NARNIA: LA ROSA, EL LEON, EL ROPERO Y LA BRUJA

Summary

Los hijos de Aslan Rosabella y Alexander huyeron de Narnia por el poder de la temible bruja blanca, ahora en tiempo de que vuelvan a casa junto a los hijos de adan y las hijas de Eva, dos muchachos de nombre Peter y Edmund y dos jovencitas de nombre Susan y Lucy.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
13+

CAPITULO 1: Rosabella y Alexander


Narnia

En el vasto y mágico reino de Narnia, reinaban el Rey Aslan y la Reina Rochet, soberanos magnánimos y justos. Sin embargo, en lo profundo del corazón de la Reina, anidaba un deseo ferviente: convertirse en madre.

Cuando se anunció su embarazo, todo el reino estalló en vítores de alegría. La noticia de que Aslan tendría un heredero llenó de felicidad los corazones de los narnianos.

— Rochet, ¿cómo llamaremos a nuestro hijo? —preguntó Aslan, con una sonrisa que iluminaba su rostro.

— Si es una niña, deseo que su nombre refleje la esencia de las rosas, que sea hermosa y delicada, representando la primavera. Podría llamarse Rosabella.

— Y si es un varón... —continuó Aslan—, será fuerte y justo, un verdadero guardián de los bosques, que protegerá a su hermana. Su nombre será Alexander.

— ¿A su hermana? —preguntó Aslan, con una chispa de sorpresa en sus ojos.

— Sin duda, se convertirán en el Rey y la Reina de Narnia: Alexander y Rosabella.

— Reflexionó con júbilo: ¡dos descendientes!

— Ella será idéntica a ti, y él llevará en su corazón la fortaleza necesaria, como yo, para protegerla.

— Lo anhelo profundamente, Aslan.

Los monarcas sentían una felicidad profunda y pura. Sin embargo, el día del parto no se desarrolló como esperaban. En una serena mañana, mientras los pájaros cantaban melodías suaves y la Reina paseaba entre los rosales, de repente, sintió el inicio de su labor de parto. El palacio se sumió en un torbellino de agitación; los gritos de la Reina resonaban, llenando el aire de una mezcla de temor y esperanza.

Aslan, con su inmenso poder, se sentía impotente ante lo inevitable. No podía desafiar el destino que aguardaba a su amada, y el miedo a perderla junto con su hijo le desgarraba el alma.

— Estimado señor —dijo una de las damas de compañía, con voz temblorosa.

— ¿Cómo se encuentran? —preguntó Aslan, con la voz llena de ansiedad.

— Enhorabuena, tanto a usted como a la Reina, por la llegada al mundo del príncipe Alexander y la princesa Rosabella.

— ¿D-Dos? —se sorprendió Aslan.

— Son mellizos, mi señor.

— ¿Y... ¿Rochet? —el temor se apoderó de su voz.

— Su Majestad la Reina se encuentra en un estado de debilidad considerable —dijo la dama, inclinando ligeramente la cabeza—. Sería prudente que usted ingresara.

Con un suspiro profundo, Aslan asintió, sintiendo que su corazón latía con fuerza. Abrió la puerta con cuidado y, al entrar, se encontró con la imagen que siempre atesoraría: su Reina, deslumbrante y serena, sosteniendo a los gemelos en sus brazos.

— R-Ro.... —las palabras se le atoraron en la garganta.

— Alexander y Rosabella... D-dos hijos —respondió Rochet, su voz entrecortada por la emoción—, como siempre lo deseé...

— Te encontrarás en buen estado... —aseguró Aslan, alzando a su Reina con ternura.

— Mi amor... Engañar no es tu fuerte —comenzó ella, las lágrimas resbalando por sus mejillas—. Míralos...

Con manos temblorosas, Rochet extendió los brazos, permitiendo que Aslan contemplara a sus pequeños. En ese instante, su corazón se quebró al ver a su hija. Era el fiel reflejo de su madre: su piel blanca salpicada de pecas que evocaban constelaciones, labios carnosos y rosados, mejillas sonrosadas y una cabellera rojiza. Su hijo, con un cutis ligeramente moreno y cabello rojizo más oscuro, tenía labios delgados y una nariz recta, adornada con pequeñas pecas que también evocaban a su padre. Eran sus descendientes, Alexander y Rosabella.

— Sé que te tendrán a ti y tú a ellos... —dijo Aslan, con una voz llena de amor.

— Indudablemente, mi querida Reina. Puedes descansar ahora. No tienes que preocuparte por nosotros.

Aslan apretó suavemente a su Reina mientras sostenía a los bebés, y, en un susurro, ella se entregó al sueño eterno.

El príncipe Alexander Reimond y la reina Rosabella Rochet crecieron en un ambiente colmado de amor y calidez. Todo el reino veneraba a sus príncipes, admirando su humildad y naturaleza bondadosa.

La Reina Rosabella irradiaba alegría, cumpliendo así el anhelo de su madre al convertirse en la esencia misma de la primavera. Los árboles danzaban al compás de su risa, y las flores florecían con más esplendor a su paso; los narnianos la apodaron “la rosa imperial”.

El príncipe Alexander se desarrolló robusto y valiente, forjando un amor profundo por su hermana. Se convirtió en un guerrero formidable y un líder justo, conocido entre los narnianos como “el león guardián”. Su vínculo, forjado en la inocencia de la infancia, se transformó en un lazo inquebrantable, y juntos, estaban destinados a llevar la luz y la justicia a Narnia.



ROSABELLA ROCHET DE ASLAN

REINA DE NARNIA POR HERENCIA Y DECISIÓN, EMPERATRIZ DEL SOL, LA CULMINACIÓN DE LA BELLEZA ENTRE LAS MÁS EXQUISITAS ROSAS DE NARNIA, OBJETO DE ENVIDIA DE LA GRANDIOSA Y BELLA ESTRELLA AZUL EN EL CIELO, LA PRIMAVERA EN SU MÁXIMO ESPLENDOR.

ALEXANDER REIMOND DE ASLAN

REY DE NARNIA POR SANGRE Y ELECCIÓN EMPERADOR DE LOS BASTOS BOSQUES NARNIANOS, LIDER DEL EJERCITO DE NARNIA, EL LEON GUARDIAN DE LA ROSA, GUERRERO E IMAGEN INMORTAL DE ASLAN, LA JUSTICIA Y EL ORDEN EN ESPLENDOR







NUEVA HISTORIA, ESPERO SEA DE SU AGRADO :)