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Sus pisadas eran fuertes, dejaban marca por la fina arena del desierto.
Hacia frío, pues al ser de noche el sol no calentaba nada. Eran temperaturas muy bajas como para salir a esas horas, solo si querias morir congelado y si es que llegabas al día era muy probable que mueras deshidratado.
Pero a él no le importaba.
Había viajado por tres largos, calurosos y sofocantes días.
Llevaba una tela negra que tapaba su rostro, dejando al descubierto únicamente sus ojos que buscaban con euforia lo que había venido a buscar.
La misma tela que cubría a la perfección la mitad de su rostro, se encargaba de cubrir sus cabellos rubios que serían visibles en la oscuridad de la noche.
Su ropa estaba algo gastada, pero eso nunca le había importado.
La ropa lujosa y comoda no importa cuando vienes de las calles de barrios bajos, aquellas donde debes robar y si es posible matar, para poder sobrevivir un solo día.
El desierto no era considerado el mejor lugar para vivir.
Pero si el mejor lugar para morir.
Tantos pueblos enemigos que había, era imposible no salir muerto de aquellos lados. A cualquier pueblo al que vayas, debías saber muy bien que podría ser tu último viaje.
Chan lo sabía. Lo tenía más claro que el agua.
Pero eso no impidió dejar el pueblo donde el gobernaba. Dónde con solo escuchar su nombre la gente se escondía y suplicaba piedad. Aquel pueblo que después de tantos años de trabajo sucio, había logrado gobernar a mano dura.
Su palacio era grande, espacioso y muy costoso.
Después de haber matado a los difuntos gobernantes, el se quedó con todo y más. Ahora tenía lo mejor de lo mejor.
Si quería alcohol solo lo pedía a la servidumbre, si deseaba putas solo tomaba a la persona más cercana que tenía y la hacía tomar su polla. Sin olvidar su gran y poderoso ejército que nunca había conocido el sabor de la derrota.
No era hipócrita, sabía que era un gobernante muy hijo de puta. Que le encontraba someter a todos y de cerca, el peor gobernante.
Por ello era normal que tuviera enemigos, todos los tenían, estaba más que claro.
Pero jamás pensó que actuarían en su contra.
Detuvo su caminata, viendo las luces de aquel pueblo que estaba a tan solo unos metros de distancia.
Había llegado a su destino. Una sonrisa se formó en su rostro y soltó un bajo silbido.
─Tan cerca…
Volvió a caminar, ahora con más rapidez. Había encontrado su objetivo, ya no debía perder tiempo.
El viento había aparecido, acompañándolo.
Era tan fuerte que la tela en su cabeza cayó, dejando a la vista su cabellera rubia con algunos rulos, la cual se movia con furor por el viento.
Pero no le importo.
Al llegar a la entrada del pueblo se dió cuenta que, a pesar de ser algo tarde este seguía tan vivo y lleno de gente por las calles.
Había niños jugando, señoras bonitas y hombres bromeando y tomando cervezas en público. En un ambiente muy cálido.
Frunció su ceño, su pueblo no era así.
El suyo no hacia fiestas a menos que el las realice, pero en esas fiestas solo asistían sus guerreros y disfrutaban a las bailarinas que compraba para ellos.
Aunque pronto su expresión fue cambiada por una sonrisa al recordar que ahí fue donde lo conocía a el.
Por lo que había venido hasta aquí, solo para recuperar lo que era suyo.
Siguió avanzando entre la gente, restándole importancia cuando sus hombros golpeaban con alguien más o cuando gente se quejaba de que tuviera cuidado.
A él no le importaba.
Sus ojos miraban por cada rincón posible, buscando cualquier pista que le pudiera ayudar.
Y no tardó en encontrarla.
A lo lejos, vio una bailarina vestida de un color azul celeste, modelando su hermoso cuerpo y frotándose contra un hombre borracho para sacarle algo de dinero.
Con lentitud se acercó hasta aquellos amantes que se tocaban en público sin vergüenza alguna.
─Hey tu.─ Interrumpió a ambos.
La chica algo sorprendida se señaló a si misma, confundida de que un hombre con una mirada tan penetrante la buscará.
─¿Si?─ Pregunto, dejando de restregarse contra el borracho. Quien mostró su disconformidad.
─Consigue a la tuya, imbécil.─ El hombre abrazo a la chica por la cintura y la pego a su cuerpo, agarrando de paso uno de sus senos como muestra de posesividad.
