Unico cap
En un pequeño pueblo cubierto por nieblas perpetuas, vivía una pareja cuyo amor desbordaba intensidad y obsesión: Samuel y Mariana. Eran jóvenes, bellos y profundamente inseparables, pero su vínculo estaba marcado por los celos más oscuros. Su amor no admitía rivales, y quien se atreviera a cruzar la línea pagaría con su vida.
Todo comenzó una noche en la que Mariana encontró un ramo de flores con una nota anónima en su puerta. Aunque para muchos sería un gesto inocente, para Samuel fue una ofensa imperdonable. La furia de los celos consumió sus pensamientos y, bajo el manto de la luna, la pareja juró proteger su amor a toda costa, sin importar el precio. En un pacto de sangre, sellaron su compromiso de eliminar a cualquiera que amenazara su relación.
Adrián, el autor del inocente ramo, fue el primero. Mariana, con su encanto, lo invitó a encontrarse en un lugar apartado del bosque. Allí, bajo las ramas torcidas de los árboles, Samuel emergió de las sombras y le asestó un golpe mortal con un cuchillo. La sangre de Adrián empapó la tierra mientras los amantes observaban, sus corazones latiendo con una mezcla de miedo y excitación. “Es por nuestro amor”, se dijeron, convencidos de que su acto era necesario.
Pero esa noche, mientras regresaban a casa, una extraña sensación los siguió. En los callejones, sus sombras parecían más largas, como si algo invisible los estuviera observando. Se dijeron que era la adrenalina del momento y se prometieron olvidar.
Con el tiempo, las desapariciones se acumularon. Cualquiera que mirara a Mariana con admiración o mostrara interés en Samuel se convertía en un objetivo. Una joven que se atrevió a elogiar la sonrisa de Samuel, un viejo amigo que rozó la mano de Mariana al saludar: nadie estaba a salvo de su furia. Cada asesinato fortalecía su unión, pero también dejaba una huella más oscura en sus almas.
Sin embargo, las sombras que los seguían crecían. En las noches más silenciosas, escuchaban susurros que no lograban entender, como lamentos provenientes de otro mundo. Sus reflejos en los espejos parecían moverse por su cuenta, y el aire en su hogar se volvía cada vez más frío.
Una noche, tras uno de sus asesinatos, decidieron atravesar un callejón oscuro para regresar a casa. La niebla era espesa, y las lámparas apenas iluminaban sus pasos. De repente, las sombras comenzaron a alargarse de forma antinatural, envolviéndolos como un manto de oscuridad. Frente a ellos surgieron figuras espectrales: eran las almas de sus víctimas, cuyos ojos vacíos reflejaban el odio y el dolor de sus muertes.
“¡Fue por amor! ¡Lo hicimos por amor!” gritó Mariana, pero las almas no escuchaban. Lentamente, las figuras se acercaron y los rodearon. Las sombras se fundieron con sus cuerpos, arrastrándolos al abismo. Los gritos de Samuel y Mariana se desvanecieron, y el callejón quedó en silencio una vez más.
Desde esa noche, nadie volvió a ver a Samuel y Mariana, pero los rumores no tardaron en surgir. Se decía que sus almas quedaron atrapadas en los callejones del pueblo, condenadas a vagar eternamente. Aquellos que cruzaban esos lugares oscuros sentían un frío inexplicable y escuchaban susurros: “¿Es él? ¿Es ella?”
Los amantes, ahora sombras sin forma, estaban atrapados en un bucle eterno de celos y obsesión, buscando víctimas que jamás llegarían. Su historia se convirtió en una advertencia para el pueblo: el amor que se alimenta de sangre y celos no lleva a la unión, sino a la condena. Y en las noches más silenciosas, bajo la espesa niebla, los más valientes aseguran escuchar sus pasos y susurros, eco eterno de un amor maldito.