Capítulo 1
Alessia
Me desperté sobresaltada sudando en mi cama. Me destapé para capear un poco el calor que sentía y me estiré para ver qué hora era en mi celular. 04:06 AM.
Dejé mi teléfono en mi mesa de noche, me giré de lado dándole la espalda a la puerta, cerré mis ojos para seguir durmiendo y escuché como se abría la puerta de mi habitación.
No abrí los ojos, pero escuché todo lo que sucedió a continuación y ni en mi sueño más retorcido se me había pasado por la cabeza que esto podría suceder.
Era Luca, mi medio hermano.
Llegó a mi vida cuando yo tenía 10 años y a pesar de que tenemos la misma edad, siempre se comportó como si fuera el mayor. Su padre se casó con mi madre y desde ese momento vivimos bajo el mismo techo.
Mi relación con él no es la mejor, siempre he pensado que me detesta y bueno, el sentimiento es mutuo.
A pesar de eso no puedo negar que Luca es guapísimo y no pasa desapercibido, sobre todo en la escuela. Su metro ochenta y seis, junto con su espalda prominente y tatuajes que cubren todo su torso hasta el cuello lo hacen hermoso.
Luca, en absoluto silencio, 3 segundos le tomó entrar y cerrar la puerta tras de él. Caminó despacio hacía mi cama e inclinó su cara a la altura de mi cabeza.
Aspiró fuerte y suspiró muy lento, disfrutando el olor que emana mi cuello.
—Tu olor me encanta, pequeña bestia. —susurró en mi oído. —No te imaginas lo que causa en mi solo sentir tu olor. —Suspiró.
A pesar de estar de espaldas a él y no poder verle la cara, noté como sentirme lo ponía caliente. Estaba en una lucha interna de girarme, mirarlo a los ojos y decirle que me hiciera suya en ese mismo momento o en quedarme en silencio y dejar que esto pasara.
Mientras Luca seguía oliendo mi aroma, su mano se posicionó sobre mi muslo izquierdo, casi llegando a mi culo. Sin darme cuenta todo lo que había estado pasando en estos cortos minutos, me hicieron mojarme completamente.
Su mano iba subiendo, presionando y apretando cada vez más, cuando llegó al borde mi short de pijama, perdí la cordura.
Esa era la acción que mi cerebro necesitaba para hacer click y hacer lo que realmente mi cuerpo pedía a gritos.
Luca
Alessia nunca se enteraría de lo que siento y hago por ella.
Desde que llegó a mi vida que esta cambio. Al principio éramos solo niños, hermanastros, tratando de jugar a la familia feliz nuestros padres recién casados, pero a medida que fuimos creciendo mis sentimientos cambiaron.
De tener un cuerpo enano, sin ninguna pizca de gracia, maduró. Sus caderas se ensancharon, su cintura se volvió diminuta, sus senos crecieron y su culo, oh dios, su culo creció de manera prominente y siendo solo un chico de 14 años, no podía controlarme.
Quise hacerle creer que no me importaba en lo más mínimo, que no me interesaba nada de ella y creo que cumplí mi cometido. Cada uno llevaba su vida y solo nos hablábamos para lo justo y necesario, pero eso sólo aumentó mi obsesión.
Empecé a controlar cada aspecto de su vida desde hace casi 2 años. Observar con quién se relaciona, amistades, noviazgos, a dónde va después de la escuela, qué hace en su habitación, todo. Nunca me he entrometido, siempre a distancia, pero observando cada paso que hace.
Ya no me bastaba con solo verla revoloteando por ahí, tenía que verla en su estado más vulnerable, todos los días, noche tras noche.
Pero hoy fue diferente.
Me escabullí como siempre en su habitación a la mitad de la noche, para observar cómo descansaba, para sentir su aroma a coco con vainilla que tan loco me vuelve, a que mi cerebro se imaginara como sería penetrarla por esa vagina tan suave que tiene, como sería escucharla gemir mi nombre.
