THE TOWN. | JINX (ONE-SHOT)

Summary

Desde la partida de Kim Dan, ha sido el día más oscuro para Joo Jaekyung. Convencido de que solo lo necesita para su rehabilitación y el sexo, decide ir a buscarlo, sometiéndose a cosas que no estaba acostumbrado a hacer, utilizando métodos viles para que todo orbitara a su alrededor, pero el hombre, firme con su decisión, no parece querer cambiar de opinión. Pero Dan desea que el luchador regrese a la ciudad, sin embargo, él aún sigue encadenado al capricho y el pasado que compartían, y simplemente debería dejarlo ir. Permitir que respirara en paz, y quizás sea muy egoísta de su parte, porque Kim Dan solo quiere seguir adelante y reconstruir su vida hecha pedazos, elección que hace que Jaekyung permanezca disgustado. Él no está de acuerdo con eso, y no piensa ceder hasta resolver la conflictiva lucha que involucra sus sentimientos. Incluso si lastima a Kim Dan en el proceso. 

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

the town.

Jaekyung no quería meterse en cosas que no eran de su incumbencia, pero no era su culpa que las paredes de su nuevo hogar temporal fueran finas. No fue su intención, pero aquella mañana, pudo detectar la conversación de Kim Dan junto al casero: el hombre mayor advirtiéndole que dejara de beber hasta tarde. Que eso iba a costarle la salud, y que era una lástima para un caballero joven y rebosante de energía perderse de esa manera.

Así que esta vez, Kim Dan no estaba en su casa. Jaekyung sospechaba (si es que no era obvio) que el fisioterapeuta había decidido quedarse hasta tarde haciendo guardia en el hospital solo para no lidiar con su presencia, pero no podría evitarlo para siempre. Con eso en mente, decidió infiltrarse en su vivienda y comprobar si el hombre realmente era un alcohólico.

Y grande fue su impresión al ver un montón de botellas vacías dispersas en el suelo. Observó todo el panorama: cuatro paredes asfixiantes, un futón desordenado situado en el piso. Una casa vacía sin ninguna clase de lujos, y Kim Dan insistía en que no quería volver con él a Seúl. Bueno, a juzgar por el desorden, Jaekyung podía especular que quizás a Kim Dan le gustaba la baja y mala vida, como una maldita rata, viviendo en un pueblo donde podía ser alguien mejor, pero en realidad, no era nadie.

No era una sorpresa. Le había dado respiración boca a boca en la playa antes de que muriera ahogado, y sus labios sabían a licor. Ahora, lo recordaba muy bien.

Sí, sus labios...

No se molestó en dar ninguna clase de explicación en cuanto oyó que alguien entraba en el lugar, abriendo y cerrando la puerta. Suponía que era el desastroso inquilino que la rentaba.

Ahí estaba: con ese rostro que daba lástima y que llamaba la atención de toda persona, como si tuvieran que recriminarle a un hombre de treinta años cómo debía cuidarse: esas ojeras enmarcando sus redondos ojos cansados no eran propias de él, pero las tenía, al fin y al cabo. Kim Dan no le permitía, siquiera, que le viera la cara, y cuando tenía la oportunidad hablarle, su mirada nunca detonaba nada, siempre esquivo, a diferencia de antes. Para Jaekyung, fue un deleite ver un pequeño destello de sorpresa y disgusto, especialmente, porque le había arruinado su pequeña fiesta. Kim Dan no se esforzó en ocultar la bolsa de botellas de soju que había comprado antes de volver, y ya era muy tarde. Probablemente, había comenzado la madrugada.

― ¿Qué haces aquí? Ésta es mi casa ―Fue lo único que dijo, desanimado, y aunque habían pequeños temblores que indicaban signos de agresividad comprimida, Dan se contuvo. No quería armar un escándalo, ni provocarle problemas al casero.

―Solo vengo a comprobar lo miserable que ha sido tu vida. Y eso es inaceptable si vas a encargarte de mi rehabilitación, ¿sabes? ―Soltó, con una pequeña sonrisa triunfante y burlona formándose en la comisura de sus labios, pero el tono ácido de su voz solo reducía el gesto a uno mordaz y desconforme.

―Por favor, váyase. Necesito descansar si quiere que le atienda mañana. ―Dan no podía ignorarlo ni huir a otro lado. En algún momento, volvería del hospital, y ahora que Jaekyung lo tenía aquí, sabía que no podría encontrar otro lugar. Después de todo, era el dueño que rentaba el inmueble.

― ¿Enserio no vas a volver a Seúl? ¿Qué tienes aquí, además de tu abuela? ―preguntó Jaekyung, adoptando un semblante imponente, y acercándose con cautela al hombre ―. Probaste el valor del dinero y solo puedes vivir gracias a la fortuna de otros. ¿Crees que puedes arreglártelas solo? Si tu vida tuvo que ser solucionada por alguien más para ser medianamente decente. Si no... Solo eres esto ―señaló con la mirada el ambiente: vacío, oscuro, desordenado y gélido. Solo con alcohol barato y abandonado. Realmente, era un escenario miserable y deprimente.

―Eso no le incumbe. Yo solo estoy trabajando para usted porque no me quedó de otra. Un paciente no se mete en la vida de su médico. No si quiere recuperarse adecuadamente. Debería fijarse en su propia salud. ―Finalizó Dan, evitando darle una respuesta. Jaekyung no era merecedor de conocer ningún detalle de su vida, y no volverían a involucrarse una vez que él se recuperara y volviera a la ciudad. No podía creer cómo es que el luchador había manipulado el entorno a su favor, ganándose la simpatía de todos, y ahora utilizaba esas dagas en su contra. Primero, sobornó al director del hospital, las enfermeras lo amaban. Su abuela quería que Jaekyung la visitara todos los días, y como si fuera poco, ahora era su vecino.

