Sleep Together

Summary

La mejor forma de arreglar las cosas es hablando, comunicando lo que sientes o lo que crees que está mal. Aunque, a veces, las palabras no son totalmente necesarias para arreglar ciertas situaciones. Tal vez se añadan puntos extra si le agregas un toque de cariño al asunto. ★Créditos al autor de la portada. ★Los personajes pertenecen a Kōhei Horikoshi. ★Kirishima Eijirō x Bakugō Katsuki. ★Soft

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1
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n/a
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16+

Sleep Together

—¡Eres tan idiota!

—¡Eres tan terco!

Ambos chicos se lanzaban miradas asesinas, casi parecían bestias a punto de saltar sobre un enemigo.

—¡Yo no soy terco! ¡No es mi culpa que tus estúpidos juegos sean tan jodidamente ruidosos!

—¡No tienes el derecho a quejarte! Pones ese estúpido ruido cada que vas a dormir. —Replico —¡No veo como puedes dormir con esa estupidez sonando a todo volumen!

El otro gruño ante tal verdad, pequeñas explosiones empezaron a salir de sus palmas mientras trataba de controlar sus ganas de lanzarse sobre su pareja y hacerle tragar sus palabras.

Pero... ¿Cuál era el porque de la discusión que llevaban a cabo ambos aspirantes a héroes?

Sencillo, el rubio despertó de una manera no muy agradable en la mitad de la noche.

Después de varias semanas entrenando y preparándose para ser los futuros héroes de la ciudad, Bakugō Katsuki había decidido ir a pasar un fin de semana en casa con sus padres.

Bueno, en la decisión influyó el hecho que su madre estaba de cumpleaños, no sería tan hijo de puta y solo le mandaría un mensaje diciendo “Otro año más teniendo que soportarte cómo madre vieja bruja, feliz cumpleaños o lo que sea” -mensaje que si le envío- así que fué en la tarde de sorpresa.

Y valla que si hubo una sorpresa, una que no le agrado al cenizo.

—Lo siento hijo— había dicho su padre —Como no nos dijiste que venias planee una salida a un club nocturno para tu madre, pero podemos dejarlo y pasar la noche juntos...

Katsuki miro mal al hombre, no por lo del club, él no había avisado que iba a ir así que era estúpido culparlo por planear algo con lo que seguro la vieja bruja se divertiría. Lo que lo molesto fue la ridícula propuesta de cancelar sus planes por él. No iba a interrumpir, no le gustaba esa sensación de que estaba arruinando algo con su mísera presencia.

—¡Deja de decir idioteces!— había exclamado —Saca a esa bruja a celebrar otro año de vejez, yo me quedo aquí, no entiendo el puto problema.

—Pero...

—No pienso ser un estorbo en sus planes, vayan a esa cosa ¡Cojan si es lo que planeabas con tu excusa barata del club! solo no me vallan a fastidiar.

Con esas palabras convenció a sus padres de largarse. Ambos mayores agradecieron, cada uno a su manera, y para que no se quedará solo le permitieron invitar a sus amigos para pasar la noche juntos. El cenizo no dijo nada, solo se dedico a enviar un mensaje a alguien antes de pasar el resto de la tarde acompañando a su madre hasta la llegada de cierto pelirrojo, quien había recibido el mensaje de Katsuki y pedido el permiso a la UA para pasar la noche fuera de sus instalaciones.

Lastimosamente antes de irse el padre del rubio decidió prestarles un videojuego qué tenia guardado por ahí.

Y ese maldito juego era el responsable de la actual discusión.

Ya cerca de las once de la noche el cenizo semi dormido se había recostado en el regazo de su novio, quien seguía jugando animadamente el videojuego dando mimos de vez en cuando al chico adormilado en sus piernas, aunque anteriormente le había recomendado ir a su habitación para dormir mientras el terminaba el nivel en el que estaba justo ahora.

Después de todo, no siempre podía jugar esa perfecta reliquia de juego.

"No jodas pelos de mierda...” Había sido lo que recibió como respuesta.

