Q'wasar

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Summary

Basado en mitología peruana. Kon, una deidad felina antropomorfa, dios de la lluvia y el viento, sin saberlo, crea a uno de los seres más complejos, extravagantes y caóticos del universo, los seres humanos, Axu, Nuna y Amaru, hijos de Kon y la tierra. No obstante, Q'wasar, dios del tiempo y del espacio, cuestiona si estos nuevos seres merecen compartir lugar con los animales y la naturaleza. Axu, Nuna y Amaru, tendrán que demostrar su valor ante las enigmáticas entidades creadas por Viracocha, y así convivir en paz en el universo, a pesar del dolor y la depresión.

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10
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16+

Advenimiento.

El universo, tan vasto e inmenso como el gran océano que rodea toda isla y continente existente. Y junto al vasto cosmos, los dioses también nacieron, siendo Viracocha el creador principal de todo y todos, a excepción de uno, Q'wasar.


El cosmos, repleto de radiantes estrellas, mundos dispersados cuales islas en un archipiélago y colosales nubes brillantes nocturnas, poseía en su centro mismo, el Q'wasar; quién sostiene toda la creación del universo sobre sí mismo, irradiando un enorme resplandor hacia el extenso vacío cósmico, siendo el dios del caos absoluto, dios que pone límite a toda comprensión.


Entre los pintorescos dioses, creados por Viracocha, se encuentra Kon, un joven dios con apariencia de gato humanoide, este posee una cola larguísima para sobrevolar por el enorme cosmos, además de un gran poncho con forma de rombo, tan ágil y ligero como una cometa de papel, dibujando una gran estela al volar.



Kon se encuentra explorando el espacio y busca un lugar para instalarse sobre uno de los mundos, que fungen como islas sobre el mar en este universo. Antes de pisar tierra, Kon emite un llamado.


> Kon: "¡Oh, diosa Pacha! Concédeme tu bendición para pisar sobre ti."


Acto seguido, Kon desciende hasta tocar el suelo. Una vez sobre tierra, Kon intenta explorar dicho lugar.


> Kon (Con gratitud): "Gracias, por aceptar mi petición ¡Oh, diosa Pacha!"


Acto seguido, una rama de árbol se acerca frente a los ojos de Kon, colgando un gran fruto.


> Kon (Contento): "¿Para mí? Muchas gracias."


Kon procede a sacar y comer el fruto, mientras explora la isla, compuesta de montañas, arboles y pequeños ríos acompañados de una brisa relajante que ondea su poncho.


No pasaría mucho tiempo hasta que a Kon se le cayera una semilla del fruto sobre la tierra. La semilla, una vez en el suelo, parece irritar a la diosa, pues el terreno se movía bruscamente, Kon se da cuenta y retrocede, intrigado.


> Kon (Preocupado): "¡Oh no! Lo siento, diosa Pacha. Pasó sin querer."


Kon se cubre con sus brazos y exclama piedad, esperando lo peor, pero la semilla solo se convirtió en una pequeña planta recién germinada y la tierra se tranquilizó.


Kon se ríe, aliviado.


> Kon: "¡Ah! Así es como nacen las plantas. (Risita) Pacha, me diste un gran susto."


Un puñado de tierra rodea las patas de Kon, con suavidad, simulando un abrazo.


El temblor hizo que cayera un gran trozo de corteza, proveniente de un gran árbol, que está cerca de Kon.

Kon se da cuenta, por el ruido, y va a por el trozo. Al momento de alzarlo, observa a un puma rondando por la zona.


> Kon: "¡Qué interesante criatura! Casi se parece a mí."


El puma, al ver a Kon, huye saltando por la cordillera.


> Kon (Sorprendido): "¡Maravillosa creación!" (Sonríe) "Esto merece ser plasmado aquí."


Kon dibuja sobre la corteza del árbol, usando una de sus garras y apoyándose con una roca afilada.


Al culminar, Kon crea una máscara que contiene la figura del rostro de un puma. Kon usa una liana como cordón para llevársela consigo.


> Kon: "¡Maravilloso! ¿Qué otras maravillas ocultaran este mundo?"


Kon emprende vuelo para observar el otro lado de la montaña. Durante el recorrido, Kon logra ver un nido de cóndores, con polluelos en su interior, siendo alimentados por su madre.


> Kon: "¡Qué bello! El amor incondicional a quienes tomaran su lugar en el mañana. Me gustaría tener..."


