INTRO
︶ ⏝ ︶ ୨୧ ︶ ⏝ ︶
Sentía que le explotaría una vena de la frente.
No estaba en la edad para enojarse hasta el punto de marcarse todas las venas de sus brazos y cuello, y todo a causa de dos mocosos irrespetuosos, los cuales habían heredado su mismo carácter.
Sí que los crió muy bien.
No eran sus hijos biológicos, pero los había cuidado cuando estos eran simplemente unos cachorros. Aunque habían veces en las cuales se arrepentía de haberlos salvados, no podía ocultar el cariño que les tenía hasta el punto de considerarlos suyos.
El problema recae en que no eran una familia muy funcional o normal.
Toji era el lider de una organización yakuza la cual había heredado de sus padres. Básicamente se había criado entre armas y violencia. Apenas a su edad de trece años ya era un francotirador experto, sin mencionar lo preciso que son sus golpes a puño limpio.
Obtuvo el negocio cuando cumplió la mayoría de edad.
Lo había administrado durante dos años, entonces fue cuando tuvo su primer inconveniente con otros yakuzas.
Todo debido a Satoru Gojo.
Lo había conocido un día cuando fue a un burdel para hacer negocios con unos antiguos socios comerciales. Todo había ido bien cuando llegó. No le dió importancia a la cantidad de omegas, alfas, betas y otros géneros que se encontraban siendo abusados en toda la instalación, solo estaba allí para hacer negocios y luego irse.
Hasta que lo vió a él.
Era apenas un niño. A simple vista se podía notar que hace poco presentó su segundo genero. Estaba rodeado de varios viejos asquerosos, sus pupilas dilatadas, por lo que supuso que lo habían dopado de drogas para mantenerlo dócil o adelantar su celo, cual sea el motivo, le hizo hervir la sangre.
No le importó un carajo hacer los negocios o perder un socio muy importante, simplemente se acercó a la mesa donde estaban esos viejos y los molió a golpe hasta dejarlos inconscientes.
En ese instante el lugar se llenó de gritos y todos salieron despavoridos y aterrados. No perdió tiempo y tomó en sus brazos al chico albino para levantarlo del suelo.
Al instante sintió un revoltijo en el estómago al sentir las feromonas del muchacho. Maldita sea, era un sigma. Ahora entendía por qué se encontraba en un lugar como este, era un genero poco común, un afrodisíaco que cualquiera quisiera tomar para satisfacer sus fetiches.
Los sigmas eran considerados la balanza de los géneros. Ya que son como un omega y alfa ligados en uno solo, dominantes y fuertes como un alfa, y con los órganos reproductivos de un omega.
Lo sacó de ese maldito local y se lo llevó hacia su complejo de apartamentos donde se encargó de limpiarlo de cualquier droga en su sistema.
Fue un calvario cuidarlo, le rompía el corazón ver cómo el niño estaba traumatizado. Siempre que intentaba acercarse este temblaba o se ponía sumiso esperando lo inevitable, ser abusado.
Toji sintió la bilis subirse a su garganta.
No quería pensar ni imaginar todo lo que había vivido en ese lugar, la idea lo hacía gruñir por dentro, tal vez se debía a su naturaleza alfa, pero no comprendía por qué el cachorro lo volvía tan sobreprotector.
Con el tiempo Satoru pudo recuperarse, además de que tuvo ayuda profesional la cual el mismo alfa se encargó de costear. Ver al albino actuando como un niño de su edad, riendo y jugando, fue sin duda el mejor regalo que la vida le había dado.
A pesar de ser un alfa y también estar ocupado con el negocio de sus padres, pudo dedicarle mucho tiempo al sigma y darle la paternidad que necesitaba para crecer.
Todo estaba yendo de maravilla otra vez, hasta que después de ese incidente en el burdel cometió su segundo más grande error.
Uno de sus hombres le había informado que uno de sus más fieles compañeros le había traicionado. Ni siquiera dudó cuando tomó su arma y decidió por cuenta propia cobrar venganza por su traición.