Era injusto.

―Joder, Kim Dan. ¿Qué quieres? ¿Más dinero? ¿Diamantes? Puedo dártelos si te gustan. ―Le insistió. Se fue acercando mientras Kim Dan retrocedía, y así, lo acorraló. Lo encerró entre la pared y su anatomía formidable e inamovible. La ansiedad pintando esos ojos ámbar, la única emoción que le había transmitido desde que habían vuelto a verse.

Jaekyung sabía que Kim Dan no pretendía nada de esas cosas. Había aprendido que no era un hombre materialista, solo un ciudadano simple al que no le interesaba nada más que su abuela. Era un fracasado al que le había tocado mucha mala suerte en la vida e incluso, caminaba como un fantasma. Como si el solo hecho de existir, hiciera que pudiera atraer obstáculos que alargaran más su suplicio.

Y quizás estaba traspasando los límites, más de los que Kim Dan sería capaz de soportar, y ese hombre era una incógnita confusa para su cabeza. Le hacía sentir emociones indescifrables, pero su cuerpo sí tenía clara una cosa.

Quizás Dan no se había dado cuenta del calor que emanaban sus propios músculos, que estaban tensos e inflamándose con cada respiración que se condensaba, cada vez más pesada y letal. Tenerlo así de cerca le recordaba a momentos pasados, y Kim Dan estaba completamente vestido ahora, pero Jaekyung solo tenía la visión de ese cuerpo débil en su cama, desnudo y resistiéndose a su proximidad.

―No quiero nada de usted ―Dictaminó firme, pero sin mirarlo a los ojos, no dispuesto a enfrentarlo. A primera vista, no parecía mostrar señales de estar afectado, pero se habían acostado tantas veces, que Jaekyung podría decir que conocía cada reacción involuntaria que emitía, las había memorizado todas: Dan estaba tenso y podía verlo inseguro, dudando de moverse. Su espalda pegada a la pared.

En realidad, Dan sí quería una cosa: encontrar un remedio efectivo que pudiera curar el cáncer de su abuela. Se había vendido a Joo Jaekyung para poder costear tratamientos de millones de wones, pero no había funcionado. Entonces, ¿qué podría darle Jaekyung? Nada que valiera la pena. A la enfermedad no le importaba si se trataba de un gran magnate o un vagabundo. Todas las joyas valiosas del mundo no eran nada cuando la muerte estaba presente.

―Tú me necesitas para vivir ―gruñó. Jaekyung estaba harto de no provocarle nada, con la atención de Kim Dan en todas partes, menos en él. Que sus ojos ya no lo buscaran, y que no reaccionara a ninguna de sus ofertas. Aun cuando era mucho más fuerte y podía abusar de su autoridad, el mayor parecía no ser consciente de quién era él ―. No puedes hacer nada por tu cuenta, y nunca terminarás de pagarme esa puta deuda ―Le amenazó, sosteniendo su cuello y mandíbula para hacer contacto visual.

Pero no. No había manera de obtener alguna expresión en Kim Dan. Le miraba casi con parsimonia y algo así como la decepción, como si esto no fuera nada nuevo. Jaekyung debía admitir que le hervía la sangre, y solo quería ser violento con él. Podría derribarlo contra cualquier superficie y amordazarlo, podría colarse en su interior sin lubricante solo para castigarlo por su indiferencia, y entonces, Dan perdería la compostura. A Jaekyung no le daba vergüenza decir que ver aquel rostro contraído por el dolor e inmerso en un torrente de lágrimas, le generaba una especie de satisfacción mórbida.

―Ya dije que le iba a pagar. No importa cuánto tiempo me tome, le devolveré cada centavo que derrochó en mí. ―Pero eso no contentó a Jaekyung. Apresó el cuello de Dan entre sus dedos con más saña, exigiendo que mantuviera su vista clavada en él.

Dan percibió impaciencia en su tacto, y algo más. Antes, Jaekyung le parecía impredecible, pero después de estar un tiempo lejos de él y familiarizarse con su extraño comportamiento, esto no era nada de lo que alarmarse. Solo permaneció así, obedeciendo cada orden implícita que ejercían sobre él. Cualquier cosa para que Jaekyung le dejara en paz. Eventualmente, se aburriría de él.

―Todo lo que quieres es que regrese a Seúl, ¿verdad? ―Inquirió Jaekyung, menguando su agarre y calmando su comportamiento abrupto, demostrando que no estaba tan alterado, ganándose por fin, la atención de Dan, que parecía dispuesto a escucharlo ―. Entonces, quiero que hagas algo por mí, si sabes a lo que me refiero, Kim Dan. Una última vez y desapareceré de tu vida mañana mismo.

― ¿Habla enserio? ―Formuló interesado, y Jaekyung asintió.

―Eso es lo único que quiero de ti.

En realidad, Dan sabía que iba a pedirle esto. Podía identificar ese brillo de lascivia pura en aquellas pupilas, esa forma descarada de acercarse a él y ultrajar su espacio personal para no dejarle respirar ni hacer nada hasta que sucumbiera a sus peticiones.

Pero no importaba, en realidad. Esto no era algo nuevo para Dan, lo había hecho una infinidad de veces en el pasado. Solo quería que Jaekyung se fuera y le dejara en paz. Poder encontrar consuelo bebiendo soju hasta acabarse cada botella y dormir tranquilo. Pelear y oponerse solo iba a traerle dificultades y problemas innecesarios, y lo último que quería era arruinar la calma que había encontrado en este lugar.

