Narraciones de lo improbable: La casa de Takeuchi.

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Summary

El detective novato, Kosuke Tatekawa, se encuentra en su primer caso como investigador de línea... Un amado sueño desde que era un jovencito. Muy pronto el destino lo pondrá a prueba. ¿Tendrá el valor para descubrir que no el mundo, sino el universo, no son lo que parecen? Una historia de terror, ambientada en algún lugar parecido a Tokio, durante los años 80s. ¿Qué horrores acechan en las oscuras esquinas de la casa de Takeuchi...?

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Capítulo 1.


Era una fría mañana de noviembre... Noviembre de 1989, para ser exactos. El recién nombrado teniente y mi amigo desde la academia, Ryuichi Yamazaki, me llamó por la mañana a mi domicilio. Mi esposa Emma, contestó el teléfono...


—Kosuke, cariño. Es Ryuichi.— Me pasó el auricular...

—Teniente, buenos días. ¡A sus órdenes!— La risa de Ryuichi sonó del otro lado de la línea...

—¡Ja,ja,ja! ¡Deja esas pendejadas, Kosuke! Tenemos un caso. Ahora estás en la línea de investigación, ¿recuerdas? Lo necesito aquí, detective.— Anoté los datos... Aún era muy temprano por la mañana ese lunes, apenas y había amanecido.


Emma me ofreció café y me despedí de ella... Manejé desde mi domicilio hasta la escena del crimen. «Detective de línea... ¡Por fin! No es que odie el uniforme, pero siempre había sido mi sueño el llegar a ser detective. El aumento de sueldo, tampoco me viene mal, ahora Emma y yo, podremos pensar seriamente en tener hijos. Con los pagos de la casa, el auto y el miedo constante de mi esposa por mi seguridad, seguro es una bendición el ser detective».


No había mucho trafico, aún era muy de mañana y la gente apenas comenzaba a arremolinarse cerca de las estaciones del tranvía y las paradas de autobuses... Atravesé el centro de la ciudad y me dirigí a ese suburbio al norte de la ciudad, una área de clase media, dedicada en especifico a dormitorio de comerciantes y empleados de alto nivel. Estacioné mi automóvil tras de las patrullas y bajé de él, encendiendo un cigarrillo.


Un oficial se acercó a mí y dijo:


—Detective Tatekawa, lo estábamos esperando, señor.— Por un momento, aquello me sonó muy bien. «Detective Tatekawa... ¡Sí, ese soy yo!» Me lo tomé en serio y le dije, como muchas veces había escuchado decir a mis superiores...

—¿Qué es lo que hay?— El oficial bajó su gorra y dijo en voz baja:

—Al parecer es un homicidio múltiple... Tal vez, relacionado a violencia domestica.— Su rostro palideció por un momento y dijo:

—El teniente Yamazaki, dio órdenes especificas de que nadie levantara la escena del crimen hasta que usted la haya revisado detenidamente.— Exhalé el humo del tabaco y dije:

—Entiendo... Vamos a eso.— Pero antes de cruzar la puerta de madera que daba del jardín del frente al interior de la vivienda, el oficial se detuvo y se tapó la boca...

—Detective... Err... ¿Le molesta, sí lo espero aquí afuera? Sí requiere algo, solo llámeme.— Su rostro sudoroso y desencajado.

—Ya veo. Está bien, oficial. Consiga algo de café negro, por favor.

—¡A la orden, detective!— Salió disparado de la vivienda, con su rostro relevado de preocupación.— «¿Mmmh...?»


Atravesé el umbral y me encontré de lleno con lo que parecía un cuerpo sin vida, bajo un plástico color verde aqua. Plantado precisamente en medio de la sala, manchas de sangre y fluidos, empapaban el piso alrededor y un hedor nauseabundo, comenzaba a surgir con el calor de la mañana. «¡Ugh! Bien... Vamos a echar un vistazo. Recuerda tu entrenamiento, Kosuke. No pises nada y trata de crear una imagen en tu mente».