Tan absorto estaba en mi pensamientos que me tomó por total sorpresa abrir mis ojos y tener a Alessia, girada sobre su espalda, mirándome fijamente con sus ojos verdes como las uvas. No me moví ni un centímetro y ella tampoco, hasta que sus labios tocaron los míos.
Se giró completamente hacia mí, sin dejar de besarme e hizo que me sentara con ella en la cama. Se separó un segundo de mi y en lo que me tomó abrir mis ojos, se sentó a horcajadas sobre mi, dejando su vagina sobre mi pene.
Mierda, nunca se me hubiera pasado por la mente que ella sintiera lo mismo que yo.
Sus labios cada vez estaban más mojados, su lengua jugaba dentro de mi boca y me daba pequeños mordiscos mientras su cintura hacía movimientos lentos hacia adelante y hacia atrás, frotando su zona íntima con la mía por sobre nuestra ropa.
Mis manos pasaron de estar apoyadas en la cama a agarrar su pelo, inclinandole la cabeza hacía atrás, mi boca vacilaba entre sus labios y su cuello, lo que le hacía soltar unos pequeños pero hermosos gemidos.
Me estaba volviendo loco y sentía que ella sabía perfectamente que era lo que me encantaba de ella.
Alessia
No tenía idea si lo que estábamos haciendo estaba bien o no, lo único que necesitaba en ese momento era a él.
Mientras gemía de una manera que nunca había hecho, porque nadie nunca con tan poco me había hecho sentirme así, Luca me bajó de encima suyo, ayudándome a pararme en el piso frente a él mientras seguía sentado en mi cama.
Sin quitarme sus ojos cafés oscuros casi negros, de encima, empezó a deslizar la parte de abajo de mi pijama junto con mis bragas.
Se paró en frente mío, me agarró los muslos, me levantó y posicionó mis piernas alrededor de su cintura, caminó unos metros y me puso contra la pared, dejándome a la misma altura que él pero con la diferencia es que estaba prácticamente desnuda.
—Quién lo diría, ah. —su voz sonaba más ronca de lo normal, su boca se curvó levemente mostrando su hermosa sonrisa y sus ojos no dejaban de vacilar entre mi boca y mis ojos.
—Mira como tu vagina se humedece por mi, Alessia. —su mano, que estaba por el costado de mi culo, pasó por debajo posicionándose en mi vagina, generando en mí una sensación de calor y satisfacción que se intensificó cuando siguió masajeando con la yema de sus dedos.
Sacó su mano y la llevó a mi boca, metiéndome los mismos dedos que utilizó:
—Mira lo que provoco en ti, pequeña bestia.
Con sus dedos saliendo de mi boca, mis ojos puestos en los suyos, susurré:
—¿Por qué me dices pequeña bestia?
—Porque sé lo que eres capaz de hacer, preciosa.
Sin darme pie a replicar, me encontraba en la misma posición pero más arriba, con mi entrepierna a la altura de su cabeza y mis piernas apoyadas en sus hombros.
Alcancé a mirarlo un segundo hacía abajo y ví exactamente cuando su cabeza se hundía en mi vagina. Apenas su lengua tocó mi clítoris, suspiré de placer, sentía como mojaba su cara con mis fluidos y no le importaba en lo más mínimo.
Mientras su lengua pasaba repetidas veces por mi labios, los besaba, los mordía, los lamía, la introducía ; su mano que estaba a un costado fue subiendo de a poco, por mi vientre hasta llegar a mis tetas.
Con sus dedos presionó con fuerza mi pezón, haciéndome gemir más fuerte aún.
Era la primera vez que alguien me hacía un oral digno de llamarse así. Él sí sabía que hacía y también sabía que me encantaba.
Luca
Mierda. Mierda. Mierda. El sabor de su vagina no se comparaba a nada. Siempre me imaginé cómo sería pero nada se compara a la realidad. Es exquisito, sabroso, y lo mejor, es que es solo para mí.
Sabía que Alessia no era virgen, sabía que había perdido su virginidad hace no tan poco, porque la vi.
Sí, la ví.
