Todavía te recuerdo ϟ༄ OS┊yoonmin ༄ϟ

Summary

En una noche de lluvia torrencial, sus vidas se separaron. Dos años después, una noche tan tempestuosa como en el pasado, los vuelve a unir en un solitario bar. ༄ One Shot. ༄ Adaptación Yoonmin de I still remember you, de mi autoría ༄ No están permitidas las adaptaciones⚠️

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Todavía te recuerdo

La lluvia se intensifica cada vez más mientras el frío ataca sus manos como agujas, aun cuando se encuentra refugiado en su automóvil. Tiene la mirada fija en el parabrisas, sin ver nada más que el agua correr. Lo único que se escucha son las fuertes gotas golpeando la carrocería y los relámpagos que suenan escabrosamente cerca.

Mira su reloj.

10:12 p.m.

Debería irse. Se supone que debería estar en casa, con su prometida. Seguramente ella le tiene una sorpresa; después de todo, le insistió en que llegara temprano. Sin embargo, como cada martes durante los últimos ocho meses, está aquí, ignorando sin remordimientos las solicitudes de su novia.

No podía faltar hoy, no este martes... no este día.

Toma una bocanada de aire y trata de ver la entrada del local. La vista es borrosa, pero distingue las luces de neón. Revisa por última vez su celular antes de apagarlo y guardarlo en su gabardina café. Vuelve a respirar profundamente, tratando de apartar de su mente recuerdos que no valen la pena. Peina su cabello hacia atrás y, sin meditarlo más, sale del automóvil. La fría lluvia empapa su rostro mientras corre hacia las luces de neón.

Cinco metros, tal vez, pero suficientes para que la gabardina se empape y se sienta pesada. Entra al bar y, como cada martes, está prácticamente vacío. La música jazz no es tan alta, no hace falta, y las luces son tenues. El lugar se siente cálido y solitario, el refugio perfecto de una tormenta que no parece menguar.

Se retira la gabardina mojada mientras camina entre las mesas vacías hasta llegar a la barra. Cuelga la prenda en el respaldo de la silla y se sienta.

—Buenas noches. Una botella de agua y un whisky seco, por favor —pide al bartender, quien de inmediato sirve sin siquiera mirarlo.

Nunca le devuelve la mirada.

Pasa la vista por el lugar, como es costumbre. Solo hay dos hombres al otro extremo de la barra y una pareja en una mesa alejada, oculta en la oscuridad.

«¿Amantes?», se pregunta, y una media sonrisa amarga escapa de sus labios.

La lluvia se intensifica; quizás es solo una coincidencia o simplemente es la temporada, pero esta noche se parece mucho a aquella. Toma su vaso y bebe un sorbo, disfrutando el sabor a madera añeja antes de terminar su bebida. Cada tanto, su mirada disimulada se posa en el bartender, que limpia la cristalería con dedicación. No puede evitar esbozar una sonrisa nostálgica.

«Jungkook no ha cambiado nada», piensa. Los recuerdos de otra vida, otra identidad, comienzan a inundar su mente. Aquella noche fatídica vuelve a él en ráfagas de imágenes dolorosas.

—Disculpa —llama al bartender, alzando su vaso vacío. Entendiendo la señal, el chico sirve otro trago.

El alcohol siempre le ha aflojado la lengua; quizás este segundo vaso le brinde un poco de valentía y pueda al fin hablarle al bartender. Mira el líquido ámbar, sopesando cómo iniciar una conversación. Quizás, solo quizás, pueda...

—No pienso atenderte. ¡Lárgate, Park! —dice el bartender en un tono muy tosco, uno que no está acostumbrado a escucharle. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no se dio cuenta de que alguien se había sentado a dos sillas de distancia.

—Quiero una cerveza, Kook. Una y ya, y no te jodo nunca más —dice ese alguien. Su voz es cansada, casi en un murmullo.

Esa voz resuena en su oído, y su labio inferior tiembla un poco antes de dar un largo sorbo a su bebida. El líquido quema su garganta, pero no es suficiente. Tiene ganas de girarse, verle el rostro, pero no lo hace. Se queda allí, con el vaso vacío entre sus manos. No puede huir como las veces anteriores; además, no tiene caso.

—Otro, por favor —pide su tercer trago de whisky. Necesita calmar el fuego en su pecho. Necesita callar sus pensamientos.

—Amigo... —dice el bartender, llamando su atención de inmediato. Tan poco usual es que le hable, que se sorprende al percatarse de que se dirige a él—. No quiero ser metiche, pero si no tienes conductor designado, no creo que sea conveniente otro más —dice, señalando el vaso vacío.

—Y-yo estoy bien. Será el último —afirma, y el bartender le regala una sonrisa antes de llenar el vaso.

—Bien, confío en ti. El último —dice el bartender y se retira a atender a los dos hombres que están en el otro extremo.

—Es un imbécil, pero tiene razón.

Sin pensarlo, lleva su mirada hacia la persona que le habló. Se maldice de inmediato.

Lo mira y lo primero que le sorprende es la ausencia de color, está vestido de negro completamente. Y su cabello, más largo de lo normal, rubio como lo recordaba. Era tan distinto, pero al mismo tiempo... tan él.

En respuesta, solo asiente. No tiene planeado hablarle.

«¿Cómo podía cambiar tanto?», piensa. Recuerda la primera vez que Jimin, ese chico bonito y tímido le había sonreído, sus ojos brillaban con una chispa que ahora parece extinta. El recuerdo lo lastima con una fuerte punzada en el corazón.

—Igual, al lado hay un pequeño motel. Mejor pide una habitación. No creo que manejar así sea bueno en este clima —insiste el chico rubio. No pudo ocultar su cara disconforme y el chico rubio lo nota y encoge los hombros—. Conozco al dueño de este bar y del motel. Esas habitaciones no son tan malas, créeme.

Esa afirmación le da ganas de vomitar.

—Lo tomaré en cuenta —logra decir bajito.

—Eres el hombre martes —afirma Jimin con una sonrisa mientras juega con la llave que parecen ser de su vehículo.

—¿El hombre martes? —pregunta, y se lamenta; ahora no hay forma de zafarse de una conversación.

—Vienes los martes. Es un buen lugar. ¿Por qué vienes solo? —pregunta Jimin. No tiene esa calidez en su voz tanto amaba, no... solo un tono cansado, débil.

No quiere responder, pero el whisky ya estaba haciendo lo suyo.

—Me gusta así.

—Oh... Entiendo. ¿Puedo pedirte un favor? —interroga Jimin y puede jurar que nota algo de su súplica en su desgastada voz. No responde, pero tiene curiosidad sobre la solicitud —. ¿Le puedes pedir una cerveza a Jungkook, el bartender? No me la va a dar. Te la pago y te invito ese trago. ¿Qué te parece?

Jimin saca un par de billetes arrugados y algo húmedos, se los acerca. Mira más de cerca sus manos, sus dedos... el anillo.

El pitido en su oído se hace presente. «Respira... Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Uno, dos, tres, cuatro, cinco...», intenta calmarse así mismo cuando siente sus manos cosquillear, pero no su propia voz que escucha en su mente. Es la de él, la que por mucho tiempo lo arrulló en esos momentos tan desagradables.

—Jimin-ah... —una voz nueva llama Jimin. Un sujeto de cabello blanco detrás de la barra —. Jungkook me dijo que estabas aquí.

—Tu novio no me quiere atender. Soy un cliente también, Tae.

«¿Novios?»

Deja escapar una sonrisa que no pasa desapercibida por los presentes.

—Solo un par de cervezas y ya. Toma —el sujeto de cabello blanco le extiende una llave, mirando con recelo al señor martes —. No vas a manejar así. Estoy seguro de que ni casco trajiste —la respuesta de Jimin fue quedar en silencio e ignorar, una pequeña maña que tenía cuando no quería responder—. Ey, Jimin, Hoseok me llamó. ¿Dejaste la terapia?.

La voz del peliblanco suena más apacible.

«¿Terapia?» se pregunta. Claro que Jimin necesitaría terapia. Seguramente la culpa no lo dejaría dormir.

—No la necesito. ¿Me vas a dar la cerveza o me tengo que ir a otro lugar? —dice cargado de rabia. No, de dolor.

«¿Por qué se ve así?», se pregunta una y otra vez. Ha pasado tiempo, lo sabe pero... «Dónde está ese chico brillante y sonriente»

El peliblanco, sin ánimos de discutir, sirve la cerveza y se va, no sin antes recordarle que duerma en la habitación del motel.

—Aunque no lo parezca, es mi mejor amigo. El único, la verdad —le dice una vez que están solos nuevamente —. Creo que el único que seguro me va a extrañar.

