Orgullo de Invierno

All Rights Reserved ©

Summary

El hielo no perdona la debilidad, e Irina lo sabe mejor que nadie. Con una técnica impecable, ha conquistado el patinaje artístico en Rusia... pero su orgullo ha dejado un rastro de entrenadores que no han soportado su carácter. Ahora, con las competiciones internacionales en el horizonte y sin nadie que la guíe, su futuro en el deporte es todo un misterio. Cuando Klara aparece en su vida, lo hace con la frialdad de alguien que oculta más de lo que muestra. Su forma de entrenar es dura, su actitud es impenetrable y su pasado es un misterio. Entre choques y desafíos, Irina descubrirá que la verdadera batalla no es solo sobre el hielo, sino contra sus propios demonios. Para alcanzar la grandeza, deberá decidir qué es más importante: su talento... o su capacidad de cambiar.

Status
Complete
Chapters
52
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo - Triunfo y soledad

El estadio estalló en ovaciones y aplausos mientras Irina, agotada pero triunfante, permanecía en el centro de la pista de hielo. La fría brisa le acariciaba el rostro mientras cerraba los ojos, respirando profundamente para recuperar su aliento. Su sonrisa resplandecía al saludar al público junto con el destello de los focos reflejándose en su vestido brillante. Con una última reverencia, se deslizó elegantemente hacia el borde de la pista, donde su entrenadora la esperaba, con la furia notable en su mirada.

—¿¡Qué crees que estabas haciendo!? —preguntó su entrenadora con una voz llena de tensión.

—Ganar la competencia, ¿no está claro? —respondió Irina con indiferencia.

—¡Eso no fue lo que ensayamos! —reclamó la entrenadora—. ¡Desafiaste cada uno de los pasos y te arriesgaste innecesariamente!

—Y gracias a eso, ganaré —respondió Irina, sin siquiera mirarla mientras les colocaba los protectores a las cuchillas de sus patines—. Ese programa no era lo suficiente bueno. Decidí mejorarlo un poco, y así pude mostrar lo habilidosa que soy. Aunque, muchos ya lo saben.

—El programa estaba bien, no hacía falta cambiar nada ¿No ves que tu actitud temeraria podría haberte causado una lesión grave?

Irina resopló y se abrigó con su chaqueta, ofreciendo después un saludo a una cámara que la enfocaba a ella. Caminó hacia al área del kiss and cry, ajena a la frustración de su entrenadora. Mientras avanzaba, notó la mirada de los jueces, que aún discutía su actuación con entusiasmo. Era evidente que la actuación de Irina había sido excelente y eso solo aumentaba su ego.

—Irina, necesitamos hablar. Tu actitud y falta de respeto hacia los programas podrían costarte más que un simple regaño —dijo la entrenadora, sujetando a la patinadora del brazo para que se detuviera.

—No sé por qué te preocupas tanto. Ganaré la competencia, ¿no es eso lo que importa?

—No se trata solo de ganar. Este deporte exige respeto y disciplina. Lo que hiciste hoy fue irresponsable y peligroso. Y no es la primera vez que lo haces.

—¡Déjame en paz con tus lecciones! —Irina levantó la voz, moviendo su brazo de manera brusca para que la entrenadora la soltara.

Las miradas pronto se dirigieron a ambas, lo que hizo que tanto la entrenadora como Irina bajaran su voz para no llamar más la atención.

—Podrías haberte causado una lesión grave. ¿Recuerdas lo que le pasó a aquella patinadora alemana hace unos años? Ella también pensaba que era invencible hasta que un mal aterrizaje acabó con su carrera.

—No sé de quién hablas, pero eso no pasará conmigo. Solo las estúpidas se lesionan en este deporte. Ya he demostrado que puedo superar cualquier desafío. ¿Qué más quieres?

—Quiero que entiendas que el éxito no es solo el resultado de tu talento —dijo la entrenadora con un tono más suave pero firme—. Es el fruto del trabajo duro y la disciplina. Si continúas desestimando estos principios, te arrepentirás cuando enfrentes desafíos mayores y no estés preparada para ellos.

—Eso es una tontería. Ganaré hoy, y seguiré ganando —Irina replicó, cruzando los brazos y desviando la mirada.

—No siempre tendrás tanta suerte. Si no cambias tu actitud, un día te enfrentarás a una caída de la que no podrás levantarte —advirtió la entrenadora, mirando fijamente a Irina.

—Si... sí, lo que tú digas —murmuró Irina con desinterés en su voz.

La entrenadora, sabiendo que su patinadora estaba en una actitud de rechazo absoluto, decidió no insistir más. La conversación había llegado a un punto muerto.

