las masas, comienzas a soltar las cosas que piensan sin tener que apretarte mucho y eso le ocurrió a Tulio y a Bodoque.
- Eres mi mejor amigo ¿Sabes? Siempre me ayudas cuando te necesito, eres un buen compadre.
- Lo sé, Juan Carlos, soy maravilloso y siempre estaré allí para ti.
- Es una verdadera lástima que solo podamos ser amigos.
- ¿A qué te refieres con “solo amigos”?
- Olvidaba que eres más lento que un caracol, Olvídalo- Bodoque entornó los ojos y se enfocó en su vaso lleno de Whisky, dando un trago bastante largo y profundo.
- No te entiendo...
- Lo sabía. - Se ofuscó al ver el rostro confundido de su mejor amigo. - Eres un tarado.
- Pero no te enojes, ¿Tanto te cuesta decirme las cosas con claridad?
- ...No...
- Entonces dime qué es lo que te molesta.
- Me molesta Cindy, papanatas. Estuviste todo el verano coqueteando con ella y te olvidaste de mí. - Confesó finalmente el menor, como sacándose un peso de encima.
- Acaso... ¿Estás celoso?
- N... ¡No! - el rostro de bodoque se cubrió de un ligero sonrojo que tulio no tardó en notar.
Nunca había visto al de ojos negros de esa forma, parecía diferente, no sabía si le veía tan atractivo e indefenso simplemente por haber abusado del alcohol, o porque quizás solamente se mostraba así para él. Sentía su corazón palpitar con mucha fuerza y el deseo injustificado de besarle, cosa que en medio de su torpeza hizo.
Le tomó con cuidado la barbilla y reclamó sus labios suavemente, y para su sorpresa, no fue golpeado ni rechazado como pensó que ocurriría, si no que el más bajo pareció corresponderle de la misma manera. Cuando se separaron, Bodoque le miró con los ojos vidriosos por culpa del alcohol y se lamió los labios, lo cual causó que el corazón de Tulio diera un brinco, sintió una oleada de excitación y reclamó sus labios con mayor intensidad, esta vez, utilizando su lengua e introduciéndolo en aquella húmeda cavidad que parecía llamarle.
- Nghh....Tulio...
- Shhh, silencio Bodoque.
Sentía algo extraño en sus pantalones, su miembro estaba comenzando a despertarse simplemente con el contacto del contrario, que parecía derretirse entre sus brazos, sobre todo cuando metió una mano dentro de sus pantalones. El pelirrojo soltó un gemido que excitó a Tulio de sobremanera y le incitó a seguir tocando las partes bajas de su amigo.
Puso su rodilla entre las piernas de Juan Carlos, y este comenzó a restregar su cuerpo contra ella, tratando de buscar alivio a su creciente erección, que parecía dejarlo fuera de control. Necesitaba aún más, aquel leve contacto no era lo suficientemente fuerte pare él, que ahora estaba segado por el deseo y solo quería que le tocase más y más, que explorara cada parte se su cuerpo y lo hiciera enloquecer.
- ... ¿Vamos a mi pieza?...
Bodoque asintió de forma casi imperceptible.
Solo eso fue necesario para que Tulio tomara la mano del pelirrojo y lo llevase al piso de arriba, donde le lanzó a la enorme cama King size de sábanas blancas mientras se sacaba la corbata y se situaba frente a él, desabrochando los botones de su camisa y tratando de quitarle los pantalones a tirones.
Dios, cuanto le deseaba, si hubiera sabido antes que el conejo podía ser tan provocador, lo hubiese atacado desde hace mucho tiempo atrás.
Cuando Bodoque estuvo sobre su cama completamente desnudo, no pudo evitar mirarle con deseo, tenía ganas de corromperlo, aunque sabía que probablemente no sería su primera vez, porque tenía fama nacional de ser un mujeriego que tenía a las chicas vueltas locas, pero quizás nunca había pisado el terreno de las relaciones entre hombres.
Tomó su pie y lo tiró con algo de fuerza, la suficiente para que el trasero de Juan Carlos quedara a su disposición, el conejo le miró con algo de pánico, no creía que Tulio sería capaz de hacer lo que estaba pensando.
- ¿Qué estás haciendo, weón? - se le escapó un improperio por la sorpresa.
- Te estoy preparando...
- ¿De verdad vamos a llegar hasta el final?
- ¿Quieres que pare? - Preguntó mirándole a los ojos.
- No...es que...es primera vez que hago esto con un hombre.
