El Amigo Mágico

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Summary

En su último día de vida, Reik, un anciano lleno de sueños y nostalgias, se encuentra con un misterioso conejo que lo lleva a un mundo mágico lleno de aventuras. ¿Puede un solo día cambiarlo todo? En un viaje surrealista, Reik revivirá sus sueños más queridos: volar a la luna, escalar montañas, y vivir momentos con su familia que nunca imaginó. Pero, mientras disfruta de esta segunda oportunidad, descubrirá una poderosa lección sobre la vida, el amor y el precio de los deseos.

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Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

El Amigo Mágico


“Nunca sabremos si hay otro lugar fuera de este mundo al morir, solo nos queda disfrutar de la vida, levantarnos y sonreír”.


Me llamo Reik, tengo unos 90 años o 88, algo que casi ni recuerdo. A los 61 perdí a mi amada Luciana en un terrible accidente de coches. Mis padres fallecieron hace ya mucho tiempo, mis nietos y e-hijos se alejaron de mí, y todo lo que llamaba familia ya no existía.


Ahora, solo soy un anciano, en una vieja casa, solitaria y vacía. Mis sueños siempre fueron volar a la luna, escalar la montaña más alta y apreciar desde allí el hermoso mundo que nos rodea. También soñaba con tener una gran casa de chocolate con un hermoso jardín, ver la casa y sonreír.


Un día, el doctor que siempre venía a visitarme, me contó, decepcionado, que solo me quedaban 24 horas para vivir. Al ver mi triste destino, el doctor se fue.


Quedé acostado en mi cama esperando inquietamente a esa fase llamada "la muerte". Acostado en las sábanas, cerré los ojos lentamente mientras me decía en voz baja: "Te estaré esperando".


Acostado en mi cama, escuché ruidos extraños. Un poco confundido, abrí los ojos rápidamente y comencé a ver cómo el espejo, las tazas, mesas y todo alrededor de mi habitación comenzaba a volar, dando vueltas por todas partes. Luego, un pequeño portal se abrió y, en un instante, un pequeño y adorable animalito salió de él. Era un conejo con orejas grandes y dientes tan blancos como la nieve. El conejo se acercó y me dijo: "No mereces morir así". De la nada, se abrió un portal bajo la cama y, en un nuevo mundo, aparecí.


Era un mundo lleno de alegría, con casas que estaban elevadas hasta el cielo, personas con superpoderes. Algunas solían volar por el cielo azul, otras generaban fuego con sus maravillosas manos, e incluso podían controlar el agua y construir casas en un instante. El conejo me tomó de la mano, me levanté de la cama y renací, volví a ser joven de nuevo.


"La vida es rara, no sabemos qué pasa después de ella. Y así como tiene momentos alegres y positivos, también tiene momentos tristes y negativos", expresó el conejo, algo reflexivo mientras me miraba fijamente.


Al escuchar las sabias palabras del conejo, ya tenía claro lo que venía a hacer aquí: "Vivir la vida una vez más". Con sus grandes orejas, el conejo sopló y sopló, y un nuevo portal se abrió. Inquieto por mi destino, me agaché preguntándole al conejo: "¿Ahora a dónde iremos?"


El conejo, en su encantadora aura de misterio y con una voz un poco leve, respondió: "Esa es una respuesta que tú tienes, pero no sabes que la tienes".


El conejo soltó una sonrisa y dio paso al portal. Con miedo de abandonar ese mundo alegre, tomé la suave y esponjosa mano del conejo, cerré los ojos y, al abrirlos, estábamos juntos en una vieja casa, tal como la mía, vieja y desgastada la pobre.


"Esta casa es preciosa y hermosa. ¿Por qué no añadirle un poco de dulzura?", dijo el conejo, viendo la casa desde otra perspectiva, pero la palabra "dulzura" me dejó completamente pensativo.


El conejo sacó una barrita mágica de sus grandes e increíbles orejas y, con un simple gesto, convirtió la casa vieja en chocolate. Las ventanas eran tentadoras y hermosas galletas, la puerta era una deliciosa barra de chocolate, y sobre ella se derramaba un poco de chocolate líquido. Se veía tan rico todo, y delante de ella floreció un hermoso jardín, lleno de rosas y girasoles.


Impactado por la magia del conejo, me agaché para preguntarle si podía comerme la casa. El conejo estiró brevemente sus manos y, en tono tranquilo, respondió: "Son tus sueños, es tu casa y comerla es una decisión que solo tú puedes tomar".


Lleno de una enorme hambre inminente, salí corriendo a comerme la casa. Me comía cada rincón y cada parte de la casa hasta que no quedó nada. El conejo, que me observaba sentado en una silla en forma de nube flotante, me gritó desde lo más lejos: "¡Te faltó el jardín!"


En el instante, el conejo se teletransportó a donde yo estaba con su mágico portal.


“¿Y por qué no te comiste el jardín?”, me preguntó.


"Estaba muy hermoso, además no soy vegetariano", le respondí.


El conejo se rió en ese instante y, volviendo su mirada a la casa que me comí, dijo:


"Es tanta la hambre de tener todo lo que queremos, que destruimos todo a su paso sin darnos cuenta".


El conejo, resaltando sus palabras sobre mí, posó sus ojos sobre los míos.


"Eres un claro ejemplo, tenías tantas ganas de comerte la casa que destruiste lo más importante: un hogar".