Pero en medio de su charla, Kon observa que un montículo de tierra trata de formarse frente a él.


> Kon (Intrigado): "¿Pasó algo diosa Pacha?"


De pronto, se formó un cóndor hecho de tierra, pero se ve muy irregular y disparejo.


> Kon: "¡Ah, ya veo!" (Risita) "Déjame darle unos retoques."


Inesperadamente, Pacha hunde y echa a perder la figura del cóndor.


> Kon (Frustrado): "¡Ay Pacha! Está bien, lo haré desde el principio. Necesito tierra."


Al instante, un montículo de tierra crece por debajo de Kon, haciéndolo resbalar y caer por lo repentina de la acción.


> Kon: "¡Ouch! Así que andas bastante traviesa, eh. Muy bien, esto tomará buen tiempo."


Kon se pone de pie, pasando largas horas frente al montículo, trabajando sin parar y sin descansar, usando sus habilidades con el viento y la lluvia, para darle detalles cada vez más minuciosos a la escultura.


Una vez culminado el día también culmina, dando lugar a la noche.


> Kon (Asombrado): "¡No puede ser! Inti acaba de retirarse."(Jadea) "No creí que me tomaría tanto tiempo, pero al fin terminé el cóndor."


En medio de la calma, Kon escucha unos susurros siniestros, como si lo estuvieran acechando.


> ???: "Allin tuta, Kon." (Resoplido) "Es un lindo cóndor. Lastima que sea de tierra y no tenga pisca de vida."


> Kon (Serio): "¿A qué has venido, Supay?"


En ese momento, Kon voltea a ver su sombra. La sombra de Kon parece tomar vida propia, siendo controlada por el Supay, quien lo observa con unos ojos deslumbrantes de serpiente.


> Supay: "Estaba muy aburrido. Encargarme de las simples almas de animales no es gran cosa, pero alguien tiene que hacerlo."


> Kon (Serio): "Pero... ¿Por qué viniste a mí?"




> Supay: “Somos dioses, tenemos tanto poder y tú prefieres desperdiciarlo en vivir como los mortales.” (Carcajada) “No tienes remedio, Kon.”


> Kon: “Supay, yo no creo que se trate solo de poder, sino de maravillarse con cada creación de Wiracocha. Creo que estamos aquí, por algo más.”


Pero Supay solo sonríe burlescamente.


> Supay: “No dirías lo mismo si fueras un simple mortal, como los animales. Entre los mortales solo hay dolor y muerte, es el destino de todos ellos, están condenados. Yo solo me encargo de poner fin a su penuria.”


> Kon (Serio): “Pero ¿Por qué lo ves así?”


> Supay: “Ay Kon.” (Resoplido) “Mi labor es encargarme de las almas que perecieron. Supongo que ya me acostumbré.”


En ese momento, el Q’wasar comenzó a irradiar un fuerte resplandor, al tiempo de una imparable brisa, la cual crea una enorme ola(Tsunami).


> Kon: “¡Ah! Q´wasar anda de mal humor.”


> Supay: “Espero sea algo externo a nosotros.”


Finalmente, la ola azota contra la tierra, el impacto se logra escuchar a lo lejos, mismo que deja sorprendidos a ambos dioses.


> Kon: “Qué mal para esos animalitos.”


> Supay: “¡Vaya! Parece que el dios Q’wasar no quiere que pierda el tiempo, ahora tengo más trabajo por hacer.”


> Kon: “Tupananchiskama, Supay.”


> Supay: “Todavía no me voy, Kon. Tú deberías hacer lo mismo, cumplir con tu labor. Pierdes tu tiempo, nunca lograrás algo a la altura de Wiracocha, él es la perfección absoluta más tú no.”


El Supay apunta, con sus ojos, hacia el cóndor de tierra.


> Supay: “Eso que está ahí no es un cóndor, solo es tierra. Y todo lo que creas, jamás tendrá vida. Es inútil, Kon.”


Kon suspira, quebrantado por las palabras de Supay. Luego de suspirar observa al Q’wasar agrandándose.


> Kon (Afligido): “Q’wasar está cada vez más cerca.”


> Supay: “Es posible. Lo mejor será que me apresure, no queremos saber que pasará si el dios Q’wasar nos alcanza. Tupananchiskama, Kon.”


El Supay desaparece, dejando la sombra de Kon a merced de él.