Chan rodó los ojos, asqueado de tener un hombre borracho tan cerca de él.
El odiaba a los borrachos.
─¿Conoces a Sam?─ Pregunto directamente, queriendo irse pronto de ahí.
─¿S-sam?─ pregunto para si misma. Intentando pensar quien era aquella persona. ─¿Un pelirrojo?.
El rubio sonrió, aunque la chica no podía ver la sonrisa por la tela que cubría la mitad del rostro del tipo sintió un escalofrío.
─¿Dónde está?─ Pregunto una vez más.
─¡Que mierda te importa!─ El hombre borracho se metió en su plática.
Chan, que era conocido por no tener paciencia simplemente hizo lo que quiso desde el primer momento en que se acercó.
Aparto a la bailarina y agarro al hombre por la ropa, con facilidad lo levantó como si no pensara nada, para después lanzarlo contra la pared. Algunos quejidos de sorpresa se escucharon, pero poco le importo.
La chica abrió sus ojos y comenzó a temblar de miedo, bajo su cabeza como forma de respeto.
─Y-yo no se nada, yo-
─Llevame con Sam. Ya.
Una orden fue lo que salio de sus labios, la chica asintió con rapidez y comenzó a caminar con prisa delante del rubio. Quien la siguió ante las atentas miradas de las personas que habían visto su espectáculo.
No pasaron ni quince minutos cuando se detuvieron en una casa grande de tres pisos, adornada con lamparas por todo el lugar y con olor a incienso barato.
Un burdel barato, lleno de borrachos cachondos.
─Esta aquí dentro. ─ La chica susurró.
─Vete, ya no te necesito.─ Ordenó de nuevo.
La chica no lo pensó dos veces y salió corriendo sin mirar atrás, no deseando ser víctima de aquel hombre tan violento.
Chan por su parte sonrió y entro.
Lo primero que vio fue a una chica bailando en el centro, con varios hombres borrachos ofreciendo su dinero por dejarlos tocar su cuerpo.
La mujer era extremadamente bella y sabía bailar, pero no era a quien buscaba.
Con su mirada busco entre las bailarinas, todas vestidas de diferentes colores azules que combinaban a la perfección con la decoración del lugar.
Pero ninguna era él.
Pensando que la chica le había mentido, se dió media vuelta para irse y buscar a la bailarina para cobrarle por su engaño.
Pero algo llamo su atención.
Una de las bailarinas llevaba a un hombre muy cariñosamente por los pasillos que llevaban a otro lugar.
De nuevo, camino hasta ahí.
Cambiando torpemente su caminar a propósito para pasar como un borracho que solo quería diversión extra al baile.
Al llegar al pasillo escucho la risa coqueta de la bailarina que anteriormente había visto y una puerta cerrándose.
No tenía que ser muy listo para saber que sucedía. Pero eso no significo que aquello lo alegrará.
Sin importar si alguien más lo veía, saco aquella daga que llevaba oculta. Tan filosa que podía cortar la piel con tan solo un roce; quitó la funda que protegía el arma y la guardo entre su ropa.
Habia como una docena de puertas, así que comenzó a patear la primera puerta con la daga en su mano. La pareja de amantes dieron un brinco del susto, antes de poder quejarse soltaron un grito al verlo armado.
Chan examinó la habitación pero no lo encontró.
Sin perder tiempo fue a la siguiente puerta, dándole una patada para abrirla y ver el interior.
Está se encontraba vacía, así que le permitió ver la otra habitación más rápido.
Siguió repitiendo la acción un total de siete veces, todas fallando.
Algunas de las personas que había interrumpido se encerraron de nuevo en el cuarto, tal vez continuando lo que interrumpió o rezando por su vida.
Cuando llegó a la puerta número ocho, con las esperanzas casi por los suelos, fue que su daga por fin tuvo el uso adecuado.
Al patear la puerta e inspeccionar con la mirada, encontró a quien estaba buscando.
Aunque no de la manera que le gustaría ver.
Sam, su mejor bailarina privada; su puta personal, su chico, el chico pelirrojo de cuerpo envidiable y rostro perfecto. Estaba ahí, en aquella cama.
Recibiendo la polla de otra persona que no era el.
Cuando ambos escucharon la fuerte interrupción detuvieron sus actos, el hombre de cabello negro, que arremetía contra el pelirrojo solo pudo ver de reojo a Chan.
Antes de que esté lo jalara de los cabellos hasta el suelo, tirándole de la cama y sacándole un gemido de dolor.