―Está bien. ―Dan dejó de presionar su espalda contra la pared y su postura tensa se evaporó. No iba a huir, ni resistirse. En cambio, sus extremidades se deslizaron a los lados, lánguidas y ligeras, dispuesto a cumplir con lo que el hombre quería. De todas formas, su mente estaba difusa. Había sido un día difícil y agotador en su trabajo, y cuando terminó su turno, inmediatamente, fue a comprar alcohol. Estaba tan ansioso que no pudo evitar recompensarse abriendo una botella y dándole un largo sorbo como su pequeña victoria del día, aunque no era algo de lo que enorgullecerse. Dejó el resto para beber en casa, pero ya no podría hacerlo.

Pero esto no era lo que Jaekyung esperaba. Se había imaginado a un Dan muy indignado, llamándole enfermo y que no volvería a hacer una cosa así. Recibir una bofetada hubiera sido mejor que esto, pero solo chasqueó la lengua. Tenía la oportunidad de resolver aquel molesto conflicto de sus sentimientos y averiguar qué era lo que tanto le estaba atormentando, y sin más, se dispuso a desvestir al hombre.

Cuando tuvo a Dan completamente desnudo, sintió que la garganta se le secaba y que la respiración se le disparaba. No supo qué hacer con él, en primer lugar. Recorrió cada centímetro de su cuerpo engulléndolo con sus ojos: Dan estaba demasiado delgado, más que la última vez donde lo había tenido en su cama, y no pudo evitar cuestionarlo de nuevo, pensando que definitivamente no era así cuando residía en su penthouse, que su vida era una mierda. Sin embargo, la ira solo hizo que la sangre en todo su cuerpo se calentara, y su polla comenzó a hincharse en sus pantalones con fervor, pronunciándose con la impaciencia de querer doblegar al mayor como le gustaba hacerlo.

Al ver que Jaekyung solo estaba pasmado en su lugar y siendo incapaz de moverse, la incomodidad y vergüenza invadieron a Dan. No podía adivinar sus pensamientos, y estar tanto tiempo desnudo le hizo pensar que quizás Jaekyung se había arrepentido de su decisión, pero tampoco se apartaba de su camino. Dan tomó impulso, e inclinándose hacia delante, con ayuda de la punta de sus pies haciendo de soporte, alcanzó los labios de Jaekyung y lo besó, sosteniéndose de los hombros del contrario. Al menos, el alcohol que había ingerido estaba ayudando para despejar el pudor que era tan usual en él.

Y eso fue todo lo que Jaekyung necesitó para que su poca cordura rebalsara. Sin ataduras, se convirtió en el hombre desalmado y despiadado que siempre solía ser. Quería someter a Kim Dan contra la pared, darle la vuelta y follárselo hasta hacerle gritar del dolor. Ese roce cálido y suave en sus labios fue suficiente para que todo tipo de fantasías viscerales se pasearan por su mente como un depravado, y mierda, lo era. Kim Dan no debería haber actuado tan imprudentemente, porque ahora Jaekyung sabía que era real, lo sentía en su hombría ardiendo contra sus pantalones.

Retuvo al hombre contra la pared, manteniéndolo cautivo utilizando su peso corporal, sus pectorales y el resto de su torso presionaron el cuerpo desnudo de Kim Dan, y quizás había perdido la cabeza, pero Jaekyung juró que pudo percibir aquellos pezones hinchándose mientras lo aprisionaba, seguramente, enrojeciéndose, porque Dan era muy receptivo al toque.

Delineó la carne suave con su lengua, el labio inferior de Kim Dan siempre había sido más grueso que el superior, así que estaba seguro de que esto no era una fantasía. Siguiendo el trazo, presionó su lengua con insistencia, y cuando Kim Dan dejó su boca entreabierta para darle acceso, Jaekyung sintió algo estallando detrás de su cráneo, su cuero cabelludo punzando, y terminó invadiéndolo por completo. No quería comportarse como un maldito joven sin experiencia, como si nunca hubiera hecho esto antes, pero jamás se había molestado en ser precavido con Kim Dan en el pasado.

Se vio tentado por aquella boca jadeante e inflamada por su insistencia, y nunca se había detenido, recorriendo los labios de Kim Dan y el interior de ellos con un ritmo desacelerado e intenso. Lo mordió e incluso se comportó torpemente, enredando algunos mechones del cabello castaño y sedoso en sus dedos solo para hacer que sus dientes chocaran cada vez que presionaba a Kim Dan en su dirección, impidiendo cualquier tipo de distancia. Fue desesperante, como si su verdadera intención privar a Dan del aire y asfixiarle. Quizás Jaekyung estaba siendo muy voraz, porque detestaba el alcohol y el soju le repugnaba, pero el beso sabía a licor suave, era tan adictivo que podría embriagarse y nunca tener suficiente.

Pero Dan en ningún momento se había esforzado en intentar seguirle el beso. Solo se había quedado allí, quieto contra la pared y con la boca abierta y jadeante, solo aceptándolo todo pero sin corresponderle, esperando a que se sintiera satisfecho, pero, ¿cómo es que Jaekyung podría saciarse?

Cuando se separaron, Jaekyung se permitió observar su rostro. Dan solo se esforzaba por respirar, pero su semblante estaba noqueado, sin estar alterado del todo. También, pudo ver sus ojeras y el trazo de su mandíbula enmarcada, sus mejillas ahora estaban siendo reemplazadas por el contorno de sus pómulos que comenzaba a asomarse, y todo eso le daba un aspecto mucho más adulto y maduro de lo que era antes, evidenciando el deterioro de su salud. Le hizo enfurecer más, pensando que Kim Dan tenía la culpa de estar así por haberse ido. Que se lo merecía... Y que, de nuevo, en su penthouse no tenía esta clase de vida.