Katsuki no quería ir a acostarse solo, quería la presencia de Eijirō entre las sábanas. Junto a él. Por algo lo había invitado.

Además no quería cumplir la “orden” -según Bakugō- del pelirrojo. Na ah, si el iría a su habitación sería porque se le había dado la regalada gana de ir.

Se arrepintió de su estúpida decisión cuando, al perder, un fuerte sonido salió del juego sobresaltando a Kirishima y tirando a Bakugō del sillón.

Oh, si creían ya haber visto a un Bakugō cabreado faltaba verlo al despertar de una mala manera.

—¡Pedazo de imbécil! ¡¿NO PODIAS BAJARLE EL VOLÚMEN?!

—¡Eso fue lo que hice! Pero necesitaba un poco de sonido para saber de dónde venían los enemigos...

El pelirrojo trato de llevar con calma el asunto, si, había sido su culpa por no bajarle más volumen al juego, pero también le había pedido a Katsuki que fuera a recostarse en su habitación para no molestarlo.

Y así la paciencia de Kirishima fue reduciéndose cada que el cenizo gritaba un nuevo insulto y lo culpaba más de lo que él mismo lo hacía.

Llegando al punto en dónde iniciamos está historia.

—¡Tu bastardo! Nunca te quejas cuando lo hago ¡No me vengas con idioteces ahora!

—¿Acaso crees que todos nos quejamos como tú? ¿Gritando y amenazando? —gruño el otro —¡Disculpa por pensar que al ser taaan listo podrías entender cuando te decía que no todos podemos dormir con una radio estática sonando en los oídos!

El cenizo apretó aún más su mandíbula, efectivamente Eijirō le había pedido cada que dormían juntos con el ya mencionado ruido blanco -que por alguna razón le relajaba- si podía bajarle un poco el sonido, que él no sabía dormir con una tele vieja sin sintonizar de fondo.

Todas las veces hizo oídos sordos, creyendo que el otro solo bromeaba.

—Tks... Que ridículo. Aparte de quejica pésimo gusto...— con los brazos cruzados sobre su pecho soltó lo que sería para Kirishima un verdadero agravio —Tanto por esa porquería anticuada y vieja.

—¡Tú...!

Eijirō no dijo nada más, solo corrio escaleras arriba al cuarto del cenizo, este lo siguió, exclamado que no lo dejara hablando solo y cosas parecidas. Pero antes de subir el primer escalón una almohada se estampó contra su cara.

—¡Bien! Mañana hablaremos de verdaderos gustos basura, tontosuki. Pero ya que te negaste a dormir en tu habitación ¡no quiero ver tu estúpido trasero cerca!— grito el pelirrojo aún furioso —¡Me vale que sea tu casa! Quizá duerma bien sin tus ruidos extraños ¡O sin ti babeandome!

El seño fruncido de Bakugō se asentó más al escucha aquello.

—¡¿Quien te dió permiso, eh, bastardo?!

—¡Ya dije! Si noto tu presencia aquí arriba ¡no me importará patearte el culo!

O si, tal vez era verdad aquello de que eres lo que comes.

—¿¡Ruidos extraños eh?! ¡Mira quien habla de ruidos raros!— cualquiera que lo viera diría que varias venas de su frente ya habían explotado, y las que aún se marcaban mientras gritaba aquello— ¡Pues bien! Da igual ¡dormiré tranquilamente sin tus estúpidos ronquidos en mi oreja! Lo sé a ciencia cierta...

—¡Bien!

—¡Bien!

Con esto la puerta azotada fue lo que cerro la discusión, por ahora.

Lo primero que hizo al encerrarse fue tomar la otra almohada que reposaba sobre la cama del cenizo y gritar lleno de frustración. La cama rebotó un poco cuando se lanzó enterrando aún más su cara en el cómodo cojín, aunque al segundo siguiente lo lanzó a la otra esquina del cuarto.

Tenía su olor.

Toda la habitación lo tenía.

Si... Tal vez encerrarse en el cuarto de Katsuki no había sido la mejor idea para evitar pensar en el cenizo.

«Tonto cabezota y orgulloso.»

Un poco hipócrita ese pensamiento si se ve de otra perspectiva.

