Primavera
Su cuerpo tembloroso estaba en mis manos, una pequeña bebé de meses de nacida con los cachetes rosados nacida en primavera estaba enredada entre mis brazos tembloroso que sostenían con la mayor delicadeza, el primer rayo de luz del sol se posó sobre el rostro de aquel ser angelical.
—Te la otorgo a ti, la dejo entre tus manos para que la protejas de todo mal, confío en ti Ares, se que aun eres joven, pero tu padre te ha enseñado bien, he visto tus destrezas y sabiduría que me hacen confiar plenamente en ti—. Su madre, la Reina de Jona, con una gran sonrisa y brillo en los ojos miraba a su hija mientras sostenía mis manos.
—Con todo el honor he de recibir esta orden —. Inclino mi rostro en un intento de hacer una reverencia.
A los 8 años de edad todo el pueblo conocía su carácter, jugando con los demás niños y dando los buenos días por donde vaya; era un pueblo tan rico y pequeño que prácticamente todos se conocían allí, parecía que la magia siempre estaba a flote, las flores y mariposas dejaban su polvo al pasar junto el olor a hogar que invade cada rincón de la nación, todo era de cuento de hadas.
—Hija, ven acá —. Llamo la madre rodeadas de rosas del jardín del castillo.
—Ya voy mami —. la princesa corrió tiernamente hacia ella.
—Hoy es un día especial, a la segunda semana después de cumplir los ocho años, como dice la tradición, se le deberá hacer el primer corte de cabello a los hijos del rey —. con voz cálida acarició el cabello de la niña.
—Pero mamá, mi cabello me gusta y es divertido peinarlo —. hizo un berrinche sosteniéndose de sus piernas.
—Mi amor, solo voy a cortar las puntas, si deseas que quede más corto con gusto lo haré, ven ponte de espaldas a mi, ya verás como te va a gustar —. la madre corto el largo de tres dedos con delicadeza, le mostró un espejo a su hija y por sorpresa de ella, su hija pidió que cortaran más y más cada vez, hasta el punto de que su cabello llegó hasta sus hombros.
—Hija, ya no te voy a cortar más el cabello, ese es el límite —. afirmo mientras su cara mostraba entre fascinación y sorpresa.
—Mami, mira, da cosquillas cuando pasa el viento —. tan imperativa como siempre recorrió a velocidad todo el castillo con una gran sonrisa mostrándole a todo quien pasara el nuevo corte.
Al llegar la noche la princesa Léa es arropada para dormir.
—Mami ¿que pasó con todo ese cabello que me cortarse? —. mira con gran intriga mientras se sube a la cama.
—Oh, hija, no te preocupes por eso, de todas maneras el cabello crece ¡ahora podrás intentar nuevos peinados! Pero ya será mañana ¿ok? Hasta mañana, hija —. le da un beso en la frente mientras Léa se acomoda, y ella solo se queda pensando que respondió su pregunta, pero el sueño era mayor.
Al despertar la reciben cinco sirvientas a disposición de ella que la visten con la tela más fina y moderna de la época, la dirigen al comedor y allí se encuentra con sus padres.
—Mi querida hija, que tiene los ojos más hermosos que he visto nunca —. pronuncia el padre con mirada enternecedora.
—Por lo que sabes, ayer fue un día especial, el nuevo corte de cabello te queda de maravilla —. la sonrisa del padre era tan reconfortante que el sol brillaba más que nunca iluminando las pupilas de quien lo viera.
—Hoy te presento a un nuevo guarda espaldas que estará contigo siempre, te vigilará y te cuidará de cualquier peligro que puedas pasar, considerado un mejor amigo desde ahora —. presento a un hombre alto con armadura pesada, capa roja que lo hacía parecer el mismo diablo, presencia indomable, cabellera larga y fría mirada que lo hacían parecer un lobo solitario, sus facciones afiladas como cuchilla lo hacían verse amenazante, algo que incómodo a la princesa Léa ya que no era un rostro que percibiera comúnmente.
—Padre, ese señor se ve malo —. dijo alejando su torso con mirada preocupada agarrando firmemente el borde de la mesa con desconfianza.
—Jajajaja, hija mía, te aseguro que puedes confiar más en este caballero armado que en tu padre canoso —. se levanta de la mesa y se sienta al lado de Léa posando una de sus manos en la espada de la niña.
—¿Estás seguro? —. abraza a su padre sin apartar la mirada del gran hombre con piezas de metal en sus hombros.
—Te lo aseguro hija con Ares, estarás más protegida que este castillo —. regresa a su sitio y saborea un bocado de su desayuno recién hecho y puesto en la mesa.
Léa con mirada desafiante no dejo de mirar aquel armado con llave en boca, no emitió ni un solo sentimiento ni con la punta de su espada, fue la primera en comer e irse de la mesa, sus pisadas eran fuertes pero no producían ninguna reacción en el reino y menos en la persona que la estaba siguiendo a seis pies de distancia como si fuera su misma sombra.
—¡Déjame, me das miedo! —. huyó lo más rápido que pudo, Ares callado al igual que antes simplemente se detuvo y disfrutó un poco del paisaje a su alrededor, esto dejó desconcertada a Léa, los pasos de lata se dejaron de escuchar y al voltear lo que vio fue una mirada nostálgica que apreciaba las bellas flores color vida, la pequeña se detuvo un momento al igual que aquel hombre desconocido, el zumbido del viendo era lo que se oía, el cabello azabache largo parecido al crin de un caballo de raza Frisón ocultó por un instante el lateral de su rostro, el momento era tan pacifico que ni una sola alma se molestó en hacer sonido, la curiosidad que invadía la mente de Léa la hizo acercarse hasta estar al pie de aquella muralla de armadura, quería ver que era lo que había allí, lo que tanto apreciaba y su pensamiento anhelaba.
—Señor ¿qué es lo que ve? No veo ninguna mariposa por aquí —. Ares la miro de reojo para volver hacer la misma estatua que antes. —¡Dime que miras! Me gustan mucho las mariposas como para no verlas —. hace una escena de berrinche con los ojos lloros y sus pies golpeando como mil tambores, la reacción de Ares fue seguir caminando lo que causó que los roles se intercambiaran
—Entonces si viste a una mariposa ¿por qué no respondes? ¿No puedes hablar? ¿Acaso no tienes lengua? ¿Por qué eres tan alto? Sabes yo también tenía el cabello así de largo como tú —. abarato con preguntas caprichosas al callado caminante, dio media vuelta y se arrodilló de una forma que parecía una pluma cayendo, mirando firmemente a los ojos de la princesa Léa.
—Princesa Léa, estoy a sus servicios y protección, no considero apropiado hablar sobre temas innecesarios teniendo en cuenta el trabajo que proporciono a merced del rey, pido discúlpeme si no respondo algunas veces —. la voz monótonamente fría, rasposa y con liderazgo dejó perpleja y con los ojos llorosos a la niña, pero ella sintió que si comenzaba a llorar sería su fin, mantuvo la compostura y se secó rápidamente las pequeñas lágrimas que iban a salir, en su imaginación se sentía en un campo militar a punto de arrastrarse por lodo lleno de gusanos, desde entonces ella solo se dedicó a seguir aquel hombre, a veces había nulo sonido y otras veces los cuartos se llena de preguntas incesantes sin respuestas, ese era el diario vivir desde ahora entre Ares y Léa.