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La leyenda cuenta que la aldea de Arcadia se escondía en un valle protegido por montañas inmensas, cuyas cumbres se perdían en el cielo. La nieve cubría todo, creando un paisaje de ensueño.
Pequeñas cabañas de madera, con chimeneas humeantes, se alineaban a lo largo del río cristalino que atravesaba la aldea. Luces cálidas y acogedoras brillaban en las ventanas, como estrellas en la noche.
Árboles gigantes y frondosos, cubiertos de nieve, proporcionaban sombra y protección. Sus ramas se entrelazaban, formando un dosel natural.
El río, llamado "Río de la Luna", fluía suavemente, reflejando la luz de la luna y las estrellas. Su agua clara y helada provenía de las montañas.
La aldea estaba protegida por una élite de guerreros Alfa, entrenados desde la infancia en el arte de la guerra. Su reputación los precedía, y nadie osaba desafiarlos ya que el que lo intentara siempre terminaba conociendo la muerte.
La leyenda cuenta que el líder de Arcadia era un Alfa feroz y sin piedad. Su carácter intimidante hacía que nadie se atreviera a acercarse. Su presencia imponía respeto y miedo, capaz de doblegar al Alfa más fuerte.
Su corazón era como el hielo, duro y frío, sin dejar espacio para la compasión ni la debilidad. Se decía que su mirada podía helar el alma y que su voz podía hacer temblar la tierra.
Los viajeros que se acercaban a Arcadia eran advertidos por los habitantes de los aldeas vecinas: "No te atrevas a entrar, pues el Alfa de Arcadia te destruirá. "