La nuestra o la de Katsuki por ejemplo.

«Idiota insolente y testarudo.»

Así sonaba Eijirō en la mente del menor de los Bakugō, quien, cabe recalcar, no estaba nada contento teniendo que encontrar una posición en la que la diminuta manta que había usado antes para cubrir la parte inferior de su cuerpo lo acobijara por completo.

Jodido frío de mierda, jodido inicio de invierno, jodido Eijirō acaparador de cobijas ¡jodido ladrón de cuartos!

Gruño de nuevo, fastidiado con toda la situación.

···•°•★•°•···

Pasaron los minutos, Kirishima dando vueltas en la cama ajena, intentando abrazar cualquier cosa que fuera lo suficientemente grande y calida como el cuerpo del cenizo. Al cabo de un rato solo se quedo mirando al techo, resignado. En el silencio de la noche, interrumpido solo por su, ahora, más calmada respiración, no puedo evitar ponerse a pensar en la pequeña riña.

«Debo hablar con él...»

Y aunque consideró ir directamente pidiendo disculpas no puedo evitar el sentimiento de incomodidad ante el hecho de que la mayoría de las ocasiones tenía que ser él el que pedia perdón al rubio, incluso si no era del todo su culpa.

Aunque está vez si se podía considerar un digno culpable.

Gruño, cabeza estúpida ¿Que le costaba pensar eso mañana en la mañana?

Sus ojos viajaron inconscientemente hacía el reloj que poseía el cenizo sobre su mesita de noche.

1:30 am.

¿Tan tarde era?

Un gemido lastimero se escuchó junto al ruido de la cama. Otro par de vueltas más y Eijirō podría considerar ser un burrito humano. No podía simplemente dejarse llevar por el sueño, desde niño tenía la costumbre de abrazar algo y por culpa de Katsuki ahora tenía la necesidad de pegarse a algo tan grande como él.

No era por despreciar al Señor Mochi -un peluchito de tiburón que conservaba Bakugō-, pero no era de su total comodidad.

—Maldición...

···•°★°•···

—Maldición...

Un ronco quejido resonó en su garganta a la vez que simplemente pateaba la pequeña manta con odio, casi como si esta fuera la culpable de todo.

¿Siempre hacia tanto frío?

Volvió a maldecir al pelirrojo y su maldita maña de pegarse como chicle cuando dormían juntos -que ahora que recordaba era casi todos los días-. Era su jodida culpa que ahora estuviera temblando, incluso aunque la temperatura aún no se acercaba a los 0°c.

Notaba las consecuencias de haberse mal acostumbrado a la compañía de Kirishima, a dormirse notando bajo el brazo el lento vaivén de la respiración profunda del pelirrojo y a la extraña calma y calor que poseía su cuerpo.

No recordaba una sola noche en la que el pecho, espalda, brazos o cualquier parte del cuerpo del chico tuviera una leve señal de frialdad como la que estaba sintiendo ahora. Soplo aliento en sus heladas palmas a la vez que recogía sus rodillas hasta que chocaron con su pecho.

Y volvió a insultar, está vez por dejar que su cuerpo dependiera del ajeno para entrar en ese estado de transe y sosiego que lo relajaban a un nivel nunca antes visto.

No era de extrañar, desde antes de empezar a salir Kirishima solía compartir de vez en cuando cama con él, desde esos días descubrió la paz que le producía, una tranquilidad que no conocía hasta que durmió por primera vez con él. Y no importaba la estación, el pelirrojo se las arreglaba para terminar con sus brazos alrededor del cuerpo del cenizo, apretándolo contra si mismo, o incluso acurrucado en el pecho de su amargado de ojos rubí cuando sabía que este tenía mucho calor para ser abrazado.

En fin, que desde hace meses no dormía sin la confortable calidez Kirishima.

Ahora comprendía porque debió haberse negado con más firmeza a los ojitos de cachorro que aparecían en Eijirō cada que proponía la idea, terminando por convertirse en una costumbre.

Esto es tan estúpido...