—Te quiere cuidar. No deberías ser grosero —dice al fin y no disimuló el reproche en su tono. No tiene caso.

—No necesito que lo hagan —afirma con seguridad y se levanta para acortar el espacio entre ambos hasta acomodarse en la silla que está justo a su lado y le extiende una mano —. Soy Jimin.

—Yoonseo —dudoso, acerca su mano hasta estrecharla. El tacto hace que su cuerpo se estremezca. La piel de Jimin está helada... suave.

Mira más de cerca al joven rubio. Cada detalle. Sus ojos ya no son tan brillantes, ahora los acompañan unas notorias ojeras... pero siguen siendo sus ojos. Su cabello es más largo, aún conservando el rubio pero sin brillo y con notarias raíces negras. Sus labios, esos que Jimin se empeñaba cuidar solo porque un día le dijo que eran su debilidad, ahora estaban rasgados por la resequedad... pero seguían siendo sus labios. Y su sonrisa, seguía siendo su sonrisa, aunque ahora sin esa gracia tierna; solo era una sonrisa cansada, carente de emoción, esa que le das a cualquier desconocido.

Aún recuerda cada detalle de Park Jimin. Jamás podría olvidarlo.


Jimin observa al hombre frente a él, quién lo escudriña a detalle. El señor martes está tan concentrado en mirarlo que no suelta su mano. Por increíble que le parece, no dice nada. Su tacto es cálido.

Había algo en este hombre que removía sus pensamientos. Jimin solía venir regularmente al bar de Taehyung, aunque no fuera bienvenido por Jungkook. Ya había notado al hombre martes, por supuesto que sí. También había notado que el hombre martes huía de él. Al principio creyó que era coincidencia, hasta que comenzó a observarlo, ocultando su presencia. En ocasiones solo se hacía notar para simplemente ver cómo el hombre elegante salía del bar, huyendo.

El hombre martes se aleja de golpe y vuelve a su vaso de whisky. Toma un pequeño sorbo y relame un poco su labio inferior.

—¿De dónde es? —pregunta Jimin, observando cómo el hombre martes no le sostiene la mirada.

—Seúl —responde el hombre martes con la mirada gacha.

—Vivo en Seúl desde hace tres años... soy de Busán.

Jimin ve cómo el hombre elegante y solitario asiente, incómodo con su presencia pero por lo menos no está haciendo nada para huir.

—¿Por qué tu amigo se veía preocupado? —se atrevió a preguntar ese hombre desconocido y se le escapa una sonrisa triste.

—Es una larga historia. Pero para resumir, es costumbre —responde Jimin en un intento de restar importancia.

El hombre martes se remueve en su asiento y alza la mirada a un perdido Jimin. Quizás el destino lo trajo a este momento para escuchar a Jimin. Quizás el destino quiere que siga adelante y borrar para siempre un pasado que está muerto. El destino, ese que ha sido tan despiadado con él, lo tiene enfrente de Jimin y quizás, solo quizás, es momento de escuchar.

—No tengo donde ir. La lluvia no ha parado. Puedes contarme esa historia.

Jimin medita varios segundos. Toma sorbos grandes de su cerveza. El frío se cuela en sus huesos, a pesar de que ese pequeño bar es un refugio casi perfecto para la tormenta que está azotando afuera.

—Lo siento... es difícil —admite Jimin con la voz más apagada.

—La vida es difícil. Al menos tienes oportunidad de vivirla, ¿no crees?

Las palabras resonaron como reproche, removiendo recuerdos y avivando el dolor de ambos. No era su intención ser tan grosero con Jimin, pero no puede contener la amargura de sus emociones.

—¿Crees que hay personas que no merecen vivir? —pregunta Jimin, manteniendo ese tono de desdicha.

—Soy el menos indicado para responderte, Jimin —pronuncia su nombre y saborea cada sílaba amargamente y al mismo tiempo un sentimiento de anhelo aflora en él.

—¿Te han roto el corazón? —pregunta Jimin de nuevo, ahora concentrado en el agua que escurre de la botella de cerveza.

El hombre martes suelta una sonrisa nasal cargada de resentimiento. Bebe lo último que le queda de su vaso para calmar esa punzada de dolor en su pecho.

—De la peor manera posible —admite sin ánimos de mostrar gentileza o empatía.

—¿Es horrible? —interroga una vez más Jimin con los ojos vidriosos, la voz quebrada y los ojos fijos en la botella de cerveza ahora vacía.

El hombre martes asiente.

»La única persona que podía haberme roto el corazón no existe. Ojalá estuviera, ojalá me lo rompiera. Quizás así me sienta vivo —declara Jimin, y el hombre martes se queda sin palabras, o por lo menos no las puede pronunciar, porque su mente está llena de preguntas que no pueden ser dichas en voz alta—. Tienes razón, la vida es muy difícil —hace una pequeña pausa y cierra los ojos antes de continuar—, demasiado para quien lo tuvo todo y ahora nada.

Jimin se levanta de su silla con desgano.

—Suerte, Yoonseo. Pareces un buen hombre.

Jimin se despide en un susurro inaudible y camina con los pasos pesados hacia la puerta del bar. Antes de abrirla, se gira y le regala al hombre martes una sonrisa que no logra reconocer pero que le produce una profunda tristeza.

Jimin fija su atención en otro lado y vuelve a sonreír está vez con los ojos más cristalizados. El hombre martes le sigue la mirada, está viendo a Taehyung abrazar a Jungkook desde atrás. Jungkook parece que quiere resistirse, pero logra sonreír por algo que Taehyung le susurra al oído. El hombre martes también sonríe. Quizás Jungkook no sea el mismo de antes, pero por lo menos consiguió alguien que lo hace feliz, que lo hace sonreír. Eso lo tranquiliza profundamente aunque el el fondo lamenta no poder estar allí, compartiendo un poco de esa felicidad.

Cuando vuelve a mirar hacia la puerta, su corazón se estremece y la boca de su estómago duele. Jimin no está... se ha ido.

«No me importa», se repite una y otra vez. «No debería importarme lo que haga Park Jimin; cómo sonría, cómo se vea. Tengo una nueva oportunidad. ¿Por qué no vivirla, ser feliz con mi nueva familia, mi novia?»

Pero esa familia, esa novia, no los conoce. No lo conocen.

Mira la llave de la habitación en la barra y un escalofrío recorre su cuerpo. El mal presentimiento azotandolo fuerte, sin darle tiempo a pensar con claridad. Es por eso que toma las llaves y sale detrás de Jimin bajo la tempestuosa lluvia.

Jimin camina bajo la lluvia, los recuerdos del accidente se apoderan de él. Hace justo dos años, en una noche igual de lluviosa, perdió a Yoongi de todas las formas posibles. Cada paso que da lo llena de una tristeza profunda y desesperanza. Esta noche, como el aniversario pasado, las ganas de reunirse con él sé afianza en su mente, intensificadas por el dolor y la culpa que nunca lo abandonan.

Jimin se detiene frente a la motocicleta, empapado, con la mirada perdida. Quizás, finalmente, encuentre la paz que tanto anhela.


La lluvia no ha parado, todo lo contrario. El cielo cada tanto se ilumina por los relámpagos que vienen acompañados de truenos ensordecedores.

Aprieta las llaves al punto de hacerse daño. Su vista viaja por todo el estacionamiento. Solo hay un par de automóviles y una camioneta que logra reconocer. No ve al joven rubio, no puede, la lluvia nubla su vista.

Logra divisar un par de pequeñas luces rojas parpadeantes. Sin dudarlo, corre hacia ellas y puede ver su silueta. Jimin no tiene casco, no tiene abrigo. Solo está a merced de la torrencial lluvia, intentando que la moto arranque.

«Qué pretendes, Jimin?»

—¡¡Jimin!! —llama a gritos sin tener respuesta— ¡Jimin!

Corre. Siente como el agua entra en sus zapatos de vestir y chapotea a cada paso. Sus pantalones se siente pensados pero sigue corriendo gritando el nombre de Jimin tanto como su aliento se lo permite.

Llega a hasta la motocicleta justo al tiempo que Jimin la logra encenderla. Toma el manubrio para evitar que arranque ganándose una mirada furiosa.

—¡Qué mierda te pasa! —grita Jimin y trata de zafarse del agarre de él inútilmente.

—¡Deja eso y vamos!

—¡No! ¡Mierda, no! Déjame. Déjenme de una puta vez. Estoy harto, ¡estoy cansado! — Jimin tiembla por el frío. Siente el agua correr por su rostro.

—¡No seas tan terco, Jiminie! No voy a dejar que lo hagas —lo supuso, por alguna razón supuso las oscuras intenciones de Jimin.

Jimin deja de luchar, su respiración se vuelve errática, entrecortada por el frío y las lágrimas. Sus piernas tiemblan, a punto de ceder.

