Lorenzo
Esperaba a su nueva sugar baby en el restaurante italiano, al que solo podía acceder quien se lo pudiera permitir. Algunos sugar daddies y sugar mommies usaban el restaurante para discutir sobre el contrato de azúcar con privacidad, pero yo era el dueño tanto del restaurante como del hotel conectado a este.
—Probablemente debería haber ido a recogerla —dije para sí mismo, ya que le había enviado un dije de collar de topacio amarillo grabado con sus iniciales.
El reloj marcaba las ocho en punto cuando la puerta del restaurante se abrió y una figura entró. Llevaba ropa deportiva que desentonaba con el lujo de mi restaurante
—Oooh, vaya —dije suavemente al ver que quien acababa de entrar no era quien yo estaba esperando ya que esperaba a una joven muy fina.
—¿Tú eres Lorenzo? —preguntó la mujer. A pesar de sus fachas, era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Si la tuviera que comparar, parecía Jessica Rabbit.
Una sonrisa apareció en mis labios.
—Sí, así es, pero puedes usar mi seudónimo si es más fácil —contestó suavemente, al tiempo que volví a verla por completo. Mi mente inmediatamente comenzó a pensar en qué iba a hacer con semejante belleza.
Ella me miró con una ceja levantada.
—¿Usted estuvo hablando con una joven llamada Hope? Le dio estos regalos —dijo, tirándolos como si no valieran nada
Me mantuve impasible ante su acción hacia los regalos que le había dado a la chica llamada Hope, pero eso solo hizo que sintiera aún más curiosidad.
—Sí, y esos regalos son muy caros —contesté suavemente, sin dejar de mirarla, apreciando su sensualidad.
—No me importa —dijo, mirándome—Aléjate de mi hermana si no quieres que te denuncie —Me miró con el ceño fruncido.
Levantó una ceja y ladeó un poco la cabeza al oír lo que la desconocida mujer dijo
—Vaya, vaya…Me parece un poco injusta su actitud hacia mí—dije suavecito, mirándola sin quitarle la vista de encima, y aprovechando para admirar sus curvas nuevamente
La mujer cruzó los brazos sobre su pecho, acentuando aún más su figura. Su mirada era afilada, pero en el fondo de sus ojos parecía haber un atisbo de diversión o, quizás, de desafío.
—Injusto sería que no te advirtiera —replicó con una sonrisa fría—. No me interesa quién eres ni cuánto dinero tengas, pero Hope es mi hermana y no dejaré que juegues con ella.
Me humedecí los labios con calma, sin apartar la vista de ella. Su actitud me intrigaba. No era común que alguien me hablara con tanta seguridad, y mucho menos que me amenazara sin titubear.
—Jugar con ella… —repetí, fingiendo pensarlo—. No es mi intención jugar con nadie, querida. Simplemente vi potencial en Hope.
—Potencial… —bufó, como si la palabra le causara gracia—. No sé qué tipo de potencial crees haber visto, ella es menor bastardo — replicó
—Oh, eso lo sé —dije, apoyándome ligeramente en la mesa más cercana—. Y, si me permites decirlo, tú tampoco pareces ser como las demás.
Ella estrechó los ojos, evaluándome. Por un momento, el silencio se hizo entre nosotros, tenso pero electrizante.
—No me interesa lo que pienses de mí —declaró con firmeza—. Solo mantente lejos de mi hermana.
Se dio la vuelta con la intención de irse, pero yo no estaba dispuesto a dejar que la conversación terminara tan rápido.
—Dime al menos tu nombre —solté, con una sonrisa ladeada.
Ella se detuvo por un segundo, y me miro.
