Complot
Riley Astley caminaba por el corredor cercano al salón lateral del salón de baile del palacio de Saint James, ligeramente apartado del bullicio del baile principal.
El suave murmullo de los asistentes, el tintineo de copas de champán y el eco de risas elegantes llenaban el espacio principal, pero el salón a donde Riley entró era más silencioso, apenas iluminado por candelabros altos. Los pesados cortinajes caían sobre los ventanales, creando sombras propicias para encuentros furtivos.
Riley, aburrida de las conversaciones triviales, buscaba un respiro. Se deslizó por una puerta apenas entreabierta y quedó oculta tras una columna de mármol cubierta por las sombras. Justo entonces, escuchó voces bajas que venían de la puerta por la que había entrado y todo su cuerpo se tensó encogiéndose en el lugar.
- Está todo dispuesto - dijo un hombre, su voz profunda y áspera - Una dosis pequeña, suficiente para que pierda el control. Nadie dudaría si dicen que deshonró a una joven.
- ¿Y si se defiende? - respondió una voz femenina, melodiosa, pero llena de malicia.
- No lo hará. Para cuando la reina reciba la noticia, ya será demasiado tarde. Un escándalo como ese arruinará a Saint Albans en su primera aparición oficial. ¿Qué mejor forma de destruir un ducado?
El corazón de Riley latió con fuerza. Había escuchado de su abuela que el joven duque iba a asistir al baile para presentar sus respetos y participar en sociedad luego de asumir la cabeza del ducado.
Sin atreverse a respirar, se asomó apenas la cabeza para identificar a los conspiradores, pero las sombras ocultaban sus rostros. Lo único claro era el peligro inminente que corría el joven duque Asher Davenport.
-El sirviente tiene el preparado y esperará la señal para actuar. Te avisaré.
- Nadie debe vernos juntos…Saldré primero.
-Has lo que quieras…De todas maneras te tendré en mi cama esta noche.
-Solo si me pagas bien…
Con una risita, la mujer salió y momentos después el hombre la siguió.
Riley soltó la respiración contenida aterrada.
El duque estaba en peligro y debía hacer algo para avisarle.
El Baile en el Palacio
El brillo dorado de las arañas de cristal iluminaba el gran salón. El aroma a cera de velas y lámparas de aceite mezclado con el dulce perfume de las damas llenaba el aire, mientras parejas impecablemente vestidas giraban al ritmo de una alegre contradanza.
Riley Astley se mantenía a un lado, observando con astucia y precaución el flujo de invitados, pero sus pensamientos estaban fijos buscando al objetivo de la conversación que había escuchado minutos antes en el salón de descanso: palabras carcajadas de maldad sobre drogar al joven duque y arruinar su reputación antes de que pudiera consolidarse en su cargo. Una condena social que se extendería no solo a su nombre, sino al futuro de su ducado.
El tiempo apremiaba. Necesitaba actuar antes de que los conspiradores pusieran en marcha su plan.
Asher recorrió con la mirada el gran salón del palacio brillaba bajo la luz cálida de decenas de candelabros que colgaban del techo abovedado buscando como escapar de la situación. Las velas derramaban destellos dorados sobre los trajes de seda, los uniformes impecables y las joyas que adornaban a la élite londinense. Una orquesta tocaba con precisión impecable, llenando el aire con los elegantes acordes de un vals que invitaba a los asistentes a la pista.
El joven duque de Saint Albans, se encontraba rodeado por un semicírculo de damas ansiosas por atraer su atención. Algunas reían con coquetería, otras se esforzaban en conversaciones forzadas sobre las novedades de la corte, pero él permanecía imperturbable. Su expresión aburrida traicionaba su pensamiento: este baile era tan tedioso como los otros a los que había asistido desde que asumió su título.
Su mirada vagó perezosamente por el salón hasta que algo rompió la monotonía. Una joven de cabello castaño, vestida con un deslumbrante vestido verde esmeralda que resaltaba su esbelta figura, avanzaba con determinación hacia él. Su porte era firme, pero había algo en sus movimientos que sugería una libertad poco común en las damas de su entorno.
Riley apenas distinguió a Asher Davenport entre la multitud, impecable en su frac negro, con el emblema dorado de su linaje prendido al pecho. Su porte aristocrático irradiaba la confianza fría de alguien acostumbrado a ser observado, pero había un ligero aire de tensión en su mandíbula que delataba lo incómodo que se sentía bajo tantas miradas y todas esas mujeres a su alrededor.
La joven tomó aire y, sin esperar invitación, avanzó decidida entre las parejas danzantes. El susurro de sus faldas de seda atrajo algunas miradas curiosas, pero ella no vaciló. Al llegar frente al duque, hizo algo impensable:
- ¿Me concede esta pieza, su Gracia? - preguntó con una sonrisa encantadora, aunque sus ojos mostraban urgencia.