—N-no... no me llames así, po-por favor —suplica Jimin, derrotado, exhausto —... solo déjame, ya... ya no puedo más... duele — tiembla y su voz se escucha apagada, ahogada entre el llanto y el agua que envuelve su cuerpo. Se deja caer pero sus piernas no llegan al piso.

—Está bien. Respira por favor — el hombre martes lo sostiene fuerte, lo abraza y Jimin le devuelve el abrazo—. Estás bien. Estarás bien. Vamos, ¿sí? Vamos a que te seques un poco.

Jimin no responde. Solo llora, llora tan fuerte. Ha perdido las ganas de luchar hace mucho. Se deja llevar por el extraño hombre elegante. No para de temblar y lamentarse de todo, ni siquiera se da cuenta que ese desconocido lo lleva a la habitación que Taehyung le asignó.

Entran con dificultad, empapados. El hombre martes lleva a Jimin hasta una silla y busca con rapidez una toalla. Se arrodilla frente a él y comienza a secar su rostro con delicadeza mientras le repite que respire. Que todo va a estar bien.

—¿Por qué no tomas un baño caliente, hmm? ¿Quieres algo de comer? Dejé mis cosas en el bar — se palpa la ropa mojada—. Creo que debo ir...

Jimin no deja de temblar, está empapado. De cabellos rubios aún se deslizan gotas de aguas que vuelven a humedecer su rostro junto las lágrimas que no quieren ceder.

—N-no te vayas... por favor —pide Jimin en un pequeño murmullo.

—Voy a mi auto, allí tengo algo de ropa. Me puedo resfriar. Y mis cosas, están en el bar —dice el hombre frente a Jimin.

Jimin hipa un poco y fija la mirada en esos ojos negros, casi gatunos. Esos ojos que le recuerdan su dolor pero al mismo tiempo le dan paz.

Jimin, aun tembloroso, toma el teléfono de la habitación que tiene a poca distancia, presiona el botón uno.

—Hola Namjoon —saludo con voz quebrada—. ¿Le dices a Jungkook que guarde las cosas del cliente que estaba conmigo?. No, mejor dile que si puede se las trae a mi habitación... Gracias —Jimim cuelga y se deja cubrir con una toalla más grande —. Por favor, quédate. Ya te traen tus cosas.

—Está bien, Jimin —acepta ese hombre que había dicho su nombre pero que Jimin no podía recordar. El extraño de mirada bonita, toma el teléfono y repite su acción—. Buenas noches. Perdón, soy... estoy con Jimin. ¿Le pueden traer algo caliente para tomar? ¿Tienen té de mandarina y piña?... está bien, espero. Gracias.

Cuelga. Jimin no le quita la vista en ningún momento.

—¿Cómo lo sabes? —interroga Jimin evitando que su voz salga angustiada e intenta secar inútilmente sus mejillas.

—¿Qué cosa? —pregunta el desconocido pero lo hace con un desinterés que Jimin se le hace tan tierno como familiar y eso lo asusta aún más.

—Mi té favorito... ¿cómo lo sabes?.

—No lo sabía —responde el hombre martes presa del frío. Su ropa también está mojada pero su atención está en cuidar a Jimin.

—¿Por qué no me dejaste ir?—insiste Jimin con su interrogatorio.

No quiere ser grosero porque ese hombre extraño que ha estado huyendo de él los últimos meses, ahora está allí, cuidándolo en un día que es muy doloroso. Aún así, el comportamiento de este hombre se le hace un enigma.

El hombre martes o Yoonseo como lo llama su novia y familiares, se toma una pausa antes de responder la pregunta de Jimin. Sonríe sin ganas cuando se ve consciente que a pesar de todo, es incapaz de permitir que Jimin se destruya. Sin embargo, esa respuesta no debe escucharla Jimin, sería muy extraño y doloroso de explicar.

El golpe de la puerta llama la atención de ambos, Yoonseo se levanta para abrirla. Se estremece cuando ve a Jungkook del otro lado, con el ceño fruncido y cargando una bolsa de papel grande.

—Aquí están sus cosas. Me tomé la libertad de cobrar los tragos... y mi propina —dice Jungkook con amargura y extiende la bolsa de mala gana.

Sujeta sus pertenencias, contrariado y un poco sorprendido por esa actitud del muchacho. Jungkook no le da la oportunidad de agradecerle, se va si más dejándolo confundido. Sabía que tenía carácter pero nunca fue el blanco de un desplante.

—Me odia —aclara Jimin desde la silla, con la mirada perdida en la puerta.

—Yo no le hice nada —dice Yooseo y cierra la puerta detrás de él.

—Cree que tenemos algo o que vamos a coger. Lo siento — Jimin se disculpa y deja escapar un sollozo que ahoga con la toalla.

Los hilos en su cabeza se unían. Por supuesto que Jungkook odia a Jimin. No lo imaginó antes, pero era razonable. Aún así, la verdad a Jimin tan afectado, tan solo y dolido, le hace tambalear sus propios sentimientos.

El hombre martes se le acerca, quiere abrazarlo. Por un momento está convencido de hacerlo, pero se arrepiente

—Ve a bañarte. Te vas a resfriar.

—¿Te vas a ir? —pregunta Jimin tembloroso, vulnerable, triste.

—No lo sé —admite porque realmente no sabe qué hace allí. Debería estar en casa.

«¿Cuál casa?».

—Quédate... por favor —suplica Jimin con más lágrimas rodando en sus mejillas.

La propuesta es tentadora. Ambos necesitan respuestas y tal vez esta sea la única oportunidad para tenerlas.

—Está bien. Pero solo si me cuentas por qué lo ibas a hacer.

Jimin asiente.


Mientras Jimin está en la ducha, Yoonseo aprovecha para ir hasta su automóvil y buscar ropa seca. Al regresar, se encuentra con un hombre alto sosteniendo una bandeja que contiene una jarra de agua caliente y bolsitas de té.

—Hola, esto es para Jimin. ¿Puedo saber quién es usted? —pregunta el hombre de los hoyuelos, sin disimular su desconfianza.

—Soy un amigo —responde Yoonseo, aunque su tono no le sale muy convincente.

—Bueno, tenga presente que yo también lo soy. El dueño es como su hermano y ese chico que vino hace rato a traer sus cosas, no es exactamente de los que escucha primero antes de actuar —advierte el hombre alto. Su tono amenazante le dice que Jimin por lo menos no está tan solo.

—Bien, supongo que me estás intimidando. ¿Te parezco alguien peligroso?

—Solo digo que es raro que un hombre de traje caro venga cada martes, se quede mirando por horas al novio del jefe y solo beba un trago —explica el hombre marcando la desconfianza.

—No soy un psicópata si eso piensas —responde, sintiéndose cada vez más irritado.

—Solo digo que ese chico de allí no está solo —concluye el hombre de los hoyuelos, dejando la bandeja en sus manos antes de darle la espalda.

Yoonseo entra a la habitación y consigue a Jimin acostado en la cama, sollozando. Al verlo regresar, Jimin se muestra aliviado, pero sin poder detener sus lágrimas.

—P-pensé... lo-lo siento... yo... yo —Jimin comienza a hipar, incapaz de hablar coherentemente.

Yoonseo camina a prisa hasta donde Jimin, casi por instinto. Como si su cuerpo supiera qué hacer... o quizás, como si su mente cediera ante el anhelo de consolarlo.

—Shhh... ven, vamos a tomar esto, ¿sí? —rápidamente le entrega uno de los vasos con agua caliente y la bolsita de té, añadiéndole una cucharadita de azúcar.

—Tú... estás mojado...

—Me voy a duchar. Pero toma esto, por favor —insiste un poco más hasta logra que Jimin de un primer sorbo a su té.

Ambos se miran, de cerca.

Jimin siente una extraña confusión en su mente y corazón porque esa mirada lo desarma. Piensa que el destino está siendo cruel... muy cruel.

El hombre martes también mira a Jimin, su rostro demacrado y enrojecido por el llanto, su delgadez y aún así le parece el chico más hermoso que ha visto en su vida. Sacude su cabeza y se aleja, buscando desechar cualquier pensamiento que le confunda su mente.

En el baño, Yoonseo se permite llorar un poco mientras se quita cada prenda. Los recuerdos se arremolinan en su cabeza.

Recuerda cada detalle de su vida pasada. A pesar de todo el dolor, todavía quiere cuidarlo, abrazarlo y consolarlo.

Sale de la ducha y mira su reflejo en el espejo. Hace mucho que aceptó quién es ahora. Es lo único que necesita para seguir adelante: saber quién es ahora y olvidar quién fue.

