Al otro lado de un alma compartida

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Summary

Alexis es un joven común en Quito, pero su realidad se hace añicos cuando descubre que su cuerpo no le pertenece solo a él. Alexander, un guerrero de otro mundo asesinado en combate, ahora habita en su interior. Lo que comienza como pesadillas sobre una muerte ajena se transforma en una carrera desesperada por la supervivencia. Perseguidos por una organización paramilitar y envueltos en el despertar de una energía prohibida llamada Flujo, Alexis y quienes lo rodean deberán decidir en quién confiar antes de que el tiempo se agote. Sumérgete en un viaje donde la lealtad se pone a prueba y los secretos de un alma compartida podrían ser la única salvación... o la destrucción definitiva.

Status
Ongoing
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo [TOMO I]

El sonido de las sirenas se expandía como un eco interminable por cada rincón del pequeño poblado. Las personas se dirigían apresuradas hacia los edificios centrales, buscando refugio, mientras los vigilantes seguían con la búsqueda.

Alejado de la multitud, una figura solitaria avanzaba hacia una cabaña aislada, con expresión rígida, como si cada paso confirmara lo que temía: la información que había recibido era cierta. Después de tanto tiempo, lo habían encontrado.

Con mano firme, ajustó su pistola. Cada centímetro de su vestimenta se camuflaba con la nieve, volviéndolo una sombra más entre el blanco infinito. El chirrido de la puerta resonaba en el vacío. El lugar estaba desierto, como si nunca hubiera albergado una sola alma.

Mantuvo el arma en alto, atento a cualquier movimiento. Sabía que algo estaba por suceder. Antes de entrar, contó cuantas balas tenía en la recámara. Dos, suficientes para él. Su intuición no lo traicionó, al primer paso, el destello de un cuchillo cruzó frente a sus ojos. El atacante, rápido como una sombra, lo forzó a retroceder.

Un disparo rasgó el silencio, reverberando entre los árboles. Los buscadores seguramente lo habrían escuchado. La puerta de la cabaña se astilló y manchó con la violencia de la pelea, mientras el cuchillo se insertaba en su hombro izquierdo. A pesar del dolor, apretó el gatillo una vez más, acertando en la muñeca de su oponente. El hombre, sin mediar palabra, huyó con una velocidad que sorprendió al chico.

Arrancó el cuchillo de la carne. La herida era profunda, pero podía continuar. Salió tras él, pero una voz lo detuvo.

—¡Hermano!

—¡Miku! ¡¿Qué haces aquí?! —preguntó, desconcertado.

—Lo mismo te pregunto. Deberías estar en la zona segura. ¡Vuelve conmigo, por favor! —Miku lo tomó de la mano, pero su rostro se horrorizó al notar la mancha carmesí—. ¿Hermano, eso es… sangre?

—Vuelve tú al refugio —respondió, apartando su mano—. No me sigas.

Ella se agarró fuertemente del brazo derecho de su hermano. A lo lejos, se escuchaba voces llamando a la chica.

Por casualidad, notó una estela rojiza, adentrándose al bosque. Si seguía perdiendo tiempo, la tempestad escondería a su objetivo. Este la empujó, mientras gritaba:

—¡Aquí está! ¡Rápido, vengan!

—¡Alexander! —fue lo último que escuchó antes de correr por el camino en la nieve.

Tras unos minutos, lo encontró. Su enemigo estaba allí, apoyado contra un árbol, sus rodillas flaqueando, respirando con dificultad. La sangre se derramaba por el costado de su cuerpo, plantando lirios a su alrededor.

Alexander desenvainó su espada al dejar la pistola en la cabaña. No era el protocolo, pero en ese momento, no había otra opción. Se acercó despacio.

—Se terminó. Cualquier movimiento que considere peligroso terminara con…

El hombre interrumpió con su risa, escupiendo sangre—. ¿Mi muerte? Un... discurso típico de un perro de DD.

—El aviso fue dado. Deberás acompañarme al punto de encuentro y responder por tus crímenes.

—Vaya... que lástima —El hombre soltó una carcajada ronca, inestable—¿Tan ingenuo eres... para pensar que escaparé?

De repente, el hombre se tambaleó hacia adelante, exponiendo algo que había mantenido oculto bajo su abrigo. Era un dispositivo, pequeño y cubierto de nieve, pero lo suficientemente claro para que Alexander comprendiera su significado en el acto.

El hombre alzó el brazo, y con un último suspiro, apretó el detonador. Alexander intentó alejarse, en un reflejo instintivo, pero era demasiado tarde. La explosión fue repentina y brutal. Todo se llenó de luz, un destello cegador que consumió la nieve, los árboles, el hombre... y a Alexander.

Todo se desvaneció en una oscuridad absoluta, como si el mismo tiempo se hubiera detenido.

De repente, en medio de esa negrura, la figura de Alexander se materializó. Estaba de pie, su cuerpo intacto, pero su rostro reflejaba una incredulidad total. Levantó la vista, susurrando:

—¿Puedes verme?

Un ruido se hizo presente, la imagen se distorsionaba. Viendo como su cuerpo, era alcanzado por la explosión nuevamente.


—¡No...! —El grito sacudió el aire.

Un chico de dieciséis años despertó de golpe en su cama, sudando, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada. Se llevó una mano al pecho, intentando calmar los latidos furiosos de su corazón. El despertador del celular marcaba las cinco de la mañana.

No pudo evitar sentir gran dolor en su pecho.

—¿Otra vez...? —murmuró, apretando las sábanas con los puños cerrados.

Sus pensamientos estaban nublados por la intensidad del sueño. No solo el sueño, sino la sensación persistente de estar atrapado en algo que no entendía

—Ya es demasiado... ¿Quién demonios eres, Alexander?