Capítulo 1
HART
¿Crees que demoren mucho? -Pregunta un Ozziel aburrido a mi lado. Sus piernas sobresalen del taburete rozando el suelo donde juega como si fuera un niño. Vuelve a levantarse en dirección al ventanal regresando decepcionado-. Todavía no llegan -Objeta
-Nuestros padres están tratando algo delicado. Es normal que demoren. Relájate -Digo con calma inspeccionando los sosos dibujos que porta el libro entre mis manos.
-Deberíamos haber ido con ellos, ya somos grandes -Continúa Ozziel.
-No estamos preparados.
-Tú tienes diecisiete y yo dieciséis, hemos sido entrenados para esto durante largo tiempo, no es justo que nos dejen fuera.
-Nuestros padres saben lo que hacen.
-Estás acostumbrado a que te dejen atrás, tus papás se van de viaje y te abandonan, pero en mi caso no es así.
Esa afirmación me obliga a dejar mi lectura y mirarlo a la cara -Soy un príncipe, los monarcas tienen que atender asuntos donde yo sólo estorbaría. Ahí está la diferencia entre tú y yo, me comporto como un hombre ante las situaciones en que tu decides actuar como niño.
Mi amigo de la infancia hace una mueca arrogante. Levantándose observa a su alrededor, nos dejaron en una habitación junto a los otros niños de su pueblo -Me voy a la torre. ¿Vienes?
-No -Respondo volviendo al libro.
Ozziel se va y pasada una hora siento la necesidad de escapar de aquí. Mi mente busca algo nuevo en lo que entretenerse y como por arte de los Dioses mi mirada cae sobre la chica de catorce años que juega en un rincón apartada del grupo de mocosos que no paran de hacer ruido.
La niña sostiene una muñeca desgastada con un horrendo atuendo celeste y manchado de óxido, algo viejo y sin importancia, pero ella la agarra como si fuera su vida. Sus pequeñas manos acarician la tela roída y le habla en voz baja mientras sonríe ciertamente.
¿Qué clase de adolescente juega con una muñeca a sus catorce años?
Inspeccionándola a profundidad es que me percato de su identidad, Ornella Medel, la hermana de Ozziel, la misma escuálida que aún no ha desarrollado, según mi madre ni siquiera a sangrado lo cual es una muestra de debilidad. Todo en ella es frágil, su cabello dorado fino se cae a borbotones porque no le gusta peinarse como las demás señoritas, la piel blanca porcelana se daña ante los rayos solares colorándose como un tomate, es enfermiza a gran escala, no puede bañarse en la playa porque su temperatura cae estrepitosamente y sus finos labios se vuelven morados al punto de tiritar votando mocos y tosiendo.
Que vida más aburrida e insignificante la de Ornella.
Sonrío y bajo la mano para acariciar la cabeza de mi Baxter, las orejas peludas de mi perro se levantan ante el contacto, entendiendo que es mi llamada para que se ponga alerta y espere instrucciones.
-Orny -Digo suavemente.
La muchacha levanta la cabeza sonriendo. Ella busca a su hermano ya que es el único que la llama así... Hasta hoy.
Sus ojos me encuentran y la sonrisa cae rápidamente, Ornella me tiene miedo y al ver que su hermano no está presente traga saliva torpemente.
-Ven aquí -Ordeno.
Se levanta a trompicones escondiendo detrás suyo la muñeca.
-Dígame, Alteza -Saluda con formalidades y observa a Baxter quien le sostiene una mirada estrecha y penetrante con la cola dando latigazos de un lado a otro.
-¿Qué escondes ahí, Orny? -Pregunto.
La muchacha baja la cabeza -Nada importante, mi príncipe.
-Dámelo -Ordeno y estiro la mano para que ella deposite esa cosa horrorosa.
La chiquilla da un paso atrás y niega con la cabeza.
-¿Te rehusas a cumplir una orden? Ya te he dicho que me lo des -Sostengo una mueca asesina y ella da un paso atrás para después mirar a su alrededor en busca de ayuda, pero nadie nos presta atención y aunque lo hicieran no moverían un dedo a su favor.
-Es importante para mi. Le ruego que me deje conservar mi muñeca -Se inclina suplicando.
-¿Es importante para ti? Esa cosa horrible te la regalé cuando cumpliste cinco años. Ya eres casi una mujer para andar...
-Usted no puede decirme lo que debo hacer. No se meta en mis asuntos, Hart.
¡¿No sólo me habla así sino que usa mi nombre de pila sin mi permiso?!
-Es la última vez que te lo digo. Dame. Esa. Muñeca. Ahora -Espeto sintiendo la rabia subirme a la cabeza.