─Tu maldito hijo de puta.─ Se quejo en voz alta, pateando el cuerpo desnudo que estaba en el piso. ─Te vas a arrepentir de tocar a mi puta.
Antes de que el chico suelte otro grito de dolor, Chan termina por enterrar la daga en el corazón del azabache. Quien se estremeció, muriendo pocos segundos después en su propio charco de sangre.
Cuando se dió la vuelta, una sonrisa de victoria se formó en su rostro. Antes de acercarse camino hasta la puerta y la cerró con seguro, no quería interrupciones.
HyunJin estaba en la cama. Agarrando sus piernas contra su pecho y mostrando sus lindas entradas llenas de sus ricos jugos, aunque habían sido combinados con la asquerosidad del otro hombre que se encontraba muerto en el piso.
─¿Q-Que haces aquí?─ La voz temblorosa de HyunJin hace reír a Chan.
El rubio aplaude lentamente y se quita la tela del rostro, mostrando una pequeña cicatriz en su labio que ya había cicatrizado. Pero seguía siendo reciente.
─Al principio me creí tu cuento, ¿Sabes?. Que un enemigo que quería poder, se le había ocurrido la idea de quitarme a mi puta personal para herir mi orgullo. ─ Chan se acerca con cuidado hacia el chico que está encima de la cama, aunque esté retrocede temeroso. ─Pero ahora, viéndote a ti, tomando la polla de un jodido borracho sin el más minimo remordimiento, me hace pensar que eres un puta muy ingenua.
─¡N-no tienes derecho a decirme nada.─ Grita el pelirrojo, tomando por sorpresa al rubio. ─T-tú me prometiste exclusividad y te acostaste con otra bailarina. ¡Jugaste con mis sentimientos!.
Chan suelta una sonora carcajada, que congela la sangre del bailarín.
─Que no se te olvide que te compre, tu hermoso culito me pertenece solo a mi. Sin mi, todos esos asquerosos borrachos meterían sus miserias en lo que es mío. Debes agradecerme.─ Su tono de voz es fuerte, seguro, reclamando con superioridad.
─¡No debo agradecerte nada!─ Grita el pelirrojo, tomando el valor suficiente para empujar al rubio que se había acercado lo suficiente como para invadir su espacio personal. ─¡Tu deberías agradecerme a mi!.
El rostro de Chan se vuelve serio, mostrando su inconformidad.
─No digas tonterías, yo no te debo nada a ti. En cambio tú, me debes to-
─Te doy está vida mía.─ Un pequeño y delicado susurro interrumpen las palabras de rubio.
BangChan solo cierra la boca. Mira con ligera sorpresa al pelirrojo que se puso de pie y ahora estaba al lado de la cama.
Permitiendo ver su majestuoso vestuario; Una falda roja con tela casi transparente, que estaba abierta a los laterales, permitiendo apreciar las piernas blanquecinas. La parte de arriba era un top rojo que tapaba sus pequeñas pero lindas tetas, con mangas largas. Dándole un aspecto sensual.
En especial al ser la única bailarina de rojo en aquel lugar.
─Solo estoy contigo, mi amor.─ Completo Chan en voz baja.
Parecían simples palabras y técnicamente lo eran, solo que esas simples palabras habían sido utilizadas para jurar lealtad y amor.
BangChan había dicho aquellas simples palabras, cuando se dió cuenta que había caído enamorado de la bailarina que había comprado a un comerciante cualquiera.
─Te doy está vida mía, solo estoy contigo, mi amor.─ Fue lo que BangChan le había susurrado al pelirrojo, cuando ambos hacían el amor en el cuarto del rubio.
Conoció al bailarín cuando, regresando de una guerra, un comerciante que tenía problemas con su carruaje le pido ayuda. HyunJin venía con el, vestido con muy poca ropa y amarrado con una soga cuál mascota.
Chan se sintió hipnotizado por el pelirrojo, que de inmediato exigió que le dieran un precio para comprarla. El comerciante estaba feliz, así que dió un precio algo alto y vendió al pelirrojo a un hombre que acababa de conocer.
De eso habían pasado dos años, dos años donde HyunJin siempre estuvo a su lado. Atendiendo sus necesidades sexuales con su cuerpo o a veces solo bailando para su ejército como muestra de regalo por una victoria más. Chan no era idiota, pues pronto se dió cuenta que se sentía atraído de otra manera por el pelirrojo y se lo dijo sin rodeos.
