Una infancia horrible
John, es un hombre joven, no tiene discapacidades, pero su mente y su personalidad son muy vulnerables, actúa desacorde a su edad, adulto físicamente, pero niño u adolescente de racionalidad, en parte, se podría decir, que es fácilmente manipulable cómo un títere,
Pero, ¿Porqué? ¿A qué se debe esto?
Su vida, ha sido difícil y bastante dura a ojos de muchos que le rodean, ya sean amigos o determinados familiares, pero para otros, tal vez mucho más cercanos, no es muy diferente de la que también les ha tocado vivir y por lo tanto, merece sentir también lo que han sufrido, aunque eso les llevara a causarle daño y provocarle problemas o traumas prácticamente irreparables.
Desde muy pequeño, su madre le enseñó a base de gritos e insultos casi a diario, le golpeaba de forma continua, preferiblemente en la cara, le azotaba con el cinturón para que entendiera cuando se portaba mal, azotes que caían en cualquier parte de su pequeño cuerpo, dejándole marcas, moretones y sangre.
El niño, con tan sólo nueve años, harto de su tormento, deseó un día quitarse la vida, escribió una carta manifestando lo que sentía e intentó ahorcarse.
El miedo a su madre le venció, pensó que se enfadaría mucho e inocente, se imaginó que si moría, ella le iba a castigar, por lo que soltó la sábana que había enrollado y amarrado a la barra de la cortina del baño, se desató el nudo que ya tenía amarrado en el cuello y se bajó de la silla que le ayudaría a conseguir su propósito.
Organizó todo nuevamente cómo estaba y corrió a romper la carta para tirarla a la basura.
Nadie se enteró.
El tiempo pasó, la situación continuaba y llegó el momento, en qué el niño ya casi adolescente, tuvo que elegir mentir cómo vía de escape, para salvarse por unos días o en determinados momentos de palizas, desatando más la cólera de esa bestia de la cuál no había escondite, cuando se enteraba de la verdad.
Se ensañaba con él, descargaba su frustración e ira, justificable, por las palizas recibidas por parte de su padre, tanto a ella como a su madre y por el pánico que estas situaciones le habían provocado desde niña.
Quizás, era la forma de vengarse de un hombre, que engañó muchas veces a la mujer que la trajo al mundo y por lo tanto, le había proporcionado inestabilidad familiar.
- ¡MARICÓN!
Era su insulto preferido, se lo repetía constantemente, fuera la situación que fuera.
A su padre, prácticamente no le veía por el trabajo, no era malo, de hecho lo quería mucho, lastimosamente no estaba cuando le necesitaba y cuando estaba, no le podía defender, tal vez, por temor a ella o a sus represarías.
Aprendió a sentir pánico sólo al oírla levantar la voz, a vivir con miedo constante y a buscar refugio en las cuatro paredes de su habitación, en las que su única forma de descargar su rabia e impotencia durante años, fue entrenar su cuerpo.
Tuvo ciertos castigos, por los cuáles, perdió su infancia poco a poco, criándose de una forma muy distinta al resto de sus compañeros de clase y desaprovechando el potencial de inteligencia y espíritu deportivo que había demostrado tener, no lo valoraron ni lo apoyaron, sencillamente, no había tiempo ni dinero para él, seguramente, no supieron actuar ni obtuvieron consejo.
Durante años, sus padres buscaron la manera sin obtener resultado, tras análisis médicos, tuvieron que aceptar y ya habían perdido la esperanza, que no podían, pero, en medio del caos que se vivía constantemente, una noticia llegó de imprevisto, por fin quedó embarazada, tendrían un hijo propio, pues el que ya se había convertido en un adolescente, en realidad, era adoptado.