Aunque cada día siendo Yoonseo, es asfixiante, amargo y gris... muy gris. Porque su color era un chico rubio, tímido y perfectamente hermoso. Un chico que con sola una sonrisa iluminaba su día de colores.

Sale del baño con ropa deportiva limpia. Se acerca a Jimin, quien está envuelto en la gruesa colcha, tomando su té tal y como se lo había preparado.

—¿Estás mejor?

Jimin asiente.

—¿Quién eres? —pregunta Jimin en un susurro antes de tomar un sorbo de té.

—Choi Yoonseo. Consultor Jurídico.

Jimin suelta una lágrima solitaria, como si esa respuesta doliera más de lo esperado. ¿Qué esperaba realmente?

—¿Jimin? ¿Quieres hablar? —pregunta Yoonseo y Jimin asiente levemente.

—Si te cuento todo, ¿me dices quién eres?

Yoonseo toma aire y decide prepararse un poco de té. Toma un vaso de plástico y sumerge la bolsita en el agua caliente.

—Te lo dije. Soy Choi Yoonseo.

—Está bien —Jimin suelta una sonrisa nasal sin ganas—. Eres Choi Yoonseo. ¿Te puedo llamar Yoon? —pregunta con cautela y la voz quebrada.

Yoon se tensa pero concede la petición.

—Si... no hay problema.

—Yoon... —dice Jimin con los ojos cerrados.

—¿Me vas a contar?

—Sí, Yoon, te voy a contar. Te diré todo.


—¿Puedo secarte el cabello? —pregunta Jimin tímido, esperando una negativa. Pero para su sorpresa, Yoon le extiende una toalla seca y se sienta en la orilla de la cama, dándole la espalda.

Sin perder tiempo, Jimin se acerca y comienza a masajear. No era correcto; era un extraño. Pero cada movimiento se le hacía familiar, entrañable.

—Hace seis años conocí a alguien —comienza a relatar Jimin—. Estaba en la universidad y me tocó hacer un proyecto. Estaba tan perdido que tuve que solicitar un tutor. Me lo asignaron. El chico más lindo que jamás había visto —hace una pequeña pausa para ajustar la bata de baño; hace mucho frío.

—Arrópate de nuevo. Yo termino de secar mi cabello —pide Yoon, pero Jimin no se lo permite.

—Él era muy paciente conmigo —continúa Jimin con una sonrisa y el tono ligeramente más alegre pero con rastro de nostalgia—. No solo me ayudaba en el proyecto, también en otras áreas. Lo veía a diario. Hablábamos cada noche antes de dormir. Lo supe, ¿sabes? —Yoon no podía verlo, pero podía imaginar su sonrisa.

—¿Qué supiste?

—Que era él. Lo sentí. Enamorarme de él fue lo más fácil que he hecho en mi vida.

Yoon quería hacerlo callar, pero escucharlo le hacía anhelar volver a esa época. No dice nada, aguanta las lágrimas y se dedica a escuchar muy a pesar de que su corazón se sienta nostálgico y anhelante.

—Pasaron los meses y él era parte de mi rutina. Nos hicimos cercanos. Mi cumpleaños se acercaba, así que mis amigos, Taehyung, ¿sabes? El del bar, incluso Jungkook, me organizaron una fiesta de cumpleaños. Obvio que él participó; fue quien propuso la fiesta en primer lugar. Estaba feliz ese día, pero no me sentía pleno. Quería algo y esa noche me llené de valentía y le pedí hablar.

Jimin seca sus lágrimas. No se había dado cuenta de que sus mejillas estaban muy empapadas. Mira los hombros de Yoon y su cabeza gacha, quiere verle el rostro, pero decide dejarlo tranquilo.

—Esa noche lo busqué después de que cantamos cumpleaños. Lo llevé a una terraza y justo cuando le iba a pedir que fuera mi novio, él me interrumpió —Jimin suelta un pequeño gruñido de frustración al rememorar—. Me tomó por las mejillas y me dijo: “Hoy no, Jiminie, es tu cumpleaños”. Acababa de cumplir veintiún años y quería llorar como un bebé. Pero me abrazó, lo hizo tan fuerte que me sentí nuevamente seguro, seguro de mis sentimientos por él. Él tenía ese don; solo un abrazo le bastaba para darme la paz que tanto necesitaba.

—Quizás... quizás él se sentía igual. Abrazarte, digo... sentía paz al abrazarte —dice Yoon luchando con el nudo en su garganta y el peso en su pecho.

—No sé, nunca lo dijo, pero creo que tienes razón —Jimin baja su tono, entristecido.

—Continúa.

—La semana siguiente me invitó a hacer escalada. Él odiaba la actividad física y aun así me invitó. Recuerdo su cara de pánico por las alturas y yo reía. Se molestó, adoraba hacerlo molestar... era muy tierno. Subimos hasta llegar a la cima. La vista era hermosa y, para mi sorpresa, había una manta y una cesta de picnic. Lo había preparado, ¿puedes creerlo? El decía que no era muy romántico pero sí lo era, o por lo menos cuando se trataba de mi.

—Tal vez intentaba ser romántico porque pensaba que eso te gustaba —dice Yoon tratando de ocultar lo difícil que era siquiera hablar.

—Tal vez... la verdad es que si me gustaba cualquier cosa de él — Jimin sonríe un poco y continua—. Me besó, por primera vez me besó, y fue el mejor momento de mi vida —su voz se quiebra y hace una pausa antes de continuar—. A veces me da miedo olvidarlo...

—Algo así es imposible de olvidar.

Jimin se sienta de nuevo en la cama y recuesta su espalda contra la de Yoon. Respira varias veces y se forza a seguir relatando.

—Desde ese día fuimos novios. Cada día, cada aniversario, cumpleaños o navidad, todo junto a él era hermoso. Peleamos varias veces, pero nunca dormíamos sin estar abrazados, por muy molestos que estuviéramos —Jimin hace otra pequeña pausa y respira profundo antes de continuar —. En nuestro cuarto aniversario, me dijo que quería viajar a Canadá conmigo. Quería casarse. Las personas te dicen que sufren todo el tiempo; yo no conocía ese término. Estaba viviendo la mejor parte de mi vida sin darme cuenta.

Yoon siente en sus espalda cómo Jimin se estremece. «Quizá es culpa», se dice pero lo cierto es que ya no sabe en qué creer.

—¿Por qué no se casaron? —pregunta Yoon sin mostrar emoción, pero Jimin puede notar la rabia en su tono.

Jimin, una vez más, toma una bocanada de aire y la deja salir, se permite ser valiente para contar esta parte de su historia.

—La familia de Yoon es gente adinerada. Se enteraron de sus planes de matrimonio en Canadá. Le dijeron que estaba loco si pensaba que ellos iban a aprobar un matrimonio homosexual en la familia. Yoon siempre luchó contra ellos, especialmente contra su hermano mayor. Sé que lo amaba mucho. Me partía el alma escucharlo llorar a escondidas después de discutir con Seokjin.

La voz de Jimin cambia a una más afligida, temerosa. Yoon se siente mal por presionarlo pero quería saber, quería entender porque Jimin decidió romperle el corazón.

»Mi Yoon cambió las últimas semanas, estaba distante, supuse que la situación con su familia lo tenía muy afectado —Jimin dejó salir una sonrisa cargada de ironía—. Un día antes de que todo mi mundo se fuera abajo, la señora Min fue a visitarme. Me dijo que yo era la causa de la infelicidad de su familia y me pidió que me alejara.

Yoon gira abruptamente, sorprendido por ese detalle que desconocía por completo

—¿Te buscó? —interroga Yoon y al notar lo evidente que pudo ser su actitud, vuelve a dar la espalda.

—Sí. Pero no dejé que sus amenazas me alejaran de él. Era tan egoísta que prefería tenerlo conmigo a pesar de ser el motivo de la ruptura con su familia. Quizás si le hubiera hecho caso, él... no sé, he pensado tanto y puedo jurar que prefiero vivir con su odio que con su ausencia.

La respiración de Yoon se hace densa y la presión en su pecho más fuerte. El pitido en su oído se hace presente.

Jimin roza sus dedos. Luego lo toca más hasta sujetar su mano completa.

—Respira, Yoon... uno, dos, tres... Respira —dice Jimin sin soltar la mano, y Yoon escucha su voz, se deja llevar por su sonido apacible—. Solo respira despacio, Yoon... uno... dos... tres... cuatro... cinco.

Yoon se relaja un poco y aunque la sensación de asfixia sigue, siente que puede seguir escuchando aunque a estás alturas tiene miedo.

—Continúa, por favor —logra decir más calmado. Jimin no suelta su mano,

—¿Estás seguro?.

—Sí.

—Seokjin me llamó, quería verme. Me citó en el restaurante del hotel Imperial Palace.