Otro escalofrío sacudió su cuerpo. A la mierda, esa era SU casa y Eijirō estaba invadiendo SU cuarto. Quien se cree el desgraciado, si el quería le pateari...

—Mierda...

Un golpe seco se escuchó junto a la maldición. La voz del pelirrojo, a pesar de ser baja, fue clara en la silenciosa sala.

Katsuki no tardó ni un segundo en asomarse desde el otro lado del sofá, con los ojos bien abiertos intentando ver en la oscuridad del salón. Reconoció la silueta del pelirrojo al instante junto a la escalera sosteniendo su pie, no necesitaba ni verle la cara para saber la expresión de dolor que había en ella.

Sin embargo esto era lo de menos ahora.

—¿Ei? —susurro involuntariamente el apodo, arrugando el rostro al segundo siguiente —¿Kirishima, que demonios estás haciendo?

Bien, un tono más agresivo y con gruñidos intercalados entre cada palabra. Delató su fastidio de nuevo tras él suave susurro del nombre contrario.

El pelirrojo por su parte alzó sus iris, brillantes a pesar de la penumbra, observándolo desde su lugar en el último escalón. Su boca se abrió un par de veces, dejando a Katsuki vislumbrar un poco de los afiliados dientes contarios antes de que este apretara los labios y frunciera el seño.

—No podía... —un pequeño quejido sonó a la vez que desviaba la mirada —No podía dormir...

Entonces tras escuchar el murmullo fue que Bakugō se percató de la manta que traía arrastrando desde arriba de las escaleras, una manta más grande, acolchada y definitivamente más calentita a comparación de la tirada en el suelo.

No, no iba a ignorar el asunto tan fácilmente. Era Bakugō Katsuki, un idiota pelirrojo de lindo rostro, cuerpo de infarto y corazón de oro no iba a hacerlo cambiar de animo tan rápidamente. Ni mucho menos lo harían olvidar la disputa de horas atrás.

— ¿Qué estás esperando? ¿Una invitación?—se hizo a un lado en el sillón, dejando un sitio libre.

¿Que? No había cambiado su ánimo y todavía tenía en mente su pleito, no están ignorando el asunto. Solo... dejó que el pelirrojo y su mal humor compartieran espacio.

Kirishima vacilo, con algo de duda se acerco al cenizo haciendo un ligero puchero al notar el pequeño espacio que había dejado para que se recostara a su lado. No hizo falta expresar su inconformidad, pues enseguida Bakugō torcio los ojos y se levanto del sillon, que idiota más complicado.

En silencio tomaron sus respectivos lugares, o al menos los que inconscientemente se habían asignado para las noches frías. No intercambiaron palabras, sus mentes se mantuvieron concentradas en cualquier otro pensamiento, mirando cada uno algún objeto de la sala como si fuera lo más interesante del lugar, si sus pieles se tocaron fue meramente por la necesidad de mantenerse tibios.

En un par de minutos, Katsuki se arropaba con la mullida manta traída desde su habitación, recostado sobre el pelirrojo escondiendo su rostro de la helada externa en el espacio que dejaba el cuello de Eijirō. Seguía molesto, el seño arrugado lo delataba, sin embargo no impidió que se removiera un poco para adaptarse y absorber asi todo el calor que el cuerpo ajeno pudiera entregar.

En climas cálidos Kirishima sería el que ocuparía su lugar, recibiendo varias maldiciones de su parte por el jodido bochorno que lo sofocaba a altas horas de la noche. Está vez, y como había sido común en los últimos meses del año, su novio pasaba el brazo sobre su espalda tras sentir el suspiro satisfecho en su cuello, acariciando con cariño (por hoy inconscientemente pues seguía igual de molesto que el cenizo para tales actos melosos) el costado del rubio.

Calentito, Bakugō ya podía sentir como el sueño lo reclamaba por fin.

—Bakugō...

Empezaba a creer que no dormiría esa noche.

No respondió, el humor de perros aún no se desvanecía. Sin embargo a Eijirō no parecía importarle esto. Un roce en su mano le dió a saber las intenciones del pelirrojo, intentando apartarla de la de él, cosa que no le fue posible cuando Kirishima atrapó sus dedos en su puño, permitiendole sentir la diferencia de temperatura entre ambas extremidades.