―Chúpamela ―Ordenó, intentando ignorar el rumbo donde sus pensamientos se estaban dirigiendo.

Kim Dan no dijo nada. Como un muñeco programado para seguir demandas, se agachó y sus dedos alcanzaron la pernera de los pantalones de Jaekyung, y el toque sobre la tela hizo que sus pelotas se apretaran, con ansias por descargarse. Maldijo cuando su polla estuvo expuesta, y Kim Dan la envolvió con sus labios, haciendo que se deslizara lentamente por su boca.

Fue desconcertante. Dan siquiera estaba haciendo nada. Tampoco lo estaba haciendo bien, de todas maneras. Sus dientes incluso rozaban su longitud húmeda y palpitante, demasiado torpe. Era como si su boca solo fuera un agujero, manteniéndose quieto, pero sentir esa cavidad aterciopelada y su lengua resbalándose accidentalmente sobre sus venas, hizo que Jaekyung no pudiera soportarlo, jadeando y refunfuñando, terminó vaciándose dentro, con una embestida que rozó la garganta de Kim Dan, que apenas podía amoldarse a su forma. Sin protestas, Dan solo se tragó el líquido sin quejarse, con la sensación de algo espeso llenándole los sentidos, y Jaekyung permaneció perplejo, pero sin estar conforme, con su enojo incrementando.

Era contradictorio. En esta pequeña habitación, él era el único calentándose. Jaekyung tenía la respiración irregular, con los músculos de su abdomen bajo contrayéndose por toda la tensión que había drenado, la temperatura de su sangre estaba quemándole, y aunque tenía la cabeza nublada, Kim Dan simplemente no reaccionaba ni hacía ninguna clase de sonido, solo le miraba con esos malditos ojos muertos sin estar ni un poco afectado. Era tan molesto y lo odiaba, una sensación de malestar e insatisfacción invadiendo su corazón.

―Maldita sea, no puedes hacer ni una cosa bien ―bramó, quitándose toda la ropa sobrante y posicionando a Kim Dan sobre el suelo, situándose entre sus piernas. Dan las abrió, y Jaekyung clavó sus dientes caninos sobre su propia lengua, colérico ―. ¿Qué pasa? ¿El alcohol te pone inútil? Será mejor que te esfuerces si quieres que me vaya. Al menos, encárgate de mantener mi polla caliente.

De nuevo, no hubo respuesta.

Jaekyung presionó sus dedos con fervor, tentando la entrada del mayor. Y ahí, pudo verlo, su boca mutando a una pequeña mueca de sorpresa, y eso solo hizo que Jaekyung ingresara sus nudillos con avidez, moviéndose con lentitud y torturando a Kim Dan con sus arremetidas, disfrutando de esa cálida estrechez envolvente sobre sus dígitos, abriéndolo, y con cada contracción, Kim Dan parecía estar más y más preparado para recibirlo.

Entonces, recordó aquella vez donde había lamido los pezones de Kim Dan solo por diversión, y el hombre terminó depositando gruesas cuerdas de semen sobre los músculos de su abdomen. Podría funcionar ahora.

Jaekyung inició un recorrido, lamiendo la piel tibia del cuello de Kim Dan. Él abrió los ojos, estupefacto por la sorpresa, e intentó apartarse, pero Jaekyung estaba demasiado inmerso para detenerse, y sin hacerle caso, su lengua siguió acariciando cada parte enrojecida que ponía sensible a Kim Dan, ganándose jadeos cortados que intentaba reprimir, pero cuando chupó la zona donde se encontraba su manzana de Adán, el fisioterapeuta se arqueó, incapaz de aguantar el cosquilleo en su pulso.

―Jaekyung... P-por favor, deténgase. ―dijo Dan, reposando sus manos en los hombros anchos, ejerciendo un poco de fuerza para hacer que le soltara.

Jaekyung le observó, esa expresión cansada y vacía estaba haciéndole perder los estribos. Su mirada se fijó en sus clavículas, que sobresalían más de lo que recordaba, y un sentimiento extraño hizo que se le revolviera el estómago, pero no lo suficiente para detenerse. La petición de Dan fue ignorada, y Jaekyung descendió hasta toparse con sus pezones, que se exhibían como dos pequeños puntos rojos adoloridos en su piel, clamando por su atención. La punta de su lengua envolvió uno casi con suavidad, y comenzó a devorarlo y succionarlo, jugueteando con él entre sus dientes y obsesionándose al sentir cómo se inflamaba en su boca, el cuerpo debajo suyo temblando. Entonces Jaekyung se sintió victorioso, Kim Dan no era de piedra, y no podía ser inmune a estas cosas.

Solo se conformó cuando dejó ambos maltratados y endurecidos. Estaban brillantes y perlados gracias a los restos de saliva, y había algunas marcas de dientes adornándolos. Sus manos se aferraron a los costados de la cintura inquieta de Kim Dan, y sus besos y lamidas siguieron siendo un problema cada vez que acariciaban cada curva.

Mientras más lo tocaba, Jaekyung pudo sentirlo en su abdomen y en todo su torso. Lo plano que estaba. No era la primera vez que lo veía en un estado tan lamentable, pero esta vez se sintió diferente, y cuando sus labios se posaron en su pelvis, el hombre sintió una fuerte oleada de cosquillas que le hizo tensar el estómago, tanto por el contacto desconocido como por la respiración caliente entumeciéndole la piel. Hizo que su columna terminara estremeciéndose y la punta de los dedos de sus pies curvándose, junto a su visión borrosa. Todo eso alteró a Jaekyung y le hizo pensar si era demasiado para él, pero cualquier atisbo de esa compasión desconocida se esfumó cuándo Kim Dan tironeó de su cabello, apartándole de su cuerpo como si no le perteneciera. Como si no fuera su deber hacer esto y estuviera cruzando una línea rigurosamente establecida.