Minutos después, llegó el momento de la verdad. Y como era de esperar, la calificación de Irina fue la más alta. A pesar de que aún faltaban patinadoras por competir, ninguna pudo superar su puntuación. La emoción en el estadio creció mientras los espectadores se preparaban para el anuncio final.

—Y el primer lugar en el campeonato nacional es para... ¡Irina Valieva! —exclamó la jueza principal a través del micrófono.

El estadio estalló en aplausos. Irina levantó el trofeo con una sonrisa triunfante y una postura erguida, como si estuviera en el centro del mundo. Su mirada se posó momentáneamente en su entrenadora, y con una sonrisa engreída, movió sus labios para decirle en silencio: ”Te lo dije." La entrenadora negó con la cabeza, su frustración era evidente mientras se alejaba decidida a marcharse del lugar, no estaba dispuesta a seguir trabajando para una deportista así. Irina, ajena a la tensión, continuó agradeciendo al público, ignorando por completo a su entrenadora. En ese momento lo único que le importaba era su victoria.

Más tarde, en los vestuarios, Irina se encontró sola con su trofeo descansando sobre una banca. La satisfacción de haber ganado otro campeonato nacional brillaba en su sonrisa. Y en un momento, una patinadora que pasaba por allí se le acercó con una expresión de admiración en su rostro.

—Felicidades, Irina. Lo hiciste increíble, realmente fue un espectáculo —dijo la chica, notándose realmente feliz.

Irina alzó una ceja y sonrió con aire de superioridad.

—Gracias, pero ya era de esperar. —Se encogió de hombros, como si el reconocimiento fuera algo trivial.

—¿Qué quieres decir? —preguntó la patinadora, visiblemente confundida.

—Oh, por favor —respondió Irina con una risa corta—. Competir aquí fue casi un paseo. Este premio no vale mucho, la verdad. Mi verdadera meta son los juegos olímpicos. Es mi destino y lo que realmente importa.

La otra patinadora intentó mantener la compostura, pero su rostro se tornó serio al sentirse insultada. Porque, a pesar de que había pasado meses entrenando, el premio fue para alguien que no parecía importarle esa competencia.

—Bueno, si eso es lo que piensas, me alegra que estés tan confiada.

—Ya he demostrado que soy la mejor y lo seguiré haciendo—dijo Irina, girando su cuerpo hacia el trofeo.

—Lo que tu digas —expresó con una sonrisa forzada.

Sin nada más que decir, la patinadora se alejó evitando cualquier comentario para evitar una discusión. Esa actitud de Irina era bien conocida en el mundo del patinaje; muchas patinadoras evitaban acercarse a ella debido a su arrogancia. Razón por la que siempre estaba sola y apartada del resto.

Irina, ahora sola en el vestuario, miró a su alrededor. El espacio, típicamente lleno de ruido y movimiento tras las competiciones, estaba silencioso y desierto. Se acercó a una banca cercana y se dejó caer sobre ella, abrazándose a sí misma en un gesto involuntario de consuelo. Con sus dedos jugueteaban con el borde de su chaqueta mientras soltaba un pequeño suspiro.

Por un momento, la sonrisa triunfante que había mostrado al público se desvaneció, dejando al descubierto un rostro que parecía cargar con el peso de la soledad. A pesar de la multitud de logros y el aplauso, en este momento estaba más consciente de su aislamiento. La soledad que había experimentado a lo largo de su carrera estaba presente ahora más que nunca. Sin embargo, en un intento de recuperar su fachada, levantó la cabeza y enderezó sus hombros, forzando una expresión de satisfacción para que no se notara el rastro de vulnerabilidad.

—Esto cada vez es más fácil —murmuró para sí misma.

Tomó su celular, y deslizando su dedo por la pantalla, buscó el contacto de su madre. Observó este por unos segundos y tras soltar un suspiro, apretó la pantalla. El sonido de la llamada conectando resonó en el vestuario vacío, y pocos segundos después, la voz seria y distante de su madre respondió desde el otro lado del celular.

—¿Qué quieres? —preguntó su madre, sin que se notara la más mínima emoción en su voz.

—Hola, mamá. Solo quería decirte que gané de nuevo. Y me siento muy...

Sin siquiera dejar que Irina completara la frase, la llamada se cortó abruptamente.

—Feliz... —murmuró, separando el celular de su oído.

Irina miró la pantalla de su celular en silencio mientras esta se apagaba. Un nudo se formó en su garganta, pero lo tragó sin mostrar ninguna emoción.

—Ganaré todo... y te demostraré que soy buena en esto. —murmuró de nuevo, aunque nadie estaba allí para escucharla.