HyunJin en ese momento había exigido exclusividad, pues sus sentimientos estaban en riesgo. El se la prometió, diciendo que se iba a casar con él siempre y cuando HyunJin le jurará lealtad.
El pelirrojo lo hizo con un pacto de sangre. Algo que debía tomarse en serio. Pues no era ningún juego.
Pero Chan no cumplió su palabra. Después de ganar una nueva guerra en territorio enemigo, una hermosa bailarina lo sedujo y termino por echar un polvo con ella.
Aquella vez fue discreto, casi como un sucio secreto donde solo dos amantes sabían.
Hasta que Chan lo repitió incontables veces y para su desgracia no tuvo la suerte de las otras veces. Pues HyunJin los descubrió teniendo sexo en el jardín, a escondidas de él.
Ese día el pelirrojo lo abofeteo y exigió dormir en otra habitación. Chan, como estaba tan acostumbrado al poder no lo acepto, si no, decidió tomar a su puta enfrente de otras personas.
HyunJin había pasado de ser su respetable y leal pareja, a ser solo una puta personal que estaba obligada a complacerlo.
Era obvio que el pelirrojo buscaría escapar de aquel infierno y lo hizo.
Pero Chan era lo suficientemente orgulloso como para dejar que le robaran algo tan preciado como si nada.
Y ahora, ahí estaba.
Viendo al pelirrojo que alguna vez amo con tanta intensidad que incluso lo hizo pensar en el matrimonio.
─Vete. No te quiero ver─ Pidió el pelirrojo.
Chan se acercó con pasos firmes, HyunJin intento retroceder pero la pared se lo impidió. El rubio, llevo su diestra a su ropa buscando entre los bolsillos de la parte superior algo que HyunJin desconocía.
─¿Ya no me quieres ver?─ Pregunta el rubio sacando por fin lo que había buscado entre su ropa.
─¿Que haces?─ Pregunta HyunJin, asustado al ver que el hombre se acerca a él.
BangChan encerró a HyunJin con sus brazos, el pelirrojo tembló un poco ante el brusco movimiento. Antes de poder hablar Chan mostró a poca distancia de su rostro un encendedor algo gastado que mostró una potente llama que alumbró la oscuridad del cuarto.
─Contesta.─ Exige el rubio, mirando con seriedad a la bailarina. ─¿Ya no quieres volver a verme?.
El silencio reina en la habitación, tan silencioso que se pueden escuchar los gemidos de los otros cuartos.
Pero el silencio fue interrumpido por un inocente y suave sollozo del pelirrojo.
Chan apagó el encendedor y lo lanzo a algún lado del cuarto, importandole poco dónde había caído. Solo se concentro en abrazar a su bonito pelirrojo con todas sus fuerzas.
─ Te odio, te odio…─ Repitió incontables veces la bailarina, mientras se aferraba al hombre más grande que él.
Su pequeño y delgado cuerpo estaba siendo cubierto por los fuertes y bien trabajados músculos del rubio.
─Ódiame todo lo que quieras, mi amor.─ Susurró Chan, recargando su mentón en aquellos cabellos rojizos. ─¿Puedes contastar mi pregunta?.
HyunJin se separó de él, mirando directamente aquellos ojos que tanto amaba, antes de susurrar un débil;
─Y-yo…─ Su voz que quebró por completo. ─Q-quiero seguir viéndote, quiero seguir a tu lado pero se que no es lo mejor…
─¿Por qué dices eso?─ El dulce tono de voz de Chan hizo sonreír a HyunJin.
─No quiero volver a confiar en vano… Que me prometas el cielo y las estrellas para después solo volver a usarme como otra de tus putas…
BangChan asiente, entendiendo su punto.
─Entonces… Solo confía en mí una última vez, déjame sentir tu cuerpo una vez más.─ El pequeño jadeo del pelirrojo hacen sonreír a Chan, quien se acerca y lo toma de la cintura con delicadeza. ─Dejame cumplir mi promesa de hacerte ver el cielo y las estrellas antes de darnos el último adiós.
Chan puede jurar que ver los ojos brillosos de HyunJin, junto al pequeño puchero que solía hacer cuando estaba triste hicieron que todo el largo viaje valiera la pena.
─Hazlo…
Apenas Chan obtuvo la confirmación de HyunJin, este se lanzó a sus labios. Devorando aquellos regordetes y sabes labios que sabían a gloria.