En medio de la soledad, Kon observa al cóndor de tierra, con mucha frustración y coraje, lo destroza con una fuerte ventisca, haciendo polvo su creación.


> Kon (Serio): "Demostraré que puedo hacerlo mejor."


De inmediato, Kon procede a esculpir un puma, usando sus poderes de agua y viento, acompañado del movimiento de sus manos.


Kon pasa largos días y cuando ve a detalle su progreso, se molesta y entra en cólera, al verlo.


> Kon (Enfadado): "¡No es perfecto! ¡Está horrible! ¡Lo hice mal!"


Kon arremete su obra, azotándola con una potente ventisca, dejando únicamente polvo.


El sol se hace presente. Pero Kon, siguió su ritmo.


Es entonces que Kon observa, a lo lejos, una manada de alpacas, por lo que procede a crear un ejemplar de tierra, rocas y plantas.


Habiendo pasado días, Kon, cegado por la ambición de poner cada minúsculo detalle sobre su obra. Cada planta colocada, cada roca y pluma que encontraba, trataba de imitar de colosal manera el aspecto de una alpaca real, pero por más que lo intentó, Kon no parecía estar satisfecho, aborreciendo lo que ha creado.


> Kon (Frustrado y enfurecido): "¡Qué he hecho! ¡Qué trágico intento de creación es este! ¡Supay parece que tiene razón! Solo estoy perdiendo tiempo en apreciar aquello que nunca lograré hacer." (Grita enfadado)


El grito fue tan intenso que Kon crea un vendaval, que destroza en pedazos su creación, habiendo estado varios días sin descansar ni un segundo.


Kon se arrodilla y frota su cabeza con sus manos.


> Kon (Frustrado y decepcionado): "¿Por qué?... ¿Por qué?..."


Durante su lamento, Pacha envuelve a Kon, con una especie de manta hecha de tierra. Kon se levanta, suspirando y confundido.


> Kon: (Gemido) "¿Pacha?"


Una lluvia comienza a empapar la tierra, mientras Kon observa las escasas estrellas, que no están opacadas por las nubes. Kon suspira y aspira para despejar su mente.


Durante su distracción, Kon ve un montón de tierra acomodándose frente a él.


> Kon (Conmovido): "¡¿Qué?! ¿Pacha? ¿Quieres ayudarme a crear? ¿Nosotros juntos?"


En ese momento toda la flora, cercana a Kon, se sacuden verticalmente, denotando una respuesta afirmativa.


Kon, con las fuerzas que le quedaba, hace lo posible por crear, junto a Pacha, poniendo empeño y cuidado en cada detalle de su creación. Pacha acomodaba la tierra y Kon moldeaba la estructura de la escultura.


Kon se encuentra debilitado, pero manteniendo su voluntad en culminar dicha obra, pasando días enteros en cuidar cada detalle.


La figura esculpida era parecida a Kon. Un felino bípedo que yacía echado, de espaldas, sobre el terreno, teniendo plumas como melena en su cabeza, manos con dedos delgados y orejas de gato.


Pero de manera repetida, el Q'wasar volvió a emitir una violenta ráfaga por todo el lugar. Kon entra en pánico y acude en proteger la creación de él y Pacha.


> Kon (Asustado): "¡No! ¡Q'wasar! ¡No lo hagas!"


Kon cubre, con su cuerpo, a la escultura. Soportando la intensa rafaga emitida por el Q'wasar, dándole un dolor punzante, por cada segundo que pasa.


> Kon (Adolorido): "¡Ah! ¡Basta! ¡Ah!"


Kon grita de dolor, comenzando a temblar, mientras le brotan lágrimas de los ojos, mismas que caen a la escultura. A pesar de ello, Kon no desistió en abandonar su obra.


Finalmente, la ráfaga mermó hasta dejar calma a su alrededor, pero Kon ya estaba agotado, y casi sin fuerzas.

Se siente devastado, desolado y al borde del colapso, en compañía de Pacha.


El cansancio supera a Kon, por lo que se queda pasmado en el suelo, cerrando poco a poco sus ojos. A pesar de sus ojos borrosos, Kon pudo notar que su escultura perdió las orejas de gato, puestas por él, y parte del hocico quedo achicado.


> Kon (Adolorido y agotado): "Sus... Sus orejas..." (Cayó en estado de sueño)


En breves instantes Kon se queda tieso y sin fuerzas para moverse, descansando luego de tanto esfuerzo. Poco sabría que su existencia daría un cambio repentino, al despertar.