LOCA POR UN VAMPIRO [SVD#1]

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Summary

✝ Saga Vampire Darks ✝ Libro #1 Nueva versión 2026 ¿Creés en los vampiros? En esos seres sobrenaturales que son un mito. Algo recurrente para causar miedo. Un ser que no existe o al menos nadie a visto a uno real en nuestro mundo. Existen miles de mitos de esos seres de la oscuridad pero, ¿cómo explicar un mundo que ni siquiera conoces? Yo no creía en su existencia hasta que ellos llegaron. Mis extraños vecinos. Nunca debimos invitarlos. Nunca debí a enfrentarme a él: Darren Collins Él es peligro, misterioso, con secretos, muchas mentiras, una verdad. Dolor y sufrimiento. Lo odie por obligarme a callar su oscuro secreto. Lo odie por sentir esto por él. Por volverme loca al conocer su oscuro mundo. Entonces, ¿los vampiros si existen? Ahora te digo que sí y están más cerca de lo que piensas.

Status
Complete
Chapters
80
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1 ✘ LOS NUEVOS VECINOS

“Lo más importante es no dejarse de preguntarse. La curiosidad tiene su razón de existir” /Albert Einstein.    


“Todo cambió con la llegada de mis nuevos vecinos. Ellos eran raros, diferentes a nosotras. Ellos ocultaban un secreto. Fue fácil descubrirlo pero no callarlo. Por él descubrí un mundo que nunca imaginé que existía. Donde mi historia se volvió real. Así comenzó el inicio de todo .A. ”


    A Y L I N


Toc toc.


Dos golpes en la puerta interrumpieron mi sueño, lograron despertarme. Sin embargo mantuve mis ojos cerrados, me costó abrirlos y tampoco quize hacerlo.


El golpe que provenía de la puerta de mi habitación, insistió. Mi madre insistió al repetir un golpe más.


—Hija, despierta por favor ya es muy tarde —su voz escuché del otro lado de la puerta.


Me quejé en silencio y empecé a abrir los ojos hasta que mi vista se aclaró. Bostece y levanté un poco la cabeza buscando mi reloj en el buro a un lado de mi cama. La hora marcaba las 9:00 am.


»Que pronto mamá«


Bufe molesta y enterré mi cara en el centro de la almohada.


—Cariño ya despierta. —Sonó su voz dulce del otro lado de la puerta.


—No... quiero —pronuncie adormilada en voz baja. Gracias a la almohada mi voz no se logró escuchar a la perfección o eso crei.


No obstante, escuché la puerta abrirse y los pasos de mi madre con una advertencia de peligro entre la nula cercanía.


—Ana Aylin Villanueva del Río, levántate ahora mismo —alzó la voz con ese tono autoritario. Eso significaba solo una cosa, Sara del Río estaba claramente molesta por mi respuesta que sin duda; me había escuchado.


De mi parte, bufe al escucharla.


Mi madre era tan insistinte cuando se lo proponía. No se iría.


—Te advertí que no te desvelaras anoche.


Levanté mi cabeza y ladee la cabeza.


—Es domingo —me quejé.


—Un domingo para levantarse temprano. —Por suerte no vio mi mala mirada. —Levántate hija, te espero en la cocina en cinco minutos —demandó y escuché sus pasos al alejarse— y no me hagas regresar por ti Aylin.


Enseguida cerró la puerta de golpe.


» Nimodo Aylin, es hora de iniciar el día con un mal humor«


Con pesadez me voltee, mi vista se clavó en el techo mientras aún decidía levantarme. Sin embargo lo que quise evitar es que mi madre regresara y fuera peor.


Hice un gran esfuerzo en levantarme, me incorpore en la cama y lancé las cobijas a un lado hasta que mi libro causó mi atención.


Medio sonreí y lo cogi. Lo abrí hasta hojearlo buscando la página que me quedé anoche. El motivo de mi desvelo, sin embargo falle como lectora que ni siquiera lo terminé. Ni siquiera me di cuenta en que momento me dormí.


Supongo que el sueño me venció incluso no me di cuenta como es que lo cerré y apagué mi lámpara.


