TACONES ROJOS (Relato corto)

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Summary

Sofía y Alberto, dos almas atrapadas en matrimonios monótonos, encuentran en su relación clandestina una vía de escape a sus rutinarias vidas. Lo que comienza como una conexión virtual cargada de deseo se transforma en un encuentro apasionado que sacude los cimientos de sus existencias. Sin embargo, la realidad les obliga a tomar decisiones dolorosas cuando una noticia inesperada cambia el rumbo de sus vidas. Un relato sobre la lucha entre la pasión, la obligación y las cicatrices que dejan las elecciones imposibles.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

EL ENCUENTRO

Sofía, se siente asfixiada por la rutina, quiere salir de ella, ser real. Está decidida, va  a dar el paso, quiere conocer a Alberto, su ciber amigo, su ciber amante. Este chico, al igual que ella, es una persona oprimida por la infelicidad, una persona atrapada en un matrimonio gobernado por el poder monetario de las deudas.

Ambos, se conocieron por casualidad en un chat. Las redes sociales hicieron de cupido, convirtiendo sus apagadas y aburridas vidas maritales en una clandestina amistad deseosa de pasión.

Hoy, después de varios meses, la novel pareja va a hacer realidad sus deseos, van a verse, sentirse, tocarse. Han alquilado una pequeña habitación de un coqueto hostal. Es verdad que hablan a diario, se mandan fotos e incluso se complacen sexualmente con juegos prohibidos a través de videollamadas. Pero con el paso del tiempo, todo esto, se les ha quedado corto, necesitan más. Ese fuego avivado a diario con un mensaje, una foto e incluso un te quiero, necesita ser culminado de otra manera, otra sensación. Necesitan sentirse plenos y fundir sus cuerpos desnudos con el sabor de sus pieles.

Sofía, antes de salir le manda una foto, una foto sensual, una foto en la que su única indumentaria son un par de tacones rojos. Alberto, al contemplar tal insinuación, comienza a mezclar sus nervios con excitación. Una excitación tan fuerte, que de forma incontrolada, acaba exteriorizandolos en forma de erección. No quiere esperar más, así que coge las llaves de su vehículo, y conduce rápidamente hasta el hostal para encontrarse con ella.

Una vez allí, los clandestinos amantes se ven la cara por primera vez. Su encuentro, avergonzado pero directo, se resume en un pequeño beso húmedo en los labios, seguido de un leve pero sentido abrazo. Tras unos minutos de coqueta charla en el exterior acompañadas de miradas pasionales. La novel pareja, se apresura a entrar en la habitación. Quieren conocerse, probarse, unirse. Dentro, la vergüenza primera pasa a convertirse en deseo y el deseo en desenfreno. 

No pueden contenerse, quieren complacerse y cumplir todas sus fantasías. Sofía, quiere entregarse plenamente a él, está dispuesta a dárselo todo. Alberto, tiene un matrimonio muy monótono y apagado por lo que su vida sexual esta basada en mantener relaciones sexuales básicas cada mucho tiempo, perdiendo atracción y manteniéndolas más por necesidad que por deseo. 

Sofía, está muy excitada, tanto, que le sobra todo. Comienza a quitarse la ropa arrugada y medio puesta que le cuelga por todo el cuerpo. En sus tobillos, el pequeño hilo de seda que usa como ropa interior, queda atrapado en sus zapatos.

“No te los quites por favor” — exclamó Alberto refiriéndose a los tacones rojos.

Sumisa a sus palabras, se queda completamente desnuda a excepción de los citados zapatos. A continuación, pone  su dedo índice a modo de silencio en la boca de Alberto y se coloca de rodillas para someter a su entregado amante al poder húmedo de su boca. Juega constantemente con él, con su slip, su saliva, su ano. Lame y recorre todas las partes de su entrepierna, hasta que un escalofrío termina recorriendole la espalda. Este escalofrío, pone punto y final a la felación, mediante una blanca y sabrosa corrida. Alberto, desvirgado en este tipo de finales, mira a Sofía mientras esta, deja caer el semen de su boca sobre sus pechos. 

“Que rico estas” — exclamó ardientemente mientras se restregaba el semen por todo el cuerpo.

Alberto, deslumbrado por este sexo tan pasional, no quiere fallarle, quiere estar a su altura,  quiere sorprenderla y cumplir con una de sus fantasias. Sin más preámbulos y manipulado rudamente por su acalorada pasión, agarra a su amante fuertemente de las manos para colocarla contra la cama. Su finalidad, es que Sofía no pueda moverse ni defenderse, solo entregarse al deseo carnal de su lujurioso cupido.