Ella recula y mira en dirección a la puerta, una vía de escape pero no de salvación.
Huye rápidamente y le ordeno a Baxter que vaya trás ella en lo que camino buscándola con lentitud. Sigo los ladridos de mi perro con una sonrisa alegre. Bajo las escaleras y recorro el salón principal hasta la bodega de la segunda planta.
Al llegar la veo acurrucada en un rincón entre tanto el perro ladra cerca de su cara sin llegar a morderla. Su rostro es un cuadro hermoso lleno de terror y lágrimas que surcan sus mejillas empapadas.
-¡Por favor, dile que se aleje! ¡Hart, por favor! ¡Dile que se vaya! -Suplica casi fundiéndose con la pared.
-Ven aquí, Baxter -Le digo al perro quien se echa detrás de mi, obediente.
Me agacho frente a Ornella y acaricio su cabeza tiernamente. Con el índice levanto su mentón para después disponerme a secar el agua sobre su piel con el pulgar -Dame esa muñeca, Orny. No lo pediré otra vez.
Temblando me extiende el juguete. Lo lanzo al aire donde Baxter lo atrapa y sacude volviéndolo pedazos que se dispersan en el suelo.
-No debes jugar con esa mierda, Orny. Debes hacer cosas acorde a tu edad. ¿Lo entiendes, verdad?
Sus ojos se alumbran de temor mascullando -S-si.
-Te voy a poner un ejemplo. Los secretos es algo que podrías guardar. ¿Si te confiara algo importante, se lo dirías a alguien?
Niega velozmente. Sacude la cabeza escapando de mi agarre -¿Puedo irme, Alteza?
-¡Ah! ¡¿Ahora vuelvo a ser Alteza?! Me gustó cuando dijiste mi nombre hace un rato. Dilo para mi.
-Hart -Espeta con su dulce voz.
Me inclino sobre ella -Otra vez -Dispongo.
-Éstas demasiado cerca... -Se queja.
-Dilo -Obtengo su barbilla reteniendo sus movimientos.
-Hart, -dice y me acerco un poco más-, Hart, -repite y consumo un centímetro de distancia entre nosotros-, Hart.
Como un imán me voy a su boca y la pequeña palomita parpadea desesperadamente llevando sus endebles dedos a mi camisa. Para mi sorpresa no me aparta sino que se queda adusta como un poste hasta que sus bonitos labios comienzan a moverse contra los míos. Me voy con fuerza sintiendo el beso en lo que la parte posterior de su cabeza choca contra la pared. Me aparto para dejarla respirar un instante y vuelvo a besarla con rudeza.
¿Acaso me gusta el beso que comparto con esta inexperta?
Mi corazón galopa a prontitud derribando las paredes de mi razocineo.
¿Qué cojones hago besando a la hermana menor de mi mejor amigo?
¿Cómo es posible que me salte el código de hermandad entre Ozziel y yo por esta niña a la que nunca vi como otra cosa más que una mocosa frágil e infantil?
Lo que inicié como un juego se convirtió en algo que no sabría describir, pero por mucho que quiero terminar esta locura mi cuerpo se niega a seguir mis órdenes sensatas.
Los pasos más alla de la puerta se distinguen y me aparto dando gracias a esa interrupción para volver a la realidad.
Poniéndome de pie la levanto de un tirón y susurro al oído -Nuestro secreto.
La puerta choca estrepitosamente contra la pared. Ozziel nos observa con ojos celosos y perjudiciales -¿Qué está pasando aquí? -Pregunta.
-Baxter desgarró su muñeca y vine a buscarlo, nada más -Contesto.
-¿Es cierto, Orny? -Le pregunta a su hermana, ignorándome por completo.
-Sí -Ella dice.
-Fuera de aquí -Le dice él y ella corre dejándonos solos trás su evocación.
En un instante estoy tranquilo a punto de irme y al otro Ozziel estampa su puño de lleno en mi mandíbula haciéndome retroceder dos pasos.
-¡¿Crees que soy estúpido y no me percaté de sus labios hinchados?! -Grita y me sostiene de la camisa.
-¡Suéltame! -Digo, pero Ozziel me apuntala más rígido.
-¡Que sea la última vez que se te ocurre hacer algo así o la incitas a mentir! ¡Ella es mi hermana y no dejaré que alguien como tú se le acerque!
-Yo creí que éramos amigos -Le sonrío y abro mis brazos en señal de redención.
-Pues, por eso mismo lo digo, porque te conozco. Te quiero lejos de Orny. ¡¿Me has entendido?!
-¿Y si algún día decido casarme con ella?
-Entonces ese será el día de tú muerte.
Me suelta y empuja para más tarde salir de la bodega.
Joder, me encantan esa clase de retos.