¿Acaso fue idea suya o Tulio estaba sonriendo? Se sentía dichoso de ser el primero que probaría semejante manjar. Ya no podía más, quería sentir su sabor, sacó la lengua y le insertó en la entrada de Bodoque, que se estremeció ante el contacto, arqueando la espalda por el placer. Nunca había sentido algo parecido antes, pero nada lo preparó para lo que venía a continuación.
El de ojos amarillentos dejó de lamerlo y se posicionó sobre él para penetrarle con cuidado, el pequeño cuerpo de Bodoque –En comparación a el de él- temblaba por las oleadas de placer que sentía cuando era embestido con fuerza, una y otra vez sin darle tiempo a recuperarse de la anterior. Parecía estar disfrutando mucho el contacto, ya que lanzaba maldiciones que no debían ser escuchadas por nadie.
Pero Tulio no se quedaba atrás, daba profundas estocadas y sentía una gran satisfacción, era muy diferente a lo que conocía, las paredes de Bodoque apretaban su miembro deliciosamente y le causaba un placer indescriptible, no quería que el momento terminara, quería seguir disfrutando al lado de su mejor amigo, que ahora más bien parecía ser su amante.
- Tulio, espérate Tulio...Ya casi estoy...
- A mí me falta, así que te aguantas ¿Quieres?
- ¡Eres un idiota! - respondió el conejo.
- Soy el idiota que te tiene duro y sobre mi cama.
- ...Tarado...ahh...- No pudo evitar gemir el pelirrojo.
No recordaba cuantas veces lo habían hecho esa noche, solo que cuando despertaron y se vieron el uno al otro los recuerdos de aquella borrachera les cayeron encima como un balde de agua fría. Bodoque solo atinó a cubrirse con las sábanas, ahora sucias y manchadas con la semilla de ambos. Se levantó lo más rápido que pudo sin dejar de taparse, pero un fuerte dolor a la cadera se lo impidió y lo hizo caer al suelo, alarmando a Tulio.
- ¿Estás bien?
- Sí, pero me siento ridículo, es como si fuera un ciervo que acaba de nacer.
- ¿te ayudo?
- No, yo puedo solo, solamente necesito darme una ducha, ¿me prestas tu baño?
- Es la puerta que está al lado del closet, pasa...
Tulio vio cómo su amigo se desplazaba con bastante dificultad hasta llegar al baño, cuando le vio entrar dejó que su cabeza comenzara a pensar con mayor claridad. Miró todo a su alrededor, la ropa tirada en el piso, las sábanas desparramadas por toda la habitación y la cama manchada con...con...ni siquiera podía decirlo. Se cubrió la cara con ambas manos sin poder creer lo que había pasado apenas hace unas horas atrás. No podía negar que había sido el mejor arrebato que había tenido en toda su vida. Se recostó una vez más sobre la cama, tratando de pensar cómo solucionar el problema cuando escuchó un grito proveniente del baño.
- ¡TULIO!
Entró corriendo al baño para encontrarse con un muy sonrojado bodoque, que le miraba de forma acusadora.
- ¿¡Qué pasa Bodoque!?
- ¡Tú! ¡Animal! Te- te corriste...dentro...- Demonios nunca unas palabras habían hecho que se avergonzara tanto en su vida.
- Disculpa, no fue apropósito...yo...te ayudo a limpiarte.
- No...yo puedo solo.
Tulio hizo caso omiso a lo que le acababa de decir el menor, lo sujetó por la espalda y ambos se recostaron en el suelo de la tina, quedando Tulio a la espalda de Bodoque, con sumo cuidado lentamente abrió las piernas del contrario a pesar de los insultos que recibía. Introdujo un dedo en la entrada del de ojos negros y sintió aquel líquido pegajoso escurrir por sus dedos. Era algo increíblemente erótico y sin poder evitarlo, nuevamente tuvo una erección que el que estaba adelante sintió en su espalda.
- Déjame...Tarado...- No podía mantener la compostura, sentir el miembro del contrario en su espalda causó que su miembro también despertara.
Volteó para reclamarle lo que estaba haciendo, pero los labios de Tulio capturaron los suyos y terminaron haciéndolo de nuevo varias veces, con la diferencia de que el lugar se había desplazado hasta el baño.
Eso es lo que había ocurrido entre ellos, después de que terminaron el acto cada uno se fue por su lado sin entender que era lo que sentían en el pecho y simplemente decidieron evitar hablar del tema. Trataron por muchos días de actuar como si nada hubiese pasado y gracias a Dios lo lograron, pero las cosas simplemente no quedaron ahí, si no que Bodoque comenzó a preguntarle cual rayos era su relación, pues, aunque él estuviera acostumbrado a tener relaciones de una noche, estaba casi escrito implícitamente que por ningún motivo podía llegar a tal extremo con un compañero de trabajo. Pero con Tulio, todo era diferente, nunca pensó que algo así podría pasarle, cuando se dio cuenta de que le gustaba, decidió poner distancia entre ellos, y cuando apareció Cindy Miraflores, sintió que un enorme peso se le venía encima.