Lentamente levanté el plástico, que seguramente habían dejado ahí los primeros oficiales en llegar a la escena... «¡Maldita sea!» El cuerpo de un menor, no mayor a los trece años, yacía tendido en el piso, con sus miembros inferiores y posteriores, contorsionados en imposibles posiciones, todo sobre un charco de su propia sangre... La cabeza, desquebrajada en pedazos, los cuales se encontraban alrededor. Como sí hubiera sido un delicado vaso de cristal y este se hubiera estrellado en astillas al caerse y tocar el piso. «¡Puta madre! ¡¿Quién carajos hizo esto!?» La escena era tan violenta, que incluso yo, me sentí amedrentado... «Quien quiera que haya hecho esto, seguro es físicamente imponente...»


Traté de revisar la escena del crimen, por el arma homicida... Una hacha, un mazo, por lo menos una roca. Nada... «Mmmh. Al menos, no aquí...» Saqué mi cámara de bolsillo y comencé a sacar fotografías... Seguramente el equipo forense hará lo mismo, pero nunca está de más, tener algunas extras al alcance de la mano. Al terminar, traté de crear una imagen en mi mente... «Este era apenas un chico... Tal vez, terminando o por terminar la escuela secundaria. ¿Violencia domestica? ¡Esto fue brutal! Seguramente obra de un desquiciado...» Volví a cubrir el cuerpo, la imagen ya se había quedado grabada en mi mente.


Comencé a revisar por pisadas o huellas de violencia alrededor... Nada. Todo en su lugar, sin un gramo de polvo y en perfectas condiciones. De no ser por las salpicaduras de sangre y lo que seguramente eran sesos, restos de piel con cabello y astillas del cráneo del chico, todo parecía en perfectas condiciones. Regresé a la puerta, por fin nauseado por lo que acababa de presenciar... El oficial había regresado con el café y me esperaba del otro lado, sin siquiera querer acercarse a la horrible escena.


—Detective, ¿se encuentra bien?— Tomé el café de sus manos y salí de la vivienda hasta las patrullas, con él siguiéndome por detrás...

—Sí... No hay problema. ¡Esto es una mierda bien gorda! ¿Cuáles son las primeras indagatorias?— Él dijo, negando con su cabeza:

—Violencia domestica, detective y... Suicidio. No hay nada que perseguir, al parecer el principal sospechoso se quitó la vida.— Le pregunté tranquilamente:

—¿El jefe de familia? ¿El padre del chico?— Asintió...

—Así parece ser... Solo esperamos a que nos de el visto bueno y llamaremos al forense.— «Mmmh... ¿Qué tan enojado puede estar un padre, para hacer eso a su propio hijo?»

—¿Cuántos más son?— Él dijo:

—La hija menor, la madre y finalmente, el señor Takeuchi.

—¿Hay algún testimonio de vecinos o testigos?

—Ninguno señor. El incidente fue reportado por una vecina, que frecuentaba la casa y se alteró al darse cuenta, que no contestaban el teléfono, ni la puerta desde el viernes por la noche.

—Ya veo... Vamos a terminar con esto. Por favor, levanta el testimonio de los vecinos. Averigua, sí el señor Takeuchi, tenía arranques de ira y en general, todo lo que puedas averiguar acerca de ellos. Céntrate en la vida diaria de la familia, por favor. Corroboraré los testimonios más adelante.

—¡A la orden, detective!— Di media vuelta y regresé a la casa...


«Bien... Vamos a ello». Encendí un cigarrillo y comencé a husmear por toda la casa... Pero algo muy raro, llamó mi atención, ya que al usar mi encendedor de bolsillo, la flama se puso de color verde al instante... «¡¿Qué diablos!?» Lo apagué y lo volví a encender... Esta vez, una flama común y corriente, color azul de su base, emergió del encendedor. «¡¿Eeh!? Debe de ser mi imaginación...»


Anduve por la cocina, la estancia, los rincones de la sala que aún no había visitado... Seguro era una vivienda espaciosa, mucho más espaciosa que lo que se percibía por fuera. Subí las escaleras a la planta alta y dos de las cuatro habitaciones, tenían sus puertas abiertas. Eché un vistazo a la más cercana y no tardé mucho para quedar horrorizado...


La habitación que parecía haber pertenecido a la hija menor del señor Takeuchi, se encontraba desorganizada y con rastros de forcejeo en todo el lugar... En la esquina de la habitación, pegada a la ventana, se encontraba la cama de la chica, completamente empapada de sangre. Sobre de ella, una cubierta de plástico, seguramente cubriendo el cuerpo de la pequeña... Tragué saliva, exhalé el humo del cigarrillo y di algunos pasos hasta quedar frente a la cama. La sábana había quedado color marrón en su totalidad, resultado de la sangre, ahora seca, que había absorbido.