En el breve silencio donde me sentía algo confundido y un poco perdido, el conejo agregó un toque humorístico diciendo: "¿Y ahora dónde vas a dormir, en el bello jardín?"


Me hizo soltar un pequeño "ja".


El conejo soltó un fuerte silbido y un gran caballo con enormes alas apareció del nublado y colorido cielo. Admirado por su bella cabellera, me subí a él. El conejo sostenía las sogas de rayo que manejaban al caballo. Estaba impresionado por cómo se veían aquellas sogas; eran como esos rayos que ves en la lluvia, pero como si estuvieran atados infinitamente en dicha lluvia.


El caballo, con unos pequeños pasos y agitando sus enormes alas, se elevó hacia el cielo. No lo podía creer, estaba volando por primera vez. Todo tan irreal: un conejo sabio y mágico que hablaba, una casa de chocolate y un gran caballo con espléndidas alas.


Dando unas vueltas por el cielo, el caballo, con un impulso, subió a la luna. El conejo, solo observando mi cara de felicidad al ver la luna por primera vez, dijo: "Puedes tocar la luna".


Sin pensarlo mucho, bajé del caballo y pude apreciar la calidez y textura de la luna. El conejo se bajó también del caballo y, de sus enormes orejas, sacó una bandera con mi nombre escrito en ella.


"Esta luna necesita un dueño, y un dueño sin nombre no tendría propiedad alguna", exclamó el conejo.


Tomé la bandera y la planté en la luna. El conejo observó cómo la clavaba con fuerza en la increíble tierra lunar.


"Quedó increíble", dijo el conejo.


"Yeah", respondí con un tono un poco cool y suave, mientras movía mi cabeza ligeramente de arriba hacia abajo.


El conejo también me entendió y empezó a mover la cabeza igual. Dió un pequeño salto y, con un choque de manos, nos dimos la bienvenida.


"Ahora debes comerte la luna", dijo, cambiando por completo su expresión de feliz a algo más seria.


"Claro", exclamé rápidamente.


"¿Espera, qué?", expresé al entender de forma diferente lo que había dicho.


"Comete la luna", insistió.


"¿Pero qué dices, conejo loco? ¿Cómo me voy a comer la luna?", le decía al conejo, viendo ante mis ojos que era algo lógicamente imposible.


El conejo, con sus grandes orejas, sopló y sopló, y un nuevo portal se abrió. Con la duda sobre la luna en la mano, seguí al conejo. A través del portal, pude ver cómo el conejo, con unas palabras y agitando lentamente su barrita en el aire, disminuyó el tamaño de la luna. Me la sirvió en un plato mágico y, con unos tres mordiscos, me tragué la luna.


El nuevo lugar donde estábamos era un paisaje hermoso, lleno de una vegetación encantadora, llena de aves. El campo era tan amplio y envolvente que te quedarías dormido con solo acostarte unos segundos en él. El conejo observó a lo lejos una montaña y me miró.


"Oye, ¿y si escalamos la cima de esa montaña?", ofreció el conejo.


Yo, queriendo subir una montaña por primera vez, acepté.


"Tararínranran", dijo el conejo. Y nuestro cuerpo comenzó a flotar como una burbuja. Yo, junto al conejo, volamos por la enorme montaña, dando vueltas y divirtiéndonos sobre ella. Al llegar a la cima, me senté junto al conejo en las ramas de un enorme árbol y pude contemplar mejor el hermoso paisaje. Era aún más asombroso.


"¿Has podido disfrutar todo lo que has querido?", preguntó el conejo, algo intrigado.


Sonriendo, le dije que sí.


"Solo te queda una hora", dijo en tono tranquilo.


Fue entonces cuando el conejo abrió un nuevo portal con sus grandes orejas blancas.


"Pero conejo, ya he cumplido todos mis sueños. ¿A dónde me llevarás ahora?", pregunté.


"Esa es una respuesta que tú tienes, pero no sabes que la tienes", respondió el conejo, dejando incompleta


Por más momentos divertidos y emocionantes, seguí de nuevo al conejo, quien me llevó a disfrutar un rato más con mi familia, en la casa de mi hija Verónica, donde estaban reunidos todos mis nietos e-hijos. Estábamos riendo y disfrutando del momento. Jugaba con mis nietos, cuyos nombres ya casi ni recordaba, pero la felicidad de esos momentos me llenaba el corazón. Tuvimos unos de los recuerdos más hermosos que podría haber deseado.


Me despedí de toda mi familia, dándoles besos y caricias a cada uno, y a kilómetros del portal, veía cómo gozaban y disfrutaban de la vida. Con una lágrima enorme, sonreí. Les hice una pequeña carta a todos mis familiares y, acostado en la cama, le di las gracias al conejo.


"Señor conejo, gracias por estas divertidas y maravillosas aventuras. Mi hora de partir ha llegado al fin, y en mi corazón, querido conejo, siempre te llevaré como un gran amigo y sabio guía".


El conejo soltó un par de lágrimas mientras yo cerraba lentamente los ojos. Pero esta vez, veía a toda mi familia allí conmigo, dándome, al fin, un adiós. Y les doy, honradamente, las gracias al conejo por hacer que mis últimos momentos fueran de los más felices, alegrándome al ver que me iba de este mundo con una amplia y armoniosa sonrisa en la boca.


Fin.