—¿Se-Seokjin?...

—Déjame terminar, por favor —pide Jimin, temeroso y con la voz rota al tener que revivir esa noche. Pero tenía que hablar de lo que pasó ese día—. Mi novio estaba en una reunión y no podía responder mis mensajes, aunque, últimamente no contestaba mis mensajes con rapidez esa última semana —recuerda Jimin con mucho dolor—. Quería verme con Seokjin; quizás podía llevarme bien con él y que mi novio y él arreglaran sus problemas. Pero Seokjin me llamó alterado para decirme que no fuera y que, si su madre me llamaba, la ignorara. Lamento tanto no escucharlo ese día... y él también, mucho de hecho.

Yoon siente su respiración pesada. No, definitivamente no estaba listo para saber. No quería enfrentarse al hecho de que quizás estaba equivocado todo el tiempo.

—¿Q-qué pasó? —Yoon está temblando.

En su nueva vida, había buscado a Seokjin y, por cosas del destino, su empresa consultora tenía contrato con la empresa de los Min.

—Lo que pasó solo lo sabe Seokjin. No tuve el valor de decirle a nadie, a pesar de que me gané el odio de muchos —Jimin se remueve de su lugar y aprieta más fuerte la mano de Yoon, buscando en el tacto más valor para continuar—. La señora Min estaba acompañada por unos hombres. Me... me sujetaron del brazo —tiembla, y esta vez fue Yoon quien afianza el agarre—. Me llevó al ascensor. Allí me inyectaron algo; p-perdí el control de mi cuerpo y...

Yoon se levanta de golpe de la cama, haciendo que Jimin se sobresalte. Tapa sus oídos, no era capaz de escuchar el resto. Pero mira a Jimin, abrazado a sus piernas, llorando silenciosamente, y se lo imagina llorar así por esos dos años cuando él solo se dedicó a odiarlo.

—Sigue.

—¿Sabes?, no sé qué me dieron, nunca me hice un examen para saber qué fue, pero estuve consciente todo el tiempo. La impotencia de no mover mi cuerpo me desesperaba. Y-yo... yo sentí cuando me quitaron la ropa... toda. Tenía miedo, mucho miedo —tapa su rostro con las manos y ya no puede controlar los temblores y el llanto—. Uno de los hombres también se quitó la ropa... quise gritar... no pude, Yoon, no pude... traté una y otra vez pero no pude... perdóname por favor —Jimin oculta su rostro en las piernas.

Yoon se acerca, afligido, sintiéndose culpable... miserable. Lo abraza, lo abraza tan fuerte que desea no soltarlo nunca más.

—Perdóname, bebé —Yoon besa su coronilla y trata de consolarlo. También llora. La tristeza y la culpa corroen su mente.

Bebé... Jimin lo escucha llamarlo así y suelta otro sollozo fuerte. Se sujeta de ese cuerpo desconocido pero consciente de que esa mirada es única y que jamás podría olvidarla.

—Llegó mi novio, mi héroe y sentí alivio por un segundo porque ese desgraciado no hizo más que tocarme. Solo hizo eso... ¿entiendes?, no llegó más lejos. Aún estoy limpio. ¿Me crees, verdad? —trata de aclarar Jimin, alterado.

—Tranquilo, bebé... tranquilo, estoy aquí.

—Me miró con odio, sentí su repudio. Yo no podía hacer nada, no pude moverme para evitar que saliera corriendo —llora aún más y Yoon solo lo abraza para llorar con él —. Yo lo maté. Murió por mi culpa... él... él murió odiándome.

Yoon se quiebra por completo. Se permite llorar porque la verdad lo desgarra. La culpa por no rescatar a Jimin y dejarse engañar tan fácil. La culpa por sentir que nubló su amor con esa imagen y preferir creer en una infidelidad que su madre estuvo alimentando varias semanas. La culpa de odiar al ser que amó, que siempre ha amado.

Y lo abraza porque no puede hacer más.

Ese día llovió demasiado. Condujo tan rápido, lleno de dolor y desasosiego. Ver a Jimin, a su Jimin entre los brazos de un hombre sin poner resistencia. Llamó a Jungkook alterado, contando lo que había visto. Ya su mejor amigo sabía de sus dudas de infidelidad. Jungkook fue testigo de las veces que tuvo que llorar porque no podía aceptar que su novio le era infiel, a pesar de que su madre le había mostrado unas fotos, falsas al parecer.

No escuchó el claxon del camión frente a él, y Jungkook dejó de escucharlo después de un ruido estruendoso. Todo el mundo de Yoon se había ennegreció.

—¿Quién eres? —pregunta una vez más Jimin entre el llanto. Yoon busca el rostro de Jimin y besa sus lágrimas en cada mejilla—. Por favor, dímelo —suplica en un murmullo lastimero, aferrado a una fantasía.

—En mi mesita de noche, había un libro. Uno que me regalaste —dice Yoon, y Jimin suelta un sollozo más sonoro. Yoon le limpia las lágrimas con el pulgar—. Allí tenía unas notas, quería hacer mis votos. No dejé que me pidieras ser tu novio en tu cumpleaños porque fui egoísta, quería ser yo quien te lo pidiera. Sabía que te gustaba la escalada, así que organicé ese picnic en ese mirador después de escalar. Me sentí tonto, pero verte tan brillante, sonriente, feliz, nubla todo en mí; mi orgullo, mi vergüenza, mi egoísmo. Te amo, Jimin —termina Yoon, citando las últimas frases de los votos.

Jimin tiembla en los brazos de Yoon.

—¿Co-cómo es posible? Dime, dime por favor... necesito escucharte. ¿Quién eres? —suplica sin soltar el agarre de Yoon.

—Soy... soy Min Yoongi, amor.


Se abrazan frente a frente por un largo rato, acostados en la cama, envolviendo sus cuerpos, con el temor de despertar y que todo fuera un sueño. Jimin no deja de ver el rostro de Yoongi. Quería memorizarlo.

—Tienes la piel tan bonita —susurra pasando el dedo índice por la mejillas de Yoongi —. Me gustan tus ojos... y tú nariz —toca la punta de la nariz y sonríe con timidez—. Eres muy guapo. ¿Cómo es posible?... ¿Realmente eres tú?

—Cuando te vi fue... Lo siento, me dejé engañar y permití que te hicieran daño —Yoongi abraza con más fuerza y mete su rostro en el cuello de Jimin.

—No tienes la culpa. Mi Yoonie, mírame. No es tu culpa —Jimin hunde sus dedos en la cabellera. Se siente diferente y al mismo tiempo familiar.

—Te odié. Salí de allí herido. No paraba de llover y manejé sin control. No recuerdo mucho después de eso. No hasta que desperté. Confundido. Habían personas llamándome por otro nombre. No dije nada, no recordaba mucho. Por un tiempo creí que era Choi Yoonseo. Pero soñaba contigo, cosas hermosas la mayoría de las veces. Con el tiempo me hice más consciente, no era Choi Yoonseo, recordé todo. Vi a Jungkook una vez y de repente lo extrañé. Necesitaba por lo menos a mi mejor amigo, pero ahora es... distinto.

—Le afectó mucho tu muerte, Yoonie. Estuvo detrás de línea todo el tiempo hasta que la llamada se cortó. Me culpó. Por eso me odia.

—Lo siento, bebé. No te busqué, incluso después de la muerte creí el engaño de mi madre. Te hizo daño, amor... Mi Jiminie...

—Yoongi, amor bonito, no llores así —consuela Jimin al escuchar los sollozos y sentir la humedad en su cuello debido a las lágrimas—. Estás aquí. Es un milagro... estás conmigo.

—Pensé que mi madre se quitó la vida por el dolor de perderme... creo que no pudo soportar la culpa.

—Seokjin sufrió mucho. Los perdió a ambos en menos de una semana. ¿Sabes? me buscó y de algún modo quiso ayudarme. Después de todo, si nos llevamos bien, es buen hyung.

Seokjin no era el hombre alegre y sonriente actor en ascenso que una vez fue. Ahora era un CEO que según la prensa, lo catalogó como el heredero de la empresa de los Min gracias a la prematura ausencia de su madre y hermano. En su rostro podía ver su infelicidad.

Yoongi sonríe aliviado de que su hermano y su novio se conocieran.

—Lo busqué. Logré ser su consultor.

Jimin muerde su labio y sonríe.

—¿Cómo es que eres consultor jurídico si estudiaste Negocios? ¿Recuerdas tu otra vida?... ¿la de Yoonseo?

