Capítulo 1
ADVERTENCIA: Es necesario leer el libro V. TAEKOOK de la saga EL SILENCIO.
Jungkook trepó al árbol en el extremo más alejado de la zona de juegos. Aunque sabía que no debía, siguió subiendo más allá de la rama en la que su madre le había dicho que tenía que parar hasta que fuera mayor. Siguió trepando, trepando y trepando hasta que las ramas estuvieron demasiado separadas y no pudo ir más lejos. Acurrucándose en el tronco, cruzó los brazos y se quedó mirando las hojas color verde oscuro a su alrededor.
Estúpidos, todos ellos eran estúpidos, pensó con los ojos ardiendo. Cuando escuchó a su madre llamándole, no se movió.
—¡Jungkook! ¡Cariño, sé que estás ahí arriba! —gritó ella.
Entonces el árbol se agitó levemente y supo que ella estaba subiendo a por él.
—Eh —dijo cuando llegó a su rama—. Eso es un ceño fruncido.
Cruzando los brazos con más fuerza, apretó las rodillas contra el cuerpo.
—Ya veo. —Su sonrisa era profunda, sus ojos brillaban como siempre lo hacían—. No hablas, ¿eh? —Sujetándose a su lado, colgó las piernas suavemente hacia el exterior, tenía el pelo recogido en una trenza que le caía por la espalda—. Hoy has trepado lejos.
Ahora estaba en problemas, pensó, sintiéndose rebelde y en lo más mínimo arrepentido.
Excepto que, en lugar de estar enojado con él, su madre le guiñó un ojo.
—Lo hiciste bien pequeño.
—¡No soy un bebé!
Ella levantó las manos, con las palmas hacia fuera.
—Lo siento, gatito, pero siempre serás mi pequeño para mí. Sabes que la madre de Emmett todavía lo llama su pequeño y él es más grande que tú.
Jungkook tenía que pensar en eso. Su madre tenía razón. Emmett era un juvenil muy agradable, y ayer, su madre había dicho:
—Pequeño, ven a ayudarme con esto.
Emmett había puesto los ojos en blanco, pero había ido con una sonrisa.
—Está bien —dijo, decidiendo que, si estaba bien con un niño grande, estaba bien con él.
Estirándose, su madre le apartó el pelo de la cara.
—¿Qué pasa?
Jungkook frunció el ceño y se acurrucó más profundamente en sí mismo.
—Nada. —No iba a llorar. Nadie le haría llorar.
Suavizando la cara, su madre le tomó el rostro y frotó la nariz contra la suya.
—Te quiero, mi niño hermoso, fuerte y perfecto.
Parpadeó con fuerza para no llorar. Cuando ella se echó hacia atrás, él aún podía olerla. Era el olor de su madre y le hacía sentir como si estuviera siendo abrazado por todas partes. Pero hoy, no era suficiente.
—No quiero bajar —dijo, sus garras pinchaban en el interior de su piel. Su madre lo miró durante un largo minuto antes de asentir.
—Está bien, pequeño. —Inclinándose, le dio un beso en la mejilla—. Voy a ir a casa y comenzar la cena. Tu pastel de carne favorito.
Jungkook pensó en ir con su madre cuando se fuera, pero no estaba seguro de si no lloraría. Y no iba a llorar. No a causa de los estúpidos. Tragando la cosa gruesa en la garganta, respiró dentro y fuera y trató de que su leopardo dejara de arañarlo por dentro. Dolía, pero el leopardo estaba muy enojado y triste, y era difícil.
Hasta que otro olor llenó el aire.
Jungkook miró con los ojos abiertos como Lachlan se detenía en la rama por debajo de él.
—Baja, Jungkook —dijo su alfa, la dominancia en sus ojos marrones hizo que el leopardo de Jungkook le prestara atención—. Vamos a dar un paseo.
Jungkook en realidad no quería bajar, pero su leopardo lo empujó a obedecer a su alfa.
—Sí, señor.
Fue más difícil bajar de lo que había sido subir, pero Lachlan no le ayudó, simplemente le esperó en la parte inferior. Incluso cuando Jungkook resbaló y se despellejó las palmas, su alfa no se ofreció a ayudar. Bajó y Jungkook le miró con una pequeña sonrisa.
—Lo hice.
Lachlan le revolvió el pelo, su mano grande y cálida.
—Sabía que lo harías.
Jungkook metió la mano en la de Lachlan y comenzaron a caminar. El corazón le dio un vuelco en el pecho cuando su alfa le llevó más allá del borde del área de seguridad, donde los cachorros debían jugar, había tratado de ir más allá un par de veces y le habían regañado. Todavía lo intentaba a veces, con su amigo, Heechul. Ambos querían saber qué había fuera. Ahora lo iba a ver.