El joven duque parpadeó, desconcertado. Nadie, jamás, lo había sorprendido de esa manera. Las normas dictaban que él debía ser quien pidiera la danza, no al revés.
- ¿Perdón? - musitó, como si no hubiera entendido bien.
- La contradanza, duque. No querrá rechazar a una dama en medio del salón, ¿O sí? - replicó Riley, deslizando su mano hacia la suya con una naturalidad que desarmaba cualquier protesta.
Un murmullo de sorpresa recorrió a quienes presenciaban la escena. Era una transgresión al protocolo: el caballero debía invitar, no al revés. Asher, desconcertado, se encontró aceptando casi por reflejo.
- Es impropio que una dama pida el primer baile, lo sabe, ¿Cierto? - comentó mientras tomaba su mano, intrigado por su audacia.
- Me temo que soy muy mala para seguir las reglas, milord. - respondió Riley con ligereza, guiándolo hacia la pista central alejándolo del grupo.
Asher no tuvo más remedio que aceptar. Con una mezcla de incredulidad y resignación, tomó su mano y la condujo al centro del salón, donde la música se tornó más vibrante.
Los murmullos no cesaron, pero pronto quedaron ahogados por la música que retomó su compás. La mano de Asher descansaba en la cintura de Riley mientras sus pies se movían al ritmo del vals. Para alguien acostumbrado a la cortesía vacía de la nobleza, la joven era una anomalía refrescante, aunque algo inquietante.
- ¿Siempre es así de directa, señorita...? - preguntó en voz baja mientras comenzaban a girar entre las demás parejas.
-Riley, me llamo Riley.
- ¿Y alguna casa que la proteja?
-Es una muy grande – le dijo enigmática.
- Espero que siga con sus tutores. – le dijo de manera sugerente, manteniendo la compostura mientras sus pies seguían el ritmo impecable de la danza. Si su conducta era tan imprudente, estaría en problemas en la Corte Inglesa.
-Claro… - le dijo - Tengo varios.
Él frunció el ceño, pero no pudo replicar; el protocolo exigía que mantuvieran las apariencias. Sin embargo, la rigidez en su postura se suavizó cuando notó la sorprendente destreza de Riley en la pista. Ella no era simplemente una debutante cualquiera.
-¿Hay algo que le preocupe?
- Si, precisamente usted. – le dijo sin preámbulos - Escuche con atención, su Gracia. - susurró ella cuando pasaron cerca en un giro sincronizado - Alguien aquí planea arruinarlo esta noche. Lo drogarán y fingirán que deshonró a una joven.
Asher tensó la mandíbula, pero no dejó que su expresión cambiara demasiado.
- ¿Y usted cómo sabe eso? - murmuró, bajando la cabeza como si estuviera fascinado por su acompañante para disimular la gravedad de sus palabras.
- Digamos que tengo oídos donde no debería.
La música llegó a su clímax, obligándolos a separarse momentáneamente antes de volver a unirse. Riley aprovechó la pausa para deslizar algo frío y metálico en la mano del duque: su zarcillo.
- Manténgalo consigo - le dijo con voz firme - Confíe en mí, lo necesitará.
Antes de que Asher pudiera responder, la música cesó. Riley hizo una elegante reverencia, pero sus ojos buscaron con rapidez las sombras del salón. Los conspiradores no habían perdido tiempo ya había dos hombres de aspecto extraño recorriendo el lugar con miradas afiladas, como si buscaran a alguien.
- ¿Qué demonios está haciendo? - preguntó Asher en voz baja, notando el cambio en su expresión.
- Tal vez estoy aquí para salvarte de un mal destino, Duque - dijo enigmática.
- ¿De qué habla, señorita?
Riley apenas le dedicó una sonrisa, pero sus ojos estaban en otra parte. Durante un giro, sus pupilas se fijaron en una figura al fondo del salón: una dama mayor de cabello cuidadosamente peinado y un hombre de cabello plateado, ambos susurrando con intensidad. Las miradas furtivas que dirigían hacia el duque no eran casuales.
La joven no respondió. La música terminó, pero antes de que Asher pudiera retenerla para obtener respuestas, ella se deslizó hacia la multitud.
El duque, alerta, observó cómo su figura desaparecía entre los asistentes. Algo no estaba bien. Un par de hombres con rostros serios comenzaron a recorrer el salón, sus movimientos deliberados, como si estuvieran buscando a alguien y eso lo alertó.
Asher sintió un nudo formarse en su estómago. Esa mujer acababa de traer un soplo de caos a su cuidadosamente controlada velada. Y de alguna manera, supo que aquello era solo el principio.