»Apuesto que estaba más dormida que despierta«


Al encontrar la página, la doblé de la esquina. Me molestaba que hubiese quedado en la mejor parte, estaba apunto de descubrir la verdad y comprobar mi teoría.


Después cerré el libro y observé la portada con detenimiento.


A mí madre no le gustaba que leyera este tipo de historias. Ni siquiera a mi amiga que no compartimos los mismos gustos, ni la adicción a la lectura. Sin embargo, me gusta leer aunque sean historias raras, de seres sobrenaturales que no existen. Historias de vampiros que causan mi interés aunque no he conocido uno. Nadie aunque muchos afirman lo contrario, pero son mitos. Historias para entretener al publico lector como a una adolescente de 18 años como yo.


—Vampire Story —pronuncie en voz baja y dejé el libro a un lado de mi. Mi libro favorito donde puedo leer y encontrar muchas historias de estos seres de la oscuridad. Sin embargo, no existen.


Dejé de prestarle atención y de un brinco bajé de la cama. Me coloqué mis plantuflas, dejé salir un último bostezo mientras talle mis ojos.


Enseguida caminé en dirección a la salida hasta abrir la puerta y sali de mi habitación.


El departamento es pequeño así que es poca distancia para llegar a la cocina. Cuando entré, me detuve al ver a mí querida madre cerca de la mesa con un mandil puesto, sonriente disfrutando esa notable acción.


—Buen día mamá.


Me acerqué a ella y depósite un casto beso en su mejilla. Me aleje sin evitar otro bostezo.


Ella giró a verme con esa mala mirada. En segundos, cambió su expresión.


—Buenos días cariño, aún con sueño ¿Eh?


Dejé salir una leve risilla.


—Me creírias si te dijiera que si —le respondi y me cruce de brazos.


Ella negó.


—Aylin tanto dormir te puede hacer daño.


Volví a negar en completo desacuerdo, bajé mis brazos y los estire hacia arriba. Sentí cada uno de mis músculos relajarse como la sensación de descanso.


—Mamá dormir es sumamente necesario.


Mi madre rodó los ojos y regresó la vista en lo que estaba haciendo.


—Es demásiado tarde para seguir metida entre las cobijas, Aylin —remarcó mi nombre al pronunciarlo.


—No es tan tarde —me excuse y bajé mis brazos.


—Hija, sabés lo importante que es este día para mi.


Suspiré.


—Si lo sé, el único día que podemos pasar el día juntas de madre a hija al ser tu único día de descanso —recite sus palabras de memoria.


—Así es, es el único día que podemos estar juntas. Solo nos tenemos la una a la otra y quiero aprovechar el día contigo lo más que se pueda. —Estuve por hablar cuando ella continúo—coopera por favor hija, entre más pronto te levantes, más tiempo pasaremos en familia.


»Una familia con dos integrantes: ella y yo a falta de mi padre«


—No se volverá a repetir —le respondi insegura. El sueño me vencía en varias ocasiones por cada desvelada.


Sin embargo, sabía lo importante que era ese día para ella. Siempre fue así.


Mi madre es lo único que tengo y también quería aprovechar cada segundo con ella.


—Me alegra que lo entiendas.


Asentí y recargué mi mano sobre la mesa. Mi vista se posó en el delicioso pastel de chocolate con fresas encima que mi madre terminó de preparar.


Eso causó que mi mal humor se esfumara y sonreí ante el detalle.


—Que rico, me hiciste un pastel.


Note que le llevó un rato preparándolo y le costó trabajo hacerlo, ya que había un desastre en la cocina. Desastre que me tocará ayudarle.


Las mejillas de mi madre se mancharon de chocolate, viéndose graciosa y hermosa a la vez.


—Ese no es para ti —me contestó.


Borré mi sonrisa de inmediato y mi ceño se frunció.


—¡¿Eh?! —es lo único que pude decir.


Tal vez escuché mal, ya que mi cerebro seguía aún dormido.


—Es para los nuevos vecinos —agregó.


Abrí la boca indignada y sorprendida al mismo tiempo.


—¿Y desde cuándo le haces un pastel a los vecinos en vez de a tu hija? ¿Y desde cuándo tenemos nuevos vecinos? —le solté las preguntas que mi cerebro alcanzó a realizar.