—Lo sabía... — él suave murmullo retumbó en su pecho, arrullando aún más al cenizo —El frio no te dejaba dormir, pero de igual forma esperaste a que yo bajara. Terco.

—¿Acaso yo sabía que ibas a bajar, idiota?— gruño bajito —No leo mentes.

—¿Entonces simplemente prefieres pasar frío? Un poco masoquista de tu parte.

—Jodete, estaba a punto de subir contigo... Solo para explotar tu estúpido rostro y recostarme en mi cama.

Si, su plan original. Repetirlo en voz alta ayudaba a callar aquella vocecita que solo pedía subir para dormir junto al chico, robar su calor, sentir su pacífica respiración. La vocecita que pedía buscar al responsable de hacerle caer en aquel estado de serenidad en el que se sentia tan bien.

—Ya veo... —Una risilla sacudió un poco su cuerpo —Asi que fue una carrera de quién buscaba primero al otro ¿Eh?

Eijirō lo había entendido.

Katsuki no tuvo que decirlo, el detalle de no haber mencionado el sacar al intruso del cuarto reveló la intención oculta tras su impulso de subir y reclamar lo suyo.

Para buena suerte de Kirishima, Bakugō estaba ya más cerca de la inconsciencia, en sus cinco sentidos probablemente lo hubiera mandado a comer mierda por andar suponiendo cosas tan ridículamente cursis como esa. ¿Necesitarlo para dormir? Joder, claro que no, o al menos eso diría.

Un liguero quejido salió del rubio, dándole la razón a la anterior suposición dicha por el de grandes ojos.

—Lo sabía, así que solo fui más rápido que tú. Poco a poco voy ganando en más cosas señor número...

—Lo siento.

—¿Eh?

Guardo silencio, su alardeó quedó a medias dando paso a los latidos del corazón resonando en su cabeza.

—Lamento... Lamento haberte gritado Ei...

La voz somnolienta causó ternura en el contrario, endulzando la mirada que dedicaba a su novio, o al menos a lo que podía ver del chico acurrucado en su cuello.

—No, quien lo siente soy yo...—hablo con voz firme y clara —Yo fui el que te molestó y...

—Está bien... Ahora está...—un enorme bostezo corto las palabras —bien... Solo cierra la boca y déjeme dormir.

—Como órdenes, Kit-Kat— lo meloso volvió, el dulce apodo y la lentitud con la que frotó su mejilla contra el alborotado cabello cenizo lo confirmo...

Katsuki se permitió disfrutar del momento, demasiado adormilado como para reclamar lo estúpidamente dulce que era. El corazón de Eijirō resonando con fuerza en su pecho, el sube y baja que marcaba el ritmo de su respiración, la lentitud con la que frotaba su mejilla entre sus rubias hebras o con la que acariciaba sus dedos y espalda... Todo era tan jodidamente confortable que se preguntó cómo pudo gritarle a ese chico que lo deseaba y calmaba tanto, que lo trataba con tanto cariño a pesar de su ira.

Y de repente, un momento de la discusión resonó en su cabeza.

—Oye...— se levantó un poco, con los ojos completamente abiertos —¿De verdad babeo mientras duermo?

Kirishima se tomó un momento mientras sus neuronas procesaban la pregunta, demasiado embelesado en el inusual rostro confuso y medio avergonzado del chico gritón y explosivo. Casi podía notar un rubor que Katsuki denominaría como vergonzoso expandiéndose en toda su cara, ante la idea de una acción involuntaria tan penosa.

—Si... A veces.— respondió finalmente, la mirada escarlata fija en él por fin se desvío un poco. —No a menudo de verdad.

Que humillante...

La sonrisa risueña del de filosa dentadura no ayudo a quitar ese pensamiento. Aunque no duró mucho, Kirishima no tardó en morderse ligeramente su labio inferior mientras acompañaba al cenizo en su sonrojo antes de preguntar, con clara pena en su tono.

—¿Ronco demasiado?