―Basta. No es necesario que haga esta clase de tonterías, Jaekyung. Así que, por favor... Terminemos con esto lo antes posible. ―Había algo gélido y letal en sus ojos. El marrón de su iris era oscuro y sin ningún brillo en ellos, como si lo estuviera cortando con cuchillas y sacando a Jaekyung de su trance.

―Está bien. Como quieras, no olvides que tú lo pediste ―protestó furioso, obedeciéndole.

¿Desde cuándo Jaekyung se dedicaba a besar el ángulo de su mandíbula? ¿Desde cuándo sentía placer recorriendo y lamiendo su cuerpo con tanta devoción? Dan incluso pudo ver preocupación aniquilando su usual brusquedad en algún momento, pero todo eso solo era falso. Jaekyung nunca se había tomado molestias con él. Aquella vez donde se encontraba repleto de moretones a causa de lo que los gánsters le habían hecho, adolorido y machacado, a Jaekyung poco le importó, y solo sintió un fogoso placer cuando lo folló con aquella cosa extraña y enorme, complaciéndose a costa de su agonía hasta el punto de desmayarse. En ese entonces, sí que estaba desnutrido, cansado y agotado..., pero no hubo nadie preocupándose por él. Y si acaso Jaekyung llamó al médico, solo fue porque necesitaba que su juguete estuviera resistente y en buen estado para soportar sus rondas y serle de utilidad. Jaekyung solo quería que le abriera las piernas, y nada más.

Jaekyung le separó los glúteos y frotó el glande contra su interior. No le llevó mucho tiempo estar totalmente dentro, tan unido a Dan como pudiera estarlo, y se tomó unos segundos para sentir cómo sus paredes apretaban su polla con rigidez, negándose a que se moviera. Mierda, estaba cada vez más y más duro y podría irse al infierno, pero Dan estaba tan estrecho, y él iba a correrse como si este fuera un nuevo descubrimiento y ambos fueran vírgenes.

Como ya se había entretenido preparando a Dan antes, Jaekyung sintió que su agujero se había suavizado, y comenzó a bombear dentro de él. Observó embelesado el movimiento de su polla entrando y saliendo, que se pronunciaba en el vientre de Kim Dan tan nítidamente, y dejó que sus manos buscaran esa notable protuberancia, presionando su estómago, sus retinas disfrutando de la visión de marcarse tan profundamente con cada estocada, y sus músculos se sumieron en un agradable calor que podría convertirle en un completo demente.

―Mierda, extrañaba esto. Eres increíble, Dan. Es una lástima que no tengas ningún espejo. No sabes lo erótico que te ves con mi polla dentro de tu cuerpo ―rugió ronco, pero cuando se percató del semblante de Kim Dan, de nuevo, se sintió como un idiota. Él solo estaba con sus piernas abiertas, recostado en el suelo y con el rostro ladeado y perdido, casi de mala gana.

Jaekyung se volvió en su fase despiadada, y sostuvo su mandíbula entre sus dedos direccionándolo para que le mirara, y buscó besarlo, pero Dan lo esquivó, apartado el rostro y con los labios muy bien sellados.

Ya lo había lo había besado una vez esta noche. Dan no volvería a permitírselo.

Dan estaba erecto, con su pene irguiéndose sobre su abdomen y goteando pre-semen, con las piernas extendidas y la visión de su miembro abriéndole, pero estaba tan distante que solo parecía hacer esto porque estaba resignado, incapaz de entregarse al placer que el sexo podría provocarle, solo dándole su cuerpo, pero sin involucrar su total participación en este encuentro.

Sin poder soportarlo y soltando maldiciones, Jaekyung terminó viniéndose dentro, casi al mismo tiempo que Dan, quién había terminado sobre su puño porque Jaekyung había comenzado a masturbarlo, buscando arrancarle un jadeo, una expresión, lo que sea, pero siguió sin obtener nada. Solo pudo sentir a Kim Dan crispándose ante la ruptura del orgasmo, y le hubiera gustado retenerlo entre sus brazos, calmar su estremecimiento, pero solo ignoró ese deseo extraño y fatídico que le estaba embargando. Frustrado, Jaekyung se recargó sobre el hombre más débil, respirando agitadamente y manteniendo su cabeza sobre el espacio entre el cuello y la clavícula.

― ¿Jaekyung? ¿Podría...? ―Dan se removió balanceando sus caderas, incómodo. Probablemente, Jaekyung lo estaba aplastando con su peso y no salía de su interior.

Cuando se dio cuenta que había pasado mucho tiempo en esa posición, Jaekyung chasqueó la lengua con fastidio, y conteniendo su enojo, salió de él, dejando que el semen brotara del agujero inflamado de Kim Dan.

Fue como anhelar algo que no había tenido nunca, y ahora, Jaekyung estaba más confundido que antes, pero con una sensación asfixiante aplastando su cráneo y el resto de su sistema.

No podía desprenderse de Kim Dan. Lo había evocado innumerables veces cuando necesitaba masturbarse, convenciéndose de que solo utilizaba sus recuerdos para algo meramente físico. No significaba nada, pero involuntariamente, su imagen le acechaba, le perseguía en todo momento donde caía con la guardia baja. Se rehusaba a pensar en él, pero su mente siempre lo traía de vuelta, como un deseo reprimido que añoraba y crecía más cada día, hasta que admitió necesitarlo. Sí, estaba un poco trastocado y aturdido, pero si tenía sexo con él una última vez, podría olvidarlo.