La destapé lentamente... «¡¿Cómo es posible!?» La mitad superior del cuerpo de la chiquilla, se encontraba recargado contra la pared de la ventana, con sus intestinos saliendo por la parte faltante y sus ojos aún abiertos, en una mueca de desamparo y desesperación. «¡¿Esto es imposible, como una persona puede tener la fuerza y el corazón, para hacer algo como esto...!?» Era algo brutal e inhumano... No me podía ni siquiera imaginar, de que forma pudo haber encontrado la muerte de esa manera. En el cristal de la ventana, estaban grabadas aún sus manitas, en manchas de sangre. «Debió de haber encontrado la muerte en este lugar». Revisé alrededor, buscando por huellas u otras manchas de sangre... No tardé mucho en encontrarlas. Las marcas de sangre de sus manos, subían desde la base de la cama hasta su última posición.


«¿Mmmh?» Me agaché abajo de su cama y las huellas de sangre de sus manos, seguían todo el camino desde debajo... «¡¿Cómo!? ¡¿Se arrastró o la arrastraron desde abajo de su cama!?» Apagué el cigarrillo, encendí mi linterna de bolsillo y eché un vistazo por debajo de ella... Efectivamente, había huellas de sus manos empapadas en su sangre, pero había algo muy raro... Las huellas de sus dedos, encaraban hacia afuera y no hacia dentro. «Mmmh... ¡¿Qué carajos!? ¡Sí te escondes debajo de la cama y alguien viene a sacarte a la fuerza, las huellas de tus manos, quedarían encarando hacia el interior, no hacia afuera!» Solo por un instante, tuve una muy extraña sensación, como sí... Como sí, estuviera siendo observado. Un escalofrío recorrió mi espalda e inmediatamente me reincorporé. «¡¿Dónde mierdas, quedaron sus piernas!?»


Comencé a sudar frío y tratando de recomponerme, saqué algunas fotos e inmediatamente, la volví a cubrir con el plástico... El olor de sus intestinos a medio pudrir, era nauseabundo y no resistí más. Salí apresurado de la habitación, negué de lado a lado y me dirigí a la segunda puerta abierta...


Parecía ser el baño familiar... Entré despacio, con un nudo en el pecho, preparándome para la siguiente atrocidad. Efectivamente, el destino no me decepcionó, tras la cortina de la bañera, se dibujaba una silueta. Me armé de valor y la recorrí, ante el macabro espectáculo... El cuerpo de lo que en vida, hubiese sido una mujer, colgaba del tope de la regadera, completamente carbonizado... Cubrí mi nariz y boca, el olor a descomposición y carne achicharrada, era insoportable a esa distancia. La tina de la bañera estaba renegrida con ceniza y suciedad... Era imposible a esas alturas, tratar de identificar a la mujer, pero seguramente se trataba de la señora de Takeuchi.


Observé con atención la escena... Muy probablemente fue quemada viva, mientras estaba encadenada por las muñecas a la plomería de la regadera. Me alejé un par de pasos. Estaba llegando a mi límite. Tallé mi rostro con ambas manos y me dije a mí mismo... «Calma, Kosuke. Este es el trabajo de un investigador de homicidios. Aunque... Esto es atroz, en los años que llevo como policía, nunca había visto cosas como estas. Nunca pasaba de muertos por arma de fuego, ahorcados, suicidios, pero... Incluso el esporádico asesinato, donde la victima es tapiada en cemento o arrojada al mar con una loza encadenada a sus pies, se puede comparar con esto. Esto lo hizo alguien completamente perdido en su degeneración».


Volví a negar para mis adentros, respiré profundamente asomando mi cabeza afuera del baño y saqué mi cámara... Saqué algunas fotografías y una idea me vino a la mente. «¿Mmmh? El techo y las paredes de la casa son de madera... Que extraño». Volteé hacia el techo, esperando ver por lo menos, las marcas de las lenguas de fuego... Nada. Busqué a mi alrededor por marcas, que pudiera haber dejado un conato de incendio... Nada. «¡Qué mierda! ¡¿Cómo!? Es imposible que esta mujer ardiera viva aquí y no hubiese siquiera huellas del fuego. ¡La debieron haber encendido con algo...! ¡¿Gasolina!?» Saqué mi pañuelo de la gabardina y lo puse en mi boca, para acercar mi nariz a la bañera y tratar de identificar el inconfundible olor a gasolina...