»Preferencia«


»Me dueles, madre«


Desde que tuve uso de razón, viví en ese departamento y no recordaba haber tenido vecinos, nadie quería vivir en el último piso, departamento #235. Somos el único departamento disponible en la última planta y el #235, pero ese fue abandonado hace muchos años. Me extrañó que alguien haya querido vivir ahí ¿Qué tan extraño es? ¿Acaso no conoce los rumores?


—Anoche llegaron, los vi cuando llegué de trabajar —prosiguió.


Mi madre trabajaba en el hospital de enfermera, siempre salía muy pronto de casa y llegaba muy noche, depende el turno. Es por eso que casi nunca la alcanzaba a ver, excepto los domingos su día de descanso. Si es que descansa. A veces solía trabajar toda la semana, sin parar. El cansancio es notorio en ella, siempre se esfuerza por darme una buena vida, se lo agradezco, al estar solas, solo nos tenemos la una a la otra. Perdí a mi padre cuando tenía tres años en un accidente de auto, desde entonces mi madre quedó sola y apesar de todo pudo sacarme adelante. Trabajando de sol a sol. Es mi orgullo.


Parpadee varias veces, vi a mi madre seguir hablando. Me quedé estancada en mis pensamientos y yo sin ponerle atención.


—...Y creo que nadie les ha dado la bienvenida como se debe, así que tú irás, les llevarás este pastel y los invitarás a cenar está noche a las 8 en punto, como las buenas vecinas que somos. Ser nuevos en el edificio suele ser raro para ellos y más al instalarse en el departamento de a lado, ya sabés lo que se habla de el, son solo mentiras. Por eso le daremos la bienvenida como se debe ¿Entendido Aylin? —estuve por negarme cuando ella continuó hablando. —Hay que ser amables con ellos.


Evite decirle lo que pensaba así que solo me límite a responderle:


—Si mamá, ¿pero no creés que es raro invitarlos a cenar? No los conocemos, son unos extraños.


—Hija no exageres, solo son simples personas normales como nosotras. Anoche no me dió tiempo de hablar con ellos, estaban tan ocupados con la mudanza que no quise interrumpir. Aquél hombre me pareció de cierta forma agradable.


Enarque una ceja y coloqué mis manos en mi cintura.


—¿Un hombre? Ajá, ahora entiendo tu "amabilidad"


Mi madre dejó de adornar el pastel y posó la vista en mi.


—¡Aylin que cosas dices! ¡No es lo que crees!


Empecé a reír por su expresión.


—¡Ya basta Ana Aylin!


Guardé silencio de inmediato al notar su mirada seria.


—Lo siento mamá.


Sin embargo mi sonrisa burlona no desapareció de mi rostro.


—Solo hay que ser amables con los vecinos. Cuando conozcas al señor Collins te caerá muy bien, es amable y muy caballeroso.


»Collins«


Suspiré.


—Tal vez deben estar ocupado en todo eso de la mudanza, no creo que acepten la invitación. —Mencioné robando un poco de pastel con mi dedo.


—¡Hija!


Rápido aparte mi mano y llevé mi dedo con rastro de chocolate a mi boca.


»Que delicia«


Ella suspiró.


—Tú solo cumple con invitarlos —espetó mi madre con autoridad.


—¿Por qué yo? —me quejé.


Ella colocó sus manos en su cintura.


»Oh, oh, otra advertencia de peligro«


—Hija, solo hazlo, ¿puedes hacerme ese favor?


Asentí varias veces.


»No me queda más remedio que ir«


—Esta bien, se los llevaré —dije rendida.


—Gracias cariño, eres una buena hija.


Tomé el pastel entre mis manos, tratando de no probar de nuevo y resistir el riquísimo sabor del chocolate, (nadie puede resistirse) Me di la vuelta y sali de la cocina.


Me diriji a la salida, me las ingenie para salir del departamento con todo y pastel. Sin importarme mi vestimenta, llevaba puesta mi pijama, se basaba en un pantalón rosa con pequeñas flores azules, una blusa blanca con un estampado de Bobesponja en frente siendo dos tallas más grandes para estar cómoda, mis pantuflas y eso sumándole al estar toda despeinada.