Pero la codicia lo estaba convirtiendo en un hombre poseído, a pesar de su descomunal fortuna, la incertidumbre y exasperación le estaban aniquilando, y Jaekyung ya no se reconocía. Antes, lo tenía todo, incluso había cumplido su demanda de follar con Kim Dan. No podía sentirse así, incompleto y arruinado, pero era la primera vez que se hundía de esa manera, con ese vacío de verlo, tocarlo, mancillarlo a su gusto... Pero sin poder tenerlo del todo. Y era inexplicable, desconocido para alguien como él, que le gustaba tener todo a su alcance con solo el poder del dinero.

Observó a Kim Dan desplazarse por unas botellas de soju. Bebió una, el líquido hizo rodar su garganta y Jaekyung juraba que fue la única vez en medio de la noche donde pudo oírlo suspirar del gusto. No le gustó verlo así, y esa mierda venenosa, probablemente era la causante de que Dan luciera tan devastado y pálido, sin querer alimentarse de otra cosa. Luego, lo vio abrir otra, y también se la terminó, como si se tratara de miel. Todo bajo su atenta mirara, y un pensamiento perverso y siniestro invadió a Jaekyung.

“Mañana estará tan cansado que no podrá despertar. Probablemente, terminen despidiéndolo”. Se motivó Jaekyung. Cada vez que tenían sexo, Dan solía caer rendido y sin poder levantarse por el cansancio. Era tan débil, que a veces, abría los ojos cuando era demasiado tarde, y esa era una falla que el hospital no sería capaz de aprobar. Una sonrisa ladina curvó sus labios, pero no había ningún tipo de gracia en ella. Aun así, eso no le impidió seguir elaborando su retorcida estrategia: “Entonces, no le quedará de otra que aceptarme, porque nadie más le dará trabajo”.

Teníaque mantener a Kim Dan exhausto.

Dan se vería obligado a ceder. Y Jaekyung se convertiría en su todo, porque no habría nadie ni nada más.

Con falso entusiasmo, Jaekyung tironeó a Dan del tobillo y no dejó que continuara alcoholizándose.

― ¿Quién te dijo que hemos terminado? ―Sus manos despiadadas se aferraron a las caderas del hombre, y situó a Dan sobre su regazo, queriendo que lo montara, obligándole a tener que enfrentarlo y mirarle la cara. Hizo que se sentara sobre su erección y ayudó a que se resbalara lentamente sobre su polla. Con sus muslos temblando, el semen se esparció hacía abajo, manchando la piel pulcra, pero Jaekyung no dejó que se desperdiciara cuando volvió a estirarlo, utilizándolo como lubricante y deleitándose cuando su longitud se llenó de su propia esencia. Esta vez, ambos soltaron un jadeo al unísono una vez que Dan lo tomó todo, absorbiéndole, con sus testículos friccionando sus glúteos

―Y más te vale que lo hagas bien esta vez. Lo suficiente como para que no quiera volver a verte nunca más. ―Finalizó, mordiéndole el labio inferior con crueldad.

Y esta vez, Kim Dan sí le observó, una emoción brillando como un diamante fosforescente en su mirada. Y no hubo necesidad de palabras para que Jaekyung entendiera lo que quería decirle.

“Te odio”.






Por mucho que lo intentó, Dan no logró dormir, y lo único que pudo hacer, fue refugiarse en las pocas botellas de soju que le quedaban. Pareció pasar mucho tiempo una vez que Jaekyung estuvo satisfecho y terminó con él, y Dan, con la poca energía que le mantenía a flote, le pidió que, por favor, se fuera y lo dejara solo. Y mientras rechistaba blasfemias por lo bajo, a Jaekyung no le quedó de otra que vestirse y marcharse.

Tan pronto como los primeros de rayos de sol iluminaron la habitación, Dan sintió que todo lo que había hecho recientemente no era más que un muy mal chiste. Un poco de conciencia comenzó a asomarse por su mente confusa y perdida, y definitivamente, no debería haber cedido tan fácil. Volver a caer en aquella humillación, equivocarse de nuevo... Podía fingir que no fue más que un error que arruinaba los parámetros profesionales. Jaekyung se había convertido en su paciente de nueva cuenta, pero, joder, ¿acostarse con él? ¿Es que acaso nunca aprendería? Dan se convenció de que Jaekyung le dejaría en paz si le daba lo que quería.

Dan agradecía haber tomado el primer turno de la mañana en el hospital. Aún después de ducharse, su cuerpo entumecido le dolía como si estuviera cargando con toneladas de cadenas encima, y caminar era una tortura, incluso podría terminar arrastrándose. Siquiera podía cerrar los ojos porque cada vez que lo hacía, le era inevitable recordar lo que había hecho. Intentó consolarse a sí mismo, pero ¿qué más daba si había follado con Jaekyung o no? De todas formas, era la única razón por la que el hombre lo había buscado, y no iba a dejarle en paz hasta doblegarlo. Y lo había logrado. Jaekyung ya no tenía motivos para seguir en este lugar.

Probablemente, todo eso le daba una apariencia enfermiza y una expresión cansada, especialmente, por los ojos que intentaba mantener abiertos. Antes de partir, el casero le había dicho que podían desayunar, pero Dan no tenía apetito en absoluto. Y ahora, las enfermeras estaban preguntándole si estaba bien, y Dan solo pudo forzar una sonrisa amable y decir que todo estaba en orden, que solo estaba un poco cansado, pero que no tenían que preocuparse. Nadie le creía, pero ¿qué podían hacer si era tan necio y se negaba a seguir recomendaciones para su salud?