Habían tantas palabras que se querían decir el uno al otro, pero un beso es un silencio que dice más que mil palabras.
Cuando se separaron para tomar aire, Chan no perdió el tiempo y comenzó a desnudar al pelirrojo que gemía contra su cuerpo. HyunJin se encogió en su lugar y mordió el hombro se Chan.
─Siempre supe que tú serías mi más grande obsesión.─ Susurró el rubio mientras marcaba el cuello de su amado.
─Te equivocas Chan…─ HyunJin lo detiene, toamando entre sus manos el rostro del rubio. ─No soy tu más grande obsesión, soy tu más grande amor.
El rubio rueda los ojos con diversión y se apresura a devorar una vez más los labios del pelirrojo. Bajando sus manos hasta el perfecto trasero.
Aprieta sin pudor el trasero del chico, extrañando la suave piel del chico. Pues la piel de ambos parecía recordar lo que su corazón había olvidado.
Sin prisa alguna HyunJin acaba en la cama, desnudo y frágil ante los ojos penetrantes que lo miran con deseo.
Chan se sube encima de él, sin llegar a poner todo su peso para evitar lastimarlo del todo. El también está desnudo, revelando su cuerpo fuerte y resistente.
Ambos se toman el tiempo necesario, demostrando cuánto se aman con pequeñas caricias llenas de amor y deseo.
A HyunJin le gusta recordar aquella vez como la primera vez que Chan lo trato con tanto cariño en la cama.
Al momento de entrar en el fue duro pero sin perder la delicadeza. Cada penetración fue dada en el lugar correcto, cada gemido fue arrebatado con cariño.
─Mi amor…─ Gemía HyunJin.
Chan solo lo miraba con una sonrisa, admirando como el bailarín de desacia en gemidos llenos de apodos cariñosos hacia él.
Sin poder evitarlo comenzó a lagrimear, dejándose caer encima del cuerpo de HyunJin mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas.
─Lo siento, lo siento mucho─ Repitió en voz baja. ─Se que lo jodí, mi amor. Se que un perdón no lo soluciona, pero-
─El perdón es un regalo que nos damos a nosotros mismos, Chan. Pero la verdadera disculpa es un regalo que le damos a los demás.─ Lo interrumpe HyunJin.
El pelirrojo se acomoda, quedando arriba del cuerpo de Chan. Sin sacar el gran miembro de su interior se sienta ahorcadas y comienza a frotarse con cuidado.
─Dejemos el romanticismo al final, ahora solo hazme ver las estrellas…─ HyunJin se acerca hasta el oído de Chan. ─El hombre que mataste solo me hizo tener un orgasmo… Estoy tan empapado, ¿Me ayudas?.
El tono juguetón en la voz de HyunJin hacen que Chan suelte una carcajada, limpiando sus lágrimas con su antebrazo.
─Mueve ese culito como a mí me gusta.─ Chan le susurra de vuelta, tomando las caderas del pelirrojo. ─Quiero que describas todas y cada una de mis batallas con tus movimientos.
─La batalla más grande se hace en la cama, mi amor.
Definitivamente Chan iba extrañar escuchar el dulce “mi amor” de los labios de HyunJin.
El pelirrojo lo monta con fuerza. Exprimiendo su polla para poder conseguir un orgasmo con desesperación.
─Cuando esto llegué a su fin, quiero que dejes de acostarte con otros.
─Es una lastima, hay un chico que vive por aquí con un hermoso perfil y una sonrisa que me hace querer abrirle las piernas gratis…
Chan gruñe enfadado.
─No. Si no te toco yo, nadie más lo hará.
HyunJin detiene sus movimientos y besa los labios de Chan.
─Mi amor, cuando tú regreses a tu pueblo estaré tan solo y necesitado. Tengo necesidades, ¿Sabes?.
─Me importa una mierda, te quiero para mí. Ellos se pueden joder.
HyunJin solo niega y vuelvea moverse. Aunque ahora Chan mueve su cadera para ayudarlo a tomar su polla de una mejor manera.
Al pelirrojo le gusta hacer esos comentarios porque sabe que el rubio es un hombre celoso y posesivo que se desquita follando su coñito de la mejor manera.
¿Por qué no provocarlo un poco?.
Al final, Chan debía pagar de alguna manera por romperle el corazón.
Aunque HyunJin debe admitir que es un hipócrita, porque justo ahora le estaba rompiendo el culo y solo podía rogar porque lo hiciera una vez más…
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