Bakugō parpadeo, antes de reír ligeramente al notar como, al igual que él mismo, Kirishima había estado pensando en las palabras dichas en el calor de la discusión.

—Oh, si. Es un fastidio. —apreto los labios evitando volver a reír al notar como el rosa paso a ser un rojo brillante en las mejillas de su novio —Bueno, bueno. No mucho, te he escuchado un par de veces en realidad.

—Ya veo... Me preguntó con que frecuencia haremos eso.

—No sé de que te preocupas, roncar es mucho menos vergonzoso que babear como un niñato. —gruño sacudiendo la cabeza violentamente —Que asqueroso, como si no fuera suficiente dormir sobre sábanas bomba cuando hace calor, tener la almohada llena de baba... Ugh.

—Ay vamos, tampoco es como si alguien te viera babear como un niño, nadie a excepción de mi, claro —una carcajada desencadenó una serie de insultos y ligeros golpes en su pecho.

Así pasaron los minutos, entre ligeros golpes y dulces risas que lentamente regresaron el sueño a ambos adolescentes, terminando con Eijirō haciendo su trabajo de calmante cuando Katsuki entro en desesperación por no poder controlar ese asqueroso hábito que no sabía que tenía y que, ahora que tenía conocimiento de el, le quitaría el sueño. O así se sería de no ser por el pelirrojo.

Cosas así le recordaban porque Eijirō había formado parte de su horario nocturno. Cómo solo él podía despejar la ansiedad y estrés de la mente del de ojos escarlata para dejar espacio al necesario descanso.

Si, dormir juntos era algo que Katsuki atesoraría para siempre.

···•°•★•°•···

Mitsuki y Masaru se adentraron en su hogar unos minutos antes del alba, tras una buena noche de diversión con conocidos ambos deseaban sus sábanas y almohadas.

El silencio del pasillo acompañaba sus risas complices y los pasos que resonaban en el ambiente.

—¿Quieres un poco de agua, cariño?

—Por favor, joder estoy sedienta.

Masaru no necesito más para adentrarse en la cocina con una agradable sonrisa, ver en el rostro cansado de su esposa un claro brillo de alegría hacia que su corazón latiera, acostumbrado a ese cálido placer.

Sirvió un par de vasos y siguió el camino que llevaría hasta su habitación en el segundo piso, solo que a mitad de este, en el pie de las escaleras lo detuvo su mujer, quien con una mano en su pecho miraba con un brillo enternecido al sofá de la sala.

Curioso por lo que pudo haber causado esa reacción en la rubia siguió su mirada, encontrándose con el par de jóvenes acurrucados juntos en su sofá.

Masaru parpadeo, bastante confundido de verlos ahí. Ambos adultos se acercaron sigilosamente al mueble, cuidando que su presencia no molestara al par de chicos. Katsuki permanecía con su rostro sumergido en el espacio que dejaba el cuello y clavícula de Kirishima, con la boca abierta dejando salir un hilo de saliva que conectaba con una pequeño manchón húmedo en la camisa del pelirrojo quien, cabe resaltar, respiraba ruidosamente, sonando en cada exhalación un pequeño ronquido que no hacían más que arrullar aún más al chico en su pecho.

Se escuchó el click de una foto siendo tomada, no tuvo que preguntar que fue tras ver cómo Mitsuki guardaba su teléfono con una sonrisa divertida para luego arropar a los chicos con un cariño que pocas veces demostraba.

Haciendo señas llamo a su marido para salir de la escena, el par de adultos se retiró en el mismo silencio con el que se colaron en el espacio que los jóvenes enamorados crearon al dormir. Siendo lo último que contempló el padre del cenizo los primeros rayos solares asomándose por el horizonte.

El sol asomo su brillante cresta, atravesando las ventanas y bañando con su delicada luz cálida los rostros pacíficos de los que descansaban ajenos a todo menos a la acogedora presencia que reposaba junto a cada uno.

La comunicación entre parejas es muy importante. Aunque a veces, las palabras no son totalmente necesarias para arreglar ciertas situaciones.

Tal vez se añadan puntos extra si le agregas un toque de cariño al asunto.