—No sé nada de él aparte de lo que me han dicho familiares —admite Yoongi y vuelve a mirar el rostro de Jimin—. Todos creen que solo tengo amnesia. Pero conozco el manejo de mi... de la empresa Min como la palma de mi mano, así que no fue difícil hacerme consultor de Seokjin. De hecho, jugamos tenis de vez en cuando. Ha tratado todo este tiempo de presentarme a alguien... ¿puedes creer? Incluso cuando le dije que tenía...

Yoongi calla. Había olvidado ese detalle.

—Dilo, ya me lo imaginaba —dice Jimin desanimado y por un momento afloja el agarre del abrazo, pero Yoongi no se lo permite.

—Ella no significa nada...

—Ella —repite Jimin sin atisbo de emoción—. Tengo sed. Voy a buscar agua.

Yoongi no le permite moverse. Lo conoce, quiere poner distancia pero no se lo va a permitir.

—Voy a terminar. Lo haría ahora... lo voy hacer ahora. Espera un segundo —Yoongi se levanta y busca entre sus cosas el celular.

—¿Vas a terminar por mensaje?

—Sí... ella entenderá. —Al encender el móvil, las notificaciones llegan una tras otra. Lee unos mensajes por encima y empieza a teclear—. No está muy contenta pero...

Sin darle tiempo de terminar, Jimin le quita el teléfono.

—¿Qué haces? Es muy feo terminar así —Jimin mira la hora en el celular—. Son las dos de la madrugada. ¿Vas a terminar con ella por mensaje en la madrugada?

Yoongi se acerca poco a poco y, entre risas y miradas cómplices, comienzan a forcejear por el celular.

—Dame, Jiminie, no seas rebelde —dice algo juguetón al ver que Jimin ahora rie, rie de verdad.

—¡No! Y no puedes conmigo, ya no eres tan alto, somos iguales —dice entre risas mientras escapa del agarre de Yoongi.

—Soy fuerte... no lo parece pero lo soy. A Yoonseo le gustaba ir al gimnasio —afirma Yoongi y ve cómo Jimin se escabulle al otro extremo de la cama.

—Eso suena a que ese cuerpo no ha entrenado en... déjame pensar. ¿Dos años? —Se burla Jimin, pero la risa lo distrae y los brazos de Yoongi lo rodean hasta llevarlo de nuevo a la cama— ¡Eres un maldito tramposo!

Yoongi y Jimin rien a carcajadas, juntos. La cercanía entre ambos los hace callar, y las respiraciones agitadas es lo único que escuchan del otro.

Jimin mira atento el rostro de Yoongi, de su ahora Yoongi. Lo había observado por semanas, ahora tenerlo cerca y confirmar que es él le parecía irreal. Se da cuenta de que Yoongi tenía la vista fija en sus labios y, sin saber por qué, muerde su labio un poco.

Siente cómo Yoongi se estremece por el gesto. No conoce al hombre frente a él, pero reconoce cada gesto de su Yoongi. Su manera de levantar la ceja y cómo relame su labio inferior antes de morderlo cuando está ansioso por algo.

Jimin observó al hombre martes durante mucho tiempo y llegó al punto de creer que estaba loco. Ese desconocido se movía igual que su Yoongi, caminaba igual que su Yoongi, se vestía igual que su Yoongi.

—Esta noche... Me salvaste —dice Jimin al recordar.

Yoongi cierra los ojos y se acerca un poco más al rostro de Jimin, haciéndolo estremecer aún más por el pequeño roce de sus narices.

—No sé a qué deidad le debo agradecer por haberme encontrado contigo hoy, amor —susurra Yoongi y abre los ojos lentamente—. ¿Puedo besarte?

Jimin asiente en respuesta sin meditar si es correcto o no.

Lentamente, Yoongi une sus labios. Besa lentamente a Jimin y el amor que tanto guardó en el fondo de su alma volvió a arder, dando vida a ese cuerpo que no sentía como suyo pero que sin duda le pertenece.

Jimin, por su parte, siente que cada pedazo de él es reconstruido. Siente cómo Yoongi agarra pieza por pieza y la coloca en su lugar con casa toque.

El beso se vuelve más anhelante, más deseoso. Yoongi deja que sus manos viajen dentro de la bata de baño. Su chico ahora tiene un cuerpo delgado, muy bajo peso. Pero aún así, lo ama. Y se promete estar con él mientras sana.

—Jimin, te extrañé, amor... Te extrañé tanto... Perdóname —dice Yoongi mientras besa el cuello de Jimin con devoción y deseo. Un gemido de Jimin le dice que está igual de ansioso.

—Yoon... Yo... Yoon, ya sabes... — Jimin trata de hablar entre gemidos y jadeos. Pero no puede dejar de pensar que ya no es el mismo hombre de antes—. Aún... aún, después de lo que ya sabes... ¿me deseas? No me tocaron mucho, lo prometo. ¿Me crees? —pregunta con miedo.

Yoongi se detiene.

—Amor... Siempre te voy a desear. Pero si no estás listo, está bien. Te voy a ayudar a superar esto, ¿sí? —besa suavemente los labios de Jimin.

—Podemos, quiero hacerlo...

—Bebé, ya nos reencontramos. Tenemos todo el tiempo del mundo para esto y otras cosas más.

—De verdad lo quiero, Yoon... Quiero... —se sonroja un poco antes de continuar—. ¿Puedo tocarte? P-por favor.

Jimin en la terapia entendió que aunque no fue violado con penetración, fue abusado. Tocaron su cuerpo de forma lasciva, no era algo fácil de superar. Sin embargo, la terapia ayudó a que el miedo se mitigara, porque sí, tuvo miedo por mucho tiempo y le avergonzaba admitirlo.

Ahora frente a Yoongi, quiere darse la oportunidad de sentir placer, pero ahora su miedo es que Yoongi no lo vea igual.

Yoongi, por su parte, piensa en si es correcto continuar o no, pero un beso de Jimin justo debajo de su oreja lo hace perder la razón.

Los jadeos se vuelven cada vez más altos. Yoongi besa el torso de Jimin y lleva su mano a través del bóxer de su chico para conseguir su dureza. Al fin podía sentirlo, tocarlo.

Sin embargo, otra cosa asalta la mente de Jimin.

—N-novia... tienes... —gime al sentir la mano de Yoongi recorrer su erección—. Mierda, Yoongi, tienes novia —dice jadeante y Yoongi se detiene.

Frustrado, Yoongi palpa la cama en busca del celular.

—No es correcto...

—Quiero hacerle el amor a mi novio y no quiero que absolutamente nada ni nadie me lo impida —afirma Yoongi tecleando.

Las palabras hacen que las mejillas de Jimin se sonrojen.

—¿Tu novio? —repite y al decirlo en voz alta, siente su rostro calentar aún más.

Yoongi escribe con rapidez y apaga el celular de nuevo. Se abalanza hacia Jimin y lo toma con firmeza por la cintura

—Sí, mi novio —besa su mentón y luego las mejillas—. Mío, solo mío... ¿Verdad?

Por supuesto, aunque parece otro, es Yoongi, y Min Yoongi siempre fue posesivo con su adorado novio.

—No hay nadie... y técnicamente no hubo nadie. No he cogido con nadie aparte de ti, eres el único.

Yoongi pega su frente a la de Jimin y niega.

—Soy horrible, no debo emocionarme por eso. Soy tan asquerosamente horrible por sentirme así, eres mío... pero dime, qué quiere decir eso de técnicamente —demanda Yoongi mientras pasa su lengua por eso labios que lo está haciendo enloquecer.

Jimin sonríe porque le gusta. Amaba las reacciones celosas de su novio que nunca llegaron al punto de ser agresivas. Jimin debe admitir que es mucho más celoso, más posesivo. Que sintió satisfacción de ver a Yoongi terminar con su supuesta novia solo para estar con él.

—Soy tan tuyo como tú ahora eres mío. Ya te dije, en toda mi vida solo he cogido contigo... pero una noche Jungkook se negó a atenderme y me fui a otro bar — Jimin medita si es buena idea o no continuar, pero el tema de la novia no lo tiene conforme así que sí, se lo va a contar —. Allí había alguien, bailamos y bueno...

—¿Bueno qué, Jimin? —espeta Yoongi, afirmando su agarre. Muerde el labio inferior de Jimin sin hacerle daño, demandando una respuesta clara.

—Le dejé hacerme sexo oral.

Yoongi aprieta los ojos. Odia eso, odia pensar en su novio con otra persona. Los celos lo consumieron en el pasado, literalmente, pero eso fue un engaño. Esto es real, esto sí pasó.

Al ver cómo Yoongi no responde, Jimin se arrepiente de haberle contado.

—¿Cambiaste de opinión acerca de mí? ¿Me ves repudiable porque otros me tocaron? —pregunta Jimin. Además de la desagradable experiencia, está el tema del abuso. ¿Realmente Yoongi lo aceptaría?