Lo bastante excitado hasta estar un poco menos enojado y triste, miraba todo a su alrededor mientras caminaban. Los árboles eran mucho más grandes cuanto más se alejaban, los espacios entre ellos menos.
—¿Es divertido correr aquí?
—Sí. —Lachlan sonrió y cuando se encontró con la mirada de Jungkook, vio que los ojos de su alfa ahora brillaban de color amarillo verdoso—. A veces, jugamos un juego en el que no nos permitimos tocar el suelo.
Jungkook levantó la vista hacia el espeso dosel de arriba.
—¿Durante todo el camino? —preguntó, asombrado.
—Sí. Tú serás capaz de hacerlo también, un día. Ya eres el mejor escalador en tu grupo de edad.
—No, no lo soy. —Bajando la cabeza, pateó las agujas de pino—. No puedo hacer las cosas como todo el mundo.
—Eso es cierto —dijo Lachlan y, dejando caer la mano de Jungkook, lo levantó agarrándolo bajo los brazos; el alfa lo puso de pie en una enorme roca.
Jungkook ahora podía mirar directamente a los ojos de Lachlan. Era difícil porque Lachlan era alfa y Jungkook era sólo un niño, pero no apartó la mirada.
—No soy un leopardo.
—¿Alguien dijo eso? —La voz de Lachlan contenía un gruñido.
Sacudiendo la cabeza, Jungkook tragó y se cruzó de brazos. No iba a ser un llorón chismoso. Sobre todo, porque los cachorros que habían sido tan malos ni siquiera eran sus verdaderos amigos o clan. Sólo eran visitantes de otro clan. Sólo había estado jugando con ellos porque Heechul y Barker estaban castigados.
—No soy tonto —dijo—. ¡Trato con mucha fuerza de cambiar, Lachlan! ¡No sé por qué no puedo hacerlo! —Estaba tan enojado y caliente en su interior que le dolía.
—Sé que lo intentas con fuerza. —Lachlan se puso las manos en las caderas, el leopardo en su voz mientras hablaba—. El hecho de que no puedas cambiar no tiene nada que ver con eso.
—¡Lo sé! ¡Soy latente! —Jungkook no entendía lo que era eso, sólo sabía que lo odiaba—. ¿Por qué Youngmi no puede arreglarme? —La sanadora del clan podía arreglar todo lo demás, incluso la pierna rota de Heechul cuando resbaló y cayó en las rocas en una cascada.
—Jungkook, eres un chico listo. No voy a actuar con condescendencia y decirte que las cosas serán fáciles para ti —dijo Lachlan, hablándole de una forma que ningún adulto había hecho nunca—. Va a ser más difícil de lo que es para tus amigos.
Jungkook miró a su alfa, su leopardo atento.
—¿Qué debo hacer?
—No sólo eres inteligente, también fuerte —dijo Lachlan—. Uno de los cachorros jóvenes más dominantes y fuertes de los DarkSun. Creo que algún día podrías ser un centinela.
—Pero no puedo cambiar.
—Tampoco puede Zeph y es mi centinela.
Jungkook frunció el ceño, ya que nunca había considerado realmente eso. Zeph era humano, pero seguía siendo DarkSun, incluso si no podía transformarse en un leopardo.
—Es muy bueno con las cosas.
—Sí, lo es. —Lachlan le sostuvo la mirada—. Puedes ser bueno también. Sólo tienes que trabajar duro y nunca, nunca olvidar que eres un miembro DarkSun. Lo que nos mantiene fuerte como clan son nuestros miembros. No puedo permitir que te rindas.
Jungkook gruñó.
—¡No me rindo!
—Sí, eso es lo que pensé. —Lachlan le miró sin parpadear, sus ojos leopardo de nuevo—. Entonces, ¿qué vas a hacer la próxima vez que alguien te haga sentir mal porque no puedes cambiar?
Jungkook pensó en sus sentimientos de enojo y tristeza, y pensó en Zeph que era tan bueno en las cosas y pensó en cómo su mamá y papá decían que era un hijo maravilloso, y pensó en lo que había dicho Lachlan. Luego asintió.
—No les dejaré —dijo, su leopardo de pie dentro de él—. Sólo porque no puedo cambiar, no significa que no pueda hacerlo todo. Sólo tengo que esforzarme más.
—Bien. —Lachlan asintió hacia el dosel—. ¿Quieres que empiece a enseñarte cómo trepar desde un árbol a otro?
—¿En serio? —Jungkook saltó al suelo, aterrizando con facilidad porque su gato le dijo qué hacer—. ¡Vamos!