“Eres mia, no podrás escapar” — se impone como es su más tórrida fantasía.

Sofia al escuchar tal imposición, se presta  a su amante y permanece tumbada e inmovil en la cama. Alberto, como puede, quita las sábanas de las almohadas y amarra los sumisos brazos de su querida al cabecero de esta. Con su presa atada y entregada, comienza a lamer, morder y besar todas las partes de su cuerpo desnudo, haciendo una breve pero intensa parada en los pechos manoseados y azotados de su volcada víctima.

“Abre mi bolso, lo quiero todo” — comenta entre gemidos.

Alberto sorprendido, hace caso y cumple con la orden dada. Sacando de su bolso, unas pinzas y un consolador de gran tamaño.

“Quiero gritar de placer” —exclamó Sofía.

Estos extraños, noveles y ansiosos juegos sexuales, provocan en pocos minutos, que Alberto vuelva a renovar su ya apaciguada erección. Mientras le pellizca con las pinzas los pezones y tira apasionadamente de sus cadenas, se desliza suavemente por el cuerpo manchado de semen de Sofía, hasta llegar a su depilada y mojada vagina. Poco a poco y mientras va degustando con su lengua el apetitoso manjar, va jugando con sus rudos dedos dentro de ella. Uno, dos e incluso tres, van haciendo gemir a la entregada amante, que inconscientemente, mueve su cadera a modo de excitación.

“Follame por favor, necesito sentirte” — Suplica entre suspiros y excitación.

Alberto que hace caso omiso a su discípula carnal, saca los dedos de su interior para comenzar a introducir lentamente el colosal consolador. El calor, el sudor y la pasión interna, empapan de flujo blanco la vagina sometida de su esclava. Con su avasalladora actitud, cada vez más diferente y dominante, se coloca de rodillas entre las piernas de su entregada lacaya, levantandole sus caderas y colocándola sobre él. Sin pensarlo dos veces y aprovechando el momento lubricado del aparato sexual, sigue jugando con este mientras empieza con su pene a penetrar analmente a su sometida. Tras varios minutos de intensa y dolorosa pasión, la asfixiada presa sexual entregada en cuerpo y alma a las fantasías y deseos carnales de su hombre, logra zafarse, para vengativamente tomar el poder de la cama.

“Ahora me toca a mí” — reclama con voz malvada.

Alberto, sacando su nueva y descubierta valentía sexual, coge a Sofía del cuello y besándola bruscamente, le suelta.

“Espero no me falles”

Ante tal acto de chulería, la nueva y poderosa dominatrix, muerde el labio inferior de su futuro esclavo, agarrándolo sorprendentemente de su pene para obtener el control supremo de sus movimientos.

“No hables, no grites, no me mires” — ordena la sumisa convertida en ama

Una bofetada, cruza la cara de Alberto, generando que este baje su atenta mirada y se rinda por completo, al deseo femenino de su ahora jefa. El placer, ciega a Sofía. Lleva años sin sentir ese fuego, sin sentirse viva. Toma aire y mira a Alberto, su deseado vicio. Acto seguido, pasa los dedos lentamente por sus pechos manchados de semen, para introducirlos en la boca de su victima.

“Quiero que te pruebes”

Sin mediar palabras y obedientemente, abre la boca y chupa los dedos manchados de su propio ser. Sofía, sin sacar los dedos de su boca, se monta a modo amazonas sobre su amante y colocando la otra mano sobre la garganta de Alberto, empieza a cabalgar lentamente sobre él. Está muy excitada, tanto, que conforme va moviéndose más rápido, va apretando más fuerte la garganta. Los gemidos se escuchan al unísono. El desenfreno es tal, que la sumisión se transforma en pureza sexual, pasión sin rival, entrega carnal. Los dos amantes acaban con sus cuerpos sudorosos y atrapados en la piel extraña del otro. Han vuelto a ser libres. Una libertad sin prisas, sin gobierno, sin pudor, sin protección. Un sentimiento embaucador que da comienzo a una historia sin fin. 

Sus vidas han cambiado desde hoy, desde este momento. Los eternos minutos juntos en aquella pequeña habitación de hostal, han transformado sus más profundas y oscuras fantasías, en un acto donde la entrega constante para satisfacer al otro, se han convertido sin darse cuenta en una temprana adicción corporal.

