Capítulo 1
Había sido un verano sumamente pesado, pues, nada más llegar a casa, empezaron a llover las lechuzas y búhos preguntando por su estado. Hécate le dio la bienvenida con un par de maldiciones, ninguna dejaba marca en su piel, por lo tanto, nadie lo notaría. Su tía abuela se había anunciado, más le fue negada audiencia. La niña fue encerrada en su alcoba y no se le permitió salir bajo ninguna circunstancia. Solo entraba Tiglat con su comida, en la mañana y en la noche, desaparecía antes de que la pequeña pudiera preguntarle qué ocurría afuera y si seguía recibiendo cartas de sus allegados. Luego de un par de semanas, recibió la visita de Winky, la niña corrió a abrazarla y la elfina correspondió a su abrazo.
—¿Qué haces aquí? ¿Viniste con mi abuelo?
—Está afuera con Madame Prewett.
—¿Por qué lo dejó pasar? Puedes decirme, el amo no se enterará.
—Vino a decirle… que el ministerio está… revisando las mansiones de antiguos mortífagos— y la elfina tembló ante la mención de los seguidores del Señor Tenebroso.
—¿Mi tía está en peligro?
—Winky mala, quedamos que los dos veríamos a la ama Medea— espetó Tiglat al aparecer dentro de la habitación.
—¿Qué ocurre?
—Le tenemos un regalo…
—No debieron…— comenzó Medea, se vio interrumpida cuando el elfo sacó de debajo de la cama un bastón.
—Winky fue informada de lo que le ocurrió.
—Los dos tuvimos la idea— dijo Tiglat al entregarlo.
—Muchas gracias— sollozó—. De verdad, lo atesoraré mucho.
—Recuperé las cartas— dijo Tiglat.
—¿Las robaste de su despacho?
—Las cartas son de la ama Medea— exclamó el elfo. Las lágrimas comenzaron a bajar al leer los remitentes: su abuelo, los Weasley, la señora Malfoy, la señora Black, la señora Tonks, Granger, Zabini, Nott, Parkinson, Snape, incluso una que venía de América.
—Si la señora se entera, te va a quemar las manos— se asustó Winky.
—No lo voy a permitir— sentenció la pelirroja. Los abrazó y sacó de los chocolates que siempre le mandaban, dio uno a cada elfo.