¡Nada! Solamente el acre aroma a carne y grasa quemada. Las renegridas marcas en la tina y en las paredes alrededor de la mujer, no llegaban más allá de su silueta. Cerré la cortina de la bañera y me dispuse a revisar el resto de las habitaciones, para identificar el cuerpo del presunto responsable y salir volando de ese lugar...


Revisé las puertas restantes, la más cercana al baño, era la habitación conyugal. Entré esperando encontrar rastros de una pelea o el cuerpo del presunto responsable... Para mi sorpresa, absolutamente todo estaba en su lugar. El piso limpio, los futones doblados y guardados en el closet, cómodas y repisas, completamente intactas. Ni un rastro del cuerpo del sospechoso. «Mmmh...» Di un último vistazo al closet antes de salir... «A algunos suicidas, les gusta colgarse de la barra para colgar la ropa...» Nada de nada. «¡Espera un momento!» Sentí una corriente de aire chocar contra mi rostro, que cargaba un nauseabundo aroma... Revisé con mucho cuidado la estructura del closet y pude hacer a un lado una tarima suelta que lo cubría por la parte de arriba. «¿Un ático? Este lugar es enorme por dentro». Pude haber metido mi cabeza por aquel hueco, pero algo en mi interior me dijo, que sería mucho más congruente buscar la escalera. Acomodé la gruesa tarima en su posición original y salí de la habitación...


«¿Dónde pueden estar las escaleras? Mmmh... No he visto nada más en la planta alta, solo estas cuatro habitaciones. ¿Debería preguntar al oficial? Sí ellos ya han encontrado el cuerpo, deben de saber donde está la escalera al ático, aunque... Je,je,je... No vendría bien a mi imagen, que el detective novato, no pudiera encontrar las escaleras. Revisaré primero el cuarto del chico...» Abrí la puerta de la habitación restante... Un par de moscas, chocaron contra mi rostro. Dentro de aquel lugar, había un olor nauseabundo e insoportable y enjambres de moscas, se arremolinaban en la ventana. Volví a tapar mi nariz y boca, con el pañuelo, para acercarme a la ventana y tratar de abrirla para darles escape...


Llegué al marco de la ventana, quité el seguro y la empujé hacia arriba con toda mi fuerza... «¿Cómo...? ¡Vaya qué está atascada!» Imprimí mayor fuerza a mi tentativa y por fin... La logré levantar hasta la mitad, liberando a las moscas que se arremolinaron para comenzar a salir. «¡Vaya!» Eché un vistazo a la habitación... Nada fuera de lo normal, más que ese nauseabundo aroma. Me acerqué al escritorio, colocado en la esquina de la habitación... Una libreta escolar, yacía abierta sobre de él. Sus hojas húmedas y amarillentas como sí llevará una eternidad sobre aquel lugar. Eché un vistazo... En las hojas frente a mí, alguien había rayoneado con una pluma atómica, una innumerable cantidad de círculos superpuestos, uno sobre de otro, era algo que simplemente no tenía sentido. «¿Mmmh...?» Tomé una bolsa para evidencia de mi gabardina, la desdoblé y con mucho cuidado, eché la libreta y cerré. «Tal vez, el dueño de la libreta, escribió algo que pueda ser decisivo en las investigaciones». Volteé a mi alrededor, en busca de la fuente de aquel hedor e instintivamente me dirigí hacia el closet...


«¡¿Eeh!? ¡Vaya, así que aquí estaban las escalera!» Al fondo del armario, había una entrada que seguramente estuvo cubierta con la remodelación... Saqué mi linterna de bolsillo y me aventuré al interior. Cuando atravesé el marco posterior del closet, fue como sí por completo estuviera en un lugar diferente. «Insisto... Esta casa parece mucho, mucho más pequeña por fuera». Llegué a lo que seguramente en otros tiempos, antes de que la casa hubiera sido remodelada, fuese el pasillo principal de la segunda planta. Frente a mí, tapiado el espacio perteneciente a la escalera que daba hacia abajo, a mi derecha un par de puertas, clavadas y aseguradas, por último a mi izquierda... Una escalera que daba a una tercera planta.


