Prólogo
Hasta hace tan sólo unos meses, podría jurar que mi vida era la más perfecta...
Un empleó envidiable, dueño de grandes propiedades, dominante, empresario de los más cotizados, un prometido atractivo con el que muchos quisieran estar y que lo ayuda a generar más ingresos en sus empresas.
Mi nombre es Izuku Midoriya.
Y, hace varios años me convertí en el dueño de múltiples propiedades que herede tras el fallecimiento de mi padre, Yagi Toshinori.
Me convertí en el dueño de las empresas más grandes y conocidas en Japón, el objetivo de generar beneficios y crecimientos me ha dejado en un lugar muy alto que no muchos pueden alcanzar.
Con tan solo treinta años de edad soy uno de los empresarios más ricos en el mundo, podría comprar un país entero y fácilmente sería como comprarme un caramelo.
Pero no soy tan avaricioso, mi madre siempre me enseñó que no importa el poder que tengas, de nada sirve si no lo usas correctamente.
Siempre creí que tenía todo perfectamente en mis manos, que todo estaba bien.
Pero al darme cuanta que eso no era así, sentí por primera vez lo inestable que puede estar una persona. Por primera vez sentí lo que era sentirte vacío, más allá de tenerlo todo.
¿Cuál era el problema? ¿Es por qué soy un Omega?
No, eso es absurdo si lo pienso.
Después de todo... Me engañaron con uno y quien sabe con cuántos más.
Así es, el chico de rostro perfecto (según las personas de mi entorno) con empleó envidiable, multimillonario, con un prometido atractivo y que es un Omega dominante fue jodidamente engañado.
De nada servía tener tanto y tener tantas cualidades si la persona a la que pensabas que sería para toda tu vida te falla de tal manera.
¿Cómo me di cuenta de eso?
Digamos que cierta persona apareció en mi vida para darle un giró inesperado.
El giró inesperado que nunca pensé que estuve esperando toda mi vida, por Solamente Números...