Dan solo quería seguir atendiendo a sus pacientes como normalmente lo haría en cada jornada, pero sus pasos cesaron en el momento que divisó a Joo Jaekyung en medio de los pasillos.

Él seguía luciendo tan pulcro como siempre, con sus prendas lujosas sin ninguna mancha, de brazos cruzados. Con la cabeza en alto y sin defectos, conservando la audacia y el descaro de seguir apareciendo por cualquier zona donde estuviera. Esa actitud despreocupada y arrogante hizo que Kim Dan se sintiera mareado, con la rabia en su estómago y su garganta, al punto de resistir las náuseas.

Intentando mantener la compostura, Dan solo siguió su camino, huyendo de la mirada feroz del hombre que rastreaba cada uno de sus pasos, y que estaba enfureciéndose por esa indiferencia que le otorgaba. Sin despegar al mayor de su área de visión, Jaekyung no le prestó atención a ninguna de las enfermeras que lo estaban rodeando y halagando. Se disculpó con ellas, apresurado y con falsa educación, y se fue detrás de Kim Dan.

Lo llamó con insistencia, pero Dan siquiera se molestó en mirarle de reojo, como si su existencia no fuera algo que le importara, y finalmente, cuando lo alcanzó, Jaekyung lo tomó del brazo y prácticamente, lo arrastró afuera del hospital. El único lugar donde podían reunirse últimamente, pero Dan no intentó zafarse, solo se movía al compás de Jaekyung. Era tan ligero que no tenía que esforzarse mucho.

― ¿Sucede algo, Jaekyung? ―preguntó Dan con un tono cansado, aburrido, e incluso, hastiado, apenas moviendo sus labios, como si no quisiera dirigirle la palabra.

― ¿Es enserio, Dan? ¿Piensas seguir ignorándome después de todo lo que hicimos hace tan solo unas horas? ―Le contestó con picardía y acercándose un paso hacia el adulto. No se molestó en disminuir el tono de su voz sugerente o actuar cautelosamente, sin importarle que alguien los escuchara. Por lo general, le gustaban las reacciones de Dan cuando estaban al límite de ser descubiertos, tímidamente, solía pedirle que fuera discreto, con el rostro teñido de rojo, pero a diferencia de lo que esperaba, Dan no se inmutó. Eso solo provocó que la quijada de Jaekyung se tensara como el cuero.

―Pensé que se había conformado. Se supone que no volveríamos a tocar el tema... ―musitó Dan, extrañado, pero sin rastro de sorpresa, como si hubiera anticipado esta conversación. Volvió a levantar la mirada con firmeza ―. De todas maneras, eso solo fue un error de mi parte, Jaekyung. No deberíamos volver a cruzar los límites profesionales. Después de todo, es mi paciente y no me gustaría entorpecer su proceso de recuperación por algo sin importancia.

Maldita sea.

Jaekyung quería atravesar la pared del hospital público con sus puños, en su lugar, sus dientes rechinaron. ¿Cosas sin importancia? ¿Límites? Sí, claro.

No estaba satisfecho en absoluto. El sexo fue bueno, sí, pero seguía sintiéndose inconforme y mediocre, incluso si dispuso de Kim Dan durante más de la mitad de la noche.

Jaekyung se acercó a Dan, lo suficiente para intimidarlo, reprimiendo el impulso de sucumbir a las ganas que tenía de estampar al hombre contra la pared.

― ¿De qué límites estás hablando, Kim Dan? Si el primero en traspasarlos fuiste tú. ―dijo, rebuscando a tientas en los bolsillos de sus pantalones.

Jaekyung balanceó el llavero entre sus dedos. El mismo que Dan le había comprado para su cumpleaños. Se había sacrificado varías noches para poder permitírselo, trabajando hasta el cansancio. Inicialmente, lo eligió porque era de oro, brillante y hermoso. El de Jaekyung estaba desgastado, y Dan quería demostrarlo su gratitud y...

¿El resultado? El objeto había terminado estrellado y abollado, y su valor era inútil. Estaba deformado por completo, así que no entendía cómo es que Jaekyung lo había recuperado. Se supone que su destino era la basura.

De igual manera, no era importante.

― ¿Por qué me lo compraste? Explícamelo, Kim Dan. También tengo la carta para que lo recuerdes. ¿Qué tiene eso de profesional?

Dan permanecía inmune, y al ver el pequeño círculo de oro, solo había arrepentimiento.

―Tiene razón. No debí comprárselo. Solo es basura. Ya no... Ya no tiene ninguna clase de valor, no sirve.

El malhumor y las facciones duras de Jaekyung se intensificaron. Miraba a Dan con sus pupilas brillantes por la ira, frenándose solo porque estaban en un lugar público, y aunque tenía una imagen que mantener, no podía evitar dar cada vez más y más pasos en dirección al mayor, destrozando lentamente el espacio que los separaba, siendo todo una amenaza.

―Mira, Kim Dan-

―Escuche, Jaekyung. Le ayudaré con su rehabilitación, pero dejemos los asuntos personales y el pasado de lado. Lo de ayer... No se volverá a repetir. Pagaré mi deuda, y una vez que termine, podrá irse y nunca volveremos a vernos. Así lo acordamos. Eso es lo que ambos queremos.