«El hedor viene de allá arriba... Bien, terminemos con esto». Con mucho cuidado, comencé a subir los viejos escalones. El interior de la parte sin remodelar, me daba un aire de un par de décadas atrás. Al llegar a la parte de arriba, me pude dar cuenta de que se trataba de una tercera planta, que nunca fue terminada. Caminé dirigido por mi olfato, mientras mis pisadas hacían chirriar la vieja madera. Gruesos postes del mismo material, sostenían el techo de la vivienda, uniéndose a las trabes en ángulo recto. Y precisamente, colgando de una de ellas es donde lo encontré... El señor Takeuchi. Meciéndose a los lados, como sí alguien lo hubiera puesto en movimiento, mientras estaba colgado de su cuello... «Mmmh... Bastardo. Después de lo que hizo a su familia, sí él es el culpable, este final parece un juego de niños a comparación».


Me acerqué hasta él y lo sujeté con cuidado de la ropa, para detener su movimiento. Alumbré su rostro con la linterna, el cual estaba desencajado en una mueca de horror y desesperación. Tapé nuevamente mi rostro con mi pañuelo y lo comencé a revisar... «Esto es extraño... Este hombre lleva muerto mucho más tiempo que los miembros de su familia. Está en un muy avanzado grado de descomposición. Podría ser el calor, que se acumula con los rayos del sol en el techo, pero... No lo creo». Miré a mi alrededor... «¿Cómo subió hasta aquí para colgarse el mismo?» Seguro había algunos viejos muebles de los que se pudo haber ayudado para la macabra tarea, pero ninguno de ellos estaba siquiera cerca. «Mmmh... Algo me hace pensar, que este hombre no es el culpable que buscamos. Sí eso es cierto, tenemos algo gordo entre las manos, no podemos permitir que un asesino de este tipo, ande suelto en un suburbio como este».


Metí la mano al bolso cercano a mi pecho de mi gabardina y saqué una luz de flash, que puse apresuradamente en la cámara. Lo encendí y esperé a que calentara en lo que observaba a mi alrededor. «Me pregunto... ¿Quiénes serían los dueños anteriores de esta casa? Probablemente ancianos, aquí hay cosas muy antiguas guardadas, seguramente de los tiempos de la posguerra o incluso antes». Por fin, encendió el led, que indicaba que la capsula de flash estaba lista para disparar. Me alejé un par de pasos y comencé a fotografiar al que en vida fuese el señor Takeuchi... «¡Todo listo! Bien. Husmearé un poco por aquí, antes de retirarme...» Caminé hasta la parte trasera, donde había un pequeño ventanal triangulado al tope de la estructura y un poco de luz pasaba por ahí.


Al pie de la pared por debajo del ventanal, había un viejo baúl forrado de cuero color negro... El baúl estaba abierto de par en par y con la luz, se podía ver a simple vista que estaba por completo vacío. «¿Por qué no, poner algunas de estas viejas cosas dentro del baúl y cerrarlo? Mmmh... Espera un momento, tal vez sí tuvo algo en su interior. ¡¿Robo...!? Nah...» Descarté la idea inmediatamente... «No, lo dudo. Muchos asesinos son ladrones, pero no todos los ladrones son asesinos. Todo esto me parece algo muy personal, con mucho odio de por medio». Cerré el baúl por un impulso natural y me retiré de la escena.


Cuando salí de la casa, por fin me sentí aliviado... «¡Qué espectáculo tan siniestro! Pinche Yamazaki, el cabrón debió de haber estado aquí conmigo para que se meara en los calzones al ver toda esta inmundicia». Encendí un cigarrillo y uno de los oficiales que estaba a cargo, se acercó a mí...


—Detective. ¿Podemos llamar a forense?— Dije escuetamente:

—Sí, pero... Que no los incineren aún. Es probable que tengamos otras cosas entre las manos. Es importante que les hagan una autopsia para averiguar la fecha de la muerte.— El otro oficial, que mandé a recoger los testimonios de los vecinos, regresó y dijo:

—Todo listo, detective.

—¿Algo interesante?

—De hecho, no. Algunos detalles referentes al señor Takeuchi, pero nada que justifique algo como esto.

—Ya veo, déjame el informe, mañana por la tarde en mi escritorio, por favor, no omitas nada que creas importante. Esperemos al forense y larguémonos de aquí...

Fin del capítulo 1.