No solo tenía que parecer normal, si no que tenía que aguantar las ganas de agarrarla de los pelos y mandarla de vuelta a Titiritalca de una patada.
Ahora se encontraban nuevamente juntos en el lugar más pequeño en el que se pudieron haber metido.
- Bodoque, creo que deberíamos aprovechar que estamos aquí para conversar. - Dijo Tulio
- ¿Para qué me digas que olvide todo lo que pasó? Perfecto, nunca pasó nada. - respondió con bastante enojo.
- Sabes que no es tan simple.
- Claro que es simple, tú estás con Cindy y yo tengo a mis novias, todo está perfectamente solucionado. Tú mismo dijiste que no habías tenido tiempo para hablar con ella, así que todo esto acabó y ya no hay nada más que decir, punto.
- Lamento mucho que haya ocurrido...tu sabes.
- ...Yo no...
- ¿He? - creyó haber escuchado mal
- No me arrepiento, cuando accedí a todo aquello, fue porque en realidad quería y pensé que tú también, pero ahora me doy cuenta que me equivoqué y que cada día te haces más tarado.
- Perdóname, Juan Carlos, pero solamente quiero que me escuches.
- Ya no hay nada que decir, me voy, prefiero tener que ir a buscar mi cuaderno de explicaciones para hablar con esas chiquillas que me esperan afuera.
El conejo trató de abandonar el closet en el que se encontraba, abrió y salió dando un fuerte portazo dejando a su ahora ex amigo completamente descolocado. Cuando tomó la perilla de la puerta, respiró profundamente y trató de poner un semblante alegre. Pero fue sujetado por la muñeca. Al voltear se encontró con el rostro del de ojos amarillentos. Tenía en su rostro una mueca que jamás había visto sobre su rostro antes, parecía...serio...como si estuviera librando una batalla dentro de su pequeño cerebro. Y eso era lo que ocurría, dentro de aquel hombre había una guerra interna, sentía que pequeñas tramoyas hacían una votación dentro de su cabeza, los pequeños encargados tomaban la imagen de Bodoque o de Cindy, incluso la suya y la dejaban en la urna, un mini Tulio comenzaba a contar los votos y a gritar el nombre a viva voz.
- ¡Juan Carlos Bodoque! - Gritaba- ¡Cindy Miraflores! ¡Tulio Triviño!
Era completamente un lio, hasta que el contador se detuvo y dio al ganador, que por supuesto fue:
Tulio Triviño
- Suéltame, animal.
- Por favor, no te vayas antes de que te diga lo que significas para mí.
- No estoy para tus rechazos ni palabras de compasión.
Usando su fuerza, la cual era mayor a la del conejo, le lanzó a la cama, donde el cuerpo de Juan Carlos dio unos cuantos botes, entonces se posicionó sobre él. Se acercó a su oído y dijo: “Tu eres la tercera cosa en la que pienso cuando me levanto, después de mí, claro”
El pelirrojo se sonrojó, cualquiera hubiera creído que esa era una confesión de mierda, pero estamos hablando de Tulio, que era un completo narcisista, así que decir eso, llenó de felicidad al conejo, que casi no podía creer lo que había escuchado.
- ¿me perdonas por dejar de ser tan genial por un momento?
- Está bien, te perdono, narcisista de mierda.
- Cuida tu lenguaje, Bodoque, qué diría la audiencia si te escuchara hablar de esa manera...Pero en todo caso...-Tulio bajó el tono de su voz para susurrar en su oído- Me gustaría escucharlas cuando te tenga abajo mío otra vez.
- Eres un pervertido. - Sonrió finalmente.
Estaban uniendo sus labios amorosamente cuando alguien abrió la puerta de sopetón.
- ¡¿Pero qué están haciendo?!
- ¡Sale de aquí Juanin! - gritó Tulio.
- No seas copuchento. - agregó Juan Carlos Bodoque.
- ¡Pero si esta es mi pieza!
- Nos da igual, estamos ocupados.
- Bueno, pero limpien cuando terminen...par de calenturientos.
Ninguno de los dos podía creer que eso último había salido de la boca de Juanin, pero por lo menos tenían chipe libre para hacer y deshacer todo lo que quisieran en aquella habitación.
Fin