Al lograr salir, cerré la puerta de nuestro departamento y me diriji al departamento de a lado, el peligroso #235.


Al llegar, sujete el pastel con una mano y toque la puerta varias veces con mi mano libre. Ante los rumores, estar frente a esa puerta, tomé una respiración profunda y me dispuse a esperar. Sentí el escalofrío invadir mi cuerpo.


1, 2, 3, 4, 5 segundos...


De pronto, la puerta fue abierta por un hombre de mirada gélida, excesivamente pálido, ojos azules, cabello castaño con barba muy atractivo más su mirada era intimidante. Le calculé unos 40 años de edad. Su presencia dejó en mí una sensación incómoda.


Carraspee y decidí hablar al notar su mirada extraña fija en mi. Empeoró mi nerviosimso.


—Hola, soy su vecina, les traigo un delicioso pastel que mi madre les preparó y los invita a cenar en nuestro departamento esta noche —le sonreí con falsedad—. Una cena de bienvenida. Nos dará gusto contar con su presencia.


Tuve que ampliar mi sonrisa y lucir más creíble.


Él me observó de arriba abajo, su expresión cambió a una sonrisa a medias.


—Claro, mucho gusto, gracias por el pastel —sus palabras no coincidían con sus gestos. Observó el pastel con una mueca que enseguida disimulo y regresó la vista en en mi rostro— se ve delicioso, pero en este momento estamos muy ocupados para recibir visitas y asistir a su departamento —me arrebato el pastel evitando el contacto conmigo— que amable, ya veremos jovencita.


—¿Eso es un si o un no? No confirma la invitación y tengo que darle una respuesta a mi madre —espete sin evitarlo— no quiero tener problemas con ella y...


—Ahí estaremos sin falta —me interrumpió con seriedad y dio un paso atrás. Rápido cerró la puerta en mi cara causando un leve susto en mi.


Pestañee varias veces y retrocedí un paso atrás molesta y atonica.


»Que tipo más educado [sarcasmo]«


Ni siquiera me dijo su nombre y ni me dió tiempo de decirle la hora exactamente. Nada, no me dejó explicarle bien.


»Eso me pasa por ser amable con quienes no lo merecen«


Más molesta me di la vuelta y regresé a nuestro departamento. Entré y cerré la puerta de un portazo. Avance hasta la cocina.


Al llegar, quedé de pie en el marco de la puerta y me cruce de brazos aún recordando el reciente mal momento con el nuevo vecino.


—¿Aceptaron hija?


Gire a verla al escuchar su voz.


Me obligue a fingir y oculte la molestia.


—Si mamá, el vecino aceptó el pastel con amabilidad y si vendrán a cenar —le dije sin estar muy segura. Evite contarle la cruel verdad.


—Que bueno, les voy a preparar algo delicioso y tú vas a ayudarme —estuve por quejarme cuando ella continúo— Tal vez tenga que usar la botella de vino o tal vez champagne —ella se volteó y me dio la espalda — ¿O qué será mejor?


Mi madre lucia más emocionada que yo o hasta el mismo vecino.


—Yo creo que agua esta bien.


—No, será vino —ignoró mi comentario— Hay mucho que preparar e ir a comprar. Vamos hija, ayúdame con el desayuno y después me ayudas con la cena. Todo tiene que salir bien.


Asentí y bajé mis manos. Rendida me acerqué a ella hasta detenerme cerca de la mesa.


—Entonces, adiós a nuestra convivencia de madre e hija.


Mi madre se volteó al escucharme.


—Claro que no, vamos a estar juntas —me sonrío— hija, nada tiene que cambiar con su visita. Es una cena de cortesía para conocerlos, de bienvenida nada más.


—Si mamá pero...


—Aylin, te voy a pedir que te comportes. Serás amable con ellos, por mi cariño ¿si?


Asentí y bajé la vista.


Mi madre se giró y siguió hablando sobre la cena sin embargo no les preste mucha atención.


En ese momento, tuve un mal presentimiento de los vecinos cuando sin imaginarlo, arruinaron la relación que teníamos como madre e hija desde el instante que intervinieron en nuestro día especial.


Desde ese momento que ellos llegaron a nuestra vida y no estaba preparada para el gran cambio en mi vida mortal.