Apenas cuando decidí empezar a vigilar me topé con la desagradable escena de ella con Nicola, un imbécil que se hacía llamar su novio. Lamenté mucho no haber sido yo quien introdujera su pene por primera vez en su vagina, pero lamenté más que su primera vez haya sido tan desastrosa como fue.
El idiota no duró más de 2 minutos, ni si quiera ella consiguió un orgasmo.
Entiendo que desde ese momento Alessia haya tomado la decisión de tener relaciones sexuales solo para complacer a los imbéciles con los que se mete, dejando de lado lo que ella debe de experimentar, porque es lo único que conoce.
Pero llegó Luca, a cambiar esto. Porque una mujer tan hermosa como ella merece sentir orgasmos a cada hora del día.
En cada lamido siento como se moja más y me encanta. Mi pene erecto en mi pantalón me pide a gritos salir, como meterlo en este momento, pero tengo que esperar.
Alessia gime en mute, en silencio y no me gusta. Quiero que grite, que me pida más, quiero que me deje sordo de sus gemidos.
De un momento a otro, mientras mi boca estaba besando su clítoris, Alessia ahogó un gemido que junto con su vagina contrayéndose me indicaron que terminó, dando pie a introducir dos dedos de mi mano libre en su cavidad.
Mierda. Que mojada está.
Miré hacia arriba buscando sus ojos, solo vi su espalda curva contra la pared y sus tetas con sus pezones parados de la excitación, viendo como disfruta su orgasmo.
Tomé sus piernas y las bajé con cuidado, tomándola de la cintura para posicionarla en el piso. Aún extasiada, sus ojos encontraron los míos y con una mano atrajo mi nuca para sellar sus labios con los míos.
No fue tierno, para nada, fue fogoso. Su lengua jugaba dentro de mi boca y me encantaba. Separó sus labios de los míos y empezó a bajar por mi cuello.
Primero mi mandíbula, luego mi lóbulo, mi cuello. Llegó al borde de mi camiseta y en un segundo con sus manos me ayudó a quitarla. La seguía con los ojos, viendo todo lo que hace. Ella me miraba con ojos perversos, casi se veían cafés de lo excitada que estaba. Bajaba cada vez más y ya me imaginaba a dónde iba.
Alessia
Ahora me toca a mi.
A pesar de no poderme ni las piernas, me las ingenié para estar parada besándole cada centímetro de su torso e ir bajando hasta quedar arrodillada, con su miembro a la altura de mi cara.
Desabroché su jeans con ambas manos, le saqué su boxer y por fin, tenía ante mis ojos su pene, erectisimo. Miré hacia arriba, topándome con sus ojos y le dediqué una sonrisa maliciosa.
—Puta loca. —susurró con voz grave, devolviéndome la sonrisa.
Me lamí mis labios y aún mirándolo a los ojos me metí su glande en la boca. Jugué bastante con él. Pasé la lengua por todos lados, por la base, por todo su largo, hasta sus testículos, cosa que lo volvía loco. Porque esa era la idea, volverlo loco.
Luca no gemía, respiraba fuerte y calmado, controlándose. Apoyó una mano en la pared y su cabeza la inclinó hacia atrás. Mientras jugaba con mi lengua y mi saliva, sin previo aviso me introduje todo en la boca.
Obviamente no me entró completa, era grande y gruesa, pero con buena respiración casi lo hizo. Como gimió me di cuenta que lo tomó por sorpresa. Luca me puso una mano en la cabeza, ayudando a mi cabeza a quedarse quieta mientras él me penetraba la boca. Las lágrimas salían de mi ojos, pero no me molestaban.
—De pie. No terminaré en tu boca —dio un paso para atrás, dejándome arrodillada sola.
—¿Por qué no? —le pregunté mientras me paraba
Me miró a los ojos y me dijo:
—He esperado este momento durante años como para no penetrar esa vagina.
Tomó mi mano despacio, me llevó hasta la cama y me acostó mirando hacia arriba, con las piernas flectadas.