Fue hasta su casa, sin importar si estaba con sus familiares o amigos. Estaba muy furioso en ese momento y no estaba pensando con claridad, solo estaría en paz al ver la sangre correr en sus manos.
Al principio el tipo se mostró confundido al ver a su jefe en su casa, se encontraba tranquilo comiendo con su esposa e hijo cuando de pronto el alfa joven irrumpe en su morada, para después golpearlo con la pistola en la cabeza hasta noquearlo.
Su esposa grita horrorizada ante la escena y el pequeño cachorro se queda rígido en su lugar sin saber cómo reaccionar ante lo que sus inocentes ojos presencian.
Toji no dudó en descargar su pistola en el hombre sin explicación alguna, sus ojos inyectados en rojo vivo por el enojo. Aún cuando no quedó una bala en su almacenamiento siguió apretando el gatillo, el zumbido llenando el lugar.
Los gritos de la mujer lo hicieron bajar de su estupor por la furia. Notó las intenciones de la mujer de llamar a la policía y al instante tomó un cuchillo de mesa que estaba sobre un plato y le incrustó el objeto en un ojo, logrando que esta grite de dolor y lleve sus manos al lugar afectado.
Sacó el arma y la mujer cae al suelo revolcándose por el dolor. Toji se sube sobre ella y cubre con su mano su boca para continuar hundiendo el cuchillo en su cuello varias veces. La sangre sale disparada, salpicando todo el lugar y su ropa.
Su respiración es agitada cuando finalmente termina con la vida de la fémina.
Se levantó del suelo arrugando la nariz ante el fuerte olor a sangre en el lugar. Un sonido lo hizo girarse y al instante sus instintos se activan. Miró a su alrededor hasta que notó la pequeña figura que se escondía detrás de los muebles.
Chasqueó la lengua y maldijo en voz baja. No había notado la presencia de un niño hasta ahora. Había estado tan cegado por el enojo que no se le pasó por la cabeza que haría en caso de que hubieran inocentes en la escena.
Caminó hacia el cachorro y lo escuchó sollozar, temblando de miedo. Sus feromonas estaban agrias y llenaban el lugar, por lo visto era un pequeño omega.
Sintió una pulsada en el corazón ante la idea de también matarlo. Se le revolvió el estómago. No se encontró capaz de hacerlo.
Al final lo noqueó con un golpe y lo secuestró. Otro cachorro más agregado a su lista, a este punto ya se estaba empezando a creer algún tipo de guardería o orfanato. Debería dejar de ser tan débil.
Llevó al niño a su complejo, al principio Satoru se mostró muy territorial al ver al omega y se negó acercarse a él durante varios días.
Todo había sido un caos. Por una parte estaba el posesivismo de Satoru y por otro lado el cachorro omega queriendo escapar, ya que odiaba con toda su alma a Toji por lo que le había hecho a sus padres.
No sabía que mas esperar.
Así había sido durante años hasta la actualidad. Ahora ambos niños eran mayores de edad. Satoru por un año mayor que Suguru Geto. Seguían siendo igual de territoriales y complicados.
Entonces Toji tomó medidas para mantener a sus dos hijos alejados. Dividió la organización en dos partes, estaba la ala norte donde gobernaba Satoru y luego la ala sur, donde se encontraba Suguru.
Pensó que había tomado la mejor decisión de su vida pero al final todo empeoró más. Ahora ambos adolescentes eran enemigos a muerte y se la pasaban buscando peleas entre sí.
Suguru a pesar de odiar a su padre adoptivo le agradecía muy en el fondo el haberlo salvado y no matarlo en ese momento, era algún tipo de amor-odio. Por otra parte estaba Satoru el cuál lo adula hasta amarlo de una manera enfermiza y no platónica.
Volviendo a la actualidad.
Toji estaba enojado con ellos, ya que había recibido un mensaje que decía que ambos mocosos otra vez se habían peleado. Seguía sin entender como era posible que no se cansarán de viajar de un extremo de la cuidad a otro solo para discutir.
Fue así como los citó en su oficina y ahora estaban en camino.
Los iba a reprender.
︶ ⏝ ︶ ୨୧ ︶ ⏝ ︶