«Yoongi tuvo novia todo este tiempo», piensa Jimin y una oleada de inseguridad lo azota.

—No, jamás me vas a parecer repudiable... es solo que... es mi culpa, no puedo decir nada porque todo es mi culpa —admite Yoongi, dolido.

—¿Tuviste relaciones sexuales con ella? —pregunta Jimin, suponiendo que así fue. La esquiva mirada de Yoongi le confirma que sí—. No tienes derecho a decirme nada...

Jimin trata nuevamente de salir de los brazos de Yoongi y esta vez sí puede zafarse.

—Entiéndeme, amor...

—¡Estoy tratando! ¡Lo estoy intentando! —grita Jimin y busca en la nevera una botella de agua, la abre y toma un sorbo. Se siente mareado, cansado—. Nunca he dejado de amarte. Esa noche estaba tan mal, tan deshecho. Me sentía tan... ¡maldición Yoongi, no sabes nada! No sabes cómo intenté destruirme. Esa noche fue el aniversario de tu muerte y si no fuera por Taehyung, esa persona habría hecho algo peor porque yo estaba casi inconsciente por el alcohol.

La declaración dolorosa de Jimin le parte el corazón una vez más a Yoongi.

—Jimin amor — Yoongi trata de acercarse, pero Jimin vuelve a alejarse. Ahora es Yoongi quien no puede controlar las lágrimas.

—¡No! Porque mientras yo quería morir para reencontrarme contigo, tú... tú te estabas revolcando con tu maldita novia, viviendo tu maldita vida feliz.

Jimin se deja caer de rodillas y llora. Yoongi lo abraza y busca sus mejillas para besarlas.

—Perdóname... por favor, perdóname. Por no creerte, por no cuidarte, por abandonarte — Yoongi no puede evitar hipar entre sollozos. La culpa le desgarra el alma—. No merezco esta segunda oportunidad... debí... debí morir ese día.

Jimin alza la mirada y ya no está cargada de resentimiento, solo sigue lastimado.

—No digas eso... por favor, no lo digas —pide Jimin en una súplica lastimera. No sé cree capaz seguir viviendo su no es con Yoongi.

No importaba la terapia, lo mucho que todos le decían que debía seguir su vida. Que no fue bueno depender emocionalmente de Yoongi y que no era bueno vivir culpándose por su muerte. Pero Jimin no escuchaba porque la realidad, su realidad es que Yoongi lo es todo, siempre lo será.

—Es verdad, no tengo derecho y... —intenta continuar Yoongi, pero el llanto le ahoga las palabras, se siente lo peor—. Mi amor, no te merezco... mereces a alguien mejor que yo... entenderé si ya no me quieres a tu lado...

—No... no no no, no puedes dejarme. Por favor, no me dejes — Jimin lo abraza con terror, el miedo de perderlo cala en sus huesos—. Te lo pido, no me dejes.

—Nunca... a menos que me lo pidas —Yoongi busca el rostro de Jimin y besa los labios húmedos por las lágrimas—. No podría. Prefiero morir de nuevo.

—No quiero estar aquí... ¿me llevas a casa? —pide Jimin.

—Sí, amor, vamos a casa.


Al salir del motel, notan que ha parado de llover; sin embargo, la brisa de la madrugada es helada. Yoongi ajusta la gabardina que Jimin lleva puesta, lo único que viste.

Yoongi lleva a Jimin hasta su automóvil, le abre la puerta del asiento del copiloto y le pone el cinturón de seguridad cuando se sienta. Cuando está frente al volante, duda porque no sabe si Jimin aún vive en el apartamento que una vez compartieron o si tuvo que prescindir de él debido al alto costo de mantenerlo. Después de todo, ese apartamento era un lujo del cual Min Yoongi podía disfrutar sin problemas, pero Jimin no.

—Sigo en nuestra casa... Seokjin no me permite mudarme —aclara Jimin.

Yoongi sonríe aliviado.

—Necesito abrazar a mi hermano y agradecerle mucho.

—Es un buen hyung.

Yoongi asiente y maneja directamente al complejo de apartamentos. Al llegar, se da cuenta de que Jimin ha caído profundamente dormido. Por un momento, se permite observarlo. ¿Algún día se perdonará por hacerlo sufrir? No, jamás se perdonará, pero tomará esta segunda oportunidad para hacerlo feliz.

—Amor, ya llegamos —despierta suavemente a Jimin y este se remueve un poco negándose a despertar. Yoongi sonríe ante la ternura de su novio—. ¿Quieres que te cargue?

—¿Puedes? —pregunta Jimin somnoliento y deja escapar una pequeña sonrisa.

—Podría intentarlo.

—Ya, mejor vamos caminando.

Ambos suben por el ascensor sin separarse en ningún momento. Yoongi introduce la clave para ingresar al apartamento, que sigue siendo la misma desde que se mudaron por primera vez, la fecha de su aniversario.

Al entrar, Yoongi se sorprende. El lugar está exactamente igual que como lo recordaba. Incluso en la entrada hay un abrigo negro que le pertenece, al parecer Jimin nunca lo movió de allí. Avanza por el lugar; todo parece limpio, en orden... excepto el sofá.

—Lo siento... — Jimin agarra la colcha y la almohada del sofá.

—¿Duermes aquí? —pregunta Yoongi porque le intriga que haya cosas de Jimin que solía tener en su mesita de noche y que ahora están en el piso al lado del sofá. Una pequeña lámpara, su portátil, libros y una fotografía de los dos en el mirador.

Sin pedir permiso, va hacia la habitación. Todo está en orden, demasiado.

—No he dormido aquí en los últimos dos años, no me culpes por favor —admite Jimin detrás de él y Yoongi siente que su corazón no puede doler más.

Su Jimin ha sufrido.

—Amor, no me va a alcanzar la vida para pedirte perdón — Yoongi se acerca a su novio y lo besa.

El beso al principio es suave, incluso tierno. Pero en el momento en que la gabardina se afloja, dejando entrever un poco la clavícula de Jimin, Yoongi se deja llevar nuevamente por el deseo.

Besa el cuello de Jimin y baja hasta su hombro. Jimin, en respuesta, abre más la gabardina, dejando su cuerpo expuesto.

Yoongi da un pequeño paso atrás y observa el cuerpo de su novio. La excitación nubla todo pensamiento; tenía mucho tiempo sin sentirse así. Odiaba usar pastillas para responder a su novia; en cambio, con Jimin es tan natural el deseo salvaje e intenso que lo invade en cuestión de segundos.

—Eres tan hermoso — Yoongi pasa suavemente su dedo índice por el centro del pecho de Jimin y lo baja hasta tocar sobre la tela el miembro erecto —... tan sexy.

Jimin siente que arde. Ver el deseo de Yoongi hacia él, hace que su cuerpo se estremezca. Quizás no es el mismo rostro, el mismo cuerpo, la misma voz, pero es la misma mirada deseosa y hambrienta que siempre vio en su novio.

—¿Vamos a nuestra cama? —pregunta Jimin y en respuesta, Yoongi lo toma de la mano e ingresan a la habitación.

Jimin deja caer la gabardina y se sienta en la cama en una clara invitación.

—No te imaginas las ganas... quiero... —La respiración errática de Yoongi no lo deja hablar con coherencia. Se quita la parte de arriba y se abalanza sobre Jimin en un beso apasionado —. Siento... creo que me voy a venir solo con tocarte.

—Hazlo, tócate primero, encima de mí —pide Jimin en medio de jadeos y Yoongi se estremece ante la solicitud —. Quiero tenerte dentro lo más que puedas.

Yoongi, haciendo caso a lo que su lindo novio pide, se quita la ropa. La mirada de Jimin concentrada en su erección mientras la maneja frente a él, solo hace que arda más de deseo.

—Déjame verte, bebé —pide Yoongi en un tono deseoso y desesperado, arrodillado frente a su novio.

Jimin se quita el boxer y se toca de la misma manera, dejando salir un gemido placentero. Yoongi se acerca y lo besa. Se posiciona arriba de él y ambos miembros rozan con la ayuda del movimiento de cadera de Yoongi.

Yoongi sujeta la cintura de Jimin para afianzar sus movimientos y con la otra mano la entrelaza con la de Jimin. Su cuerpo está desesperado por el contacto de su novio, siente que no es suficiente.

Yoongi besa los labios de su novio torpemente. Siente el calor del cuerpo de Jimin, su respiración, sus jadeos y cómo vibra su cuerpo. Siente la humedad en su propia erección gracias al orgasmo de su novio y siente estallar de placer cuando nota los espasmos en el cuerpo de Jimin. Yoongi se deja llevar, acompañando el intenso clímax con un gemido ahogado en la boca de Jimin mientras repite su nombre varias veces.