Sus cuerpos yacen desnudos en la cama, se miran, se acarician, se ríen. No quieren volver a su rutina, pero no les queda otra. La vida sigue, el sueño se acaba. Un teléfono móvil. suena dando eco a la pequeña habitación. Es la ingenua e inoportuna esposa de Alberto.

— Hola, cariño. ¿Qué tal?

— Hola… (pausa unos segundos con voz temblorosa) Necesito hablar contigo

— Claro, dime. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

— No, no estoy bien… (se le escucha respirar hondo) Acabo de salir del médico y no sé cómo decírtelo…

— Me estás asustando. Dime qué ha pasado. (Con voz preocupada)

— Me han hecho unas pruebas y… me han diagnosticado cáncer de útero.

— (Silencio breve) ¿Qué? ¿Cáncer? No puede ser… ¿Estás segura?

— Sí. El médico me ha explicado que es urgente. Tienen que operarme ya… Me van a quitar la matriz.

— (Con la voz rota) Madre mía… Esto es demasiado… Pero escúchame, no te preocupes por nada más. Estoy contigo en esto. Voy a estar a tu lado, pase lo que pase.

— Te necesito aquí, ya. No puedo enfrentarme a esto sola.

— No lo harás. Dame un momento para organizarlo todo y voy para allá. ¿Estás en el hospital?

— Sí… Estoy en la sala de espera. Estoy asustada… Tengo mucho miedo.

— Es normal que tengas miedo, pero no estás sola, ¿me oyes? Vamos a salir de esta juntos. Estoy contigo en todo. Espérame, que ya estoy en camino.

— Gracias… Te quiero.

— Y yo a ti. Perdoname por no estar en estos momentos. Nos enfrentaremos juntos a esta maldita enfermedad.

Sin mediar palabra y con la cara descompuesta por la noticia, Alberto cuelga el teléfono y comienza a vestirse rápidamente. El terminal vuelve a sonar, Sofía que advierte que algo no va bien, mira a Alberto y le pregunta:

— ¿Alberto qué ocurre? ¿No lo coges?

— (Con voz apagada) Nada, cielo… Me tengo que ir.

— (Preocupada) ¿Qué pasa? Cuéntame, me estás asustando.

— Lo siento, Sofi… No podemos vernos más.

— (Desconcertada) ¿Qué estás diciendo? ¿Por qué? ¿Qué te pasa?

— No es por ti, Sofi. Tú eres lo mejor que me ha pasado… pero… pero nos cruzamos en el momento equivocado.

— (Desesperada) ¡No por favor! No me digas eso. Podemos solucionarlo, lo que sea, pero juntos…

— (Con lágrimas en los ojos) No puedo. No puedo seguir contigo. La vida me ha marcado otro camino, uno que no quiero, pero que no puedo evitar.

— ¿Qué camino? Explícame, ¡hazme entender!

— (Pausa larga, intentando controlar la voz) Mi mujer… Mi mujer me acaba de llamar. Tiene cáncer. Van a operarla de urgencia. Le van a quitar la matriz.

— (En shock) Oh… no… lo siento

— ¿Lo entiendes ahora? Tengo que estar con ella. No puedo fallarle. No puedo seguir contigo, aunque mi corazón me grite lo contrario

— Pero… ¿y nosotros?

— Sofi, no puedo darte un “nosotros” en estos momentos. Solo queda lo que tuvimos… Y siempre lo llevaré conmigo. Pero ahora… ahora tengo que volver a mi vida. A mi realidad.

— ¿Esto es un adiós?

— De momento si, es un “te recordaré siempre”.

Sofia enmudece mientras observa fijamente el suelo. Por mucho que le cueste admitirlo, entiende su postura. No quiere perderlo, quiere seguir viéndolo. Por su cabeza, pasan miles de opciones, pero evidentemente son opciones que solo la benefician a ella. No quiere perjudicarlo más, así que solo le queda jugar una última carta, una última opción, aceptar su postura y ofrecerle seguir con su papel de dama clandestina.

Acabando su maravilloso e imperfecto encuentro en silencio. Los deseosos amantes saciados, salen discretamente y por separado cada uno del hostal. Nuevamente les toca fingir, asumir sus papeles felices y volver a sus atrapadas y rutinarias vidas.

Sus corazones han quedado por siempre atrapados en un recuerdo, en el lado oculto del teléfono, pendientes de una llamada, una cita, una reserva. Atentos a un correo mentiroso, donde el lenguaje en clave marque su destino a seguir. 

Desde hoy, les tocará vivir evadiendo preguntas y esquivando momentos familiares, para convertirlos en escapadas lujuriosas de libertad, fantasía y desenfreno.