—No necesitas saberlo— respondió
Me río y me levanto acercándome lentamente a hacia ella
La mujer se quedó un poco tensa al verme acercarme, pero intentó mantenerse firme a su posición. Me acerqué más aún a ella, hasta que solo estábamos a pocos centímetros de distancia, mis ojos recorriéndola con detalle
—Vamos, no seas así—dije suavemente, todavía con esa sonrisa ladeada. Mi voz sonaba casi hipnótica, mientras continuaba mirándola a los ojos, sin perder detalle de su forma de cuerpo, apreciando cada curva
— Última vez que lo digo: aléjate de mi hermana, ella es menor de edad — ordenó con firmeza, mirándome.
—Oh, querida, no estás en posición de dar órdenes—dije suavemente, inclinándome un poco para acortar aún más la distancia entre nosotros. Mi voz sonaba baja y peligrosa—. No necesitas preocuparte por tu hermana, ella estará bien—continué mientras me acercaba más, bajando la mirada hacia su cuello largo y esbelto.
Ella no pudo evitar estremecerse un poco ante mi acercarcamiento, sintiendo la calidez de mi aliento sobre su piel suave y expuesta. Su cuello largo se veía tan tentador…
Mi mirada se intensificó al notar su leve reacción, y aunque su respiración se volvió más agitada, no me aparté. Me aseguré de mantener la calma, pero la tensión entre nosotros era palpable. Cada movimiento mío parecía aumentar la incomodidad en su postura, pero también una curiosa atracción que no podía negar.
—Relájate—, susurré cerca de su oído, con una voz que dejaba claro que no estaba dispuesto a retroceder.
Ella intentó dar un paso atrás, pero mi presencia la mantenía atrapada en ese espacio tenso. Vi cómo sus ojos buscaban un escape, pero no había ninguno, al menos no uno fácil. Su respiración se aceleraba más, pero no parecía querer ceder.
—Puedo sentir cómo te inquietas— dije, una sonrisa apenas perceptible curvando mis labios mientras me acercaba aún más, disfrutando del control que tenía sobre la situación.
Su cuerpo tenso contra el mío, y aunque intentaba parecer firme, había algo en su mirada que sugería lo contrario, algo vulnerable que no podía ocultar.
Ella se acercó a mí, alzó la pierna y me dio un buen rodillazo en mí joyas de la familia, di chillido poco masculino.
El dolor me dejó sin palabras por un momento, mi cuerpo inclinándose hacia adelante instintivamente mientras intentaba recomponerme. Miré a sus ojos, respirando agitado, y por primera vez, vi una mezcla de satisfacción y desafío en su expresión.
—Te has ganado un poco de respeto— dije entre dientes, aunque mi tono aún llevaba una pizca de burla, a pesar del dolor. Ella no dijo nada, pero su postura erguida y la ligera sonrisa en sus labios mostraron que, al menos por un instante, había recobrado el control de la situación.
Me obligué a recomponerme, a pesar del ardor punzante, y observé cómo su mirada, desafiante, permanecía fija en la mía. Era evidente que no iba a retroceder, ni siquiera un paso. Un pequeño suspiro escapó de mis labios, y aunque el dolor seguía allí, algo más comenzó a surgir en mí: una mezcla de admiración y una necesidad de continuar con este juego peligroso.
— Donde vino eso hay más —
Me río con tonto.
—Impresionante—comenté con una sonrisa torcida, dejando que el sarcasmo se desvaneciera lentamente, como si el dolor se convirtiera en algo más soportable. Sin embargo, al verla tan confiada, sabía que las reglas entre nosotros ahora habían cambiado.
Mi tono se suavizó un poco mientras la miraba de nuevo, esta vez más serio. —Ahora, ¿qué harás con ese control que acabas de reclamar?— La sexy mujer me mira
—Espero que está sea la última vez que nos veamos bastardo —
La escuché con claridad, su voz llena de desprecio, antes de verla girar y correr hacia la salida. Mi respiración seguía acelerada, pero la mezcla de dolor y desafío me mantuvo inmóvil por un momento, observando cómo se alejaba.
—Será un placer volverte a ver — murmuré para mí mismo, aunque no pude evitar una sonrisa torcida que se asomó en mi rostro.