—Te amo... —confiesa Yoongi mientras besa sutilmente el rostro de Jimin —. Te amo mucho.

—Quiero más —dice Jimin aún en medio del éxtasis y mueve sus caderas de forma sugerente —. Necesito más.

Yoongi sonríe al recordar que su tierno y adorable novio era muy demandante en el sexo. Al parecer, sigue siendo igual.

—Lo sé, bebé. ¿me quieres dentro? —pregunta antes para asegurarse. Y la verdad es que Yoongi muere de ganas porque está muy lejos de sentirse saciado.

—Hoy... por hoy lo quiero así —la voz de Jimin cargada de lujuria solo hace que incrementen las ganas de Yoongi.

—Tengo que prepararte, amor.

Jimin suelta un suspiro ansioso y toma la mano de Yoongi, llevándola hasta donde está la humedad por sus orgasmos

—Usa esto... lo siento, no tengo lubricante —dice con picardía.

Yoongi no demora en hacerle caso y mientras tiene dos dedos en el interior de su novio, le susurra al oído:

—No sabes lo mucho que necesitaba escucharte gemir, tenerte así. Eres tan jodidamente sexy, nadie en lo absoluto puede ponerme tan caliente como tú — Yoongi toma el mentón de Jimin con firmeza y demanda en un tono serio —. Abre las piernas para mí.

Jimin obedece preso del placer que solo Yoongi sabe darle

—Dime, más... dime qué tanto deseabas hacer el amor conmigo.

Yoongi acomoda su pene en la entrada dilatada y empieza a entrar suavemente mientras escucha los jadeos de Jimin

—Mi Jiminie, no tienes idea... mierda, era tan delicioso —besa los labios de Jimin y este solo mantiene los ojos apretados mientras se acostumbra a la intromisión de su novio

—¿Más que ella? —pregunta Jimin entre jadeos que ahora son de placer.

Yoongi agarra las mejillas de Jimin con fuerza para que lo mire

—Ella no se compara jamás contigo, ella no es nada delante de ti. Tú eres tan mío como yo soy tuyo.

—Hmm... que rico se siente —gime Jimin conforme con la declaración de Yoongi —Eres solo mío.

Yoongi empuja con más fuerza para reafirmar esas palabras.

Jimin se levanta y con un giro desesperado, hace que Yoongi quedé acostado boca arriba.

—¿Me vas a montar? —pregunta Yoongi, pero Jimin no responde con palabras, solo se deja deslizar y Yoongi suelta un sonoro gemido que se hace más ruidoso cuando ve a Jimin moverse encima de él —Bebé, te extrañé... no pares... no te detengas.

—Me voy... amor, te amo.

Yoongi se incorpora hasta quedar frente a frente a Jimin y le ayuda a seguir con los movimientos con una mano mientras que con la otra atiende el miembro erecto de su novio.

—Hazlo, vamos, déjame ver qué también te hago sentir.

Jimin arquea su espalda y macha la mano de su novio al tiempo que este besa y lame su pecho con devoción, dejándose derramar dentro de Jimin.

Se dejan caer, exhaustos.

Yoongi no puede recordar la última vez que se sintió tener sexo. Jimin es único y no importa si es este cuerpo o el otro, siempre que sea Jimin quien lo toque, el placer es intenso y exquisito.

—Me siento tan débil, cansado, satisfecho y feliz —dice Jimin sin fuerzas para moverse.

—Está bien, cierra los ojos, yo me encargo.

—Tengo miedo de dormir —acepta Jimin luchando con el sueño —... y que todo esto sea un sueño. Que no estés a mi lado cuando despierte.

—De ahora en adelante, cada vez que despiertes, estaré a tu lado.

—¿Promesa?

—Promesa.

Jimin se duerme profundamente. Al despertar se encuentra en su cama solo y su corazón se encoge en una tristeza dolorosa; lo soñó... no, el dolor en su cintura le recuerda que es real.

El olor a comida lo hace levantarse de la cama. No se preocupa por cubrir su cuerpo desnudo y limpio porque su Yoongi se aseguró de asearlo.

Y allí en la cocina, vistiendo unos pantalones de pijama que una vez le pertenecieron y que eran sus favoritos, estaba Yoongi. Tratando de hacer el desayuno.

Jimin sonrió porque era real, y nada podía quitarle la felicidad que hoy tenía.

Incluso cuando pasaron los días y Yoongi tuvo que enfrentarse a su histérica ex novia y todos esos familiares que pensaron que un Choi Yoonseo había enloquecido por dejar a su novia por un hombre.

No fue sorpresa que todos le dieran la espalda, después de todo, los Choi eran muy conservadores y prejuiciosos, tal y como una vez fue la señora Min.

También cuando, en un salto de fe, Jimin y Yoongi hablaron con Seokjin. Al principio querían ocultar la verdad, pero ambos llegaron a la conclusión de que era mejor sincerarse. Increíblemente, a Seokjin solo le tomó unos minutos asimilar la información. Compartió lo suficiente con Yoonseo como para ver mucho de Yoongi en él. Quizás por eso insistió tanto en presentarle a Jimin.

Con los demás, decidieron que la identidad de Yoongi seguiría oculta. Para el resto del mundo, él sería Yoonseo. Sin embargo, estaba Jungkook.

Jimin decidió que, aunque no le revelara el secreto de Yoongi, iba a aclarar algunas cosas. Para ello necesitó la compañía de Yoongi y Seokjin.

Jungkook escuchó atentamente la versión de Jimin. Siempre había sido alguien alegre, risueño y entusiasta, pero conocer el momento exacto en que murió su mejor amigo lo convirtió en alguien más apagado. A partir de entonces, Taehyung se acercó aún más para apoyarlo; siempre había estado enamorado de Jungkook y su afecto se convirtió en un consuelo. Sin embargo, al escuchar la verdad por boca de Jimin y Seokjin, Jungkook se sintió más abatido que nunca, lo cual llevó a Taehyung, preocupado por su estado, a pedirles a los tres que se retiraran.

Yoongi, por su parte, sintió una profunda impotencia al no poder ayudar a quien una vez fue su mejor amigo. Aceptó, sin embargo, que Jungkook necesitaba tiempo para procesarlo. Dos semanas después, Jungkook finalmente decidió llamar a Jimin para invitarlo a su casa, ya que Taehyung y él querían conocer a su nuevo novio.

Quizás en ese momento Yoongi y Jungkook ya no fueran tan cercanos, pero con el paso de los años, Yoonseo, el esposo de Jimin, llegaría a convertirse en el padrino de bodas de Jungkook y Taehyung en una ceremonia en Las Vegas.

Por su parte, Namjoon y su novio Hoseok tardaron en tomarle confianza al nuevo novio de Jimin. Siempre creyeron que ese tipo elegante de los martes era un acosador de Jungkook. Con el tiempo, olvidaron ese detalle.

—Te amo —dice Jimin mientras Yoongi carga a la bebé de tres meses de nacida de su hermano.

Yoongi sonríe feliz y le modula un “yo también” para no despertar a su pequeña sobrina.

—Aquí están —dice Seokjin al entrar —. Yoon, deja de secuestrar a Yoonjin.

—Cállate, que la vas a despertar —espeta Yoongi de mala gana

—La tienes mimada. Cuando te vas, sufrimos, Yoon —se queja su hermano.

—Me la puedo llevar para que descansen.

—No creo que nonna nos deje —dice Jimin riéndose del puchero de su esposo —. Vamos, vas a ser su tío favorito siempre, ya verás.

—Más le vale.

—¿Sabes que eres el único aparte de Jimin? No tengo cuñados por parte de mi esposa, no seas dramático y vete. No sé... adopta un perro.

Jimin y Seokjin ríen al ver a Yoongi molesto por tener que partir.

—Soy feliz —afirma Yoongi al salir de la casa de su hermano con su esposo tomado de la mano.

—¿De verdad? —pregunta Jimin con fingida incredulidad.

—Sí. No sé qué pasó conmigo hace cuatro años, por qué me gané esta segunda oportunidad. Quiero creer que mi propósito eres tú.

—¿Vuelves con eso?

—Es lo que pienso.

—Soy feliz, amor —Jimin detiene el paso —. Soy feliz porque estás aquí y puedo verte sonreír. Puedo verte con tu hermano y tu nueva sobrina, y puedo hacer parte de tu familia sin prejuicios y críticas. Tú eres mi felicidad, recuerda eso.

Yoongi asiente y besa a Jimin.

—Vamos —dice Yoongi moviendo sus cejas emocionado.

—¿A dónde?.

—A un centro de adopción de perritos, quiero uno.

Jimin ríe y acepta. Porque cualquier cosa que haga feliz a Yoongi, lo hace feliz a él.

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