Capítulo único
Las tres de la tarde. Un día nublado. La gente llevaba paraguas por si llovía, mientras que él no sentía necesidad de llevar uno. A pesar del clima, la gente sonreía y saludaba a sus seres queridos, mientras que él estaba de visita en ese país.
Sí, estaba en Japón, al menos ahí se era agradable y tranquilo. Al llegar a la calle que tenía por destino, se detuvo frente a un edificio de color crema. Dudó de si entrar o no mientras jugueteaba con las llaves, el tacto era frío mas no le importó. Al cabo de unos segundos entró al lugar. No había elevador, por lo que tomó las escaleras hasta llegar al cuarto piso y de ahí a la última puerta; 602.
La habitación no era ni muy grande ni muy pequeña, pero sí fría. Se quitó su abrigo y lo colocó en el mueble de la sala para luego arremangarse. Miró las fotos que se encontraban colgadas en la pared, como un collage, donde los momentos quedaron congelados para siempre. Sonrió. En una foto, YunHo y su novio se abrazaban mientras que éste último escondía su rostro en el hueco que se ubicaba entre el cuello y el hombro del otro, se podía ver una sonrisa tímida imposible de ocultar. En otra, dos manos; una más grande que la otra, mostrando orgullosamente sus respectivos anillos en el dedo que conectaba al corazón. “Una promesa que hicimos hace años...”, pensó. Volvió a sonreír, su corazón latió alegremente.
Junto a la ventana que daba al balcón, se encontraba una caja de plástico color rojo. Dudó al verla y caminó hacia ella, encontrando objetos importantes al abrirla. Una gorra, el día que fueron a un viaje de su universidad, el sol era tan fuerte que YunHo se preocupó por la pálida piel de su novio.
Fotos de su juventud; en la escuela, en las reuniones, en los festivales etc.
Dos celulares viejos del mismo modelo pero diferente color; uno negro y uno blanco, cuando le llamó la atención el celular de JaeJoong por lo que quiso comprar el mismo que él, pero de color blanco.
Cartas, cuando JaeJoong se fue de viaje por seis meses debido a un proyecto de su escuela, se sentían tan solos que se escribieron cartas durante ese tiempo. Y se las entregaron al otro cuando regresó a casa con gran abrazo de oso por parte de YunHo.
Collares; un colibrí, un elefante, un oso, un conejo, Ying Yang, otro con dos fotos de ellos en el río Han, un micrófono y notas musicales, dos manos sosteniendo un corazón. Éste último hizo que su corazón latiera más rápido.
“Ese día...”
Después de un rato, encontró una caja de madera oscura en la cual la descripción era de plata.
Agarró la caja y salió al balcón en busca de aire fresco a la vez que se sentaba en un sillón pequeño. El cielo se oscurecía poco a poco, y el aire se volvía más frío. Abrió el objeto y encontró una carta, además de una cadena con dos corazones siendo unidos por una fresa. Volvió a sonreír. Leyó la carta.
“YunHo:
Si lees esta carta es porque ya sucedió. Sólo quería escribirte tantas cosas pero no sabía por dónde empezar. Aquí va, no te rías, esto es en serio.
Recuerdo el día en que nos conocimos, éramos tan jóvenes con sueños por cumplir. Tú entraste a la sala de música mientras tocaba el piano, haciendo escándalo por ChangMin, quien te había escondido tu mochila allí. Te quedaste callado al instante y te sonreí. Y me dijiste tu nombre.
Desde ese día, visitabas frecuentemente la sala para platicar conmigo hasta que me declaraste tu amor, en verdad estaba tan sorprendido que huí. Loco, ¿no? Pero loco por ti. Sí, una semana después te besé en aquel festival de fuegos artificiales. Romántico, ¿no? Bueno, algo es algo.
¡Ah! Yoochun y Junsu nos grabaron, ¿recuerdas? Espero que tengas el video, o al menos lo tengo por ahí guardado, algún día lo encontrarás.
Aquella promesa que hicimos, ¿recuerdas?
Eran tiempos difíciles; nuestros padres, mi enfermedad, tu sueño.
Lo sé, YunHo. Sé que el doctor te dijo que no iba a sobrevivir y aún así no te lo dije. Sé que sufrías, no querías perderme, yo también tenía miedo. Pero, ¿sabes? A veces la vida te va a sorprender con algo bueno o malo, pero pase lo que pase nunca debes rendirte. Aunque no haya solución, hay que continuar luchando con la esperanza de un milagro. La esperanza es lo último que nos mantiene vivos, la fe y el amor también. Yo no hubiera luchado si no fuera por ti, por el deseo de estar a tu lado, por el anhelo de una vida juntos, por el sueño de tener una vida sin sufrimiento, por unos momentos de alegría largos llenos de amor.
Si no te hubiese conocido, continuaría sin creer en el amor, vería la vida sin colores, la vería pasar sin haberla vivido.
¿Recuerdas el collar de dos manos sosteniendo un corazón? El día en que di el sí a tu amor. Nunca lo olvidaré, nunca lo superaré, mi corazón nunca dejaba de latir aceleradamente. Cuánto te amé más y más.
¿Y la fresa uniendo dos corazones? Yo te regalé ese, uno de tantos símbolos que nos representa, cuídalo. Nuestro amor es dulce como la fresa, ¿no? Qué cursi...
¿Sabes?
Tú que fuiste mi primer amor, pero también el último.
Tú que fuiste mi primera vez en muchas cosas, pero también el último.
El único que ilumina mi vida eres tú.
Por favor, cuando me haya ido no hagas nada tonto, nada que te dañe.
Por favor, continúa viviendo la vida, te doy el permiso de enamorarte de otra persona, de tener una compañía para disfrutar. No permitas hundirte, sé fuerte.
Sigue viviendo, ama, llora, enójate, ríe, lo que sea, pero, por favor, sigue viviendo. No hagas nada tonto. Recuerda que te amo y que aquí te estaré esperando con los brazos abiertos y una sonrisa.
Platica conmigo cuando te sientas solo, te escucharé.
Sueña conmigo cuando tengas ganas de verme, te veré ahí.
Cuando sientas calidez, es porque estoy ahí. No dejaré que sientas frío.
Cuando veas las estrellas, piensa en mí. Siempre. Porque ahí estaré en todo momento.
Sonríe desde el corazón.
Te estaré vigilando.
Te amé, te amo y te amaré como nunca.
Tu primer amor, JaeJoong.”
No se percató de sus lágrimas hasta que vio la hoja llenarse de puntos húmedos, creyendo que era la lluvia. Su corazón le dolía, pero sentía calidez. Como si alguien lo abrazara.
Alzó la mirada hacia el oscuro cielo siendo iluminado por las estrellas, sonrió nuevamente mientras apretaba su puño, que sostenía los dos collares más importantes: el de dos manos sosteniendo un corazón y el de la fresa sosteniendo dos corazones.
- Te extraño.
Y se rompió a llorar toda la noche hasta que amaneció.