Entonces, Jaekyung no pudo evitar rememorar el pasado: el Kim Dan que tenía una casa hecha pedazos y que fue demolida posteriormente. Aquella vez donde tuvo que rescatarlo de los gánsters, y a cambio, terminó comprándolo. Hace unas noches atrás donde lo atrapó antes de que se ahogara en el mar… Y así, podía contar infinidad de situaciones más que evidenciaban lo primordial que había sido para Kim Dan, y lo desamparado que estaba sin su presencia. Después de todo, le debía la vida, porque había sido su puta solución cada vez que se desbordaba por el abismo. Un hombre de treinta años que no puede mantenerse por sí mismo, ¿podía ser digno? ¿Darse el privilegio de rechazarlo? No.

― ¿Es así? ¿Qué harás entonces? Yo estaré en la cima, pero tú seguramente terminarás mendigando por allí mientras te emborrachas como un vagabundo, porque una vez que todo acabe, no podrás obtener nada por tu cuenta. Eres un hombre de treinta años, pero no tienes aspiraciones, ninguna motivación que puedas lograr. No tienes nada, Kim Dan. Mírate, solo eres un desastre. ¿Quién más estaría dispuesto a darte otra oportunidad? ―Jaekyung no pudo detenerse, recitando ese veneno con aspereza. No había nada más que soberbia y apatía, pero estaba al borde de temblar. Cada músculo de su cuerpo se encontraba contraído como si la ira hubiera tomado el control de su sangre. Fue incapaz de batallar contra sus propias emociones, y ocultó los matices de su desesperación bajo las sombras de su actitud.

Dan le observó. Sus palabras hicieron mella en él, cavando un agujero en su corazón agrietado, la sensación del fracaso echando raíces en su cráneo como un laberinto doloroso.

Era verdad. Su vida se componía de caídas y batallas perdidas. Todas las cosas que se echaron a perder por su culpa, y su abuela... Era cuestión de tiempo para perderla. Tuvo que recurrir a lo más bajo para recuperarla, pero no había funcionado. Siempre fue así, escapando, buscando atemorizado en cualquier lugar algo que pudiera ayudarle a salir adelante, pero no. Y si abría su corazón, ¿quién estaría dispuesto a cubrir sus cicatrices? Había hecho cosas que nadie podía oír porque eran demasiado humillantes, incluso se había prostituido. ¿Quién podría escucharlo sin juzgarlo y sin sentir asco? Un hombre adulto sin la vida resuelta, dependiendo de otros, no tenía nada propio para ofrecer. Nada que valiera la pena.

Como si su existencia no le perteneciera, porque su vida siempre estaría arraigada a alguien más.

Estaba solo, y lo único que le quedaba, era la miseria con la que había aprendido a crecer y vivir.

Jaekyung lo vio inmiscuirse en sí mismo, procesando sus palabras. Quizás había logrado que razonara, y juró que casi se entusiasmó al tenerlo donde quería. Seguramente, Dan lo estaba pensando con detenimiento, el hecho de que eran inevitables en la vida del otro. Jaekyung se preparó para decirle que sí, que las puertas de su penthouse estaban abiertas para que regresaran, y que podía mantener su estadía allí, en una casa enorme, espaciosa y cómoda... Pero algo no estaba bien. Dan tenía un semblante desconocido y solitario, como si se estuviera marchitando y quebrando lentamente.

Una lágrima solitaria se desprendió de sus ojos perdidos.

― ¡Oye, Kim Dan! ¿Me estás escuchando? ―Le llamó Jaekyung.

―Bueno, si termino siendo un fracaso por allí... Incluso si vivo o muero, usted jamás se enterará, porque eso no es de su incumbencia. Mejor enfóquese en recuperarse, y cuando el tratamiento se complete, regrese a la ciudad y cuídese. No debe arruinar su carrera por un capricho.

Jaekyung no podía reconocer el rostro de Kim Dan, y cuando quiso rebatirle, él se estaba alejando de sus parámetros.

― ¡¡¡Kim Dan!!! ¡¡¡Esta es la última oportunidad que te doy!!! ―gritó obsesivo, con los pulmones a punto de desgarrarse y evidenciando lo alterado que estaba, la compostura que se derrumbó y que ya no existía en él.

―Lo veré más tarde para su sesión de estiramientos. Ahora, tengo que encargarme de otros pacientes que realmente me necesitan, y que son más importantes que esto.

Y así, él desapareció de su vista.

Jaekyung había ido a ese lugar apartado con la intención de que Kim Dan regresara a él, pero no había nada que pudiera impresionarle. Nada que mereciera su atención, impredecible, casi como estar en el mar mientras navegaba a oscuras.

Había agotado todo para sobornarlo, y aunque ya no quedaba nada por hacer, Jaekyung estaba seguro de que no daría el brazo a torcer. Y en este momento, le importaba una mierda la ciudad: sus ojos estaban clavados en Kim Dan dándole la espalda, dejándolo atrás. Permitió que su cabeza se infestara de la imagen del hombre, detallando su figura estrecha de un metro y setenta y cinco centímetros de estatura, su patético uniforme perteneciente a su profesión, y memorizó cada trazo de él.

―Kim Dan... ―Soltó casi sediento y sin aliento, como si estuviera pronunciando una maldición. Él le pertenecía, existiendo un acuerdo de por medio o no, Jaekyung lo había visto primero. Lo había encontrado antes que nadie, y no le importaba lo siniestro que podía llegar a ser con tal de poseerlo. Todo era culpa de aquel fisioterapeuta, se había perdido a sí mismo por él, y no sabía lo que sentía, solo estaba seguro de que no podía permitirse estar ni un solo segundo más lejos de ese hombre, y que Seúl y el cuadrilátero podían esperar―. ¿Qué demonios me has hecho?