Prólogo
El suave murmullo de una cafetería siempre había sido un refugio para Taehyung: el aroma del café recién molido, el chasquido del vapor al calentar la leche, y la rutina mecánica de preparar un latte perfecto lo mantenían centrado. Cada día era igual al anterior, predecible y cómodo. Pero luego llegó él.
Jungkook.
Desde el momento en que cruzó la puerta, todo cambió. Su presencia era magnética, con ese cabello desordenado que rozaba su mandíbula y tatuajes que serpenteaban por su piel como secretos esperando ser revelados. Sus miradas eran intensas, como si cada parpadeo escondiera un reto, y su sonrisa... esa sonrisa sabía exactamente cómo hacer que el corazón de Taehyung se detuviera por un segundo demasiado largo.
Al principio, Jungkook era solo otro cliente más. Otro rostro en la fila, otro pedido que servir. Pero sus visitas se volvieron frecuentes, demasiado para ignorar. Cada día, con una precisión inquietante, Jungkook llegaba justo antes del mediodía, pidiendo lo mismo, pero dejando algo diferente: una mirada más intensa, una sonrisa más descarada, una propina que parecía ser más una declaración que un agradecimiento.
Taehyung intentó resistirlo. Intentó convencerse de que no era nada, que Jungkook era solo alguien que disfrutaba el café y coquetear con el barista. Pero las noches solitarias comenzaron a estar llenas de pensamientos de esos ojos oscuros y ese aire desafiante. Jungkook no era un simple cliente. Era una tentación.
Y entonces, llegó esa noche.
La noche en que las puertas se cerraron, las luces se atenuaron y el aroma del café fue reemplazado por algo más fuerte, algo más cálido. En esa cafetería silenciosa, Taehyung y Jungkook dejaron de ser barista y cliente para convertirse en algo que ninguno de los dos había planeado.
El mostrador dejó de ser un lugar de trabajo para convertirse en el testigo de un deseo que había estado esperando demasiado tiempo para explotar. Allí, entre susurros, crema batida y cuerpos demasiado cerca para ser casualidad, ambos descubrieron que a veces el último café del día puede ser el más dulce... y el más peligroso.
¿Estás listo para saborearlo?